martes, 20 de junio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.28

"Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida".
Pablo Neruda 

Rafael era prisionero de una ensoñación voraz cuando escuchó en la lejanía un griterío persistente. Luchó con su poca fuerza para librarse de las cadenas que lo forzaban a permanecer en un trance ilusorio y pertinaz.
De repente reconoció el vozarrón del tío de Lourdes, don Lorenzo Escalante, que lo llamaba con insistencia.
Imanol lo amonestaba con insolencia por interrumpir la sesión de hipnotismo.
_ Es muy grave despertarlo en este momento. Su intromisión es inaudita, señor.
_ Tonterías. Rafael, necesito hablarte con urgencia _ pasó junto a Imanol como un vendaval, empujándolo sin ningún miramiento.
_ No le permito señor que se inmiscuya en mi experimento _ atacó con furia el médico. Tomó de un brazo a Lorenzo tratando de detenerlo.
_ ¡Suélteme! ¿Experimento dice? ¿Experimenta con este hombre? ¿Qué se propone? _ lo encaró.
_ Sólo deseo ayudarlo a recuperar la memoria...sus recuerdos profundos, y la hipnosis es ... _ comenzó a explicar imponiéndose recuperar la calma.
_ La hipnosis, ¡un rábano!. Aquí estoy yo dispuesto a decirle la verdad, algo que debimos haberlo hecho hace mucho si no hubiera sido por sus taimados consejos _ contraatacó Lorenzo rojo como un ají picante.
_¡Cómo se atreve! Mi diagnóstico está fundamentado en estudios científicos altamente calificados. Si usted ahora le revela la verdad podría ser devastador para Bautista _ Imanol estaba desesperado al ver que su plan se hacía trizas.
_ ¡Rafael! Su nombre es Rafael. Basta de mentiras. Consulté con el doctor Domingo Cabred, director del Hospicio de Las Mercedes, que acaba de llegar de Alemania donde hizo un curso sobre "trastornos de la personalidad". El me dijo que probablemente Rafael al caer del caballo, sufrió una lesión cerebral, mínima pero lesión al fin. Secuela de ésto fue la amnesia, a la que el llama "enfermedad del alma". El doctor Cabred me recomendó revelarle a Rafael su historia sin ningún temor. El la asumirá sin consecuencias graves para su salud mental, todo lo contrario, lo ayudará a encontrar el camino para su recuperación absoluta. ¡Usted nos ha engañado! _ le recriminó enfervorizado._ Y ahora, ¡apártese! _ Lorenzo volvió a emujar a Imanol que se interponía entre él y Rafael.
Imanol estaba desconcertado, por primera vez no sabía que actitud tomar.
_ ¡Rafael! _ Lorenzo, tomándolo de los hombros, lo sacudió con fuerza. Rafael abrió los ojos agradecido de liberarse de una garras invisibles que no le permitían despertar a la realidad.
_ ¿Don Lorenzo? _ preguntó perplejo y todavía mareado.
_ Sí, querido amigo. Estoy aquí para poner punto final a esta pesadilla que nos involucra a todos. Estoy harto de ver sufrir a mi sobrina, ella no lo merece y vos tampoco _ explotó conmocionado.
_ Amo a Lourdes con toda mi alma...y a mis hijitos, también _ confesó turbado.
Imanol y Lorenzo quedaron paralizados al escucharlo. ¿Entonces, él...?
_ Sé que mi nombre es Rafael Cané, que estoy casado con Lourdes Aguirrezabala y que tenemos dos hijos: Miguelito y Alba. Esta tarde, la plática que tuve con Lourdes despertó en mí un caudal de recuerdos que tenía retenidos en la oscuridad. Poco a poco fui recobrando mi vida. Recordé a mi padrino, Ciriaco Cuitiño; su afecto y también su cólera por desobedecer sus designios. Recordé a mi abuela Pancha, ¡cuánto la quise!Una viejita linda que siempre se sacrificó por mi bienestar. Recordé todas las penurias que debimos padecer Lourdes y yo por defender nuestro amor. Recordé lo felices que fuimos y el inmenso amor que nos tenemos...
_ Y entonces, ¿por qué aceptaste que te hipnotisara? _ se extrañó Imanol. Su rostro apacible no delataba la tormenta de pasiones que se desataba en su interior. "¡Mierda! Recuerda a la perra, recuerda a los dos engendros, ¿cómo haré para retenerlo?", mascullaba impotente.
_ Porque necesitaba poner en orden mis pensamientos, clarificar mis recuerdos antes de hablar con Lourdes. Mis sentimientos son firmes, no tengo dudas sobre ellos, la amo Lorenzo y no veo el momento de tenerla entre mis brazos. Cuando nos encontramos en el compromiso de Joaquín, algo se removió dentro mío. Desde ese instante no pude quitar sus ojos esmeralda de mi mente y de mi corazón.
_ Muchacho, ¡qué feliz me hace escucharte! _ Lorenzo le dio un fuerte abrazo que Rafael correspondió afectado.
Imanol los observaba furibundo. Debía simular alegría por Rafael, no todo estaba perdido, todavía tenía un as en la manga que muy, muy pronto lo utilizaría.
_ Rafael, me alergra que hayas recuperado la memoria _ Imanol se acercó a ellos sonriendo. _ Está visto que las hierbas que utlicé para tu recuperación han dado su fruto, a pesar de las críticas de don Lorenzo _ dijo sarcástico.
_ Puede ser _ Rafael no quiso empañar ese momento grato revelándo sus sospechas, ya lo haría.
Imanol se percató que en su débil respuesta, Rafael, había descubierto el ardid que él había trazado con tanta astucia para apoderarse de sus sentimientos. No insistió y permaneció callado en un rincón de la biblioteca saboreando un brandy añejo, necesitaba templar su furia.
Amelia entró intempestivamente. 
_ ¿Qué hace usted aquí? _ confrontó con acritud a Lorenzo _ Acaso no le advertí que no interrumpiera a mi hermano.
_ Lo que usted me advierta me tiene sin cuidado, mi estimada dama _ respondió socarronamente.
_ ¡Insolente! _ Amelia lo miró ofendida y confundida buscó a Imanol que halló entre las sombras bebiendo y fumando. Se acercó a él y en voz baja preguntó:
_ ¿Que está sucediendo?
_ Sucede, Amelia, que he recuperado la memoria _ Rafael, al escucharla, decidió calmar su curiosidad.
_ ¡Excelente! Entonces, la hipnosis ha sido un éxito. Te felicito hermano _ Amelia supuso que el plan de ambos se había concretado. Lourdes había quedado en el olvido._ En horabuena Bautista _ sin importarle la presencia de Lorenzo, abrazó y besó en los labios a Rafael.
_ Mi nombre es Rafael, aunque creo que ya lo sabías. Como también sabías que Lourdes es mi esposa. ¡Imanol!, ¿por qué me ocultaron la verdad?, ¿por qué seguir fingiendo? _ Rafael ya no pudo seguir ocultando su malestar.
Amelia se desplomó sobre uno de los sillones. "¡Todo perdido!", pensó contrariada.
_ Según mi experiencia en el campo psiquiátrico, es perjudicial para el paciente enfrentarlo a la verdad cuando éste pierde la memoria. Por eso aconsejé mantener silencio hasta que tú dieras algún indicio de recuperación. Rafael, lo hice por tu bien..._ Imanol se mostró dolido por la desconfianza de Rafael.
_ Lourdes aceptó su opinión médica, creyó en usted y usted la traicionó _ se crispó Lorenzo.
_ Les repito, todo lo que hice fue por el bien de Baut...de Rafael. Nunca fue mi intención alejarlo de Lourdes _ dijo traicionándose en esta última frase.
_ ¡Claro que sí! Ahora lo veo claro, estás enamorado de mi mujer, querías separarme de ella. Por eso Amelia se me ofrece con insistencia _ estalló envarado.
_ ¡Pedante!¿Cómo te atreves a tildarme de golfa? _ llorisqueó ofendida _ Lourdes nunca te querrá como lo hago yo, me escuchas, ¡nunca!.
_ ¡Calla! _ Imanol le gritó con severidad _ En parte tienes razón, Rafael, amo a Lourdes pero te garantizo que jamás me sobrepasé. Puedes preguntarle. Sólo quise disfrutar de su compañía por un breve lapso hasta que tú volvieras a ella. Ese fue mi pecado, perdóname. No fue mi intención lastimar._ admitió contrito.
Amelia lo escuchaba sorprendida. Imanol siempre salía bien parado, en cambio ella...
_ Lorenzo, ¿me permite pasar unos días en su casa hasta que resuelva mi situación con Lourdes? _ sin responder a Imanol y dándole la espalda, decidió poner fin a toda relación con aquellos siniestros hermanos.
_ Por supuesto muchacho, recoja sus cosas. Lo espero en mi carruaje._ Lorenzo se mostró satisfecho de sacar a Rafael de esa casa.
_ ¡No te vayas Bautista! _ lloró Amelia rebajándose, nada le importaba ni su orgullo ni su linaje, sólo él.
_ Ya te dije que mi nombre es Rafael. Amelia, entendé que no te quiero y ¡nunca voy a quererte! _ le recalcó con dureza.
_ ¡Déjalo Amelia! _ Imanol la apartó con suavidad de Rafael. No soportaba ver a su hermana humillarse de esa manera. A pesar de todo él la quería. Ella lloró en su hombro y él se lo permitió.
Por la ventana del gran salón vieron el coche tirado por cuatro corceles alejarse por las calles empedradas. Candelaria los acompañaba. Hasta la negra ignorante los abandonaba.
_ ¿Qué haremos Imanol? _ preguntó destrozada Amelia.
_ Vengarnos, hermanita, vengarnos. _ una sonrisa pérfida iluminó su atractivo rostro.




 

domingo, 11 de junio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.27

"Porque esta sensación de ir a buscarte
 hacia donde por mucho que vuele
 no he de hallarte". 
Reynaldo Arenas 

Rafael huyó de Lourdes, si se quedaba junto a ella un segundo más terminaría revelándole la verdad: la recordaba...recordaba cada instante compartido desde el momento en que la conoció aquella mañana en el atrio de la Iglesia del Pilar cuando dos de sus mazorqueros la acosaban por no llevar la insignia punzó. Desde entonces su corazón sangró por ella, como lo hacía ahora que la había recuperado.
" No puedo sincerarme con ella, aún no. Primero debo poner en orden mis pensamientos, mis vivencias...mi espíritu. Me siento como un volcán a punto de estallar. Debo calmarme. Tanto tiempo sin ella, sin los niños...¡mis hijos, Dios mío! Miguel, ya es todo un hombrecito; y Alba...era apenas un bebé cuando la ví por última vez. Y Tina, mi madre. Ahora comprendo sus silencios incómodos, sus miradas ansiosas buscando dentro de mí una respuesta a su aflicción".
A medida que se acercaba a su casa; iba a pie, necesitaba un tiempo a solas para reflexionar, para tomar decisiones; más le agradaba la propuestra de Imanol. Quizá la hipnosis lo ayudaría a clarificar sus ideas, sus sentimientos y así lograr el equilibrio para continuar su vida en paz junto a Lourdes y a su familia.
¡Familia!, que bella palabra. Para un hombre que creía estar solo en el mundo, tener una familia era una revelación estremecedora.
Encontró a los hermanos Pacheco del Prado en el salón. Amelia hojeaba una revista de moda y se deleitaba con un aromático café. Imanol leía concentrado un tratado de medicina, su cigarro en el cenicero de plata se consumía solitario.
_ ¿Llego a tiempo para la cena? _ los sorprendió.
_ Claro, Candelaria la servirá en media hora _ respondió encantada Amelia al notar el buen humor de Rafael.
La mujer dejó a un lado la revista y acercándose con paso elegante, lo ayudó a desprenderse del gabán y del sombrero.
_ Gracias Amelia _ y la sonrisa que le dirigió la hizo ruborizar. "¡Cuánto hace que no me sonríes! ¡Ay Bautista, que feliz me haces!", discurrió maravillada.
_ Pensamos que te quedarías a cenar con Lourdes _ Imanol cerró el libro y lo miró complacido.
_ Preferí hacerlo con ustedes. La idea de la hipnosis me estuvo rondando todo el día... ¿Pensás que sería una solución para mi mal? _ tanteó la posibilidad, aún no se decidía. Por un lado deseaba intentarlo, pero desconfiaba de Imanol. Temía quedar indefenso ante él, presentía que no debía fiarse del médico.
_ Mi querido Bautista, no te aseguro un éxito total, pero supone una gran posibilidad para que recuperes la memoria o parte de ella. Yo te aconsejo que lo intentes _ lo alentó disimulando la euforía que experimentaba. "Por fin has caído en mi trampa. Lo siento hermanita, Bautista será sólo mío", se relamió como un lobo hambriento a punto de saborear una presa por largo tiempo codiciada.
_ Estando en Francia presencié la cura por hipnosis de una mujer joven que se veía imposibilitada de amamantar a su hijo recién nacido. Mi colega, el psiquiatra Jean Martin Charcot, tuvo la gentileza de compartir conmigo la experiencia. Esta paciente, a pesar de estar en perfectas condiciones físicas, tenía poca leche, le dolían mucho los pechos cuando el bebé succionaba, perdió el apetito y el sueño; siempre estaba muy excitada. Por no poder amamantar, cayó en la depresión. Su médico de cabecera le aconsejó entonces una interconsulta con el doctor Charcot, especialista en métodos de sugestión hipnótica.
La joven estaba furiosa por no poder amamantar a su hijo y por padecer tremendos dolores estomacales que la conducían a la anorexia. Entonces, Charcot procedió a hipnotizarla logrando que se relajara recuperando de este modo su tranquilidad habitual. Mi colega le habló, tratando de convencerla de que era una excelente nodriza y que su hijo crecería perfectamente sano; que su estómago ya funcionaba muy bien y que se despertaría con gran apetito. Efectivamente, cuando despertó, la paciente no recordaba nada de lo sucedido durante la hipnosis, pero esa misma noche cenó normalmente, durmió profundamente y pudo alimentar a su hijo sin ninguna dificultad _ concluyó satisfecho Imanol.
_ Impresionante _ aplaudió Amelia tratando de contagiar su entusiasmo a Rafael. "Bautista debe acceder a que Imanol lo hipnotice. Sólo así podrá borrar para siempre de su memoria a esa zorra. El debe ser mío, sólo mío".
_ Realmente es impactante tu testimonio Imanol. Si te parece, estoy dispuesto a intentarlo luego de la cena _ Rafael finalmente accedió. Sin embargo algo en la narración de Imanol lo inquietaba, no podía precisar qué, era un sabor amargo que regurgitaba con insistencia.
_ ¡Excelente!, ¡excelente! _ chilló eufórica Amelia.
_ Sabia decisión _ pronunció con tranquilidad Imanol sin dejar de amonestar con la mirada a su díscola hermana.
Amelia, sin hacer caso al ceño fruncido de Imanol, corrió a la cocina. Sus gritos se escucharon con claridad en la sala.
_ ¡Candelaria!, negra perezosa, ¡sirve ya la cena!.


Los tres estaban reunidos en la biblioteca, la chimenea encendida brindaba calidez al ambiente. La tenue luz de una lámpara de gas invitaba al recogimiento.
Amelia esperaba impaciente el inicio de la sesión.
Imanol revolvía el cajón del imponente escritorio de roble buscando su reloj de bolsillo, regalo de su abuelo.
Rafael se paseaba de un lado a otro, atento y preocupado. De repente pensó en escapar de esa situación que él tontamente había buscado.
_ Imanol, voy por un café _ dijo como pretexto para huir.
_ Está bien, pero no tardes. Ya tengo todo resuelto para comenzar _ alborozado le mostró el reloj que buscaba _ Este adminículo me ayudará a ponerte en trance.
Rafael hizo un gesto afirmativo con la cabeza y desapareció con prontitud.
En la cocina se encontró con Candelaria que lavaba los platos en un enorme fuentón de lata.
_ ¿Que se te antoja Bautista? _ la negra lo tuteaba cuando estaban solos.
_ Un cafecito me vendría muy bien _ y con cuidado por no quemarse destapó la cafetera de cobre que humeaba sobre la mesa de algarrobo.
_ Dejá, dejá, que yo te sirvo, pué _ lo amonestó con ternura._ ¿Qué es lo que están haciendo ahí adentro tan encerraditos? _ curioseó con impertinencia.
_ Imanol va a tratar de hacer que recupere la memoria mediante hipnosis _ los ojos de la negra casi salen de sus orbitas al escucharlo.
_ ¿Qué cosa te va hacer ese matasanos? Nosis...¿qué? _ se escandalizó.
_ Hipnosis, Cande, hipnosis. Imanol me duerme y entonces..._ la confusión que vio en el rostro de Candelaria lo hizo reír _ Mejor no te explico, no entenderías, hasta para mí es complicado de comprender. Lo importante es me ayudará a descubrir quién soy _ al terminar la explicación sorbió con agrado su café.
_ Bautista, no dejés que te haga la nosis. Ese hombre es malo, vaya a sabé lo que te hace mientras estás dormido _ la aflicción de la negra lo vapuleó.
_ ¿Por qué te cae mal Imanol? _ se intrigó ya que a él le pasaba lo mismo.
_ Me cae como una patada de burro. El y su hermana son dos demonios. Nunca te lo dije por miedo a las amenazas de la Amelia, pero no puedo callarme más. La muy zorra me ordenó poner unos yuyos raros en tus comidas, según ella eran para tu salú. Como me dio mala espina, se los llevé a mi comadre que vive en el barrio "El Tambor" y que es curandera. Ella me dijo que se usan pa´ hacer el mal, no pa´curar. Te juro Bautista por lo más sagrado que jamás de los jamases los puse en tus comidas _ juró besando sus dedos en cruz mientras lloraba con desconsuelo.
_ Tranquila Candelaria. No te imaginás cuánto agradezco tu protección. Y no tengas miedo de Amelia, ella no tiene autoridad en esta casa, sólo es una visita...una visita funesta. No sé cuales son las intenciones de este par de intrigantes, pero lo averiguaré _ apoyó la taza sobre la mesa y abrazó a la negra con cariño._ Ahora debo volver...
_ ¡No!, Bautista y si te hacen algo malo con la nosis _ protestó secándose las lágrimas con el ruedo del delantal.
_ No lo permitiré. Vos rezale a tus santos para que me protejan _ y con paso cansino regresó a la biblioteca.
_ ¡Por fin Bautista!, creí que te habías arrepentido _ exclamó Imanol al verlo aparecer.
_ ¿Y Amelia? _ se extrañó al notar su ausencia.
_ La envié a su habitación. Sus nervios me perturban _ le aclaró. La muy ilusa no debía ser testigo de su plan. Con gentileza lo invitó a sentarse en un sillón mullido.
_ ¿Nervios? _ se extrañó
_ Mi hermana es muy temperamental y, tanto tú como yo, necesitamos paz para concentrarnos _ especificó con calma._ Ponte cómodo y observa fijamente mi reloj, mira como se mueve...va de un lado hacia el otro...Ahora contaré hasta diez y cuando acabe estarás hipnotizado.
Rafael en ese preciso instante recordó las palabras de Candelaria: "Vaya a saber lo que te hace mientras estes dormido".
"Cuando despertó, la paciente no recordaba nada de lo sucedido durante la hipnosis", esas palabras también repiquetearon en su memoria. "Precisamente es ésto lo que me huele mal, no saber lo que sucede durante mi hipnosis. Imanol puede manipularme, puede someterme a su voluntad. ¿Qué se propone? ¿Qué busca? Debo descubrirlo. Es un gran riesgo que debo enfrentar".
_ Cuatro, cinco, seis..._ Imanol contaba con rapidez, deseoso de tener a Bautista a su merced. Una vez hipnotizado le ordenaría amarlo. Este mandato fluiría desde el inconsciente haciendo que Bautista lo obedeciera una vez despierto. Lourdes quedaría enterrada en el pasado y Amelia...bueno, de ella también se encargaría.
_ Siete, ocho..._ alguien golpeó con insistencia la puerta de la biblioteca._ ¡Maldito sea!_ Imanol interrumpió abruptamente la sesión y abrió furioso la puerta. _ ¡Candelaria!, ¡mal rayo te parta!, ¿que quieres? _ vociferó, transfigurado el rostro.
_ Buscan al señor Bautista _ la negra alargó el cuello tratando de espiar que sucedía dentro de la habitación.
_ Sea quien sea dile que el señor Bautista está ocupado, y ¡ya no molestes!
_ Lamento contradecirlo, pero no estoy dispuesto a esperar ni un minuto más _ la vos gruesa y contundente despabiló a Rafael.
_ ¡Lorenzo!, ¡que agradable sorpresa! Adelante, adelante _ dijo aliviado Rafael. Esta vez fue el tío Lorenzo quien lo salvó de un peligro inminente.



viernes, 2 de junio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.26

"Hay un viejo árbol en flor,
 sobre el que alegres pájaros
 cantan a todas horas
 en la más dulce armonía
 combinando sus cantos para marcar las horas".
Poema tradicional de Irlanda

Alba rezongó hasta llegar a la cocina, pero no bien traspuso la puerta corrió hacia Tomasa, la cocinera. Se colgó del delantal multicolor de la negra rogándole con voz salamera una "taza gigante" de chocolate caliente con churros.
_ Y con muuuchooo dulce de leche Tomasita _ agregó guiñándole un ojo con picardía.
Rafael estalló en carcajadas al presenciar la tierna escena. Miguelito se unió a la petición de su hermana y juntos se sentaron en la punta opuesta de mesa en donde estaba acomodado el hombre que no sacaba su mirada de los pequeños golosos.
Lourdes se aproximó él y se sentó a su lado. Rafael al verla intentó ponerse de pie, pero ella se lo impidió con una sonrisa que le aceleró el corazón.
_ ¡Que sorpresa Bautista!, no sabía de su visita _ el rostro de Lourdes, tan bello, tan sereno, le cortó la respiración.
_ Imanol me comentó acerca del libro que le regaló a Miguelito y quise saber si le había gustado _ inventó en ese momento. En realidad estaba preocupado por la aproximación de Imanol al niño, desconfiaba del médico. No deseaba que se relacionara con aquella familia, no deseaba que se relacionara con Lourdes. Sentía celos, era inútil que continuara mintiéndose, sí, sentía tremendos celos de saberlo cerca de ella.
_ Muy amable de tu parte. Le encantó la historia, tanto que se pasó una noche en vela leyendo. Es un apasionado de la lectura. En eso se parece a su padre _ esto último lo recalcó intencionalmente.
_ A mí también me gusta leer. Libro de política o filosofía que cae en mis manos lo engullo con urgencia _ Rafael no comprendió el cambio repentino de Lourdes, sus facciones se ensombrecieron y sus labios apetitosos se volvieron rígidos.
"De mí te olvidaste, pero de la maldita política...¡no! Tu amor por ella nos separó", pensó encendiendo su malhumor.
_ ¿Dije algo que te disgustó? _ preguntó extrañado por el cambio de Lourdes.
_ Odio la política y todo lo relacionado a ella. La política y sus maléficos enredos llevaron a mi marido a luchar por ideales utópicos. A causa de la política lo perdí _ concluyó exasperada.
Rafael se perdió en el rostro de la mujer: los ojos refulgían acentuando el verde de su mirada, las mejillas arreboladas por el enfado eran el marco perfecto para una boca, húmeda y carnosa, que lo invitaba a devorarla.
Por un breve instante se mantuvieron en silencio. Se observaron con intensidad, tratando de entrar uno en el alma del otro procurando descubrir sus secretos más profundos.
Tomasa, se movía por la cocina ocupada en la preparación de la cena. Mientras cortaba chauchas no apartó en ningún momento su atención de ellos. Al notar que ya no conversaban, carraspeó nerviosa.
"¡Ay Diosito Santo!, la niña Lourdes se propone algo, la conozco, la conozco. No vaya a ser que le zampe las verdá al senor Rafael. ¡Ay San la Muerte, no nos desampares!", dándoles la espalda se persignó tres veces, rito que hacía para alejar a los malos espíritus.
Lourdes desvió su atención hacia Tomasa y los niños que cuchicheaban entretenidos.
_ ¿Me acompañás a la sala? Debo decirte algo importante _ expresó con decisión y al pararse con brusquedad la silla retumbó en el piso de piedra.
Tomasa pegó un salto y los niños la miraron intrigados.
_ No te asustes Tomasa, sólo se cayó la silla. Por favor cuidá a los chicos, Tina y la abuela Mercedes fueron de visita a la casa de Laura Insúa...
_ ¿A lo de la señora Laura?, ¡pobrecitas! _ Tomasa sintió pena por ellas. Laura Insúa, era una mujer egocéntrica parecida a una cotorra que sólo se refería a ella y a sus desgracias, a pesar de gozar de buena salud y tener un buen pasar económico.
_ Tenes razón Tomasa, pero así son ellas...masoquistas _ Tomasa asintió sin comprender el término empleado por su niña Lourdes, pero si ella lo decía así habría de ser.
_ ¡Mamita!, nosotros vamos con ustedes. Ya terminamos de merendar _ Miguelito se aproximó a Rafael _ ¿Me seguirá contando la historia de sir Lancelot? Mamita, ¿sabías que cuándo sir Lancelot era un bebé su mamá lo dejó al cuidado de la Dama del Lago? _ contó con precisión.
_ ¿La Dama del Lago?
_ Sí, mamá, un hada de las aguas._ dijo orgulloso de sus conocimientos.
_ Yo también quiero que me cuente que le pasó a ese bebé señor Bautista _ intervino Alba tironeandole la manga del gabán con insistencia.
Rafael se arrodilló poniéndose a la altura de la niña y con ternura le prometió hacerlo mientras le besaba las manitos sucias de tierra y dulce de leche.
_ El señor Bautista les contará todos los cuentos que se les ocurra, pero ahora no _ expresó terminante.
_ Mamita...¡que mala! _ protestó Alba.
_ No le digas mala a mamá Alba. Después de que ella hable con el señor Bautista, él nos contará la historia de sir Lancelot...
_ ¿Y del hada del lago? _ se entusiasmó
_ También, ¿verdad mamá? _ preguntó esperanzado.
_ Claro mis amores, pero ahora se quedan con Tomasa _ Lourdes no dejaba de maravillarse por la madurez de su hijito de ocho años.
Al llegar a la sala, Lourdes cerró la puerta y lo invitó a sentarse en el sofá. Ella, para sorpresa de Rafael, lo hizo a su lado.
Lourdes se mostraba serena, aunque en realidad era un manojo de nervios. Rafael estaba perplejo, no comprendía que estaba sucediendo.
Repentinamente, Lourdes se paró y caminó hacia el ventanal que daba al jardín. Corrió la cortina de gasa blanca y se quedó petrificada mirando hacia afuera.
_ ¿Ves ese naranjo Bautista? _ Rafael se estiró y asintió con la cabeza. _ Ese árbol creció junto a mi madre,  acompañó mi niñez y fue testigo de los momentos trascendentales de mi vida. Mi madre, Consuelo, lloró bajo su sombra el abandono del hombre que amó y que desgarró su corazón. Nunca conocí a mi padre, desapareció como lo hacen los cobardes. Mi madre se enfrentó sola a la maledicencia de nuestra sociedad hipócrita y defendió la vida que llevaba en sus entrañas con coraje y orgullo. Sin embargo, la muerte fue más fuerte y se la llevó al nacer yo. Desde ese instante Tina y mi abuela Mercedes fueron todo para mi...mi madre, mi padre, ¡mi familia! No debo olvidar al tío Lorenzo, siempre mimándome y protegíendome de las lenguas viperinas. Pensé que no podría ser más feliz. Me equivoqué.
Un domingo, después de misa, un gallardo soldado federal me defendió de unos esbirros de La Mazorca que querían arruinar mi cabello con alquitrán. Yo siempre fui rebelde, odiaba la cinta color punzó que el Dictador Juan Manuel de Rosas nos obligaba lucir, de modo que nunca la usaba. Esa mañana me descubrieron e intentaron pegarla en mi cabello. Gracias a ese joven logré escapar. Escapé de esa horrible situación, pero no de él. Se metió en mis pensamientos, en mi corazón, en mi alma...lo amé sin saber quién era. Poco después, una procesión en honor al tirano pasó delante de mi casa. Por insistencia de mi abuela me senté en el alfeizar de la ventana maldiciendo las imposiciones que debíamos sufrir para evitar la tortura y hasta la muerte. Recuerdo que rezongué, así como lo hizo recién Alba. "Es un circo, abuela", le dije crispada. "Shh niña, que pueden oírte. Por lo menos asomate a la ventana, así sabrán que nosotras nos unimos a ellos", pobre abuelita, ¡cuánto la hice renegar!
La gente comenzó a pasar aplaudiendo y vitoreando al Restaurador, y allí, entre esa chusma, estaba él, junto al cuadro de Rosas y de la Inmaculada. Altivo, sonriente...no podía dejar de mirarlo...y cuando sus ojos grises se toparon con los míos, me sentí morir.
Rafael la escuchaba absorto sin comprender a dónde quería llegar, qué buscaba con semejante confesión.
Lourdes controlaba las reacciones de Rafael confiando en que algo de su narración lo sacudiera. Hasta el momento, ¡nada!
_ No tarde mucho en conocer su nombre. Una tarde nos encontramos en la Recova. Yo iba con Lola a la mercería por hilos de seda y él hacía su recorrida oficial por la plaza de la Victoria. "El destino está empecinado en unirnos", me dijo, "Permítame que me presente, soy Rafael Cuitiño". Nunca imaginé que mi mazorquero fuera el ahijado de Ciriaco Cuitiño, el nefasto jefe de "La Mazorca". Saberlo me atemorizó, aunque no lo suficiente para apartarme de él. En el Paseo de la Alameda me declaró su amor, amor que yo le correspondía. Desde entonces no nos separamos más. Nuestros familiares se opusieron. Mi familia era unitaria; la suya, federal. Luego de muchas mentiras y dolor, mi abuela lo aprobó, pero su padrino, no. Huímos a Dolores donde nos casamos. ¡Que felices fuimos! Ahí no terminó nuestra odisea, debimos viajar hasta Bolivia atravesando todo el norte de nuestro país. Si los espías de Cuitiño nos hallaban tenían la orden de matarnos. Fracasaron y nosotros llegamos a salvo a nuestro destino.  Por un tiempo vivimos en paz hasta que mi tío Lorenzo, a escondidas mía, le propuso por correspondencia, unirse a la causa unitaria que bregaba en Montevideo para derrocar a Rosas. Rafael aceptó y yo lo seguí, a regañadientes, pero lo seguí a pesar de mi embarazo adelantado. Miguelito nació en Montevideo. Como yo siempre temí, la lucha no se limitó a artículos acusatorios publicados en los principales periódicos; pronto se formó un ejército al mando del general Urquiza para derrocar al tirano. Rafael, a pesar de mis ruegos, se enlistó. El debía combatir, se debía frenar tanta atropello, tantos asesinatos...se debía instaurar la paz. Primero el amor por la Patria, mujer egoísta que se nutre con la sangre de maridos, padres, hijos...que sacia su sed con el llanto de esposas y madres.
Rafael secó mis lágrimas, me beso largamente, acarició las mejillas regordetas de nuestro hijo y besó la frente de Alba, dormida plácidamente en su cuna. Fue la última vez que lo vi...Luego de la batalla de Caseros, hito de la caída del Dictador, un oficial me comunicó la oscura noticia: mi Rafael había muerto en batalla y yo...yo conocí la desolación del infierno.
_ ¡Cuánto lo siento! _ atinó a decir. Un sentimiento extraño comenzó a crecer dentro de él a medida que Lourdes avanzaba con su relato. Muchas situaciones le resultaban familiares. La imagen de una anciana enferma que lo abrazaba y besaba con cariño asaltó su mente. Se vio llorando su muerte y se angustió.
"Abuelita Pancha", repitió en silencio. Ese recuerdo fue el ariete que abrió las compuertas de su memoria y tuvo miedo de enfrentarse a la verdad. Entonces Lourdes era ...¡su mujer! Miguel y Alba...¡sus hijos! "Lourdes, mi sol, mi amor ¿Por qué me dejaste en las tinieblas cuando tenías la lumbre de mi salvación?",
 pensó mientras ella lo escudriñaba ansiosa.
_ Sólo eso _ dijo decepcionada controlando el llanto que pugnaba alborotado en su pecho.
Rafael la miraba sin revelar la tempestad que se desataba en su interior.
"Lourdes, te amo. Ahora comprendo esta atracción que sentí desde la primera vez que te ví. Tu fragancia a jazmines y ámbar me hipnotizó, un perfume que viajó del pasado atravesando mi oscuridad. Tus besos con sabor a menta me enloquecieron, besos que reconocí al momento de unirse nuestras bocas."
_ ¿Qué más puedo decirte? Si me perdonas debo marcharme _ "Aún no voy a decirle que recuperé la memoria, aún, no. Antes debo resolver otras cuestiones", decidió. Esas cuestiones se referían a Imanol y a Amelia. Su intuición le decía que ellos conocían la verdad, pero, ¿por qué se la ocultaron?, ¿qué se proponían?
_ Quisiera mostrarte algo _ Lourdes lo tomó de la mano y lo condujo al último patio.
Atado a un sauce, ramoneaba un caballo gris azulino. Al verlos llegar comenzó a relinchar como dándoles la bienvenida.
"Moro, mi fiel amigo, ¡estás vivo!", se alegró.
_ Que bello ejemplar _ dijo con frialdad disimulando sus sentimientos.
_ Perteneció a mi marido _ Lourdes, desilusionada, se dio por vencida.







martes, 30 de mayo de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.25

"Era el fru-frú del almidón de tus enaguas
 cuando las sombras de la noche empezaban
 en las copas de los árboles.
 Era el tiempo de los abrazos y de la lluvia,
 las horas del amor profundo en las zarzas".   Marco Matos

Una semana antes del secuestro de Miguelito

La tarde plomiza acentuó la melancolía de Lourdes.  Sentada cerca de la chimenea encendida, se arrebujó en su poncho de lana morada. Tenía frío, estaba helada...su alma estaba helada. Tantos encuentros con Rafael, tantas cenas, tantas conversaciones; algunos besos furtivos, algunas tímidas caricias y ...¡nada! El no recordaba, no la recordaba.
Mercedes no dejaba de alentarla: "No temas preciosa, en el momento menos esperado él recordará".
Pero, ¿cuándo? Los días pasaban, los meses pasaban y él...¡nada! ¡Maldito destino!
No deseaba llorar, estaba harta de derramar lágrimas por el amor de un hombre. No era una mendiga, era una mujer fuerte, pero cansada de enfrentarse a tantas arbitrariedades de la vida.
"Si no me recuerda que se vaya al infierno", pensó secándose con rabia las lágrimas que juró serían las últimas.
Las hojas de papel que dormían en su regazo la llamaron con insistencia. Leer aquel diario le hería el corazón, pero malévolo, se obstinaba en reclamar su atención.
Enero de 1845
Jueves
Cabalgamos sin descanso. Montamos juntos en el mismo caballo, nuestro fiel Moro. Voy relajada, descansando sobre el pecho de Rafael. El me abraza con pasión.
No queremos detenernos en las postas que avistamos en el camino por temor   a que algún espía de La Mazorca nos reconozca.
Nos detenemos en un bosque de cipreses y en un claro almorzamos lo que mi querida Tomasa nos alistó con esmero: pan, queso, panceta y duraznos jugosos. ¡Todo riquísimo!
Hasta me preparó una dulce sorpresa: un puñado de alfeñiques, mis caramelos preferidos.
De repente siento el cuerpo de Rafa aprisionándome. Deposita un reguero de besos en mi cuello y yo me estremezco. Dejo que continúe, sus caricias cada vez más insolentes, más invasivas. Gozo, me delito. Nos perdemos en una tormenta de pasión hasta que exánime de tanto ardor me duermo saciada en sus brazos amorosos.Descansados, partimos al amanecer. 
Sábado
Llegamos a Dolores a media mañana. Nos recibe una llovizna persistente.
Pasamos delante de la capilla. Más tarde iremos a ver al párroco, el padre Fermín, amigo de la abuela de Rafael. .
El rancho que buscamos está lejós del pueblo. Al llegar salto de la montura y corro hacia la puerta. Está sin tranca. Abro las pequeñas ventanas y descubro un mobilario humilde cubierto de telarañas.
Caliento agua en una vasija abollada y preparo un delicioso té de menta.
Bebemos la infusión riéndonos sin motivo. ¡Somos tremendamente felices!...
Lourdes interrumpió por un instante la lectura, la nostalgia es tanta que la asfixia. "Tiempos luminosos y cálidos que no volverán", se repitió consternada.
Con manos temblorosas vuelve a abrir el diario en el momento de su boda...
Sábado por la noche
Mientras Rafael ultima los detalles de la ceremonia con el padre Fermín, a mí me preocupa que lucir en mi boda. No es lo que soñé, pero eso es lo de menos. ¡Soy feliz! 
Con sorpresa encuentro dentro de mi bolso envuelto en seda, un bellísimo vestido de tul y encaje color crema. "Fue el regalo de cumpleaños para tu madre. Ella no pudo usarlo. Ahora es tuyo Lourdes". La esquela de la abuela Mercedes me sobrecoge, sé que mi madre estará junto a mí esta noche. 
El vestido me sienta a la perfección. 
Alguien golpea. Es Eulogia, la mujer agradable que conocí esta tarde en la sacristía de la iglesia. Prometió ayudarme en mi arreglo y ha cumplido.
Decido dejar mi cabello suelto. ¡Está terriblemente largo! Me llega hasta la cintura...
Eulogia tejió para mí una corona de margaritas que me fascina. Y para completar mi atuendo me regala un ramo de anémonas y crisantemos blancos, destacándose ne el centro una rosa malva.
Con una sonrisa me dice: "Las anémonas son flores misteriosas que encarnan lazos mágicos del amor eterno. La rosa malva es el símbolo de las almas gemelas".
Sus palabras me emocionas, Eulogia ya no es una extraña, es un ángel que envió mi madre para acompañarme en este momento especial.
Tina, con el sigilo que la caracteriza, entró trayendo un mate para Lourdes.
_ Hace tanto frío que pensé que te vendría bien un matecito bien caliente _ le dijo con ternura _ ¿Qué estás leyendo querida? _ preguntó con curiosidad al notarla tan absorta en la lectura.
_ Mi diario, el día de mi boda...¡Ay Tina!, ¡qué feliz fui! _ se lamentó impregnando tristeza en cada palabra que fluía de su corazón herido _ Lo intenté, Tina, intenté atraelo nuevamente hacia mí, pero fracasé y...y ¡no lo soporto! _ no pudo mantener su juramento y se deshizo en lágrimas amargas.
_ Mi querida niña _ Tina se arrodilló junto a ella y la abrazó _ no desesperes. Estoy segura que la Virgen Santa escuchará nuestras plegarias y muy pronto Rafael nos recordará. Recordará el amor profundo que se han tenido. Tengamos fe _ la besó en la frente con cariño maternal y la animó a tomar el mate que le ofrecía.
_ ¿Y los niños? No quiero que me vean llorar _ se preocupó, no deseaba entristecerlos.
_ En la cocina con Mercedes. Tomasa les preparó pastelitos de membrillo y los están disfrutando _ se rió logrando arrancar una sonrisa a Lourdes.
Al quedar nuevamente sola buscó la página que regocijaba su corazón.
Después de amarnos con frenesí corremos desnudos, protegidos por las sombras de la noche, hasta la laguna que se esconde entre un tupido follaje detrás del rancho. Nos sumergimos en las aguas frías, pero nuestra pasión las entibia. Nos tocamos con apetito memorizando cada parte de nuestro cuerpo.
Rafael me susurra : "Te amo con cada frágil aliento, con cada sonrisa y con cada lágrima de mi ser. Y si Dios lo desea, tras la muerte te amaré aún más"...
_ ¡Mamita!, ¡mamita! _ Alba entró corriendo y llamándola a los gritos. Su aspecto dejaba mucho que desear: las trenzas deshechas, el encantador vestido de poplin celeste manchado de barro al igual que sus primorosas botitas de cuero. ¡Un verdadero desastre!
Al verla dejó a un lado el diario y la abrazó sin importarle lo sucia que estaba su niña. "El no me recuerda, pero aquí están nuestros hijos, testimonios vivos de nuestro amor", pensó conmocionada. "Por ellos debo seguir luchando, ellos necesitan a su padre".
La niña se apartó de su madre y hurgó preocupada en su rostro.
_ Mamita, otra vez llorando...¿por qué? _ se acercó y le acarició el rostro con el ceño fruncido.
_ No lloro tesoro, sólo estoy resfriada. Pero...¿qué te pasó?, ¿te caíste?, y Miguelito, ¿dónde está? _ Lourdes comenzó a examinar a su hija temiendo que estuviera lastimada.
_ Me trepé al naranjo y me caí _ Alba comenzó a lloriquear.
_ ¡Alba, cuántas veces te dije que no te trepes a los árboles! ¡Es peligroso! _ se enfadó Lourdes _ ¿Y por qué lo hiciste?
_ Para devolver a su nido al pajarito _ respondió con inocencia _ Pensé que la mamá estaría muy triste...No me regañes mamita, no me gusta que las mamás estén tristes, además sólo me raspé apenas las rodillas _ los pucheritos de la niña enternecieron a Lourdes. La sentó en su regazo mientras la colmaba de besos.
_ ¡Mamita!, me haces cosquillas _ se quejó entre risas.
_ ¿Y Miguelito?, ¿dónde estaba? _ se inquietó. El nunca dejaba sola a su hermanita.
_ Estaba en la cocina con Lola y el señor Bautista. A Miguelito le gusta mucho conversar con el señor Bautista, pero yo me aburro...
_ ¿El señor Bautista está en casa?, ¿ahora? _ el corazón le comenzó a latir con fuerza.
_ Sí, mamita, en la cocina tomando mate y comiendo torta frita y hablando de caballeros y dragones. Los dragones echan fuego por la boca, ¿sabes?. Me asustan los dragones por eso los dejé y fui solita al jardín con "Canela" _ Alba se refería a su perrita, compañera de juegos y travesuras _ Ella fue la que encontró al pajarito entre las hojas secas.
Sin cavileos decidió con firmeza.
_ ¡Vamos! _ la tomó de la mano y juntas se dirigieron a la cocina, a pesar de las protestas de Alba.
"No estoy dispuesta a esperar más. No me interesa la opinión del doctor Imanol, creo que es torpe y descabellada. Tiene razón el tío Lorenzo. ¿Qué mal puede hacerle a Rafael reencontrarse con su familia? Yo asumo toda responsabilidad de las posibles consecuencias. Esta misma tarde sabrá quién es en realidad. Basta de encubrimientos".


 



jueves, 25 de mayo de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.24

"¿Por qué volvéis a la memoria
 tristes recuerdos del placer perdido...?"  José de Espronceda

Desde su regreso a Buenos Aires vivía en la más completa apatía. Sólo lo animaba a continuar respirando su deseo de hallar el fruto del amor que una vez, hacía ya mucho tiempo, despreció.
En sus largas noches de insomnio se preguntaba que habría sido, niña o niño.
"Rondará la treintena", calculó esa noche en particular. La entrevista con el periodista de "El Nacional" una semana atrás, lo arrastró de manera inexplicable a su pasado. Cada vez que conversaba con algún joven de treinta años, veía a su hijo, y sobretodo, si ese joven revelaba valores morales altos y una personalidad temeraria. Le hubiera gustado que su hijo se pareciera a Bautista Roldán.
Y si en cambio fuera una mujer...sería igual a su madre, delicada, etérea...Consuelo Aguirrezabala, la llevaba grabada a fuego en su corazón. Lo que comenzó como una aventura, terminó por encadenarlo a un amor prohibido. Por su estúpida cobardía no sóla la perdió sino que la condenó a la vergüenza y al escarnio. La abandonó a su suerte y él...él huyó con pavor a las consecuencias.
Tiempo después, en una tertulia organizada por su esposa, alejado de toda responsabilidad con respecto a su paternidad en la provincia de Córdoba, se enteró de la muerte de Consuelo.
_ ¡Un oprobio!Embarazada y de un hombre casado...¡un verdadero escándalo! Murió dando a luz en el convento de las Carmelitas _ la mujer se regodeaba con la noticia, la disfrutaba. Teresa era conocida por su lengua viperina, pero por ser su marido un respetable y encumbrado comerciante, se la invitaba a toda reunión social.
Esteban al escuchar el nombre de su víctima se acercó con aire distraído a su mujer. Pasó su brazo por la cintura de ella y la besó tiernamente en la mejilla. No amaba a su esposa, la soportaba pero debía disimular.
_ Aldo, deberías aprender de Esteban _ la mujer codeó con fuerza a su marido que casi se atraganta con el jerez que saboreaba _ Mirá que cariñoso es con Sofía.
Esteban sonrió a la pareja y preguntó con interés:
_ ¿Quién ha muerto, Teresa?
_ Consuelo Aguirrezabala. Una jovencita con aires de santa que resultó ser una puta _ el marido nuevamente se atargantó con la bebida al escuchar los improperios de su mujer.
_ Perdón, pero no existe otro calificativo para su inaudita conducta. ¡Pobres padres! Mercedes estaba muerta en vida y Alonso no volvió a salir de su casa. Sólo lo hizo en el ataúd _ concluyó.
_ Y, ¿qué fue? _ preguntó Esteban con un hilo de voz.
_ ¿Que fue qué? _ Teresa lo miró intrigada. ¿Qué le sucedía a ese hombre? Estaba más blanco que la cera.
_ ¿Fue niña o niño? _ preguntó alarmando a su esposa. "¿Por qué tanto interés?", sospechó Sofía.
_ No sé. En el velatorio de Alonso no se habló del tema, y por más que traté de averiguar no conseguí saber el sexo del fruto del pecado. Desafortunadamente, nuestro repentino viaje a Córdoba impidió que me enterara del enigma. Pero ya me enteraré a mi vuelta. Mis esclavas me notificarán _ una sonrisa ladina se formó en su boca insulsa.
¡Recuerdos infames, perturbadores! Recordar lo hería de muerte, muerte pérfida que se negaba a llevarlo en su carromato hasta el mismo Infierno. "Ese es mi lugar, allí pertenezco", gritó haciendo tronar con el puño la mesa de roble. La copa y la jarra de cristal que contenía un costoso vino español saltaron de la mesa haciéndose añicos contra el piso de madera.
_ ¡Virgen santa!, ¿qué es este desorden? _ Laureana entró corriendo a la sala alarmada por el estruendo.
_ Nada, mujer, nada _ la voz apagada y los ojos vidriosos le revelaron la verdad a la negra.
_ Otra vez los espíritus te andan atormentando, ¿no?. Esteban, m´hijo, no te torturés má´ _ Laureana sufría viéndolo desangrarse día a día por un dolor incurable.
_ Es tarde, andá a dormir _ gruñó malhumorado.
Al quedarse solo decidió acostarse también, estaba agotado. La búsqueda del asesino de niños lo extenuaba, lo enardecía no llegar a resultados certeros. "¡Maldito perturbado!, ¿dónde te escondés?", se alteró. Tres grupos de vigilantes removiendo cielo y tierra, y...¡nada!
Sin quitarse la ropa se tiró sobre la colcha de seda. La cama crujió bajo su peso. Apagó las cinco velas del candelabro y cerró los ojos.
Y nuevamente las imágenes del pasado, que como una pérfida obra de teatro, lo atraparon en una telaraña de recuerdos que estrujaban su alma torturada.
Se encuentran en una casona abandonada en las afueras de la ciudad.
Consuelo corre a sus brazos y llora. Sus lágrimas le queman la piel, toda ella es una brasa que lo devora. ¡Cuánto la ama! 
Ella, sollozando, le revela su secreto. ¡Embarazada! Se lo cuenta con rapidez temiendo el rechazo. 
Y él...él la separa con brusquedad de su cuerpo. El miedo le nubla el entendimiento, lo vuelve violento.
Consuelo cae de rodillas sobre el piso de piedra y allí permanece alelada, sus enormes ojos azules fijos en él sin comprender, ciega de dolor.
"¿Por qué Esteban, por  qué me rechazas? Acaso jugaste conmigo, ¿por qué? ¿Dónde quedó tu juramento de amor?"
Su dulce voz repica en sus oídos, quiere abrazarla...besarla, pero ¡no!, es imposible. No puede abandonar a su esposa y a sus hijos.
Huye sin dar explicaciones. Ella lo ve alejarse, permanece tirada en el suelo llorando.
Un lamento lo alcanza, lo envuelve, lo asfixia : "¿Por qué mi amor? No me abandones. ¡Esteban, Esteban!".
_ ¡Esteban!, ¡Esteban! _ Laureana golpeó nerviosa la puerta del dormitorio sacándolo de su pesadilla, de su infierno.
_ Ya voy, ¿qué sucede? _ abrió la puerta frotándose los ojos, amenazado por una fuerte jaqueca.
_ Un tal Bautista Roldán pide verlo _ la negra retorcía su delantal con vehemencia.
_ ¿A estas horas?, ¿qué quiere? _ se molestó.
_ Está muy angustiado...¡está como loco!, ¿qué le digo? _ le gritó descontrolada.
_ Calma Laureana, ¿dónde está?
_ En la sala _ respondió con la voz estrangulada.
Lo encontraron caminando de un lado al otro, como un león enjaulado.
_ Don Salguero, algo terrible sucedió. Miguelito, el hijo de doña Lourdes Aguirrezabala desapareció.
 

viernes, 19 de mayo de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.23

"Al principio sintió tristeza...Después experimentó inseguridad,
 y la inseguridad se convirtió en temor..." 
Spencer Jhonson

Rafael abandonó su casa con la mente confusa. Por momentos la amistad que le brindaban Imanol y Amelia lo confortaba, pero otros lo sofocaba. Por momentos lo ayudaban, y otros parecían querer someterlo. De algo estaba seguro, cada vez que conversaba con ellos, un sabor amargo y siniestro le recorría el cuerpo.
¿A que se debía? No podía explicarlo, pero lo inquietaba sobremanera.
Y ahora, la hipnosis. Una idea innovadora que Imanol deseaba aplicar en él para lograr su recuperación. ¿Qué hacer? Se sentía tentado en aceptar, pero...no, no confiaba en Imanol. Esa era la verdad y no estaba dispuesto a mostrarse vulnerable ante él, porque ese sería su estado durante la hipnosis. No lo haría.
Un carruaje de alquiler pasó delante suyo interrumpiendo sus cavilaciones. Corrió un pequeña distancia gritando al cochero cuando sus silbidos no surtieron efecto. Finalmente el hombre lo escuchó y se detuvo.
_ Al Departamento de Policía ubicado en la calle De la Merced _ especificó con la voz entrecortada por la inesperada carrera.
La monótona marcha sobre las calles empedradas lo distrajo de sus pensamientos anteriores enfocando su preocupación en el asesino de niños y en su entrevista con el Jefe de Policía.
Don Esteban Salguero. Poco sabía de él, sólo que hacía unos meses había llegado de Cochabamba instalándose en una casona sobre la calle de La Piedad, a pocas cuadras de la residencia de Lourdes. De ideas unitarias, durante la dictadura de Rosas huyó a Córdoba con su familia para salvar su vida, y de allí se exilió en Bolivia. Un amigo en común se refirió a él como un hombre sombrío y taciturno, que cargaba una culpa secreta desde su juventud. Su mujer murió al nacer el tercer hijo, quién también murió; y sus dos hijos mayores, ambos militares, decidieron permanecer en Bolivia.
Con aire reticente saludó al oficial que estaba apostado en la doble puerta del edificio de frente encalado.
En el hall principal, un uniformado le preguntó con amabilidad el motivo de su presencia. Al revelarle su nombre, el policía lo acompañó hasta la oficina de don Esteban Salguero.
_ Jefe, don Bautista Roldán del periódico "El Nacional" lo busca _ lo anunció haciéndolo pasar a una habitación pequeña e iluminada por dos lámparas de gas. Detrás de un escritorio repleto de carpetas, un hombre de pie, alto y delgado, lo observó con interés.
_ Adelante, adelante, por favor. Puede retirarse López _ Esteban Salgado, de porte gallardo, lucía vital, aunque sus ojos eran el espejo de una pena honda...profunda. Rafael calculó que rondaría los cincuenta.años._ Tome asiento. Faustino ya me adelantó el tema del reportaje, está muy interesado en que se capture al depravado que asesina niños.
_ Como todos los ciudadanos, don Salguero. El miedo corre como un reguero de pólvora por los barrios de Buenos Aires. Si bien hasta ahora ha secuestrado a niños esclavos y de las clases más humildes, toda mujer que es madre sin importar la clase social a la que pertenezca, vive con el corazón en la boca. Es imperativo que se lo descubra y arreste _ manifestó indignado.
_ Y en eso estamos abocados, amigo _ Esteban se atusó con parsimonia el bigote apenas encanecido.
_ Creo que deberían poner más ahínco en la búsqueda. Mientras nosotros conversamos, este loco puede estar tras su siguiente víctima, o quizá ya la ha capturado _ explotó Rafael ante la tranquilidad del Jefe de Policía.
_ No se exalte mi amigo, nosotros sabemos hacer nuestro trabajo. ¿Gusta un mate? No puedo ofrecerle algo más fuerte porque estoy en horario laboral _ Salguero caminó hacia la puerta con la intención de ordenar que algún cabo les cebara unos amargos, pero Rafael lo detuvo.
_ No quiero nada señor. Lo único que deseo es que el cuerpo policial se esfuerce para detener esta pesadilla. ¿Qué es lo que se sabe hasta ahora? _ "¡Este hombre es un inepto! Su desidia desencadenará en una tragedia mayor", pensó enfurecido.
_ Muy poco. No encontramos testigos, y si los hay, callarán por temor. Lamentablemente la gente no quiere enredarse en estos asuntos, más aún siendo niños de poca importancia,  pobres negros y escuálidos vagabundos. Si estamos enterados de lo sucedido es porque los dueños y patrones denunciaron la desaparición deseosos de recuperarlos cuanto antes. No lo hicieron preocupados por la suerte de los niños sino porque su ausencia les provocaba pérdidas económicas. Bautista, la práctica de valores, vital para la mejor convivencia social, parece ser parte del pasado. El respeto a la persona es un término prácticamente desconocido. La pérdida de valores morales termina en la insensibilidad, en la falta de respeto a la vida del otro, en la ausencia de honestidad y en la falta de justicia. Yo dejé este país en un momento de caos absoluto. Juan Manuel de Rosas, el Tirano sanguinario, persiguió a mi familia con saña por no defender su mismo pensamiento. El miedo, la violencia, la corrupción, la mentira, la hipocresía, eran moneda corriente. Aunque quizá no lo comprenda, mi sentido del honor me llevó al exilio para luchar desde allí por mi Patria y su salvación. Y ahora, que nuevamente estoy en mi país bregaré con todas mis fuerzas para imponer justicia y defender la vida y la libertad, los bienes más preciados que nos ha regalado Nuestro Señor. _ afirmó alzando la voz por primera vez.
_ Y si esos niños son de tan poca valía , ¿cómo es qué este suceso ha tomado estado público causando temor y preocupación? _ dijo obnubilado por la fuerte exposición de Salguero, declaración que echó por tierra todos los juicios que se había formado del hombre.
_ Muy simple, uno de mis cabos es el tío de uno de los niños desaparecidos. El pequeño trabajaba cargando bolsas en el puerto. Con esa changa ganaba unas monedas que llevaba a su madre viuda y a sus cinco hermanitos. Una noche no regresó. La madre desesperada recurrió a su cuñado que hizo la denuncia. Enterados sus compañeros, la noticia explotó divulgándose por todos los barrios periféricos de la capital.
Todos en este Departamento estamos empecinados en llegar al quid de esta cuestión siniestra. Y si ahora me permite, necesito tomar unos mates. Necesito calmarme, si me altero pierdo lucidez y en este momento me es imprescindible _ dejó la habitación unos minutos y regresó con una pava de aluminio y un mate de calabaza. Apoyó la pava sobre el escritorio, acercó una silla de cuero gastado a Rafael y comenzó a cebar.
_ Si no encontraron testigos, ¿cómo saben que es un hombre el que los secuestra?...y ¿con qué fin? _ Rafael saboreó el mate y un gusto a menta le inundó la boca.
_ En realidad, sí hay un testigo, pero su credibilidad está en duda _ suspiró fatigado.
_ ¿Qué quiere decir?
_ Su nombre es Chinga, es una  india vieja que vive en los portales de las iglesias. Los que la conocen cuentan que desde que su marido y su hijo murieron por los fusiles militares durante un malón en la zona de Azul, quedó mal de la cabeza. Abandonó a su pueblo y desde entonces recorre las calles porteñas entonando canciones fúnebres, potentes y emotivas. Ella contó que una noche le llamó la atención ver a un indio enorme caminando en dirección al río con un bulto sobre su fornida espalda. Repentinamente la manta que cubría el bulto se deslizó dejando a la vista la cabeza de un niño y la mitad de su rostro manchado de sangre. Espantada, se ocultó en las sombras y permaneció así, temblando hasta el amanecer. A la mañana siguiente, como todas las mañanas, se presentó en la parroquia de San Ignacio donde el cura le sirve un frugal desayuno. La india le contó lo sucedido al párroco y el párroco me lo contó a mi.
Es poco sustentable, pero es la única pista que tenemos. Que se propone este maníaco es un misterio. _ recibió el mate de Rafael y se cebó otro para él, caliente y amargo, así le gustaba el mate.
_ Algo es algo. Y, ¿cuáles son sus planes? Me gustaría participar, si usted me lo permite, claro.
_ Lo tendré en cuenta. En este mismo instante el oficial Saturnino Robles está al frente del cuerpo de Vigilantes a pie que recorren la zona de la parroquia de San Ignacio y sus aledaños. Por otra parte, el oficial Manuel Tejedor y un grupo de Vigiladores a caballo rastrillan la región ribereña. Si bien nuestra estructura es insuficiente, nuestro ánimo y las ansias de capturar a este monstruo compensa cualquier deficiencia _ expresó orgulloso.
_ Le aseguro que el periódico "El Nacional", apoyará la campaña policial dándole todo su respaldo.
_ El respaldo del cuarto poder es importantísimo. Confío en que pronto, con la ayuda de Dios,  resolveremos este intrincado y oscuro caso _ auguró confiado Salguero dándole un fuerte apretón de mano a Rafael a modo de despedida.
Eran las ocho de la noche cuando Esteban Salguero abandonó el Departamento de Policía. Montó a caballo hasta su residencia. Acostumbraba hacer un alto en la pulpería del "Chueco Gervasio" para tomar unas copitas de ginebra, pero esa noche decidió no hacerlo, se encontraba melancólico. Amarró las riendas de su pingo en el nogal que crecía arrogante en el frente de su casa. Al entrar se encontró con Lautara, una negra regañona que lo adoraba. Diez años mayor que él, lo había cuidado desde recién nacido.
_ Esteban, ¿que te anda pasando m´hijo? Te noto apagao. ¿Otra vez pensando en ella? Tantos años pasaron y no te la podes sacar de la cabeza _ le dijo mientras lo ayudaba a quitarse el gabán y colgaba el sombrero de fieltro negro en el perchero.
El no le respondió. Caminó ararstrando los pies hasta su dormitorio.
_ ¿No vas a cenar? ¡Esteban!, ¡te vas a morir si no comes! _ chilló con sentimiento maternal.
_ ¡Ojalá! _ dijo en voz baja.
Solo en su habitación, se sentó en la gran cama con respaldo de algarrobo repujado. Extendió su mano y abrió el cajón de la mesita de luz. Con cuidado extrajo un camafeo. En el ónice, grabado el rostro exquisito  de una mujer.
"Consuelo, amor de mi vida...", suspiró angustiado.

viernes, 12 de mayo de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.22

"No brillaba ninguna chispa de locura en sus ojos ni desfiguraba su rostro ninguna mueca de demencia. Su estado de ánimo era claro y alegre...Parecía muy inocente, como cualquier hombre feliz".  Patrick Süskind

Amelia, desde la ventana que daba a la calle, lo vio llegar. Se lo veía radiante, apuesto...imponente. El tibio sol de otoño resaltaba sus recias facciones; los ojos, como dos carbones encendidos, transmitían satisfacción. Por un breve instante lo deseó. Su pensamiento la escandalizó. "Estás loca", se censuró aunque un hormigueo febril le recorrió el vientre intensificándose en su sexo.
Un recuerdo lejano tomó cuerpo en su memoria. Una noche, cuando estaba despertando a la sexualidad, entró a hurtadillas en la alcoba de su hermano. Era verano y él dormía desnudo. Se detuvo junto a la cama y lo observó con curiosidad. Imanol estaba de costado, su sexo oculto; pero de repente se puso de espaldas y ella pudo admirar el pene erecto en toda su majestuosidad. Anonadada no podía despegar la mirada. Un cosquilleo ardiente anidó entre sus piernas experimentando la apremiante necesidad de tocar, de frotar su vulva. Así lo hizo hasta lograr un orgasmo. Ahogó, por miedo y vergüenza, el grito culminante. Se retiró lentamente, evitando hacer ruido; su hermano no debía despertar...y no despertó. Al menos así lo creía ella.
Amelia, en la prisa por abandonar el dormitorio, no vio la sonrisa socarrona que se dibujó en el rostro de Imanol.
_ ¡Amelia!, ¿dónde estás? _  la voz grave de Imanol zamarreó sus devaneos volviéndola a la realidad.
_  Aquí, en la sala _ Amelia se asomó al zaguán, parecia agitada.
_ ¿Te sientes bien? ¿Tienes fiebre? _ Imanol le tocó la frente para comprobar su deducción.
_ ¡Claro que no!, ¡basta de exagerar! _ nerviosa se apartó de él. ¿Tanto evidenciaba su cuerpo los pensamientos que la atormentaban?.
_ Dile a Candelaria que te prepare una infusión de valeriana. Te calmará _ expresó molesto. Amelia tenía la virtud de sacarlo de sus casillas, aunque al verla con ese vestido rojo pegado a sus generosas curvas sintió que la sangre le hervía. ¿Qué importancia tenía el incesto? Para su madre no era un problema, la maldita lo visitaba con frecuencia por las noches. Caricias lujuriosas, exigentes...besos escabrosos, amargos. Disfrutó envenenándola lentamente hasta la muerte. Nadie lo descubrió. Tomó la mano de su hermana con ternura. Si tan solo le gustaran las mujeres...pero no. Su apetencia estaba dirigida hacia otra dirección.
_ ¿Cómo te fue con Lourdes? _ la curiosidad la estaba carcomiendo.
_ Perfecto, aunque Lourdes no estaba _ acarició con dulzura la mano tersa y perfumada _ Conversé amenamente con Miguelito, un niño inteligente y vivaz _ respondió paseándose por la sala. Buscaba la pitillera, necesitaba fumar, le urgía fumar. Pensar en ese niño lo excitaba..."Tan parecido a él".
_ Y ese mocoso, ¿de qué manera interviene en nuestro plan para destrozar a esa zorra?, ¿cómo nos ayudará para apartarla de Bautista? ¡El debe decepcionarse de Lourdes, sólo así será mío! Yo seré su consuelo _ una vez más Amelia perdía el control exasperando a Imanol. "Esta tonta lo arruinará todo".
No te lo diré. Sé paciente y contrólate _ Imanol encendió un cigarro, aspiró con urgencia experimentando inmediatamente placer y relax.
_ ¡Imanol!, te exijo que me cuentes que harás con Miguelito _ exigió con los brazos en jarra y echando chispas por los ojos.
_ ¿Que sucede con Miguelito? _ en ese momento apareció Rafael con unos papeles en las manos. Le disgustó que esos dos mencionaran al niño.
_ ¡Bautista!, ¿tomas el té con nosotros? Candelaria ha preparado una torta de ciruelas que te encantará _ Amelia se colgó del brazo de Rafael forzando una sonrisa seductora. Debía desviar la conversación.
_ No Amelia, tengo una cita con el jefe de policía. ¿Ocurre algo malo con Miguelito? _ se inquietó al notar que los hermanos trataban de evadir su pregunta.
_ Nada, nada, Bautista _ Imanol agitó la mano sacándole importancia al tema _ Le estaba comentando a Amelia que hoy fui a casa de Lourdes y como tú me habías dicho que al niño le gustan las historias medievales, le he obsequiado Ivanhoe. Ni te imaginas lo feliz que se puso _ manifestó displicente sentado cómodamente en el sillón con las piernas cruzadas y dibujando volutas de humo.
La explicación no tranquilizó a Rafael, no le agradaba que Imanol se acercara al niño. Ni él ni Amelia.
Pronto se iría de esa casa. Pronto los apartaría de su vida.
_ A propósito Bautista, ¿cómo te sientes ultimamente? Hace tiempo que no conversamos. ¿Qué opinas si hoy después de cenar hacemos una sesión de hipnósis? _ propuso Imanol de buen talante. Amelia se sobresaltó, "¿Qué pretende ahora mi hermano?".
_ ¿Hipnosis?, ¿y con qué objeto? _ Rafael estaba apurado, el jefe de policía lo aguardaba y a él le disgustaba ser impuntual, pero la propuesta de Imanol lo sedujo. "¿Y si me ayudara a recuperar mi pasado? Entonces podría iniciar una nueva etapa junto a Lourdes".
_ Como he notado que mis brebajes naturales no están dando los resultados que esperaba, considero que es oportuno recurrir a esta innovadora técnica. En Francia tuve el honor de estudiar con Franz Mesmer, el precursor de la hipnósis. El sostiene que si la luna ejerce un poder sobre los mares, también puede influir en los fluídos del cuerpo humano y de hecho restablecer la salud. Mesmer es el descubridor de esta espectacular manera de curar la amnesia, como también de  muchas enfermedades. ¿Te animas a que te hipnotice? Es una alternativa esperanzadora para tu mal, ¿qué dices? _ Imanol trató de controlar su ansiedad, si Rafael se sometía a la hipnosis él podría manipularlo a su antojo gracias al poder de la sugestión.
_ No puedo negar que me tienta hacerlo... lo pensaré, Imanol, lo pensaré. Me gustaría quedarme y continuar con tan interesante charla pero no deseo impacientar a don Esteban Salguero, el jefe de policía _ se disculpó.
_ ¿Lo entrevistarás por ese asunto de los asesinatos de niños? _ se interesó Amelia._ Deben detener a ese virulento homicida antes de que comience a matar niños de la sociedad patricia _ dijo alarmada.
_ Amelia, todos los niños son importantes, sin distinción _ la reprendió ofuscado_ El director del periódico, don Faustino Sarmiento, está empecinado en que se atrape a este sujeto. Por eso iniciaremos una campaña para presionar al gobierno y a la policía. Buscaremos testigos, seguiremos pistas, todas las pistas que se presenten, tanto en la redacción como en la comisaría. Publicaremos siempre en primera página todo lo relacionado con el caso. Hasta nuestro caricaturista se ha ofrecido para realizar dibujos del rostro del asesino con los datos que aporten los testigos. Es primordial que lo arresten _ concluyó irritado.
_ ¿Acaso lo han visto?, ¿se sospecha de alguien? _ Imanol se mostró interesado.
_ Lamentablemente no _ respondió consternado.
_ No hay que desmoralizarse. Verás como la policia lo atrapa, es inaudito que este personaje siniestro continúe matando criaturas inocentes, ¡que horror! _ Imanol se mostró indignado. "Nadie interrumpirá mi obra maestra. Estos ignorantes no comprenden que mato en favor de la vida. No sólo estudio el interior del cuerpo humano que es deslumbrante sino que satisfago mis acuciantes necesidades físicas. ¿Qué significa un niño piojoso menos en la faz de la tierra? Además, yo no quiero hacerles daño, sólo quiero matarlos".
Al quedarse solos, Amelia explotó contra Imanol.
_ ¿Qué te propones con eso de la hipnosis? 
_ A su tiempo lo sabrás _ Imanol cortó un trozo de torta de ciruelas que Candelaria había dispuesto sobre la mesa junto al servicio del té _ Esta torta está deliciosa, prueba hermana.
_ ¡Déjate de sandeces y explícate! _ Amelia, furiosa, le quitó de un golpe la porción de torta que en ese momento Imanol llevaba a su boca arrojándola al piso.
_ ¡Hermanita! Creo que voy a recetarte unas píldoras para los nervios y no te preocupes que son de mi invención _ se rió alterando aún más a la mujer.
_ ¿Qué es lo que te divierte? _ Amelia se paseaba de un lado a otro en el amplio salón, tropezando con las sillas y sillones que encontraba a su paso.
_ Querida, cálmate _ Imanol la tomó del brazo con delicadeza deteniendo su marcha descontrolada y juntos se sentaron en un sofá de suave terciopelo azul _ Déjalo todo en mis manos. ¿No confías en mí? _ Amelia a duras penas afirmó con la cabeza _ Mira, a través de la hipnosis se puede influir en el sujeto a hipnotizar, ¿entiendes? Estando Bautista en trance puedo sugerirle que tú eres el amor de su vida, puedo hacer que se obsesione contigo. ¿Contenta? _ dar explicaciones a un retrasado mental era más fácil que dárselas a su hermana.
_ Mucho, ¿crees que dará resultado? _ se exaltó.
_ Por supuesto, ¿dudas de mi capacidad? Estoy sumamente capacitado, durante tres años estudié con Mesmer y leí todo sobre las técnicas de hipnosis de Johann Gassner, maestro de la sugestión._ recitó orgulloso.
_ Muy bien, lo dejo todo en tus manos. Ahora me voy a recostar, se me parte la cabeza. Por favor dile a esa negra haragana que me prepare un té de tilo _ Amelia se retiró a su alcoba con el corazón ligero, su hermano pondría las cosas en su lugar, es decir, a Bautista en sus manos.
Imanol se sentó plácidamente a la mesa, se sirvió una taza de té al que agregó un chorrito de crema. Lo saboreó complacido. Luego encendió un cigarro y se repatingó en la silla. "Estos son los grandes pequeños placeres de la vida. ¡Cuánto los disfruto! ¡Si señor!, matar es una experiencia entretenida".