jueves, 20 de abril de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.19

"¿No estás de acuerdo en que hasta la venganza más terrible empieza con una simple pregunta?".
John Katzenbach

Lourdes tirada sobre la cama, con los ojos cerrados revivía cada caricia furtiva, cada beso, cada mirada compartida...revivía a su Rafael. Luego se sentó frente al espejo y comenzó a peinar sus rizos, tan rebeldes como siempre. Sin embargo, en esta ocasión no renegaba, al contrario, tarareaba una dulce canción de amor, una romanza que cantaban los juglares en su paso por los castillos medievales, una canción que su abuela le había enseñado cuando era niña.
_"Quiero dormir y no puedo...Que el amor me quita el sueño" _ repetía Lourdes sonriendo al espejo.
Unos suaves toquecitos a su puerta detuvieron la melodía.
_ Lourdes, ¿puedo pasar? _ la voz de Mercedes sonaba alegre, esperanzada.
_ Por supuesto abuelita, pase, pase _ Lourdes dejó el cepillo de mango de plata sobre el tocador y abrazó a su abuela que la miraba sorprendida.
_ ¡Cuánto me alegra querida que rías, que cantes!. La visita de Rafael es prometedora, ya verás como muy pronto las sombras que afectan nuestras vidas desaparecerán, estoy segura. Más aún cuando durante la cena me llamó "doña Mechu" de manera tan cariñosa como solía hacerlo _ dijo entusiasmada.
_ ¿Se puede? _ Tina asomó la cabeza por la puerta, ella también quería compartir su felicidad.
_ Claro Tina, pasá _ Mercedes la invitó a sentarse junto a ellas en la cama.
_ Lourdes, doña Mercedes, me parece un sueño lo que sucedió hoy. Rafael sentado a la mesa con nosotras, ¡un milagro!. Y los niños, ¿notaron cómo disfrutaron de la compañía de su padre? Siento que vuelvo a la vida _ y con un pañuelo secó las lágrimas que caprichosas se deslizaban por sus mejillas ajadas.
_ ¡Ay Tina!, creo que Rafa empezó a recordar. Hoy, cuando lo despedí en el zaguán, me miró de la misma manera que lo hacía cuando me amaba...
_ No digas "cuando me amaba", él te ama Lourdes, nunca dejó de amarte. Su mente es como un cielo encapotado; los oscuros nubarrones ahogan al sol, pero poco a poco, el cielo se despejará y el sol iluminará sus recuerdos. Tengamos fe._ Mercedes, al tiempo que hablaba, acariciaba con ternura la espalda de su nieta.
_ Es verdad, todas las noches le enciendo una vela a la Virgen de Luján. Ella mejor que nadie comprende el dolor de una madre. Ella nos devolverá a Rafael _ exclamó optimista Tina.
Las tres se abrazaron ilusionadas. El futuro se presentaba fortuito.

Rafael llegó a su casa con el espíritu alborozado, con la imagen de Lourdes impregnada en todos sus sentidos. Por eso cuando se encontró con el ceño fruncido de Amelia, se turbó.
_ ¿Dónde has estado? Los nervios me han consumido _ el mal talante de la mujer le molestó.
_ En la casa de los Aguirrezabala. Sabías que estaba con Lourdes, no veo por qué tanta preocupación. - contestó alterado. "¿Qué derecho tenés para controlar mis actos?", lo pensó sin expresarlo en voz alta.
_ Ya conoces a Amelia, Bautista. Vive pendiente de ti, teme por tu seguridad _ intervino Imanol, que sentado cerca de la chimenea saboreaba un cognac francés.
_ ¿Seguridad? _ se extrañó.
_ Querido, ya es muy tarde y las calles están llenas de delincuentes. ¿Acaso no te has enterado de ese loco que asesina niños? Tú eres periodista, debes haberte enterado _ Amelia se acercó a Rafael fingiendo mansedumbre, cuando en realidad quería retorcerle el cuello. Tomó su sombrero y lo ayudó a quitarse el gabán.
_ No soy un niño Amelia, sé cuidarme. Y sí, estoy enterado de las felonías de ese animal. Precisamente ayer, en la redacción me encargaron que escriba un artículo sobre el caso. Mañana tengo una entrevista con el jefe de policía para que me asesore _ Rafael se sentó en un sillon junto a Imanol y aceptó gustoso una copa de cognac.
_ Has dicho bien Bautista. Ese demente no es un hombre, es un animal. ¿Qué bajos instintos llevan a una persona a cometer semejante infamia con esas inocentes criaturas? ¡Incomprensible! _ comentó escandalizado Imanol mientras encendía un cigarro y se acercaba a la puerta-ventana que daba al jardín. La noche estaba estrellada y él disfrutó de la brisa fresca que rozó su rostro. "Excelente noche para salir de cacería", sonrió bajo las volutas de humo que dibujaba concentrado en sus siniestros planes.
_ Por favor, terminemos con el tema, es espeluznante. ¿Quieres un café Bautista? Candelaria lo tiene preparado _ dijo zalamera, no podía permitir que Rafael se enfadara...debía amarla, ¡sólo a ella!
_ No, gracias. Estoy muy cansado. Me retiro. Buenas noches. _ se despidió de Amelia con una simple y convencional reverencia y palmeó la espalda de Imanol  antes de encerrarse en su dormitorio.
_ Bautista no nos has contado como estuvo la cena en casa de Lourdes _ la voz grave de Imanol detuvo sus pasos.
Rafael dio media vuelta y lo enfrentó sonriente.
_ Perfecto. Es una familia cálida y divertida. Me sentí muy cómodo _  a Amelia, las palabras de Rafael le provocaron náuseas.
_ Doña Mercedes es una estupenda anfitriona. En las diferentes ocasiones en que las he visitado ha sido sumamente atenta, al igual que su hermosa nieta _ Imanol vio como se inquietaba Rafael al halagar a  Lourdes _ ¿Has visto a los niños? _ dijo de forma distraída mientras hojeaba un libro de la frondosa biblioteca.
_ Por supuesto, cenaron con nosotros. Son adorables _ afirmó recordando la picardía de Alba y la solemnidad de Miguelito.
_ El niño es muy maduro. Miguel creo que se llama. ¿Cuántos años tiene? _ se interesó Imanol
_ Siete años, es todo un hombrecito. Al principio fue huraño, pero luego supe ganarme su confianza. Lo invité a la redacción y eso lo entusiasmó _ sonrió al recordar la carita de asombro ante su sugerencia._ Lourdes me comentó que le encanta leer y escribir _ agregó con orgullo sin comprender por qué.
_ ¡Que interesante! _ exclamó Imanol cerrando de golpe el libro
_ Seguro que esa tal Lourdes está a la caza de un nuevo marido _ murmuró Amelia sin poder ocultar el veneno que le corroía los huesos.
"Esa zorra, con sus maneras dulces y su sonrisa ladina, busca embaucarlo, atraparlo en su red de seducción. Lo lamento querida Lourdes, no tendrás éxito. ¡Bautista será mío! ¡Nunca recuperará la memoria! ¡Nunca!".
_ Estás equivocada Amelia. Ni Lourdes busca un marido, ni yo soy una presa de caza _ las reacciones posesivas de Amelia lo estaban hartando. Ya era hora de buscar otra casa donde hospedarse, la convivencia con los primos de Joaquín había empezado a incomodarlo.
_ Perdona, ha sido sólo una chanza _ se rió Amelia tratando de resolver la situación embarazosa que ella misma había creado a causa de sus celos.
_ No me pareció gracioso en absoluto. y si ahora me perdonan..._ tratando de alejarse lo más pronto posible de los hermanos casi se lleva por delante a Candelaria. La negra traía una bandeja con tacitas de porcelana y una cafetera de cobre.
_ ¡Epa!¡Señor Bautista!, ¿dónde va con tanto apuro? ¿Y el café? Mire que está como a usté le gusta, bien calientito y dulce.
_ Gracias Cande, pero esta noche no me apetece. Mañana en el desayuno prometo tomar una gran taza de tu inigualable café _ y para sorpresa de la negra, Rafael le dio un beso en la mejilla.
_ ¡Salga de acá lisonjero! _ se rió maravillada viéndolo desaparecer por el corredor que daba a los dormitorios.
_ ¿Vas a quedarte ahí parada toda la noche? ¡Candelaria, sírvenos de una buena vez!_  se exasperó Amelia.
Más tarde, ya solos, Amelia, completamente enervada, apoyó la frente entre sus manos y comenzó a llorar.
_ ¡Amelia!, basta de llanto. No lo soporto _ explotó Imanol aplastando con furia el cigarro en un cenicero de plata.
_ Soy yo la que no soporta la manera en que se están acercando esos dos. Imanol, prometiste que Bautista sería mío, sin embargo ...
_ Sin embargo, ¡nada! Debes ser paciente. El té de cinchona y quinina que le suministramos después del almuerzo y la cena está surtiendo efecto. El proceso es lento, pero efectivo. Lourdes quedará atrapada en las tinieblas y tú, hermanita serás la luz de nuestro Bautista. ¿Candelaria no sospecha, verdad? Esa negra es muy ladina, parece estar espiando siempre._ en su última salida nocturna la sorprendió observándolo desde la ventana balcón de la sala. Lo miró fijamente sin amedrentarse, desafiándolo, mientras la luz de la vela jugueteaba en sus facciones regordetas.
_ ¡Que va a sospechar esa negra ignorante! Le di la mezcla de hierbas y le indiqué como prepararlas. Le dije que era un té beneficioso para recuperar la memoria que tú habías traído de Inglaterra. Me miró como una estúpida y asintió. _ Amelia, más calmada, tomó un sorbo de agua del vaso que su hermano le sirvió de una jarra de cristal.
_ Debemos estar atentos Amelia, esa negra no es estúpida, todo lo contrario. ¡Vigílala más!_ la previno sin perder la serenidad. A Imanol nada lo alteraba, sólo la presencia de su padre, el Duque de Nájera.
_ Imanol, casi olvidaba...hoy recibí una carta de nuestro padre _ expresó con fingida ingenuidad.
_ ¡Maldito sea!, ¿y ahora qué quiere? _ masculló frenando cientos de insultos hacia el hombre que siempre lo despreció.
_ Nada importante. Ha suspendido el viaje al Río de La Plata _ insidiosa, rozó la pechera de la camisa de Imanol con la carta. Disfrutaba haciéndolo sufrir, sólo ella conocía el talón de Aquiles de su hermano.
_ ¿Por qué? _ una súbita taquicardía aceleró los latidos de su corazón. "El viejo no viene, ¡no viene!"
_ La bendita gota lo ha atacado nuevamente. En su carta te pide que suspendas la compra de terrenos, ha desistido en su deseo de radicarse en América. Y...
_ ¿Qué más? _ Imanol no podía creer en su buena suerte. Por fin se había liberado de esa mierda castradora.
_ Te sugiere _ remarcó sus palabras con una sonrisa irónica _ que permanezcas en estas tierras durante un tiempo más sin olvidar la honorabilidad de nuestro apellido.
"El viejo ruin está feliz sin mi. Cuanto más lejos esté, más tranquilo está. Si supiera de mis recientes investigaciones reventaría como un sapo. Muero por que se entere. Le escribiré contándoselas deteniéndome en cada macabro detalle. Lo odio, lo odio por excluirme. Estoy lleno de odio y me encanta".
Imanol estalló en caracajadas desorientando a Amelia.
_ ¿De qué te ríes?
_ De las sorpresas de la vida. Brindo por eso _ y de un solo trago vació su cuarta copa de cognac.
_ Me alegro que las novedades sean de tu agrado. Yo también tengo instrucciones de nuestro padre. En un corto plazo debo regresar a España, claro que lo haré con Bautista.
_ ¿Y que te hace creer que él querrá acompañarte? _ Imanol casi se atraganta con el cognac al escuchar a su hermana.
_ Tú
_¿Yo? ¿Cómo?
_ Le harás tomar unos de tus mágicos preparados, uno que le hará perder la conciencia y cuando la recupere ya estaremos en alta mar y yo metida en su cama. Al llegar a España le haré creer que estoy en estado de buena esperanza. Entonces él no me abandonará. Además para esa época ya se habrá olvidado de Lourdes gracias al té que toma todos los días y a mi infinito amor _ concluyó satisfecha.
_ Muy ingeniosa hermanita, veo que lo tienes todo perfectamente planeado_ " Que pena que yo no moveré ni un pelo por ayudarte, aunque por el momento no te lo diré. Bautista permanecerá conmigo".

 


























































































































































































































































































































































































martes, 18 de abril de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.17

"Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte.
¿Qué quieres que te diga además de que te amo, 
 si lo que quiero decirte es que te amo".
Fernando Pessoa

La ceremonia matrimonial fue breve, pero sumamente emotiva. Se realizó en la amplia sala de los Gómez Castañón. Abelarda al mando de las cinco esclavas que se desempeñaban en la casa, se encargó de los arreglos florales. Enormes ramos de jacintos, rosas color té y peonias blancas engalanaron cada ricón. Una guirnalda de helechos, musgo y azahares, se desplegaba sobra la mesa que ofició de altar. Allí el padre Agustín unió a las parejas "hasta que la muerte los separe".
Al oír aquellas palabras, Felicitas sintió un gusto amargo en la boca, parecía una profecía lúgubre. "Señor que la maldita Parca tarde muchísimo en irrumpir en nuestras vidas", rezó apretando con fuerza el rosario de nácar que dormía en su mano. Al levantar la mirada, los ojos color caramelo de Darío entibiaron su corazón. "Todo saldrá bien querida, ni la muerte mezquina nos separará", el mensaje de la mirada de su marido la embargó de paz. "Te amo", los labios dibujaron la declaración en forma silenciosa mientras se acercaban para sellar el pacto con un beso más dulce que el néctar.
Rosario fijó su vista en el anillo que coronaba su dedo anular. Una alianza de oro con un pequeño diamante rodeado por dos rubíes. ¡Por fin era la mujer de Rubén!, y sin embargo experimentó un vacío que no supo comprender. Amaba a ese hombre, pero no debía engañarse, también le temía. Ese era el secreto que guardaba en su corazón, si lo hubiera revelado, su madre habría impedido el enlace. "¡No! todo saldrá bien...eso espero", pensó con angustia. Observó a su flamante marido y lo notó distante, frío. De repente la beso en los labios y el beso le resultó soso. Inspiró profundamente y sonrió, debía fingir felicidad.
_ ¡Un brindis por los recién casados! _  gritó Ildefonso contagiando su entusiasmo a los pocos invitados, amigos íntimos de la familia. Todos levantaron sus copas rebozantes de vino rojo exclamando deseos de bienaventuranza para los jóvenes.
_ ¡Hijitas! ¡Hijitas! _ Rosaura se acercó a las muchachas abrazándolas con amor y temor.
_ Mamita, tranquila, seremos felices...¡somos inmensamente felices!, ¿verdad Rori? _ aseveró Felicitas persiguiendo con sus ojos grises al hombre de sus sueños.
_ Claro, claro _ la apoyó Rosario aunque las dudas la asaltaban insidiosas. Quiso ir junto a Rubén, pero lo descubrió conversando animadamente con el abogado de su tío. Resolvió quedarse junto a su madre y esperar a que él la buscara.
Felipa lo observaba todo con sus enormes ojos azules anegados de lágrimas. Era feliz por sus amigas, pero su corazón estaba lejos, muy lejos...con Alejo. "¿Volveré a verte?", y ese pensamiento sombrío terminó por derrumbarla. Tomó coraje, se secó las lágrimas y corrió donde Felicitas y Rosario.
_ Les deseo lo mejor, ustedes se lo merecen.
_ Vos también mereces ser feliz, Pipa. Seguro que ese testarudo de Alejo aparece en cualquier momento. Si todos sabemos que no puede vivir sin vos _ trató de consolarla Felicitas.
_ Y hablando de Roma... _ remató con picardía Rosario al ver a su primo muy elegante asomándose en la recepción.
El corazón de Felipa pegó un brinco al escuchar la afirmación de Rosario. Giró lentamente y lo vio entre los invitados. Sus miradas se cruzaron y un rayo cruzó sus almas apasionadas. Ya nada existió alrededor de ellos, todos desaparecieron. Sólo eran él y ella.
Ildefonso carraspeó con nerviosismo al ser testigo del sorpresivo encuentro. No toleraba la relación entre su hijo menor y la esclava. La codiciaba con locura. Muchas veces, por las noches, un fuego voraz se encendía dentro de él volviéndolo cenizas, el fuego del deseo. "Disfruta de su cuerpo hijo mientras puedas, porque te juro que esa puta será mía", rumió malhumorado. Verla pasar a su lado con movimientos gráciles, le provocó una erección que disimuló sentándose rápidamente detrás de la mesa de confituras. La fragancia de Felipa lo enajenaba, despertaba sus más bajos instintos. Ahogó su rabia por verlos marcharse tomados de la mano en una copa de jerez. "Pronto, pronto, serás mía".
Los enamorados, ajenos a la rabia de Ildefonso, se perdieron en la noche estrellada, noche de luna llena.
No se dirigieron la palabra hasta llegar a su refugio, el galpón abandonado en las cercanías del Río de La Plata.
Alejo la tomó con desesperación, con apetito salvaje. Ella se entregó sin reparos, con ansias de ser devorada por una pasión transgresora.
_ Alejo no vuelvas a dejarme, tu abandono me dejó en carne viva _ lloró mientras él la comía a besos.
_ Nunca más, te lo juro _ le dijo sin apartar los labios del cuello tibio de la joven.
Hasta la luna se sonrojó al presenciar la sensualidad y el erotismo de los malabarismos sexuales que desplegaron los amantes. Felipa y Alejo, perdidos en un mar de caricias infinitas, disfrutaron de su unión, una unión que los amalgamó por toda la eternidad.
Yacieron sobre una colcha descolorida extendida sobre un colchón de paja. Para ellos, precioso tálamo.
Saciados, continuaron tocándose, respirándose.
_ Perdón _ murmuró con vergüenza, arrepentido por haberla hecho sufrir _ Soy un egoísta. Perdón mi amor.
_ ¡Shh!. Lo importante es que ahora estamos juntos. Te amo más que a mi propia vida Alejo. Jamás dudes de mi amor. Se me desgarra el alma cuando lo haces _ le dijo con la voz impregnada de tristeza.
El no respondió. La cubrió con su cuerpo y la pasión volvió a estallar.
En su habitación, Darío y Felicitas también disfrutaban de sus cuerpos.
_ Sos hermosa Feli. Nunca voy saciar esta sed extrema que tengo de vos _ volvió a besarla con ardor. Estaban desnudos sobre la cama. Un dosel de tul los cobijaba. Darío pasaba una pluma de faisán sobre la tersa piel de su mujer. Ella, con los ojos cerrados disfrutaba del exótico masaje. La exitación se apoderó de ellos y ebrios de pasión se extraviaron uno en el otro.
En el dormitorio vecino Rosario respiraba aliviada. Rubén dormía profundamete. Las lágrimas corrían libremente por sus mejillas mojando la almohada de suave seda.
Una vez finalizado el banquete nupcial, Rubén la llevó a la habitación. La desnudó con rapidez, la tiró sobre la cama y con rapidez la desvirgó. Besos vacíos. Nada de caricias, nada de palabras románticas, sólo sexo...un sexo yermo.
_ Ahora dormite _ le dijo con sequedad _ Mañana muy temprano parto para la estancia. Tengo unos asuntos que arreglar _ en realidad debía encontrarse con su amante que lo esperaba en un pueblo cercano a la zona del Retiro.
_ Te acompaño _ Rosario luchaba por no llorar, por no gritar de dolor.
_ No hace falta. Es mejor que te quedes a descansar. Estos últimos días han sido de mucho trajín. Cuando regrese prometo llevarte a Córdoba. Allí tenemos una casa entre las sierras. Estoy seguro que te gustará _ Rubén pensó que esa mentira era beneficiosa para ambos. No soportaba a Rosario, apenas lo atraía. La orden de su padre retumbó en sus sentidos :
_Urge que te cases con Rosario. Con sus dos hijas atadas a nuestra familia Rosaura no me quitará su apoyo económico.
_ Padre, no la amo _ lo enfrentó decidido a refutar semejante pedido.
_ ¡Maldito sea Rubén! Si no lo haces nos iremos a la ruina. Debo mucho dinero. La cosecha de trigo fue desastrosa, tú lo sabes. Tuve que pedir varios préstamos para enfrentar la situación y ahora mis acreedores me están acorralando, amenazan con embargar la estancia.
_ Darío se casará con Felicitas. ¿No es eso suficiente para que la tía no te de la espalda? _ intentó hacerlo cambiar de opinión. Casarse con esa remilgada era un verdadero estropicio.
_ ¡Mierda Rubén! Te casarás con Rosario y punto. Darío y Felicitas me importan un carajo. El enfermo de tu hermano es un inepto para los negocios, vive entre remedios y doctores. Además no quiero que meta sus narices en mis asuntos delicados...
_ Querrás decir ilegales, porque el contrabando es ilegal _ Ildefonso lo abofeteó con violencia por su impertinencia.
_ Esos negocios ilegales son los que te dan de comer y permiten que mantengas a tu amante _ le escupió fuera de sí _ No me contradigas Rubén, estamos pasando por una situación límite. Te necesito, tú eres fuerte y astuto, en cambio tu hermano es un pusilánime. Seguramente pronto morirá...
_ Entonces yo me caso con la viuda y se solucionan todos los problemas _ se sonrió satisfecho por encontrar una salida más placentera.
_ ¡Puta madre! ¡Basta de sandeces!Te casarás con la boba de Rosario, fin de la discusión.
No podía defraudar a su padre, corría el riesgo de perder su afecto y de ser desheredado. Jamás permitiría que la Iglesia, como ave carroñera, se abalanzara sobre su patrimonio. ¡Curas réprobos, ávidos de riquezas!
"Como cordero al matadero", pensaba en el momento en que repetía con repulsión las promesas matrimoniales: "hasta que la muerte nos separe". "Me encargaré de que eso suceda muy pronto", juró ante la cruz de Cristo que presidía la ceremonia.
La hizo suya despojado de todo sentimiento. La erección la logró pensando en Felicitas, en su rostro perfecto, en su boca carnosa, en sus pechos turgentes, en sus curvas apetitosas. Y luego de desfogar su lujuria cayó rendido en un sueño profundo, mientras Rosario, humillada, lloraba.
La noche cayó sobre la casona de los Gómez Castañón como un velo de ilusión para algunos, como el filo de una guillotina para otros.
Felicitas y Darío, dormían entrelazados...como una sola carne.
Rosario y Rubén, en una misma cama, pero separados por una muralla de hielo.
Felipa y Alejo, cuerpos sudorosos ávidos de placer, encadenados a un amor más fuerte que la muerte.



sábado, 15 de abril de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.16

"Ella es ahora hueso de mis huesos, carne de mi carne..."
Génesis 2, 23

El dormitorio de Felicitas y Rosario era un verdadero desastre. Vestidos, enaguas, medias de seda y corsets, tirados por todas partes. Y en medio de aquel alboroto, dos bellas jóvenes se descubrían ilusionadas en el enorme espejo veneciano.
_ ¡Están preciosas hijitas! _ Rosaura emocionada no pudo contener el llanto.
_ Mamita no llore _ dijeron al unísono las dos muchachas abrazando a su madre,
_ Lo único que le ruego al Cielo es que sean felices. Ustedes son lo más preciado para mí, si las viera sufrir mi corazón no lo soportaría _ continuó diciendo entre lágrimas.
_ ¡Como no ser feliz con Darío! Es el hombre que amo desde pequeña. El lo es todo para mí _ declaró Felicitas alborozada.
_ Pero su enfermedad..._ se angustió Rosaura.
_ ¡Su enfermedad está controlada! ¡Yo la tengo bajo control! _ se enfadó
_ ¡Felicitas!, ¿qué sabes tú del mal que aqueja a Darío? Hace años que está bajo el cuidado del doctor Albarracín y aún hoy no pudo hallar la cura _ las tristeza le nubló la mirada.
_ Mamá, el amor que nos tenemos es la mejor cura _ nunca le revelaría todo cuanto había investigado sobre la epilepsia en los libros prohibidos que de contrabando adquirió en la librería de don Manuel García Blanco; menos aún le confiaría sus visitas a doña Filomena, la abuela de Felipa, para que la asesorara sobre yuyos medicinales, yuyos que obraron milagros para mitigar las convulciones de Darío.
_ ¡Ojalá así sea querida! _ Rosaura omitió decirle sus dudas, no quiso oscurecer la alegría de su hija. "Siempre estaré a tu lado, seré tu sostén en los malos momentos que seguramente deberás atravesar", pensó con pesimismo.
_ Mamita, por mí tampoco se preocupe. Soy inmensamente feliz. _ expresó rozagante Rosario.
_ Espero que Rubén sepa apreciar el tesoro que se lleva, mi querida Rosario. ¿Estás segura de tu decisión? Todavía estás a tiempo de desistir _ Rosaura temía por su hija menor. Nunca le gustó la idea de casarla con ese muchacho agresivo y altanero. Tampoco comprendía su manera rápida de cambiar de opinión: hoy decía amar a Felicitas y de pronto se casaba con Rosario.
_ Estaba confundido tía. La belleza avasallante de Felicitas me perturbó, no me permitió apreciar la bondad y la dulzura de Rosario. Es a ella a quien amo _ le declaró Rubén con seguridad una tarde del mes de enero durante la merienda mientras pasaban la época estival en la quinta del Retiro.
Ella trató de dilatar el tema todo lo que pudo. No deseaba a ese hombre junto a su pequeña Rosario. Sin embargo, la joven, saltó de alegría cuando le contó la proposición de su primo.
_ ¡Ay mamá!, ¡qué felicidad! _ la vio girar por toda la habitación celebrando la noticia que a ella le quebraba el alma.
_ Mamá estoy completamente segura. Lo amo _ la rotundez de las palabras de su hija la trajeron al presente diluyendo las imágenes de un pasado reciente.
_ Entonces no tengo más que agregar. ¡Las quiero! _ las abrazó otra vez, pero con mayor intensidad. Su corazón de madre le advertía que oscuros nubarrones se avecinaban, pero también sabía que ella estaría firme junto a sus hijas, como bastión en la tormenta.
_ Aquí traigo los ramos...¡uy!, ¿interrumpo? _ Felipa permaneció en la puerta del dormitorio presenciando el tierno cuadro familiar. En ese momento añoró más que nunca a su madre. "¡Cuánto daría por sentir la calidez de tu abrazo! ¡Te extraño tanto mamá!".
_ Pasa, pasa Felipa. ¡Que bonitos han quedado los ramos!_ se asombró Rosaura.
Ahogando sus lágrimas se acercó a las mujeres con una sonrisa.
_ Muchachas, ¡que lindas están!_ Felipa admiró sin envidia a sus amigas. Parecían dos hadas, como las del cuento que una noche de lluvia Darío les leyó después de la cena. "Undine", un hada del agua se casa con un hidalgo caballero para ganar un alma inmortal. A Felipa le encantaban esas historias llenas de magia y misterio. Le hacían recordar los relatos de su madre.
"Cuando conocí a tu padre se me cortó la respiración. Era tan buen mozo y gentil...¡gentil conmigo una pobre esclava! El, un hombre importante, se fijó en una negra ignorante y tonta. Nunca entendí que vio en mí, pero me amó y yo lo amé a él con la misma pasión. Jamás dudes del amor de tu padre, Pipa. Phillip prometió regresar por mí y hasta el final de mis días lo voy a esperar. Sigo creyendo en su promesa".
Su madre era un hada de ébano enamorada de un caballero inglés, un aristócrata, que le robó el corazón. Muchas veces durante las largas noches de invierno, cuando aún vivían juntas en la casa de don Alfredo Torres,  la escuchaba llorar ocultando la cara en la almohada para no perturbar su sueño.
_ ¿Por qué lloras mamita?
_ Por nada, tesoro. Me duele un poco la cabeza, una pavada _ solía responder, pero ella, a pesar de ser pequeña sabía que su madre lloraba por aquel hidalgo caballero y sus besos de fuego.
Y ahora, delante de ella, Felicitas y Rosario, etéreas en sus vestidos de novia,  flotaban entre tules y encajes, níveos como copos de algodón.
_ ¡Están preciosos, Pipa! _ Felicitas tomó con delicadeza el ramo de peonias y orquídeas. Rosario la imitó, aceptando el ramo de rosas y azahares.
_ Los hice poniendo en ellos todo el cariño que siento por ustedes, mis amigas incondicionales. Ruego a la Virgen Morenita que sean inmensamente felices _ las tres se abrazaron. Siempre estarían unidas para ayudarse y consolarse.
_ Somos más que amigas, Pipa, somos hermanas _ prorrumpió conmovida Felicitas.
_¡Hermanas! _ repitió Rosario dando un beso sonoro en la mejilla a Felipa.
Todas rieron, incluída doña Rosaura. Si sus hijas eran felices, ella también lo era. Los reparos a aquellas bodas los guardó en un rincón de su alma, hoy debían disfrutar; mañana, Dios diría...
Al romper el abrazo notaron que Felipa lloraba.
_ Niña, ¿qué te sucede? _ se preocupó la madre de las jovenes. La tomó de la cintura obligándola a sentarse en una de las camas. Ella se acomodó a su lado sosteniéndole las manos, las tenía heladas. Rosario y Felicitas las rodearon espectantes.
_ Vamos Felipa, ¡cuéntanos! _ la alentó doña Rosaura.
_ No quiero traer tristeza en este día especial _ respondió sin levantar la vista. Sus lágrimas, como perlas, caían sobre su regazo.
_¡Tonterías! Habla de una buena vez. ¿Es por el terco de Alejo, verdad? _ presionó alterada la mujer. _ Pues claro,¿quién más puede hacerte llorar? _ adivinó ante el silencio de Felipa. Sólo Alejo era capaz de hacerla sufrir con tanta intensidad._ Cuando regrese me va a escuchar. Pero dime, ¿por qué se pelearon esta vez?
Felipa no podía revelarle el verdadero motivo del enojo de Alejo. No podía confesar que deseaban fugarse, que Alejo se enfureció cuando ella se negó a partir justo en la boda de sus amigas, y que por eso mismo huyó exasperado a la quinta de Retiro dejándola sola y alterada.
"Te vas a arrepentir de tu estúpida decisión Pipa. Siempre hay otro antes que yo. Muy bien quedate con tus amiguitas, yo me voy...¡Adiós!", al recordar las hirientes palabras se le crispó la piel.
_ Esta bien, no me lo digas. Seguramente fue por sus tontos celos _ escuchó decir a doña Rosaura _ No llores querida, no vale la pena. Cuando ese muchacho necio regrese, se las verá conmigo.¡Habrase visto!, hacer sufrir a nuestra hermosa Pipa._ y en el abrazo que le dio doña Rosaura sintió la ternura de su madre.
Rosario, solícita,  le acercó un vaso de agua.
_ Vas a ver como regresa mansito, con el rabo entre las patas suplicando tu perdón _ le dijo convencida Felicitas.
"¡Ojalá!", rogó Felipa mientras el agua fresca sofocaba el temor de su corazón.


viernes, 31 de marzo de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.15

"Alma de mis cantares, son tus hechizos...Besos, besos a millares.
 ¡Siempre amores! ¡Nunca amor! ".  
Manuel Machado 

Buenos Aires, Marzo de 1818
Los meses pasaron como un soplo, para algunos, cálido; para otros, gélido.
Felicitas y Rosario, felices e ilusionadas, esperaban el día de su boda. En cambio...
Alejo blasfemaba y rumiaba su furia. La fuga frustrada que planificó con esmero y entusiasmo se vio frustrada por el inminente casamiento de sus primas.
Felipa se opuso rotundamente en abandonar a sus amigas en tan trascendental momento.
¿Acaso no lo amaba con la misma desesperación con la que él lo hacía?
"¡Maldito sea su noble corazón!, siempre anteponiendo las necesidades de los demás a nuestro amor!", pensó aturdido por el dolor. Toda su impotencia la descargó golpeando bruscamente con sus puños el tronco del árbol en que se apoyaba para meditar su desventura. Se encontraba en la estancia que pertenecía a su familia. Aprovechó la urgencia de su padre por entregar una carta al administrador de la estancia, para huir de la casa, de Felipa y de todo el alboroto provocado por los preparativos de las condenadas bodas.
Hubiera deseado que Felipa le rogara que no se fuera...pero no, ella lo dejó ir sin más.
"Te comportás como un crio caprichoso", las palabras frías de la mujer que siempre amó, eran espinas clavadas en su corazón. Ya se iba a arrepentir de haberlo maltratado. Sí, claro que sí.
Había cabalgado sin descanso durante dos días, apenas unas escasas horas para que los caballos descansaran y se alimentaran. El apenas comió, sólo tomaba vino carlón de la bota.
Lautaro, su inseparable compañero, compartía con Alejo el dolor y el desasosiego.
Mientras Alejo se embriaga con vino, él lo hacía con aguardiente. Buscaba aturdirse, sofocar la desesperanza que lo mataba sin compasión.
Amaba hasta la locura a Rosario. Siempre lo hizo, desde la primera vez que la vio llegar asustada a casa de don Idelfonso tomada de la mano de su madre. La sintió frágil, como los cacharros de arcilla que fabricaba en sus momentos de ocio y que luego vendía en el mercado, y desde ese momento decidió brindarle su protección. Ella no lo sabía, pero él se convirtió en su sombra. Nadie le haría daño, ¡nunca!. Mucho menos el tránfuga de Rubén...pero ahora ella sería de ese canalla, y ¡su mundo se quebró en mil pedazos!.
Muchas veces Alejo le aconsejó que se la quitara de la cabeza. De la cabeza podría ser, pero del alma...¡jamás! Si ella era su alma.
Lautaro era consciente de sus desventajas: un indio pobre e ignorante. Nada tenía para ofrecer, sólo un amor infinito.
Le dolía que Alejo no lo comprendiera, al fin de cuentas su amigo pasaba por una situación parecida a la de él. Don Idelfonso nunca permitiría que una esclava, hija de una negra, se casara con uno de sus hijos. Su linaje quedaría manchado con sangre negra.
"Alejo es así, cuando sufre es un egoísta de mierda, pero igual lo quiero", reflexionó y una sonrisa amarga se dibujó en su rostro.
Esa tarde lo vio salir de la casa alicaído tomando un camino solitario. Lo llamó sin obtener respuesta. Preocupado, lo siguió de lejos.
Cuando Alejo comenzó a despotricar y a golpear como un endemoniado el tronco nervudo del quebracho, Lautaro corrió a serenarlo.
_ ¡Alejo!, ¡amigo!, ¡ya basta! _ lo tomó de los hombros apartándolo del árbol.
_ Esa mujer me está matando Lautaro. No sé vivir sin ella _ y como un niño desprotegido, comenzó a llorar. Lentamente se deslizó hasta la hierba húmeda por el rocío y allí, en cuclillas, continuó lamentándose.
_ La amo más allá de todo entendimiento, pero ella se niega a que afiancemos ese amor _ gritó colérico atragantándose con las lágrimas.
_ Ella no se negó a escapar con vo´, sólo te pidió esperar un tiempo. La Felipa está muy unida a tus primas _ intentó consolarlo Lautaro.
_ Ese es el problema Lauti, Pipa siempre antepone a mis adorables primitas a mí _ se quejó irascible.
_ No digá´pavadas, la Pipa te adora. Vas a ver que cuando lo del casorio termine se escapa con vo´. En cambio yo...
_ En cambio vos, ¿qué? _ Alejo por primera vez rompió el cascarón de su sufrimiento para notar la amarga tristeza de su amigo.
_ Nunca voy a tener a la mujer que quiero _ dijo derrumbándose.
_ Lautaro no te imaginás cuánto lo siento. Me duele no poder ayudarte...aunque...¡si huimos los cuatro! _ exclamó asombrado de su propia idea.
_ El problema es que la Rosario no me quiere, Alejo. Ella quiere al malnacido de tu hermano _ le aclaró quebrado.
_ ¿Alguna vez le declaraste tus sentimientos? _ la mirada desafiante de Lautaro lo intimidó _ Sí, sí, yo siempre te aconsejé no hacerlo. ¡Me equivoqué!, ¡carajo!, ¡me equivoqué!
_ Igual no me hubiera animado. Una señorita de su clase qué se va a fijar en un indio pordiosero como yo - se lamentó _  Además ya es tarde, esta noche se casa con el Rubén.
_ Lautaro, lo siento tanto. Perdón por no haberte comprendido, soy un egoísta hijo de puta que sólo mira su puto ombligo. Perdoname hermano.
Se dieron un abrazo fuerte, cálido, un abrazo que reafirmaba la gran amistad que los unía.
_ Y ahora basta de mariconadas y volvamos pa´la casas. Siguro que la Pipa te está esperando _ lo alentó Lautaro secándose las lágrimas con la manga de la camisa _ Y yo...yo le vua a decir adiós a mi sueño.
_ Sos un gran tipo Lautaro _ le expresó con sincero cariño.
Con gran prisa partieron hacia la ciudad a pesar del aguacero que se desató. Ninguna tormenta impediría que esa misma noche Alejo durmiera entre los brazos de su amada.

viernes, 24 de marzo de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.18

"Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama".
Alfred de Musset

La tarde moría cuando comenzaron a recorrer el romántico sendero de "la Alameda". La tibieza del sol los abandonó, pero ellos no lo sintieron. Sus corazones ardían, nuevamente estaban juntos.
Rafael y Lourdes caminaron en silencio un buen trayecto. Ella, ansiosa. Él, espectante.
Una brisa fría la hizo temblar y Rafael, solícito la acomodó la mantilla sobre los hombros. Al rozarla experimentó una sacudida, como si un rayo lo atravesara. Perturbado y confundido, se alejo de ella.
_ Gracias por haber aceptado mi invitación _ Lourdes rompió el hermetismo. Rafael no podía apartar la mirada de esa boca que lo atraía y tentaba.
_ Es un placer, en su compañía...¿cómo decirlo?, me siento en paz _ una sonrisa franca iluminó su rostro. Acto seguido tomó la mano de Lourdes y le besó la palma. Fue un beso sorpresivo, íntimo...un solaz para ambos.
_ Sus palabras me halagan _ susurró sonrojada Lourdes.
_ Debo confesar que cuando la conocí en el compromiso de Joaquín, me resultó chocante su comportamiento. Pero luego, al conocer su triste historia, me sentí culpable.
_ ¿Culpable?
_ Culpable por ser tan grosero. Usted necesitaba en ese momento contención y yo, egoístamente, me negué a dársela _ dijo avergonzado.
Caminaban a paso lento, deteniéndose por momentos. Al llegar a un banco de piedra, Rafael la invitó a sentarse.
_ Desde que perdí la memoria vivo en un mundo de pesadilla y eso me aleja de los demás. Pero, perdone, no es mi intención abrumarla con mis problemas _ se disculpó enfadado consigo mismo por abrir su corazón ante una extraña. ¿Qué sentimientos dormidos en su alma despertaba esa mujer?
_ ¿Por qué no me cuenta que le sucedió? _ le preguntó deseosa por compartir su dolor _ Usted conoce mi historia y yo nada sé de usted, sólo lo poco que me contó Imanol. Estoy en desventaja, ¿no le parece? _ Lourdes lo dijo con tanta gracia que hizo reír a Rafael
_ Lo ve, usted tiene un don, Lourdes...provocarme una sonrisa en medio de la oscuridad que atravieso. Es como el sol que se asoma entre las nubes borrascosas para iluminar la mañana luego de la tormenta _ reflexionó mirándola fijamente. El verde de sus ojos le oprimió el corazón y en su memoria extraviada resonaron unos versos que le erizaron la piel: "...en mi vergel eres tú la flor mejor..."
_ ¿El sol? _ Rafael la conmocionó. Volvía a decirle que era su "sol" como en los tiempos felices, aquellos tiempos "de los abrazos y de las horas de amor profundo. Juntos ayer, parecía siempre".
_  Perdone mi atrevimiento, pero usted, Lourdes, es una persona luminosa _ volvió a fijar sus ojos en ella, buscando una respuesta, quizá...una confirmación. Ella le sostuvo la mirada queriendo penetrar en su memoria mezquina y traicionera, con la intención de arrancar el velo que los separaba.
_ Gracias, Bautista, no ha sido un atrevimiento, ha sido una galantería que me honra. Pero, cuénteme, ¿cómo fue que perdió la memoria?
_ Fue en la batalla de Caseros. Lo único que recuerdo es que, en medio de la lucha, al caer del caballo me golpeé la cabeza con una piedra. Luego todo se volvió negro hasta el momento que abrí los ojos y me ví rodeado de cadáveres. Mi caballo había desaparecido y tenía la chaqueta empapada de sangre. Una punzada atroz me taladraba la cabeza, al igual que el quejidode los moribundos. Caminé sin dirección hasta llegar a un campamento. Alguien reconoció mi uniforme como leal a Urquiza y me condujo a la carpa sanitaria. Allí cosieron el tajo _ instintivamente se tocó el costado derecho de su cabeza _ El láudano alivió el dolor físico pero no el espiritual. No podía recordar quién era y me desesperé. Por suerte conocí a Joaquín, si no hubiese sido por su amistad...me hubiese pegado un tiro _ confesó con amargura, ocultando el rostro entre sus manos.
El corazón de Lourdes se detuvo por instante al escuchar la siniestra declaración. Sin meditarlo, lo abrazó.
_ ¡Bautista!, confío en que pronto recuperará sus recuerdos. Imanol me lo ha asegurado. El está tratando su dolencia, ¿verdad?. Debe ser paciente... _ le pedía algo que ella no estaba dispuesta a aceptar: paciencia. "¡Maldita palabra!", pensó.
_ ¡Paciencia, paciencia! Estoy harto de ser paciente. Si Imanol piensa que con sus malditos menjunjes va a devolverme mi vida, está equivocado. Hace meses que los tomo y ¡nada!, ¡absolutamente nada! _ estalló descargando toda su impotencia.
Lourdes lo miraba con tanto amor que a Rafael se le hizo un nudo en el estómago. Cuando estaba con ella, algo se removía en su interior, pero...¿qué? Quiso decírselo, pero optó por callar. "Estoy alucinando", se dijo.
_ Bautista, no está solo. Tiene la amistad de Joaquín, de Imanol, de...Amelia _ le costó nombrarla _ Y yo le ofrezco la mía y la de mi familia. Juntos saldremos adelante.
_ No estoy equivocado, usted es un sol Lourdes. Usted me infunde esperanza, gracias _ besó nuevamente su mano pero esta vez había pasión contenida y Lourdes, emocionada, lo advirtió.
_ ¿Le agradaría cenar con nosotros, Bautista?. Mi abuela y los niños estarán encantados de recibirlo _ lo invitó ilusionada.
_ Será un placer _ aceptó gustoso olvidando las recomendaciones de Amelia. "Regresa para la cena, querido. Te estaré esperando".
Amelia le agradaba, le estaba agradecido por sus cuidados, por el afecto que le brindaba; aunque por momentos sentía que lo ahogaba, que lo empujaba hacia una relación que él no estaba dispuesto a establecer. Amelia era una buena amiga, sólo eso...nada más. En cambio Lourdes, "mejor no pensar en Lourdes como mujer, no por el momento, no hasta que sepa quién soy realmente", se propuso con firmeza.
Tomados del brazo caminaron distendidos hasta la casa de los Aguirrezabala. Charlaron trivialidades, rieron de vanalidades, y sobre todo, se disfrutaron mutuamente.
Al llegar encontraron a Mercedes en el salón enseñando a bordar a Alba. A la niña se la veía compenetrada, esforzándose por seguir las indicaciones de su paciente bisabuela.
_ Abuela, ¿no te parece que Alba es muy pequeña para comenzar a torturarla con el bendito bordado? _ la voz risueña de Lourdes sorprendió a Mercedes y a Alba, que al ver a su madre tiró el bastidor al suelo y corrió hacia ella dando grititos de alegría.
_ Lo que me parece es que... _ Mercedes se interrumpió atónita al toparse con la sonrisa de Rafael._ ¡Bautista!. ¡que agradable sorpresa! _ inmediatamente se paró dejando los ovillos de hilos de seda desparramados sobre el sillón. Se adelantó hasta la pareja y Rafael la saludó gentilmente.
_ Su nieta insistió en que las acompañara durante la cena. Espero no ser una molestia... _ se excusó.
_ Todo lo contrario, es un placer que haya aceptado la invitación. Justamente hoy Tomasa, nuestra cocinera, preparó carbonada. Ya verá, se "chupará los dedos"_ vaticinó Mercedes eufórica: que Rafael estuviera allí, reunido con su familia era un milagro digno de celebrar.
En ese momento apareció Tina.
_ La cena ya está lista, ¿pasamos al come..._ como le sucedió a Mercedes, Tina también se paralizó ante la presencia de Rafael _ Ra...Bautista, ¡que alegría! No sabía de su visita _ comenzó a titubear conmocionada.
_ Ni yo, Tina. Es toda una sorpresa, ¿verdad? Hace un instante ha llegado con Lourdes. Nos hará el honor de cenar con nosotras _ Mercedes salió en auxilio de Tina antes de que cometiera un error irremediable.
_ El honor es mío doña Mechu _ al llamarla de esa manera, como solía hacerlo años atrás, impactó a las tres mujeres que lo miraron impresionadas.
"Está empezando a recordar", se ilusionó al borde de las lágrimas Lourdes.
_ Perdón, ¿dije algo inconveniente? _ ni el mismo Rafael cayó en la cuenta del disminutivo cariñoso que había empleado para nombrar a Mercedes.
_ Nada, nada, muchacho..._ exclamó Mercedes ya recuperada _ ¿vamos?, la mesa está preparada.
Rafael sintió que alguien le tiraba de la chaqueta. Bajó la vista y descubrió a Alba extendiéndole los brazos.
_ Me hacés upa _ le pidió con una sonrisa pícara que mostraba que le faltaban dos dientes.
_Claro muñequita _ su mirada se cruzó con la de Lourdes y sintió que su corazón exultaba.
Alba, con sus manitos regordetas le atrapó el rostro a Rafael y muy seriamente le dijo:
_ Esta noche, el hada de los dientes vendrá por los dientes que se me cayeron.
_¡Pobrecita! ¿Te dolió? _ le preguntó con ternura.
Alba se acercó al oído de Rafael y le dijo en secreto:
_ Sí, mucho...hasta me salió sangre. Me asusté mucho, pero mamita me dijo que el hada de los dientes me traería un hermoso regalo a cambio de mis dientitos. Además como Miguelito siempre se burla de mí, no lloré.
_ Sos una niñita muy valiente _ la besó y al hacerlo algo dentro de él estalló. No supo explicar que le ocurrió, solo que estaba complacido de estar entre aquella gente. Era como estar en... ¿su hogar?.
La cena transcurrió placenteramente. Los niños, en contradicción a las reglas de la época, comieron con los adultos. Siempre lo hacían y siempre se comportaban con corrección.
Luego de la deliciosa carbonada y del postre, una sabrosa natilla, tomaron café en la sala.
Miguelito, que al principio miraba a Rafael con desconfianza, terminó por aceptarlo, sobre todo después de prometerle que lo llevaría a conocer la redacción del periódico en el que escribía.
Lourdes se despidió de Rafael en el zaguán.
_ Has sido maravilloso con los niños, gracias.
_ Me imagino que extrañan a su padre.
_ Mucho _ bajó la cabeza ocultando la angustia que le oprimía el alma.
_ Lourdes, disfruté muchísimo de esta noche. Espero que volvamos a vernos pronto_ y esta vez no besó su mano sino que besó su mejilla.
El corazón de Lourdes aleteó con la fuerza de un pájaro que recupera la libertad.
Amelia echaba chispas. Hacía rato que esperaba a Bautista, las horas pasaban lentamente y él no regresaba.
Imanol fumaba un cigarro y tomaba un té digestivo. La cena le había caído pesada gracias a los lamentos de su hermana.
_ Seguro que está fregándose con esa ramera _ despotricó, venenosa.
_ Seguro, y lo está gozando también _ la aguijoneó con malicia.
_ ¡Imanol!, mira que eres pérfido. ¡Haz algo! Me prometiste que Lourdes dejaría de interponerse._ Amelia se plantó delante de él con los brazos en jarra y la mirada fiera.
_ Si hay algo que no te describe es la paciencia, hermanita. Ten fe, Bautista será tuyo. Déjalo en mis manos_ Imanol ya estaba harto de los reclamos de Amelia. Fue hasta el aparador y se sirvió ua copa de jerez. Debía aplacar su furia, él también odiaba que Bautista estuviera con Lourdes, pero debía disimular. Mientras bebía, pensó:
"Nací con el demonio como mi ángel guardián a un lado de mi cuna cuando vine al mundo y ha estado desde entonces conmigo. Él me brindará su ayuda en el momento oportuno. Brindo por eso". Y, satisfecho, se sirvió otro jerez.

domingo, 19 de marzo de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.14

"Después de la media noche, la luna es apagada, triste y siniestra.
 Es una verdadera luna de noche de brujas".  
Guy de Maupassant

De puntillas, conteniendo la respiración y con el corazón corcoveando como un potrillo salvaje, caminaron cautelosas a través de los tres patios hacia la puerta trasera de la casa.
El canto del sereno anunciando la medianoche las sobresaltó. En ese momento, bien por el susto, bien por la urgencia, aceleraron el paso.
Cuando comprobaron que Alejo y Lautaro estaban esperándolas en el lugar indicado sintieron que el alivio las embargaba.
Alejo tomó de la cintura a Felipa y la besó con frenesí.
_ ¡Alejo!, no es momento de besos, es momento de escapar antes de que nos pesque Abelarda o lo que es peor, el tío Idelfonso _ lo regañó en voz baja y severa Felicitas.
_ ¡Aguafiestas! _ la enfrentó con una sonrisa sofocada _ ¡Monten, entonces!
Alejo ayudó a Felipa a montar en la yegua moteada que eligió para ella, deteniendo sus manos más de la cuenta en las caderas de la joven.
Felicitas se las arregló sola, no nesecitaba ayuda, era una excelente amazona. En cambio, Rosario agradeció con timidez el auxilio de Lautaro.
_ ¡Lautaro!, ¿que haces ahí parado como una vaca desorientada? ¡Montá de una buena vez! _ lo apuró Alejo.
El indio obedeció con celeridad, no sin antes, fulminarlo con la mirada. Alejo respondió al enojo de su amigo con una carcajada que Felicitas se encargó de silenciar.
Lautaro amaba a Rosario y sangraba sin remedio por saberla inalcanzable. Con disimulo olió su mano derecha, impregnada del perfume de ella, mientras que con la otra sostenía las riendas de su caballo. Olía a jazmines, olía a Rosario..."Mi Rosario", pensó con el alma quebrada.
A medida que se alejaban de la casa, Alejo comenzó a silbar una tonada alegre.
_ Para vos todo es un juego, ¿no? _ Felicitas, con los nervios de punta, no soportaba la indolencia de su primo. Nada parecía afectarlo, nada, excepto que alguien se metiera con Felipa.
_ Feli, esta noche es apropiada para vos _ le respondió con petulancia.
_ Y eso significa...
_ ¡Que sos una bruja! _ le gritó hastiado de su malhumor.
Felicitas, herida en su amor propio, se mordió con furia los labios, espoleó con impaciencia su caballo adelantándose a todos.
_ Alejo, no seas duro con ella _ intercedió dolida Felipa.
_ Entonces que no me joda _ dijo con sequedad. Felipa prefirió no insistir. Cuando Alejo se enojaba era semejante a una tormenta eléctrica, fulminaba todo a su paso. Luego se arrepentía, pero los desmanes provocados pocas veces tenían solución.
El trayecto duró apenas media hora, pero para las jovencitas fue una eternidad. El miedo a ser descubiertas parecía ralentizarlo todo.
Milagrosamente el camino que los condujo hasta "El Candombe" estaba desierto, al igual que las calles del barrio. El ulular de una lechuza rompió el silencio que los rodeaba, un silencio denso como la niebla.
Dejaron los caballos atados en las ramas de un sauce lindero al rancho de Filomena.
Una luz débil y titilante, les aseguró que la anciana estaba despierta.
_ Ustedes dos se quedan aquí _ les ordenó Felicitas de mal talante a Alejo y a Lautaro.
_ ¿Por qué?...si puede saberse _ la enfrentó de igual manera Alejo.
_ Por favor, basta de peleas por esta noche _ Felipa ya estaba harta de tanto comportamiento infantil _ Alejo, aunque la abuela te quiere mucho, cuando se trata de recetas y...ejem, hechizos, prefiere que los hombres no estén presentes. Es una costumbre heredada de su madre.
Lo dijo con tanta ternura que Alejo tuvo que sucumbir a su petición. Ella se lo agradeció con un beso ligero como el aleteo de una mariposa y fogoso como el sol del verano.
Con tres golpes suaves anunciaron su llegada. Filomena abrió la puerta y las abrazó con cariño.
_ Pasen, pasen, pué. ¡Qué lindas están!_ las recibió con alegría. Eran pocas las ocasiones que podía ver a su adorada nieta, Idelfonso se lo tenía prohibido. _ ¿Qué las trae por estos lugares apartaos de la mano de Dios? Vinieron acompañadas, me supongo _ se alteró.
_ Si abuelita. Alejo y Lautaro están afuera _ la tranquilizó Felipa.
_ Ta güeno, ansina me gusta. Los hombres de por acá son muy fieros. Tienen que tener mucho cuidado. Y ahora cuentenmen..._ las invitó a sentarse en unas sillas desvencijadas ubicadas alrededor de una mesa de madera oscura en la que ardían cinco velas de sebo.
_ Abuelita necesitamos un hechizo de amor _ se despachó Felipa sosteniendo la mirada escrutadora de la anciana.
_ ¿Para quién?
_ Rosario quiere que Rubén la ame _ le explicó Felicitas.
_ Rosario, ¿estás sigura? El Rubén es un mal bicho.
_ Eso mismo le dijimos nosotras, doña Filo, pero ella no acepta nuestros consejos _ Felicitas extendió su mano sobre la mesa tomando la de su hermana.
_ Yo lo quiero, doña Filo, y quiero ser su mujer _ la confesión tan abierta de Rosario las sorprendió, ella era siempre recatada y retraída.
_ Muy bien, si ese es tu deseo...pero muchachita, ¿puedo? _ ante el gesto afirmativo de Rosario, la vieja se apoderó de la mano de Rosario apartando la de Felicitas y comenzó a leer las líneas del destino _ Veo mucho sufrimiento, muchas lágrimas...sin embargo...
_ ¡Qué!, ¡qué! _ gritaron al unísono Felipa y Felicitas.
Doña Filomena las fulminó con la mirada y ellas, sonrojadas, callaron al instante.
_ Sin embargo, hay un hombre que te va a hacer feliz, un hombre prohibido _ terminó cerrándole la palma de la mano.
_ ¿Un hombre prohibido? _ repitió intrigada Felicitas.
_ Perdone, doña Filo, pero ese hombre no me interesa, yo quiero a Rubén. El es el hombre de mi vida.
_ Si estás decidida m´hija no hay más nada que decir _ dijo con frustración _ voy a buscar lo que necesito.
Doña Filomena desapareció por unos minutos y luego regresó trayendo un recipiente mediano de barro cocido. Acto seguido, buscó agua y azúcar. Todo lo dispuso sobre la mesa dentro de un círculo que formó con las cinco velas. Puso delante de Rosario un papel de pobre calidad, una pluma y un platito de cobre.
_ Dame un dedo _ dijo con autoridad, la voz de Filomena había cambiado, parecía de ultratumba. A las jóvenes se les puso la piel de gallina. En el ambiente se percibía una fragancia extraña...el perfiume rancio y dulce de la muerte.
Con una aguja le pinchó el dedo, lo apretó con fuerza derramando la sangre en el platito. Cuando la cantidad de sangre le pareció satisfactoria dejó de presionar.
_ Ahora mojá la pluma en tu sangre y escribí tu nombre y el del hombre que querés en el papel.
Rosario obedeció temblando.
_ Abajo de los nombres escribí: "menga mabunga ngua, Sembi! mubika menga"._ le dictó lentamente.
_ ¿Qué idioma es ése abuela? _ preguntó en voz baja Felipa, como temiendo romper el hechizo.
_ Es la lengua de mis antepasados. Mi madre me lo enseñó de muy niña. Las raíces nunca deben olvidarse, Pipa _ una nota de melancolía y amargura tiñó sus palabras.
_ ¿Qué significa lo que acabo de escribir? _ Rosario estaba impresionada.
_ "Mi sangre ruega por su amado. ¡Señor! esclaviza la suya a la mía" _ a medida que recitaba la plegaria, las velas se apagaron. Las tres amigas, se sobrecogieron en medio de la oscuridad.
Lentamente, como saliendo de un éxtasis, Filomena encendió las velas. Sonrió al ver las caras transfiguradas por la impresión de las muchachas.
_ Por último, llenamos de agua esta vasija; dos cucharadas de azúcar para endulzar a tu hombre y por último, ponemos el papel escrito con tu sangre. Durante tres días tenés que tenerlo abajo de tu cama. Al tercer día tirás el agua en la puerta de su dormitorio. Cuando él la pise quedará amarrado a tu amor.
_ ¿Eso es todo? _ preguntaron las tres a la vez.
_ ¡Ajá! _ respondió encendiendo su pipa _ Pero Rosario, él solamente va a querer tu cuerpo...nunca tu amor _ le advirtió.
_ No me importa, con su deseo me basta _ dijo con terquedad.
_ ¡Que necia, hermanita! _ resopló Felicitas disgustada.
_ Gracias abuela, debemos irnos antes de que noten nuestra ausencia en la casa _ la prisa no le impidió abrazar a la anciana y besar sus ajadas mejillas. Rosario y Felicitas la imitaron prometiéndole regresar pronto.
_ Casi me olvidaba. Esto es para usted doña Filomena _ Felicitas sacó de un bolsillo de su vestido una bolsita de cuero. _ Tabaco para su pipa, se la robé al tío Idelfonso _ y con picardía le guiñó un ojo _ La raíz de peonia resultó excelente. Hace rato que Darío no sufre convulsiones _ agregó feliz.
_ Me alegro Felicitas, seguí dándole ese té dos veces al día, pué. Probá con esto también _ fue hasta una alacena y extrajo de un cajón una cajita de latón _ Son hojitas de "pié de león". Machaca algunas y el jugo que saqués lo mezclas con agua caliente y se lo das al Darío en ayunas.
_ Así lo haré. Mil gracias doña Filo.
Alejo y Lautaro esperaban inquietos. El canto de los gallos anunciaba el amanecer.
_ ¡Por fin! Tardaron una eternidad _ se quejó Alejo al verlas.
_ Es que la abuela debía explicar a Felicitas el tiempo de cocción y la manera de suministrar cada una de las recetas... _ comenzó muy suelta Felipa.
_ Ya, ya _ la interrumpió Alejo fastidiado _ basta de mentir. Lautaro y yo conocemos el motivo de la visita a doña Filomena. No estaba equivocado cuando tildé de bruja a Felicitas...¡todas son unas malditas brujas! _ estalló.
_ ¡Nos estuvieron espiando! _ se indignó Felicitas.
_ Exactamente primita. Cuando me cansé de ganarle a los dados a Lauti, nos asomamos a la ventana y escuchamos a Rosario pidiéndole a doña Filomena un amarre de amor para mi tonto hermano. Lo vimos todo así que no nos mientan más. Y ahora, ¡en marcha!, con un poco de suerte llegaremos antes de que Abelarda se despierte. Y...Pipa, jamás vuelvas a mentirme _ dijo con tristeza y decepcionado.
Todos montaron en silencio. Sumergidos en sus pensamientos, emprendieron el regreso.

Felipa abrió la marcha cabizbaja y arrepentida de su mentira. "Pero debía proteger a Rosario, es mi amiga", reflexionó buscando consuelo.
"¿Por qué me mentiste Pipa?¿Por qué no confias en mí? ¿Acaso mis primas son más importantes que yo?", pensó alterado Alejo.
"Un amarre de amor, una esperanza. Rubén, ¡cuánto te amo!", Rosario meditó exultante.
"Dios mío que estos yuyos sean eficaces para mi pobre Darío", rezó Felicitas.
"¡Ay Rosario! Cada día estás más lejos de mí y más cerca de ese imbécil. Sé que soy poca cosa, pero esta poca cosa muere de amor por vo´ ", se lamentó con el corazón herido Lautaro.
Así cabalgaban, codo a codo, cinco almas unidas por el lazo del destino...






miércoles, 15 de marzo de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.13

"Mi alma está grabada con tus señales.
 Y no hay viento ni agua que pueda lavarlas..."
Gioconda Belli

Esa tarde, como todas las tardes a la hora de la siesta, Felipa se encontró con Alejo en el galpón abandonado a orillas del Río de la Plata; aquel en el que de niños se reunían con Lautaro para pergeñar aventuras temerarias y devorar los pastelitos de dulce de batata que le robaban a Abelarda.
Allí se besaron por primera vez, un beso tímido, ignorante, que con el correr de los años se volvió fogoso y experimentado. Muchas veces se preguntó Felipa como Alejo había logrado tanta pericia en el arte de amar. Conocía a la perfección cada uno de sus  rincones secretos que con caricias diestras la hacía trepar más allá del cielo. El temor a una respuesta dolorosa, le impidió satisfacer su curiosidad.
Él hacía tiempo que la esperaba, ansioso de apretarla contra su cuerpo...ansioso por poseerla.
Cuando la vio asomarse por la puerta se avalanzó sobre ella con la fiereza de un depredador. La deseaba con ardor, un fuego fatuo que nunca se consumía. Bebió de sus dulces labios el néctar que lo fortalecía, que le daba sentido a su vida. Sin ella, él no existía.
Felipa se entregó, delicada y suave, sin mediar palabra. Se comunicaban a través de besos salvajes y caricias, que de tiernas y acarameladas se volvían exigentes...vehementes.
Exhaustos y saciados, cayeron abrazados sobre un acolchado de paja y alfalfa.
_ Alejo, tengo que pedirte un favor _ la voz prístina deFelipa rompió el delicioso silencio.
_ Claro, lo que quieras _ Alejo, aún respirando aceleradamente, se incorporó intrigado.
_ Felicitas, Rosario y yo, necesitamos que esta noche después de la cena y cuando todos duerman, nos lleves a la casa de mi abuela.
_ ¿A la casa de tu abuela Filomena?, ¡en el "Candombe"! Están locas, es muy peligroso internarse en ese barrio y encima de noche _ sorprendido, se negó rotundamente.
_ Por favor Alejo, debemos hablar con mi abuela, es urgente _ trató de convencerlo con rápidos besos en el cuello.
Alejo cerró los ojos y suspiró deleitándose con el roce aterciopelado de los labios de Felipa. ¡Cuánto la amaba! Haría cualquier cosa por ella, pero internarse en el Candombe con tres jóvenes bellas y blancas, era una insensatez. Podían toparse con algún negro cuchillero que trabajaba en el matadero...¡y que Dios los librara de las consecuencias! Alejo no estaba dispuesto a arriesgar la integridad de Felipa ni la de sus primas.
_ Por más arrumacos que me hagas, no me vas a convencer. Vos mejor que yo, sabe lo peligroso que es el Candombe. Por las noche todos están borrachos y con ganas de pelear. Si nos topamos con una pandilla de negros fascinerosos yo solo no podré hacerles frente y aunque pueda, mientras tanto ustedes quedaran indefensas. ¡No, no iremos...de ninguna manera! _ alterado, comenzó a caminar con nerviosismo de un lado al otro. Felipa lo observaba sentada sobre la paja cubriendo su desnudez con la camisa de Alejo.
_ Alejo, por favor... _ trató de insistir, las lágrimas pugnando por derramarse.
_ Pipa, no me mires de esa forma, ¡no llores!, no resisto verte llorar _ Alejo se acercó a ella, le tomó una mano haciéndola levantar. Con delicadeza le arrebató la camisa y la aprisionó entre sus brazos, deseaba sentir el calor de ese cuerpo armonioso que lo excitaba hasta la demencia, impregnarse de su perfume a lavanda y rosas.
_ ¿Qué es eso tan urgente que deben consultar con doña Filomena? _ le susurró al oído mientras pasaba sus manos por la espalda en un sutil masaje.
_ Felicitas quiere preguntarle a mi abuela sobre un brebaje para Darío, algo para calmar sus convulsiones _ mintió sin mirarlo con la cabeza apoyada en el pecho viril.
_ Pero hace tiempo que Darío no pasa por una crisis _ argumentó.
_ Es verdad, pero Felicitas quiere asegurarse de que continúe así y como mi abuela conoce mucho sobre yuyos..._ la mentira le produjo un sofoco que trató de disimular. _ Nadie debe saber de nuestra visita, por el bien de mi abuela. Si don Idelfonso se entera la castigaría, él la culpó por la muerte de doña Aurelia Torres y la amenazó con encerrarla de por vida si continuaba practicando sus hechizos_ dijo consternada.
Alejo la sentó sobre un fardo de paja y con ternura le secó las lágrimas.
_ Jamás permitiré que mi padre le haga daño a tu abuela, ¡jamás! No comprendo como mi padre, un hombre culto, puede creer que doña Filo es un bruja, es absurdo. Es verdad, conoce de yuyos medicinales, pero de ahí a ser bruja... _ se rió burlándose de la superstición de su padre.
Felipa lo escuchó sin objetar. Ella estaba segura de los poderes de su abuela, era testigo de ellos.
Una noche, de pequeña, escuchó a su madre hablar con su abuela:
_ No lo soporto más, me persigue durante el día y por las noches se mete en mi cama. Me dan ajco sus manos, su miembro, el olor de su piel. ¡Ay mamita, ayúdeme!, ya no me queda de esa resina que me provocaba sarpullido para ahuyentar al viejo. Además no me gusta como mira a la Pipa, ¡es un degenerao!
_ Tranquila hija, yo me ocupo.
A los pocos días Alfredo Torres cayó en cama. Los doctores nunca supieron las causas de su mal y apenas pudieron ayudarlo con sus medicamentos.
La pregunta insistente de Alejo la volvió al presente.
_ Pipa, ¡Pipa!, ¿te parece que le pida a Lautaro que nos acompañe? Será de gran ayuda si se presenta un inconveniente.
_ Sería perfecto. Entonces, ¿vamos? _ la ilusión y la alegría se reflejaron en su rostro.
Alejo no repondió, se tumbó a su lado y ya nada tuvo sentido, sólo el amor que los encadenaba.