jueves, 12 de noviembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Epílogo

Querida Amanda:

                        Que rara me siento escribiéndote. ¿Cuánto hace que ya no estás entre nosotros? Mucho, pero mucho tiempo, casi no me acuerdo, pero lo que no olvido es la forma atroz en la que el destino te arrebató de nuestro lado. Mi corazón quedará herido hasta el día de mi muerte. ¡Te extraño tanto hermanita!
Me siento terriblemente sola. Sí, dirás que la tengo a mami , a la Sofi y a la Matilde, pero a ellas no puedo abrirles mi alma como lo hacía con vos. Te acordas Amanda cuándo solíamos sentarnos bajo la sombra de aquel algarrobo, allá en nuestra querida Charata, mientras las chicas y el César dormían la siesta, y charlábamos largo y tendido. Vos sabías escucharme. ¡Como vos, nadie!. Ni mami, te confieso. Nunca recriminaste mi conducta, sólo me aconsejabas con una dulzura  que jamás volveré a encontrar en otra persona.
Amanda, mi queridísima hermana mayor,mi segunda madre.
A medida que escribo estas líneas, lágrimas de nostalgia humedecen el papel, no las puedo contener.
Quisera tener el poder para hacer retroceder el tiempo, y así darte un abrazo fuerte y prolongado, y sobre todo para impedir que ese malparido de Pedro Machuca te dañara.
El César ya se encargó de él. Lo asesinó sin piedad, como esa lacra se merecía. ¡Ojalá se esté asando en el infierno!
Mami está feliz en Buenos Aires, el clima parece que le sentó bien. Su diabetes está controlada y eso nos tranquiliza a los cuatro.
La Sofí entró al convento de las clarisas. La idea no nos gusta para nada y menos al César que está furioso con semejante decisión.
La Mati está noviando con un compañero de la secundaria. Parece buen chico, pero el César, celoso como es, está que trina. "¡Es que todas las mujeres de esta familia se confabularon en mi contra!", se la pasa refunfuñando. ¡Pobre César!, siempre le estamos dando dolor de cabeza.
Hoy amaneció nublado y ahora está lloviendo en forma torrencial.
La señorita Concepción, en realidad debo llamarla "Niña", es una costumbre de la capital...Como te decía la niña Concepción se retiró a su habitación después de tomar su acostumbrado de té de manzanilla y yo, al quedar libre de mis obligaciones hasta mañana muy temprano, aprovecho para buscarte en mis recuerdos, en mi memoria...
¿Te diste cuenta como mejoré mi forma de expresarme?. Todo gracias a la niña Conce y a la señora Ethel, el ama de llaves de la mansión en la que trabajo. Ellas me enseñan modales, corrigen mi modismos de campesina bruta. Les estoy muy agradecida.

En realidad, ellas están completando, lo que años atrás inició el Esteban, mi adorado e inolvidable Esteban.
No creas que me convertí en una señorita de la "high", como dicen los porteños pitucos, ¡qué va!. Sigo siendo la misma Alma de siempre, entrometida, impulsiva y enamoradiza de aquellos tiempos, que hoy me parecen tan lejanos...
¡Cómo me divertía robar los novios de las otras chicas del pueblo! No sé que me impulsaba a hacerlo, quizá mis ganas de sentirme superior, de hacerles ver que aunque pobre, era mucho más linda y seductora que todas ellas juntas.
A vos no te gustaba mi comportamiento, pero al final lo disfrutabas conmigo cuando comprendías que eran unas arpías que siempre nos menospreciaban.
Las únicas de ley eran...y lo siguen siendo, la Alejandra y la Lucía.
La Jandra se convirtió en una eficiente jefa de enfermeras y la Lucía tiene un puesto de verduras en la feria municipal. Mientras atiende a los clientes, está pendiente de su hijita...de ella y del César, ¡es tan bonita! Se parece a vos, yo la adoro. Y el César...el César vive por ella, la mima, la llena de muñecas. Esto no es del agrado de su esposa, pero lo acepta a regañadientes.
Y bueno así son las cosas del querer, como dice una canción que escuché hace poco en la radio.
Y hablando de las cosas del querer, tengo un secreto que compartir con vos. Estoy conociendo a un muchacho encantador. Ni te imaginas lo gentil y educado que es. Lo conocí hace poco cuando vino a solucionar un desperfecto en el teléfono de la mansión. Se llama Julio.Me sedujo lo amable y correcto que fue conmigo. Pensé que no volvería a verlo, pero a los dos días me lo encontré en la parada del colectivo. Entre nosotras, me estaba espiando...¡Me alegro!
A partir de entonces, salimos todos los domingos. Todavía no dije nada en casa, primero quiero estar segura de mis sentimientos. A veces pienso que estoy traicionando al Esteban, pero bueno, como una vez me dijo la Mati, tengo que darme una segunda oportunidad para ser feliz y pienso que la vida me la está presentando. Veremos que sucede.
¡Hasta siempre hermana querida, ángel guardián de los Galarza, siempre estarás conmigo!
Con amor, ALMA.


                                                                    FIN

lunes, 9 de noviembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 27

Todavía no había amanecido cuando doña Antonia despertó a su hija con un mate dulce aromatizado con cascaritas de naranja.
_ ¡Qué rico, mami! No se tenía que haber levantado, usted necesita descansar. Anoche se quedó hasta tarde pegando botones a esas camisas que le trae don Cosme. Por suerte ese trabajo a destajo se va a terminar. Desde el mes que viene entra mi sueldo a esta casa _ expresó orgullosa Alma.
_ Callese m'hijita, a mí me gusta estar ocupada, no soy ninguna lisiada, pué. Y ahora levantate que ya te calenté el agua para el baño.
Alma le dio un beso a su madre y corrió al baño. Se sentó dentro de un gran fuentón de hojalata y con una jarra comenzó a tirarse agua tibia, que presurosa se deslizaba sobre su piel morena.
Cuando comenzó a enjabonarse se detuvo en su parte íntima. Suaves movimientos que dieron pase a otros más intensos, le causaron una oleada de placer exquisito. La primera vez que se masturbó, se persignó rogando el perdón a su Virgencita, pero con el tiempo cobró coraje y ya nada le importaba, sólo darse placer.
Puso especial ahínco en su arreglo, el espejo le dio su aprobación.
En la cocina, Sofía desayunaba apurada.
_ ¡La gran siete!, otra vez se me hizo tarde_ protestó derramando el mate cocido sobre el mantel bordado _ Pucha, perdón mami, cuando vuelvo le prometo que se lo lavo, ahora me voy. Chau Alma, suerte en tu primer día en la casona _ se despidió.
_ Alma, toma otro mate y andate que vas a llegar tarde también_ doña Antonia la empujó hacia la calle.
_ Suerte Alma _ le deseó Matilde que cruzaba el patio en dirección a la cocina.
_ Gracias Mati, y vos portate bien en la escuela, ojo con los chicos,¿eh? _ le sopló un beso a su hermanita, arrebolada como una manzana deliciosa.
Irene, la hija de la dueña del conventillo, la estaba esperando frente a la mansión. Alma camina embobada, sin apartar la vista del majestuoso "petit chäteaux" que se alzaba delante de ellas.
_ ¿Eso es de verdad o acaso estoy soñando?_ le preguntó señalando la edificación.
_ De verdad _ se rió Irene _ ¿Es impresionante, no?
Una fastuosa residencia en estilo eduardiano correspondiente a la Belle Époque, dejó sin habla a la joven campesina. Ni en su más loca fantasía, imaginó semejante palacio.
La fachada de ladrillos, enmarcada por dobles columnas corintias, remataba en un frontis interrumpido por una barandilla. Una mansarda de pizarra, que ocupaba el tercer piso, exponía engreída un coronamiento de zinc y hierro forjado. Una escalinata de mármol blanco culminaba en un noble portón de roble oscuro.
Entraron por la puerta de servicio. Las recibió el ama de llaves, una mujer de rostro severo. Sin embargo, para sorpresa de Alma, la trató con deferencia, con amabilidad. Le gustó aquella señora espigada, de mirada dulce.
_ La señorita Concepción te recibirá en el salón. Irene, te podes retirar. Mis mejores deseos para tu nuevo empleo.
_ Gracias señora Ethel _ Irene desapareció dejando a Alma temblando.
Sentada en un suntuoso sillón tapizado en seda color ámbar, frente a una inmensa chimenea, Concepción Santamaría la observaba atentamente.
Alma se sintió disminuida ante su electrizante mirada azul. Nunca había conocido una mujer tan elegante, de tan regio porte...parecía una reina que la estudiaba desde su trono.
_ Así que vos sos Alma Galarza _ su voz era melodiosa, impactante.
_ Para lo que guste mandar señorita _ dijo cohibida.
_ Esperemos que tu predisposición por el trabajo me satisfaga tanto como tu aspecto.
_ Voy a trabajar duro señorita.
_ Ya veremos. Contame algo sobre vos._ más que exigencia, fue curiosidad. Concepción se conmovió al verla frágil y vulnerable.
La historia que le relató Alma terminó por confirmarle que era la persona que buscaba. Se sintió unida al dolor que la muchacha transmitía. Una historia triste, de muerte, injusticia y soledad.
A ella también la vida la condenó a vivir en soledad desde muy pequeña.
A sus padres les encantaba viajar a París y perderse en sus calles y boulevares. En uno de esos paseos fueron asesinados por unos maleantes que no se contentaron con robarles. Más tarde, el destino le arrebató al amor de su vida en un accidente aéreo...Soledad, su estigma...
_ Alma, bienvenida a mi casa._ una sonrisa suavizó la pena que transmitía su mirada _ Ethel enseñale sus obligaciones.
Así comenzaba un nuevo capítulo en la vida de Alma. Un nuevo despertar...



jueves, 5 de noviembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 26

Buenos Aires, Avellaneda. Primavera de 1934

Una melodía triste y solitaria envuelve con alas de añoranza el corazón de la joven que la escucha taciturna, acurrucada en un rincón de la amplia cocina. Un velo de lágrimas le impide ver la entrada de otra joven que presurosa se acuclilla a su lado. Le pasa un brazo por los hombros uniendo amorosamente sus cabezas.
"Sus ojos se cerraron
  y el mundo sigue andando,
  su boca que era mía
  ya no me besa más.
  Se apagaron los ecos
  de su reír sonoro
  y es cruel este silencio
  que me hace tanto mal".
Mientras Gardel, desde la radio, continúa entonando el lamento dulce y desgarrador de "Sus ojos se cerraron", la hermana menor comparte, generosa, el dolor que hiere a la mayor.
_ Alma, basta ya de llorar, pasó mucho tiempo desde la muerte de Esteban. No me gusta verte así. Vos sos un cascabel, que la pena no te gane...¡vamos, arriba que la vida es linda y nos ofrece siempre una nueva oportunidad para ser feliz! _ Matilde trató de animarla.
_ Sos tan chiquita, pero tan madura. ¿Te dije que te quiero un montón? _ la abrazó.
_ Siempre...¿ves?, te arranqué una sonrisa _ se alegró.
_ ¿Qué hacen ahí acurrucadas como dos ratitas asustadas? _ doña Antonia, su madre, apareció en la cocina con ganas de tomar unos mates. _¡Que tango triste!, cambia de sintonía Mati, ésto no le hace bien a la Alma. Vengan pa' cá que les preparo unas tortas fritas.
_ ¡Que rico mami!, yo cebo los amargos _ Matilde corrió solícita a encender la hornalla.
_ A ver, cuénteme, ¿ de vuelta le agarró la nostalgia por el Esteban? M'hija tiene que estar contenta ahora que dispué de tanto buscar encontró trabajo.
_ Tiene razón mami...es que lo quise mucho _ las lágrimas volvieron a jugarle una mala pasada.
_ No me llore m'hijita, va a ver como algún día aparece otro mozo que la haga reír.
_ Nunca voy a volverme a enamorar, ¡nunca! _ se agitó.
_ El tiempo que todo lo cura lo dirá...¡Y esos mates!, ¿para cuándo Mati?
_ Casi, casi.
_ Alma , alcanzame el fuentón. Harina, levadura, un poco de sal, agua tibia. Todo listo. Enllená de aceite la sartén. Avisame cuando estea bien calientito._ Alma corría de un lado para el otro siguiendo las indicaciones de su madre.
Las tortas fritas y los mates en tan deliciosa compañía fueron un bálsamo para el dolor de Alma.
Las palabras de Esteban resonaban en su memoria : "La familia es el mayor tesoro que puedas tener Alma. Es un bastión indestructible que ningún enemigo puede vulnerar. Esa familia quiero formar con vos". En aquel entonces le pareció un acertijo el deseo de Esteban, sin embargo, ahora comprendía el significado profundo del pensamiento. "Esteban, querido, ¡cuánto te extraño!. Todo lo que sé lo aprendí a tu lado. Siempre vas a estar en mi corazón".
_ ¡Alma!, ¿estás en babia?, fijate quien está golpiando _ doña Antonia la despertó de su ensoñación.
_ Hola Alma, me olvidé las llaves, es que salí  muy apurada hoy a la mañana, casi pierdo el colectivo _ era Sofía que llegaba de la fábrica de galletitas en donde trabajaba como operaria_ ¡Qué olorcito y con la hambre que tengo!
Sofía entró como un vendaval, tiró el sombrero y su cartera sobre una silla y se atragantó con el mate que le sirvió Matilde.
_ ¿Cómo te fue? Tomá, come esta que está recién sacada de la sartén _ doña Antonia, siempre atenta a las necesidades de sus hijas.
_ Estoy reventada. La hija de puta de mi jefa no me dio ni un minuto de respiro _ se quejó con la boca llena.
_ Denunciala con el César. Él está en el Sindicato que lucha por los derechos de los trabajadores_ la alentó Alma indignada por el atropello de la clase patronal.
_ Me da miedo que si protesto me echen
_¡Que va!, el César no lo va a permitir. Yo voy a hablar con él.
_ Prefiero que no, Alma. Dejemos las cosas como están. Vos sabes como es el César, un calentón y me va a meter en problemas. Por favor, Alma, no le digás nada _ le suplicó Sofía.
_ La Alma no va a abrir el pico, ¿entendido? _ le ordenó seria doña Antonia.
Malhumorada, Alma, se retiró a su dormitorio, tenía que preparar la ropa con la que se iba a presentar al día siguiente en su trabajo.
Eligió con cuidado su atuendo. Quería causar buena impresión ante su patrona. Una pollera angosta de color negro a mitad de pierna, una blusa de algodón blanca con botoncitos de nácar y zapatos de taco negro y puntera redondeada. Revolvió entre los sombreros de sus hermanas y optó por uno pequeño que dejaría al descubierto un par de aros tipo pinzas, regalo de Esteban."Este recuerdo de tu hijo no pudiste arrebatármelo, vieja ladina".
Alguien golpeó a su puerta.
_ ¡César!, que sorpresa. Te hacía en el bar con el Laureano jugando al billar.
_ Quise venir a desearte suerte por mañana.
_ Vení, sentate. Estoy muy nerviosa. Y, ¿si no le gusto?. Yo soy medio bruta y ésa es una gente pituca.
_ Tranquila negrita, el Esteban te enseñó mucho.
_ No me llames de ese modo..."negrita" me llamaba el Esteban.
_ Perdoná, no quiero angustiarte y menos en este momento. Vas a ver como todo sale de perilla _ la besó en la frente.
_ No sé como agradecerle a doña Gina por la recomendación. Si no hubiera sido por su hija, yo estaría todavía sin empleo.
Irene, la hija de la encargada del conventillo que albergó a los hermanos Galarza cuando llegaron del Chaco, trabajaba como mucama en una casona ubicada sobre la calle Montes de Oca para una familia adinerada. Al conseguir un puesto con un sueldo más alto en la fábrica Phillips, renunció ofreciendo su puesto a Alma.
_ Sí, Irene es muy linda_ se le escapó a César.
_ ¡Queee!,no me digas que ya le echaste el ojo. No te hagas el vivo con esa muchacha, mirá que le debo el empleo._ se preocupó Alma, su hermano siempre enredado en polleras.
_ Para que te voy a mentir, me gusta la gringa , pero te prometo que la voy a respetar. Además don Nicola me vuela los sesos de un escopetazo si me paso de la raya _ se rió.
_ No me causa gracia. Espero que sepas comportarte, bastante tenemos con la Lucía y su hijita, que es tuya ...A propósito, ¿ fuiste ayer al cumpleaños de la nena? Cuando me fui, te seguía esperando la pobrecita.
_ Caí tarde. Sabes que no me aguanto a la Alejandra, es una pesada, siempre con esa jeta de vino picado.
_ ¡César! _ se escandalizó._ Entonces...con la Lucy..¿nada de nada?
_ Nada. Lo que pasó es historia, calentura de un momento. La voy a ayudar, la nena es mi responsabilidad y un Galarza no le escapa a sus obligaciones. Pero hasta ahí llegó mi amor, no me pidas más.
_ Está bien, si no la queres no te vas a arruinar la vida. Lo importante es que pudiste confesárselo a la máma y ella no te condenó.
_ Primero pensé que me iba a matar, ¡como me grito!, pero cuando se le pasó la calentura me hizo prometer que jamás abandonaría a mi hijita y eso es lo que estoy haciendo. Ahora te dejo para que descanses. Pensá que este laburo te va a ayudar a olvidar la injusticia que sufriste cuando la bruja de tu suegra te echo de la casa con una mano adelante y la otra atrás.
_ Yo estoy contenta porque voy a poder aportar con mi sueldo. Tenemos muchas necesidades y lo imprescindible es la insulina de la máma... Y hablando de plata,nunca me terminaste de contar quien era el sinvergüenza que nos extorsionaba.
_ No me hagas acordar que "engrano".
_ ¿Quién era César? Me mata la curiosidad.
_ Lo único que tenes que saber es que al mal parido le di su merecido y parece que entendió mi mensaje porque no volvió a aparecer. Con la guita que le saqué al degenerado de Machuca, alquilamos esta casita para la máma.
_ La veo tan feliz...desde que está en Buenos Aires, la noto animada, rozagante...¿Sabes que me
dijo?"Ustedes son la razón de mi vida".
_ ¡Viejita linda! _ se emocionó César _ Me voy Alma. Suerte mañana
Cuando Sofía y Matilde se dispusieron a descansar, encontraron a su hermana roncando. Con una sonrisa cómplice y tratando de no hacer ruido, se acostaron en las camas contiguas. Todas tenían mucho con que soñar.
Sofía, con un grupo de niñas a las que le enseñaba el catecismo vestida de...¡monja!.
Matilde, con un muchacho rubio de ojos tan celestes como el mismo cielo.
Alma, con su adorado Esteban.

lunes, 2 de noviembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 25

Alma, desesperada, insistió con la voz quebrada por el miedo
.
_ Mingo, ¿qué le pasó al Esteban? Responde, por favor.
_ Cuando terminó el partido, nos disponíamos a bajar de las gradas cuando...cuando...
_ ¡Qué, Mingo!,¡qué pasó!_ lo zamarreó con furia, con desesperanza.
_ Una avalancha lo aplastó, Alma. Y yo...yo no pude hacer nada,¡nada!. Cuando pudieron rescatarlo, se lo llevaron al Hospital Fernández. Está muy mal, Alma, muy mal...se muere y yo no pude ayudarlo, me empujaron, me aplastaron a mí también, pero pude zafar. él , en cambio...no pude ayudarlo Alma,¡tenes que creerme!_ la abrazó con fuerza en el preciso momento que Alma se desvanecía.
Cuando volvió en sí, escuchó los gritos de angustia de doña Amparo. Mingo estaba a su lado consolándola.
Al verla recuperada, la madrileña corrió hasta ella.
_ ¡Me cago en el día en que mi hijo ligó contigo! Lo único que has hecho es traer desgracia a mi familia. _ y le propinó una bofetada que le dejó ardiendo la palma de la mano,
_ ¡Doña Amparo! Cálmese, ella no tiene la culpa_ intervino Mingo.
Alma estaba desorientada, perdida. ¿Qué sucedía?. Y su Esteban, ¿dónde estaba?.¿Por qué esa vieja desquiciada le pegaba? Y de repente recordó.
Un gemido nació de lo más profundo de su ser.
_ ¡Esteban,no, no, no! No puede ser. Es una pesadilla...¿por qué me castigas Dios? ¿No fue suficiente con que me quitaras a mi hermana, a mi querida Amanda? Y ahora esto. Esteban, mi amor, ¿por qué?
_ ¿Dónde has dicho que está internado?_ doña Amparo tomó las riendas de la situación.
_ En el Fernández. Las acompaño _ Mingó ayudó a ponerse en pie a la joven, pero la suegra se lo impidió.
_ ¡Deja a esta jamelga, no viene con nosotros! _ le ordenó con firmeza
_ Pero...pero...es su esposa  _ tartamudeó indignado Mingo.
_ Y yo soy su madre, la mujer más importante de su..._ no alcanzó a terminar la frase porque Alma le escupió en la cara en un arrebato furibundo.
_ ¡La mujer más importante en la vida del Esteban soy yo, vieja de mierda! No se interponga entre nosotros en este momento porque le juro que la duermo de una trompada. ¡Vamos Mingo!
Con el dorso de la mano se secó las lágrimas, tomó su cartera y salió tomada del brazo del muchacho para evitar caerse, el cuerpo le temblaba descontrolado.
Doña Amparo los siguió en silencio, ya se cobraría revancha.
El hospital era un hervidero de personas que iban y venían. Alma intentó preguntar a una enfermera sobre el paradero de su marido, pero la ignoró.
El profundo olor a desinfectante le provocó náuseas. Se tapó la nariz con su pañuelo perfumado mientras su frente se perlaba de sudor.
Mingo la condujo hacia un apartado en el que estaban dispuestos unos sillones.
_ Estás más blanca que ese pañuelo. Siéntense acá _ incluyó a Doña Ampara_ Yo voy a tratar de averiguar donde tienen a Esteban.
Alma asintió con un leve movimiento de cabeza, y lo vio alejarse perdiéndose en una marea de batas blancas.
_ ¿Por qué lo dejaste ir a ese partido? Yo nunca lo hubiera permitido.
_ Esteban no es una criatura, usted sabe muy bien que cuando se le mete algo en la cabeza nadie se lo quita_ le respondió con calma evitando un nuevo enfrentamiento.
_ Tienes razón _ ella tampoco deseaba reñir. Su corazón de madre le anunciaba un triste presagio.
Ante la respuesta de doña Amparo, Alma se quedó de una pieza. Era la primera vez desde que la conocía que le daba la razón.
Mingo apareció sobresaltado.
_ Está en la sala general, cama ocho. Está...está mal...lo siento tanto,tanto_ y se derrumbó en los sillones, junto a ellas.
_ ¡No!, no me digas eso, por favor, ¡no! _ Alma se sofocó con la noticia.
Doña Amparo se desmayó. Dos enfermeras corrieron a socorrerla. Al poco tiempo volvió en sí. Alma ni se dio cuenta, lo único que importaba era Esteban...¡y se estaba muriendo!.
_ Vamos Mingo, acompañanos. Doña Amparo, ¿está mejor?. Le pido que no nos peleemos, que el Esteban nos vea juntas y bien, hágalo por amor a él _ le suplicó llorando.
_ Lo haré por él y no porque tú me lo pidas, ¡ala!, andando._ algo débil, aunque sin demostrarlo, caminó erguida apoyada en el pobre Mingo.
Un médico estaba parado en la cabecera de la cama de Esteban. Circunspecto, estudiaba una planilla. Al verlos acercarse, encaró crudamente a Alma.
_ ¿Son sus parientes?
_ Soy su esposa.
_ Y yo soy su madre, doctor. Lo que tenga que decir dígamelo a mí que para eso lo parí.
Sin prestar atención a la mujer, el médico continuó informando a Alma.
_ Señora, su esposo está muy grave. Usted misma puede ver en que condiciones está.
Alma dirigió, temerosa, sus ojos a la cama. No deseaba mirar, se había negado hasta ese momento. Ahogó un grito. Sintió que sus huesos se quebraban, que no la sostenían; cayó de rodillas, nadie la sostuvo...nadie. Allí estaba Esteban, el rostro desfigurado, lleno de tubos y cables.
_ Ha sufrido politraumatismos. Su situación es irreversible, hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance. Si cree en Dios, rece _ dicho el fatal diagnóstico se retiró.
Alma se sentó en una silla cercana a la cama y le tomó una mano con extrema delicadeza.
Doña Amparo se paró al lado de Alma y comenzó a empujarla.
_ ¿Qué está haciendo?¿Ni en este momento tan desgraciado puede ser gentil conmigo?_ le dijo en voz baja pero firme.
_ ¿Gentil contigo? ¡No digas sandeces! ¡Sal de ahí!, ese lugar me corresponde. Vete a llorar al pasillo, ¿no ves que lo estás alterando?
_ Ni loca lo dejo
_ A...Al...Alma _ la llamó Esteban despertando de la inconsciencia.
Las dos mujeres le clavaron la mirada expectantes.
_ Sí, mi amor, estoy acá, todo va a salir bien, ya vas a ver. Prontito nos vamos a casa _ forzó una sonrisa.
_ Yo también estoy contigo hijito querido. El doctor ha dicho que te repondrás.
_ Alma _ repitió Esteban esforzándose.
_ No, mi amor, soy mamá
Alma, a pesar de su infinito dolor, deseó noquearla.
Mingo, atento a semejante enfrentamiento, intentó calmar las aguas.
_ Doña Amparo, el doctor quiere hablar con usted_ mintió.
_ Ah, claro, por supuesto. Ya vuelvo querido _ con altanería giró sobre sí misma, miró con superioridad a su nuera y salió al pasillo junto a Mingo.
Alma respiró aliviada.
_ ¡Dios mío, no me lo quites!_ imploró desgarrada.
_ Al..Alma, no me ...olvides
_ Shh, no digas tonterías, siempre vamos a estar juntos.
_ Te...te quiero...fui muy fe...feliz _ fueron sus últimas palabras.
_ ¡Nooo!
Doña Amparo, cansada de esperar al facultativo, entró corriendo y se arrojó sobre el cuerpo sin vida de su hijo.
_ ¡Hijo Mío! ¡Mi pobrecito!Virgen santa,¿por qué has permitido la muerte de mi único hijo?, ¿por qué? _ lloró desesperada.
La vorágine que sucedió a la muerte de Esteban , sumió a Alma en un letargo del que fue incapaz de salir. César estuvo con ella brindándole contención y cariño. No la dejó sola ni un momento, se encargó de todos los detalles del funeral. Hasta consoló a doña Amparo.
Varios días después de la muerte de Esteban, mientras Alma descansaba en su dormitorio, un golpe en la puerta, seco y prepotente, la sobresaltó.
A pesar de las penumbras, descubrió a doña Amparo en el dintel observándola con seriedad.
_ ¿Que pasa doña Amparo?, ¿se siente mal?_ le preguntó más asustada que preocupada.
_ ¡Vete, vete ya mismo de esta casa! _ le ordenó.
_ ¿Cómo? ¡Está loca!, esta es mi casa.
_ Esta casa está a mi nombre y ¡tú! no tienes ningún derecho sobre ella, así que toma tus cuatro trapos sucios y vete.
_ ¡No! El Esteban estará revolcándose en su tumba por lo que acaba de decir.
_ ¡Cállate! Límpiate la boca cuando hables de mi hijo, ¡arrastrada!, ¡cabecita negra!_ se abalanzó sobre Alma y tomándola por sorpresa le dio vuelta la cara de una bofetada que le hizo sangrar los labios.
_ ¡Vieja bruja!, ¡gallega de mierda!_ Alma se tiró encima de la mujer y le arañó el rostro.
_ ¡Bruta, no eres más que una bruta! Vete ya mismo o llamo a la policía.
Era verdad, esa casa no le pertenecía a Esteban. El estaba ahorrando para comprar una que fuese de los dos y poder abandonar la pensión de su madre.
Revolvió los cajones buscando esos ahorros, no los halló. "Ahora que me acuerdo, él me dijo que tenía una cuenta en el banco, pero ¿cuál?, ¿cómo se llamaba?...¡mierda!,no me acuerdo", se lamentó angustiada.
Metió rápidamente su ropa en una valija y bajó las escaleras.
En el comedor la esperaba doña Amparo recuperada de la paliza. Con una sonrisa de triunfo le abrió la puerta de entrada.
_ Una última cosa, mi reloj _ la enfrentó Alma.
_ ¿Qué reloj? _ se desentendió.
_ El reloj de oro que me regaló su hijo. Acabo de poner mi dormitorio "patas para arriba" y no lo encontré. ¡Devuélvame el reloj!
_ Yo no sé nada de ningún reloj. Vete ya, no me hagas perder tiempo.
_ ¡Ladrona!¡Ojalá reviente como un sapo!_ la maldijo.
Al cerrar la puerta,  Amparo comenzó a reír con desenfreno.
_ ¡Por fin nos libramos de ella hijito! Nuevamente los dos solos, como siempre debió ser. Mira que querer quitarme este hermoso reloj y todos nuestros ahorros _ desquiciada besó el reloj y acarició con avaricia una libreta del Banco Nación...
De repente comenzó a girar por toda la sala mientras entonaba un fandango. Un par de castañuelas marcaban el ritmo.


viernes, 30 de octubre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 24

César estaba hecho una ruina. Aún en ese momento, los recuerdos de la noche en que se encontró cara a cara con el malparido del padre Juan, le calentaban la sangre. ¡Lástima no haberlo matado a ese pedazo de mierda! Seguramente Dios, si es que existía, tendría un lugar reservado para él en el mismísimo infierno.
"Y ahora esta tremenda desgracia", se lamentó,"justo antes de la llegada de la máma y las chicas. ¡Pobre Alma!, está destruida.¡Dios,es que no vas a darnos un momento de tranquilidad! ¡Maldita sea!".
Alma estaba encerrada en su habitación. No quería ver ni hablar con alguien. Estaba devastada.
Habían pasado días del terrible episodio, pero eso para ella no constituía un bálsamo, se sentía peor.
Sus pensamientos no le daban tregua. La atormentaban evocando el oscuro día.
Ese domingo, nublado y húmedo, sorprendió a Alma y a Esteban, haciendo el amor con intensidad,con pasión. Alma nunca se imaginó que podría llegar a amar de esa manera, feroz y dulce a la vez.
¿Qué más podía pedirle a la vida? Tenía un hombre que la adoraba, un hermano capaz de dar la vida por ella y como si eso fuera poco, iba a reunirse nuevamente con su madre y sus hermanas. "¡Juntas otra vez!", suspiró emocionada.
"En realidad, para ser completamente feliz, tendría que estirar las patas la vieja bruja", pensó con malicia. ¡Cómo odiaba a doña Amparo, la madre de Esteban! "Vieja entrometida y venenosa".
_ Alma, no te levantes todavía_ le rogó con ternura Esteban.
_ Preparo el desayuno y lo traigo a la cama, ¿acaso no tenes hambre?...
_ Tengo hambre de vos.
_ ¡Mirá que sos goloso!_ traviesa le pasó la lengua por la oreja.
_ ¡Alma!, no me hagas eso, sabes que me vuelve loco...¡vení para acá! _ saltó de la cama para atraparla antes de que saliera de la habitación, pero no lo logró. Volvió a acostarse riéndose del desenfado de Alma. De la jovencita tímida y retraída no quedaba rastro. "Mejor así", se dijo satisfecho.
En su prisa por volver con Esteban, bajó corriendo las escaleras y casi se lleva por delante a doña Amparo, que subía con una taza de café.
_ ¡Por Dios, ten cuidado niña!, casi me matas _ le gritó enfadada.
_ No exagere doña Amparo, apenas la toque
_ Mira como te presentas, ¿no tienes vergüenza?. Sin bata, con ese camisón pecaminoso..._ se horrorizó.
_ ¡Qué tiene de malo mi camisón? A su hijo le encanta.
_ ¡Virgen Santa de la Macarena!, lo que debo escuchar, pero si eres una descarada
_ Yo seré una descarada, pero usted es una vieja metida.
_ ¡Arpía, eres una maldita arpía!_ dicho esto siguió su camino despotricando_ Vete a la porra cabecita negra, ojalá te mueras!.
Alma entró a la cocina hirviendo de furia. "No voy a permitir que esta víbora nos arruine este hermoso día. Esteban me quiere y eso es lo único que importa. Además falta muy poco para irnos a vivir solos, lejos de esta vieja. ¡Ánimo Alma a preparar un rico desayuno para mi amor!".
Más tarde subió con cuidado las escaleras. Llevaba una gran bandeja en la que abundaban medialunas de grasa y dos tazas de porcelana azul, de las que emanaba un delicioso aroma a café, intenso y bien caliente, tal como le gustaba a Esteban.
_ ¡Desayuno para dos!_ con un hombro empujó la puerta para abrirla y de un puntapié la cerró.
_ Ese café huele riquísimo
_ ¿Vamos al zoológico esta tarde?_ le sugirió Alma.
_ ¡Ay querida!, siento desilusionarte pero tengo pensado ir a la cancha con mi amigo Mingo.
_ ¡Qué lástima!
_ No me hagas pucheros, mi amor,siento no habertelo dicho antes...es que tuve una semana muy movidita en la escuela.
_ Está bien, aunque me hubiera gustado pasar la tarde juntos _ suspiró Alma.
_ Es que hoy juegan en el Monumental River y San Lorenzo y..
_ Y vos sos fanático de River, sí, ya lo sé.
_ No me puedo perder este encuentro. Después del almuerzo Mingo me pasa a buscar. No te enojes negrita, te prometo que el próximo domingo soy todo tuyo_ le dijo salamero.
Alma lo abrazó, lo besó. No quería enojarse, tenía antojo de otra cosa y a eso se dedicó para deleite de Esteban.
Almorzaron solos. Doña Amparo comió en su habitación enfurruñada.
Mingo, el amigo de Esteban, lo pasó a buscar poco después de las dos.
_ Che, larguen de una vez, que Esteban no va a la guerra _ bromeó Mingo ante el beso apasionado de la pareja.
Esa tarde, Alma estaba bordando en la sala cuando golpearon la puerta con insistencia.
_ Ya voy, ya voy.
El corazón se le aceleró y un nudo en el estómago le cortó la respiración cuando vio el rostro desencajado de Mingo. Comenzó a llorar como un niño asustado.
_ Mingo, ¿qué pasó?, ¿dónde está el Esteban?...¿por qué lloras?, ¡dónde está el Esteban! _ Alma se desesperó.
_ Alma, Alma...una desgracia...¡Ay, Dios mío!¡fue terrible!
_ ¿Qué le pasó al Esteban?...¡ay Virgencita!, contesta Mingo,¿qué le pasó al Esteban?

lunes, 26 de octubre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 23

"Ese César Galarza es un demonio", repitió con miedo el padre Juan, mientras le ponía doble llave a la puerta. El miedo lo paralizó. Nunca pensó encontrarse cara a cara con el asesino de Pedro Machuca, no lo había planeado de ese modo.
"El imbécil de Laureano lo estropeó todo", pensó al tiempo que se cambiaba los pantalones orinados."¡Que papelón. ¿Cómo pudo pasarme esto?. ¡Cómo se rió de mí el muy hijo de puta!". La vergüenza y la rabia le roían las entrañas.
Recordaba, como si fuera ayer, el momento en que vio como César le enterraba el puñal en el estómago al capataz de don Eduardo.
Él había ido al rancho de doña Isolina, la madre de Pedro, para confesarla y de paso cenaba gratis. Pero cuando estaba llegando, algo le llamó la atención, un hombre estaba oculto detrás de uno de los árboles cercanos al lugar. Detuvo el sulky y, curioso, se quedó espectante, oculto él también entre los matorrales del camino. Vio como Pedro se despedía de su madre y se adentraba en la oscuridad. El hombre misterioso lo siguió sigilosamente. Él persiguió a los dos con cautela, se olía que algo extraño iba a suceder y él, seguramente, podría sacar su propia tajada.
Después de presenciar, siempre oculto, la feroz pelea, en la que reconoció a César como el hombre misterioso y el  ladrón de una jugosa suma de dinero que llevaba encima Pedro, esperó a que desapareciera para acercarse al difunto y así cerciorase de lo sucedido. "Así que fuiste vos el malnacido que violó a la Amanda. ¡Flor de bocadito disfrutaste! No sabés como te envidio", se rió. "Gracias Señor por ponerme en el camino de estos dos pecadores. No temas, yo haré justicia, ese dinero bañado en sangre será mío para engrandecer tu Santo Nombre".Rezó desquiciado por la avaricia.
Ahora tenía que pergeñar la forma de poder salir de ese pueblo maloliente. La solución no se hizo esperar, aunque no fue la ideal para el padre Juan. La bomba estalló, cuando se supo por alguna lengua viperina, que tenía relaciones sexuales con la hija mayor de doña Celina, tía de las Galarza. La muy tonta se entregaba dócilmente porque él la convenció de que esa era la voluntad de Dios.El muy desgraciado la disfrutó sin remordimientos.
El Obispo, enterado del escándalo, lo envió a Buenos Aires. Simulando arrepentimiento, el cura le rogó que le asignara una parroquia en los suburbios de la capital;  ya estaba enterado por Aurora, la pobre ilusa que él gozaba, que César y su hermana Alma estaban instalados en un conventillo de La Boca. Comenzó a saborear su victoria, estaba muy cerca de conseguir el botín. Él, instrumento de Dios, haría justicia. Ese dinero mal habido pasaría a engrosar las arcas de la parroquia que el pastoreaba. Pero el maldito de César echó por tierra sus pretensiones.
"Es mejor que me aleje de esa familia. La plata ya no la voy a conseguir, y además, prefiero seguir vivo porque ese loco seguro cumple su palabra y me destripa", reflexionó desalentado."Ya veré con que mentira enredo al Obispo para sacarle los pesos que necesito para el asuntito que tengo entre manos. Si se me da, cuelgo la sotana y estos parroquianos pelagatos no me ven más el pelo", rumió satisfecho de su ingenio.
El padre Juan siempre tenía un as bajo la manga. Si un plan fracasaba, enseguida surgía otro. Lo importante era conseguir dinero para darse la gran vida lejos de la opresión clerical. Hasta el momento no lo había logrado, pero no perdía la esperanza. Se lo merecía, él pensaba.
Personalidad oscura la del padre Juan. Quinto hijo de una familia humilde, creyó que una manera de salir de la pobreza era haciéndose sacerdote.
El seminario, cuna ávida de presbíteros, lo aceptó sin dudar. Permaneció allí hasta los 23 años. Tuvo una vida dura en el seminario, levantarse al alba para rezar el Libro de las Horas, fregar pisos y baños, cocinar...escuchar misa tres veces al día, seguir rezando...nona, vísperas...
"Estoy harto de tanto rezo, pero lamentablemente, no me queda otra", se repetía con pesimismo.
Una noche, mientras dormía, un seminarista varios años mayor que él, lo atacó y violó. Lejos de asustarse o conflictuarse, le gustó. Esta situación se repitió con asiduidad hasta que se ordenó como sacerdote y lo enviaron a una parroquia del interior, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el pueblo de Alma.
Eusebia, una cuarentona, encargada de la limpieza y de la cocina de la casa parroquial, se alegró de recibir al joven sacerdote, tan entusiasta y vital; la cara opuesta del padre Antonio, párroco del lugar, viejo y enfermo.
Por fin las actividades espirituales se reactivarían. Lo que nunca se imaginó Eusebia fue que terminó convirtiéndose en la amante del joven sacerdote. Juan la convenció que era instrumento del Señor para darle placer, situación que ella disfrutó inmensamente.
Luego de la muerte del padre Antonio fue nombrado Párroco.
Pasaron los años y aquellas niñas a las que dio la Primera Comunión, avivaron su libido. Siempre elegía a las más inocentes y vulnerables. Sus padres, gente ignorante y de una profunda religiosidad natural, nunca sospecharon acerca de la tropelía del cura.
La gula del padre Juan no se limitaba a lo sexual, la codicia lo embriagaba. Deseaba dinero y lo deseaba en abundancia. La limosna que se recogía los domingos en las misas no lo satisfacía. Empezó a apostar en las riñas de gallos..."Para ayudar a los más pobres del rebaño que me ha encomendado el Señor", decía santamente...y todos le creían, como no hacerlo si era el cura.
A pesar de todos los esfuerzos por engordar su hucha, ésta no rendía el fruto esperado. Por eso cuando vio, asombrado, el suculento fajo de dinero en las manos de César aquella noche, se relamió pensando "Esta es la mía". Pero el destino...¿o Dios?...le jugó una mala pasada. Tendría que esperar una nueva oportunidad para escapar de su realidad.

sábado, 3 de octubre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 22

Esa noche, después de tomarse unas ginebras en el bar de la esquina del conventillo, César y Laureano se propusieron sorprender al padre Juan en su Parroquia. César ardía por darle una severa e inolvidable lección al cura. Lo aborrecía. Miles de interrogantes bullían en su cabeza: "¿Cómo se habrá enterado el cura de lo que hice esa noche?. ¿Me habrá estado espiando?. ¿Por qué no me habrá denunciado?¡Claro, por la guita! ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Maldito entrometido!".
_ Ahí es _ Laureano le señaló un templo pequeño de paredes grises y rodeado de canteros de flores bien cuidadas_ Vive solo en la casita que está a la vuelta.
Silencio y oscuridad.
_ ¡Golpeá!_ le ordenó furioso.
_ Laureano, ¿sos vos?
_ Sí padrecito.
El cura abrió inmediatamente la puerta. Estaba desesperado, el muchacho ignorante había desaparecido con el dinero. Pensó que le había robado.
_ ¿Dónde te habías metido? Hace días que te espero..._ no pudo continuar con el regaño porque su respiración se cortó al recibir una tremenda trompada en el estómago. Cayó al piso mientras su cabeza rebotaba en el mosaico.
_ ¡Pará César! Lo vas a matar._ se asustó Laureano.
_ Me importa un carajo si lo mato _ gritó descontrolado.
Laureano se arrodilló junto al sacerdote y trató de incorporarlo.
_ Por favor, César, ¿por qué me tratas así?_ se quejó lloroso.
_ ¿Me está tomando el pelo? ¡Se piensa que soy un ignorante como este "gil" que agacha la cabeza y hace todo lo que le dicen los curas! ¡Cura ladrón!
_ ¿Ladrón? Sólo intento que devuelvas ese dinero que no te pertenece. El ladrón sos vos y encima asesino.
Arrepentite Cesar, confesá tus pecados.
_  Bien orgulloso estoy de haber matado a ese cerdo que violó y mató a mi hermana _ César temblaba por la furia.
_ Soy un hombre de Dios, es mi deber llamarte a conversión...
_ ¿Hombre de Dios? No me haga reír...un hombre de Dios no amenaza, no roba, no se aprovecha de jovencitas...
_ ¿Qué queres decir?_ se indignó
_ No se haga el inocente. Sé muy bien de su entrevero con mi prima Aurora. La muy tonta me contó como se la cogió, y ella pensando que esa era la voluntad de Dios... En ese momento se salvó que no lo matara como lo hice con el Lobizón, porque estaba desesperado por mi hermana Amanda que había desaparecido.
Pero ahora nada me impide que lo destripe sin asco._ De un solo movimiento sacó su cuchillo verijero. El cura se orinó encima.
_ ¡Tranquilo loco! Pensá un poco, si lo matas, ¿qué hacemos con el cuerpo?
_ Lo enterramos en algún baldío.
El cura los miraba aterrorizado.
_ No, César, basta de locuras. Si nos agarra la cana, no salimos más de la gayola. _ le rogó Laureano.
_ Tenés razón. Y vos, hijo de puta, te salvas porque no quiero terminar preso por matar a una basura como vos.
El cura respiró aliviado.
_ Escuchame bien, escoria, no vuelvas a acercarte ni a mí ni a mi familia. Si alguna vez te pesco husmeando cerca nuestro, te busco y te abro de arriba a abajo de un solo tajo, ¿entendiste bien? Y me va a  importar un carajo si la cana me hace boleta...¿entendiste?
_ Si-si-si _ tartamudeó el padre Juan.
Los amigos desaparecieron en la noche dejando al sacerdote consternado. Con un miedo glacial cerró con doble cerradura y tranca la puerta de entrada. "Ese César es un demonio", pensó santiguándose.



martes, 29 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 21

Las amigas disfrutaban de una agradable tarde soleada en una plaza céntrica. Les encantaba reunirse para compartir los últimos chimentos.
_ Parece mentira que ya haya pasado un mes de mi casamiento _ suspiró enamorada Alma.
_ Y por fin pudimos hacernos un huequito para reunirnos. No saben las ganas que tenía de verlas _ les confió Alejandra.
_ Nosotras nos vemos todos los días en la pensión, pero apenas puedo saludar a Alma. Doña Amparo no me saca los ojos de encima, me persigue como un perro rabioso._ se quejó Gloria, la muchacha del conventillo _ Está que "trina" con lo del casorio.
_ ¡Vieja bruja! Estoy segura que si pudiera me clavaría un puñal por la espalda. ¡Esa mujer me odia!
_ Y también ...¡cómo se te ocurre sacarle a su hijito adorado!_ se rió Alejandra y Gloria la imitó.
_ Contanos de una buena vez que pasó en tu primera noche con el Esteban_ la apuró Gloria.
_ ¡Che!, eso no se cuenta_ se ruborizó Alma.
_ ¡Cómo que no!, somos tus amigas, a nosotras tenes que contarnos tooodooo _ le puntualizó Alejandra.
_ Es que me da vergüenza...
_ No te hagas rogar Alma, ¡contá!
_ Esta bien...está bien...Fue muy dulce conmigo, yo nunca había estado antes con un hombre, estaba nerviosa.
_ ¿Vos, nerviosa? No te creo _ la aguijoneó Alejandra que la conocía como nadie.
_ Mirá que sos bicha Jandra. Sí, estaba muy nerviosa. Una cosa es dejarse besar y que te manoseen un poco y otra cosa es acostarte con un tipo. _ Se defendió ofendida.
_ Dejate de dar vueltas y seguí contando _ Gloria estaba desesperada.
_ Nos encerramos en la habitación, todo oscuro salvo la luz tenue de un velador. Me desvistió lentamente mientras me besaba por todo el cuerpo...
_ ¡Madre mía!, estoy transpirando...
_ ¡Gloria!, no interrumpas. Alma, seguí.
_  Después él se quitó la ropa y nos tiramos en la cama,uno pegado al otro...lo demás pueden imaginárselo.
_ ¿Cóoomoo?, no nos dejes así, ¡contanos más! _ Gloria estaba desilusionada.
_ ¿Te gustó Alma?
_ Sí Alejandra, fue un momento maravilloso.
_ Me alegro por vos Alma. Espero que Esteban te quiera como vos te mereces, te respete y te defienda de esa vieja bruja.
_ Alejandra, ¿no le vas a preguntar nada más? Yo quiero saber todo lo que hicieron...
_ ¡Basta Gloria!, tenemos que respetar la intimidad de Alma.
_ Está bien_ refunfuñó no muy convencida.
_ Alma, ¡así que el Laureano está viviendo con el César?, ¿Cuándo llegó a Buenos Aires?
_ ¿Quién te lo dijo, Jandra?
_ Gloria.
"Lengua larga", pensó Alma contrariada, "No puede guardar un secreto".
_ Hace un mes que está en Buenos Aires. El César lo está ayudando a buscar trabajo.
_ ¿Qué hizo cuando se enteró que te casaste? El estaba loquito por vos.
_ Puso cara de "carnero degollado" y como dice el tango..."casi se le pianta un lagrimón"
_ ¡Qué mala Alma!, pobre muchacho.
_ Chicas, tengo una gran noticia que darles
_¡Alma!, ¿estás embarazada? _ gritaron al unísono Alejandra y Gloria.
_ No,todavía no.
_ ¿Entonces?
_ La semana que viene llegan mi máma y mis hermanas. Estoy tan feliz. Por fin juntas.
En un lugar no muy distante, dos hombres se sostenían la mirada, tratando de adivinar el pensamientos del otro. Laureano lucía intranquilo, su mano temblaba cada vez que levantaba la taza de mate cocido para llevársela a la boca.
_ Dejá de fusilarme con la mirada, ¡me vas a ojear! _ se atrevió a decir Laureano.
_ Dejate de pavadas y contame como te fue en el laburo _ le dijo cortante.
Hacía unos días había empezado a trabajar como personal de limpieza en la fábrica de galletitas Bagley, gracias a un contacto del Laucha.
La fábrica estaba ubicada en Barracas, sobre la Avenida Montes de Oca. Se estableció en esa zona por ser los terrenos de bajísimo costo, desvalorizados luego de la epidemia de fiebre amarilla.
_ La escoba no es para mí César, ¡no doy más del dolor de cintura!
_ Mirá que habías sido maricón vos _se burló César.
_ No me insultés...me la paso barriendo y pasando el trapo casi doce horas seguidas. El patrón quiere que todo reluzca, ni una pelusa quiere ver tirada...¡hijo de puta!
_ No protestes que por lo menos tenes trabajo, ¿sabes la cantidad de desocupados que hay? Familias que apenas tienen para darle de comer a sus hijos, sino fuera por las ollas populares...No es fácil abrise camino en la Capital, nosotros tuvimos suerte.
_ Yo soy el que tiene que agradecer todo lo que haces por mí sin merecerlo. Cuando me acuerdo de lo que estuve a punto de hacer...se me cae la "jeta" de vergüenza, amigo.
_ Lo pasado, pisado. Además, vos no tuviste la culpa. El cura te embrolló y vos confiaste en él. No hablemos más del asunto, terminá el mate cocido y vamos para el bar a tomarnos una hesperidina y a jugar un partidito de billar.
Sin embargo, los recuerdos traicionaron a César, llevándolo a la misteriosa noche en que se encontró con Laureano, su amigo de la niñez y con el que había compartido tantas salidas clandestinas en la adolescencia.
No fue menor la sorpresa de Laureano cuando recibió la trompada de César que le rompió la nariz.
_ Laureano, ¿qué carajo estas haciendo?
_ ¡Mierda, César!, me partiste el "naso", ¡madre mía, cuánta sangre!_ lloraba
_¡Cagón!, ¡traidor!_ César estaba descontrolado.
_¿Traidor? No te entiendo, yo sólo vine a buscar un bolso para el padrecito Juan. Una donación secreta,me dijo. ¡Uy!..¿no tenés un pañuelo por casualidad?
_¡El padre Juan! ¿Y que pito toca ese pollerudo en todo este asunto?
















jueves, 24 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 20

La ceremonia religiosa fue emocionante. Alma se sentía flotar en una nube de felicidad. Ni los gestos avinagrados de su suegra lograron empañar ese momento único e irrepetible que una mujer sueña desde niña.
La sencillez del vestido de novia acentuaba su belleza. Lució el cabello suelto, sujeto apenas por un tocado de margaritas, que se repetían en el pequeño ramo que sostenía con elegancia. Esteban compartía la felicidad de Alma. Formar una familia siempre fue su mayor deseo y en ese momento se cristalizaba.
Doña Amparo estaba furiosa. Su hijo, su único hijo, casado con una cabecita negra, ignorante y trepadora.
Luego de saludar en el atrio de la iglesia, a los familiares y amigos que asistieron, fueron a celebrar a una cantina de La Boca.
En la cabecera de una larga mesa, se sentaron los novios. Al lado de Alma se ubicó César y muy cerca de él, para su disgusto, se acomodó Alejandra. Doña Amparo se adueñó de la silla que estaba a la izquierda de su hijo. Los demás invitados iban ubicándose según iban llegando.
César se puso de pie y con orgullo brindó por su hermana:
_Alma te deseo abundancia y felicidad en tu matrimonio...y usted, Esteban, espero que la cuide y la respete porque sino me va a conocer y no le voy a gustar un carajo..._ todos rieron ante la ocurrencia, menos doña Amparo.
"Descarado, ¡cómo se atreve! Y Esteban lo soporta, no, si esta negrita lo tiene hechizado", pensó amargada.
Al brindis le siguió un suculento plato de spaghetti con salsa "rabiatta", que por lo picante, hizo sudar a todos los comensales.
_Que buona está esta pasta, me ricorda a la mía Italia_ expresó satisfecha doña Gina, la dueña del conventillo.
En cambio doña Amparo pensó:
"¿Por qué cojones ha querido Esteban festejar este malparido casamiento en una cantina? Despreció nuestros deliciosos platillos por esta comida italiana de baja calaña. ¿Cómo puede preferir estos fideos a la cazuela de pulpo, a los caracoles a la bordalesa, al jamón serrano, a las gambas al ajillo?...¡Por la virgen de la Macarena que no lo entiendo!".
El enojo de doña Amparo contrastaba con el clima que la rodeaba, todo era fiesta y buenos augurios, hasta Alejandra y César pactaron una tregua para no entristecer a Alma.
César tampoco le mencionó el nuevo mensaje que recibió el día anterior del siniestro personaje que los perseguía. La nota decía: "Llegó el momento, Galarza. Mañana a las diez de la noche quiero mi plata. Ponela en una bolsa de papel cerca del buzón que está a tres cuadras del conventillo. Me enteré que tu hermanita se está por casar. ¡Felicidades de mi parte!".
"¡Maldito hijo de puta!, es un alivio que el maestrito se la lleva del barrio".
César rumiaba un plan para desenmascarar al chantajista, cuando un muchachito, sucio y harapiento, se le acercó llamando la atención de los invitados.
_ El hombre que está en la vereda de enfrente me dio este papel para usted, tome...agarre.
_ ¿Quién..._ el chico desapareció antes de que pudiera terminar la frase.
Un negro presentimiento se apoderó de César. Alma, desconcertada, lo vio irse con el ceño fruncido. "¿Qué habrá pasado? Que ninguna mala noticia me arruine la fiesta, por favor Dios mío".
_ ¿Que te pasa Alma?, tenes una carita..._ se preocupó Esteban.
_ Es que el César desapareció de repente.
_ A lo mejor fue a comprar cigarrillos_ sugirió.
_ Puede ser..._ respondió no muy convencida.
Esteban propuso otro brindis:
_ ¡Por mi esposa, la flor más bella!
"¡Ojalá se marchite pronto!", deseó con fervor doña Amparo.
Mientras tanto, César cruzó la calle sin prestar atención al carro de escobas y plumeros que casi se lo atropella.
Lo vio parado cerca del canillita que pregonaba los principales titulares del diario de la tarde. Al hombre le temblaba la mano al llevarse el cigarrillo a la boca.
_ ¡Laucha, amigo!_ un presagio funesto lo alteró.
_ Apareció el Colorado_ el compañero que la policía había secuestrado semanas antes.
_ ¿Muerto?
_ Vivo, pero hecho "percha". Lo picanearon fulero, Cabeza.
_ ¿Qué le hicieron? No entiendo una mierda, explicame...
_ La picana eléctrica, usaron con él esa porquería que inventó la "yuta". No te imaginás como le dejaron las pelotas, ¡pobre infeliz!
_ ¿Dónde está? Quiero verlo.
_ En su casa, la mujer lo está cuidando. Vamos para allá.
El colectivo los dejó a pocas cuadras. Era una vivienda de chapas con una gran ventana al frente. Les abrió una mujer menuda y ojerosa. Al reconocerlos, sonrió aliviada. La siguieron por un pasillo oscuro hasta el dormitorio. Allí, tirado en la cama, estaba el Colorado con el rostro amoratado y respirando con dificultad.
La mujer se retiró para que pudieran conversar con más tranquilidad.
_ ¡Amigos!_ apenas podía vocalizar, tenía el labio superior partido. Le faltaban varios dientes.
_ ¡Shhhh!, no hables
_ Dejate de  hinchar César, necesito vomitar toda la mierda que me hicieron. A mi mujer no le puedo contar, sabes como son las mujeres de debiluchas...
_ Despachate, entonces_ lo animó el Laucha.
_ Antes...¿qué se sabe del Polaco?
_ Nada

_¡Puta madre!, espero que esté bien, aunque lo dudo.
_ Por suerte a vos te largaron, pero, contanos, ¿que te hicieron esos miserables?
_ El día que me detuvieron, dos tipos sin uniforme me llevaron a la rastra hasta la comisaría. Me encerraron en un calabozo y mientras me pateaban en las berijas, en las costillas y en estómago, me gritaban "anarquista del carajo, nosotros te vamos a enseñar a respetar a la autoridad". Eso no fue nada, al día siguiente y hasta que me soltaron, los muy hijos de puta me pusieron la picana en la boca, entre las bolas y en el culo. Me molieron a palos, pero quédense tranquilos muchachos, en ningún momento los delaté. Se habrán aburrido de mí, por eso me tiraron medio desnudo cerca del quiosco del Morocho, Él me encontró y me trajo a casa.
"¡Que fortaleza tiene este tipo!", pensó abrumado César.
_ Muchachos, cuídense, traten de no meterse en líos, no se junten por las noches a tirar mierda contra el Gobierno, miren que los milicos tienen ojos y oídos por todas partes. No quiero que pasen por lo que pasé yo...ésto no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
_ ¡Que revienten esos turros!_ explotó César-.
_ César, por una vez en tu vida, usá los sesos y quedate en el molde, ya va a llegar nuestra revancha _ le aconsejó el Colorado.
_ No te "calentés" Cabeza, a ver si te mandas una cagada y te agarran a vos también, pensá en tu vieja..._ le recordó el Laucha.
Los amigos se despidieron prometiendo volver.
Cuando Alma vio salir a César de la cantina supo que algo andaba mal. Ella era consciente de las andanzas políticas de su hermano y de su testarudez, temía por él. "Son mis ideales, Alma, y los voy a defender aunque me cueste la vida", solía decirle cuando ella le cuestionaba su participación en las reuniones clandestinas del partido y sus arrebatos temerarios contra la Dictadura.
_ Alma, tranquila, ya va a volver_ la consoló Esteban
_ El es así, ¿qué puedo hacer?, ahora lo que importa es nuestra felicidad, ¿no?
_ Vamos a ser muy felices, te lo prometo_ sello la promesa con un beso que escandalizó a doña Amparo.
Más tarde, los novios se despidieron de los invitados y partieron de luna de miel a El tigre. Una cálida cabaña sobre el río Paraná los esperaba para celebrar su primera velada de amor.
La noche cubrió de pasión a los enamorados y de incertidumbre a César. Iba a develar la identidad del hombre que los amenazaba. Se vistió de negro para confundirse con la oscuridad. Rezó para que los nervios no lo traicionaran, debía ser paciente y esperar el momento oportuno para sorprender al intrigante.
Dejó la bolsa apoyada en el buzón indicado, y se escondió en el zaguán de una casa cercana que parecía deshabitada. Esperó, esperó, hasta que...
En el preciso instante que el individuo se agachaba para recoger la bolsa, César saltó sobre él
_ ¿Vos?
_ ¡César!_ se sorprendió también.
_ ¡Laureano, amigo!, ¿ que carajo estas haciendo?




domingo, 20 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 19

En la pensión, mientras Alma rebanaba el pan de centeno y estaba atenta a que no se derramara la leche al hervir, reflexionaba por la situación desastrosa en la que se encontraba su hermano, y que la complicaba a ella también.
_ Te veo triste, ¿pasa algo?_ Esteban entró inesperadamente en la cocina y la abrazó por detrás.
_ ¡Me asustastes!...no,no pasa nada_ ni por asomo iba a revelarle sus secretos, lo amaba, pero su confianza le pertenecía a César.
_ Sin embargo, estas semanas te noto ausente. ¿Acaso mi madre te ha tratado mal?
_ No...apenas me habla.
_ Eso te hace sufrir, ¿verdad?
_ Para nada_ mintió.
_ Te prometo que cuando nos casemos esta situación tirante va a cambiar.
_ ¿Cuándo nos casemos?_ preguntó aturdida.
_ Cuando nos casemos el mes entrante, ¿qué te parece Alma?, ¿te casas conmigo el mes que viene?_ esperó la respuesta ansioso.
_ Tu mamá no va a querer...
_ No me interesa la opinión de mi madre. Te quiero con todo mi corazón y quiero casarme con vos, ¿qué me respondes?
_ Sí, claro que sí.
Sellaron el compromiso con un beso arrebatado.
_ ¡Desfachatados!_ doña Amparo no salía de su asombro ante tanta desvergüenza.
_ Acabo de proponerle matrimonio a Alma, así que vaya acostumbrándose a nuestros besos.
_ Hijo, piénsalo bien, hace muy poco que conoces a esta muchacha...de su familia no sabemos nada.
_ Conozco a su hermano, un hombre honrado y trabajador. Su único sueño es traer a su madre y a sus hermanas menores de la provincia.
_ Pero hijo, ella es..es ¡una negrita insignificante!_ explotó.
_ ¡Basta madre! Nos casamos el mes que viene. Este tema no se discute más, ¿está claro?
La seriedad y el enfado de Esteban asustó a doña Amparo. Nunca se había dirigido a ella de esa manera tan tajante y fría. "¡Esta provincianita lo puso en mi contra, maldita sea!".
_ Otra cosa madre, desde hoy Alma no es más su empleada, será su nuera y por lo tanto parte de la familia. Alma, nos vamos.
Dejaron a doña Amparo hirviendo de ira.
_ ¿A dónde me llevás?
_ Al Registro Civil a reservar fecha y después, de compras. Te voy a comprar todos los vestidos que te gusten de la calle Lima y uno especial para la boda.
_ ¿Y sombreros?_ la debilidad de Alma.
_ Los que quieras.
_ No perdamos tiempo, entonces, Esteban. Vamos, vamos.
La mañana transcurrió entre trámites legales, y la tarde entre sedas, encajes, zapatos, sombreros y más sombreros. Comieron, rieron y planearon una vida juntos, una vida feliz.
Alma regresó al conventillo con el corazón ligero y una mirada soñadora.
Se encontró con doña Gina que estaba lustrando un par de botas de su marido.
_¡Madonna Santa!, ¡cuántas bolsas!_ dejó el cepillo y la bota sobre un banco y se acercó a curiosear las compras.
_ Todo ésto me lo regaló mi novio. El mes que viene nos casamos.
_ ¡Figlia, te felicito!
_ Perdone doña Gina, me encantaría seguir charlando, pero estoy cansadísima...si me disculpa...
_ Bene, bene...¡Alma!_ la llamó_ Tiene visita, está parlando con mio Nicola.
Alma se quedó helada. ¿Quién sería?¿Y si era el desconocido que estaba amenazando a César?
Escuchó que alguien la llamaba, una voz conocida, entrañable.
_ ¡Jandra!,¡amiga!. ¡Que alegría!, ¿cuándo llegastes?
_ Hace unos meses.
_ ¿Y recién ahora me buscás?
_ Pasaron muchas cosas...
_ Acá vivimos con el César. El alquiler no nos mata y podemos ahorrar para traer a la máma y a las chicas. Falta poquito para tenerlas con nosotros.
_ ¡Cuanto me alegra que te vaya bien en la Capital! La Luci y yo tampoco nos podemos quejar.
_ ¿Y por qué no vino con vos?
_ Después te cuento.
Del brazo subieron hasta la habitación de los Galarza y allí, entre mate y mate, Alejandra le contó el secreto de su hermana Lucía.
_ Cuando terminé el curso de enfermería mi mamá me dio unos ahorros para que me trajera a la Luci. Vos sabes que yo me iba a venir sola para buscar trabajo en un hospital.
_ Sí, habíamos quedado que te iba a reservar una pieza en este conventillo, ¿qué pasó?
_ La lucía estaba embarazada y cuando mi viejo lo descubrió casi la mata. Disimuló el embarazo hasta el séptimo mes. La muy tonta se fajó todo ese tiempo y yo no me di cuenta, estaba tan metida en mis estudios...
_ ¿Quién es el padre?
_ El César.
_  ¡Comooo!¿El lo sabe?
_ Ella se lo dijo en la estación de Charata, cuando ustedes se estaban viniendo para la Capital.
_ Algo intuí cuando la vi llorar en el andén ese día. ¿Ya tuvo?
_ En julio, una nena. Cuando el tata se avivó la echó de casa. Mi mamá no paraba de llorar, pero el viejo es duro como una piedra, no le importó ni las lágrimas de su mujer ni de sus hijas. Esa noche durmió en el galpón abandonado que está cerca de la desmontadora, ¿te acordás? Al otro día la fui a buscar y nos tomamos el tren para la Capital. Vivimos en una casita en Avellaneda. La buena noticia es que conseguí trabajo en el hospital Fiorito.
_ Jandra, te felicito. Y mi sobrinita, ¿cómo se llama?
_ Alicia.
En ese momento llegó César.
_ Alejandra,¡que sorpresa!, ¿las asusté?_ César estaba impresionado."Maldito sea, ¿qué hace ésta acá?", pensó._ ¿Hace mucho que estás en la capital?
_ Bastante. ¿No me vas a preguntar por la Luci?
César permaneció en silencio, perturbado.
_ Veo que no. Entonces te informo que la Lucía tuvo una nena hace cuatro meses y se parece mucho a vos._ la rabia apenas le permitía expresarse.
_ Con esa historia a otra parte...yo no tengo nada que ver con esa criatura.
_ ¡Hijo de puta!_ Alejandra lo abofeteó con todas sus fuerzas.
_ Jandra, es mejor que te vayás, dejá este asunto en mis manos...todo se va a arreglar.
La acompañó hasta la calle, cuando regresó a la pieza, César estaba tomando ginebra de la botella.
_ Poniéndote en pedo no solucionás las cosas.
_ No jodas, que el horno no está para bollos.
_ Mirá, la Lucía no quiere nada de vos, y si vos decís que ese hijo no es tuyo y bueno, debe ser así.
Lo último que esperaba César de su hermana era su apoyo incondicional.
_ Nuestra única preocupación es juntar plata para traer a la máma y a las chicas, lo demás es estorbo. Quiero mucho a la Alejandra, pero ellas se pueden mantener bien, no necesitan de tu ayuda.
César respiró aliviado. Un problema menos.
_ Gracias por tu comprensión hermanita. Hoy me deslomé trabajando y encima llego a casa y me tiran este balde de agua fría. ¡Que yeta!.
Al ver a César más relajado, Alma se animó a contarle sobre su casamiento.
_ Me alegra que te cases Alma...es la mejor manera de protegerte de ese degenerado que nos espía. Voy a estar más tranquilo.¿Le dijiste al Esteban algo sobre esas notas misteriosas que recibimos?
_ ¿Estás loco? Ese es nuestro secreto.
_ Mejor, cuantos menos sepan, mejor...











miércoles, 16 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap18

César se enteró a la mañana siguiente del arresto de don Romualdo. Sus compañeros estaban reunidos en el portón de entrada de la compañía eléctrica.
_ Esta madrugada cayó la cana en su casa y se lo llevaron a la rastra, apenas lo dejaron vestirse. La mujer está desesperada_ le contó uno de sus amigos, el Laucha.
_ ¡Mierda!, ¿que hacemos muchachos?
_ Tranquilo Cabeza_ apelativo cariñoso con que lo bautizaron sus compañeros por ser provinciano_ No te calentés que nos vamos al carajo_ le aconsejó el Polaco.
_ Nos tienen fichados. Tenemos que tener cuidado con lo que hacemos o decimos. ¡Dios!, que no cante el Romualdo, sino estamos acabados._ rogó el Colorado.
_ ¡Qué decís! El Romualdo es de fierro, antes que mandarnos al frente se corta la lengua_ lo defendió César.
Los días se sucedieron sin tener noticias del amigo detenido.
Comenzaron a circular rumores acerca de muchos ciudadanos desaparecidos, arrestados por la policía en sus domicilios o en sus puestos de trabajo. Esto no hizo más que aumentar el temor de César con respecto al destino de don Romualdo.
Una noche, cuando Alma estaba preparando la cena, se sobresaltó por unos golpes en la puerta de su cuarto.
_ Soy el Laucha, abrí Alma, necesito hablar con tu hermano. ¡Es urgente!
El hombre estaba destruido, tenía los ojos inyectados de sangre y las manos le temblaban.
_¡Laucha!, ¿qué paso?_ César, acongojado, lo hizo sentar y le sirvió un vaso de ginebra.
_¡Lo liquidaron, Cabeza!, ¡liquidaron al Romualdo!
_ ¡Quueee!! ¡Uy Dio', no,no!! _ gritó con desesperación.
_ Hace un rato uno de los hijos de Romualdo se apersonó en mi casa y me lo contó_ de un trago se bajó la ginebra_ Necesitaba ésto, che, no sabes el frío que tengo.
_ Bueno,pero ¿cómo fue?_ preguntó Alma angustiada.
_ Lo fusilaron.
_ No jodás.
Es como te digo, Cabeza. Lo fusilaron con otros detenidos.
_ Pero, pero...¿por qué lo fusilaron?_ Alma estaba desconcertada. ¿En qué lío político estaba metido su hermano?, ¿corría él también peligro?.
_ Lo mataron por anarquista, ¡por defender los derechos de los laburantes! Nosotros nos deslomamos mientras los de arriba se hacen más ricos. Por eso lo asesinaron Alma, ¿entendés el puto por qué?_ explotó César._Y el cuerpo, ¿se lo dieron a la viuda?
_¡Que va! Lo tiraron en la fosa común de la Chacarita. A la esposa le notificaron que por traidor, su marido no se merecía ni velatorio ni tumba propia. ¡Hijos de puta!
_¡Pobre mujer, cuánto sufrimiento!_ se lamentó Alma.
_ Eso no es todo, César. También detuvieron al Colorado y al Polaco.
_ Nooo...
_ Cabeza, por favor mantené la calma. Parece que el asunto va en serio. Todos estamos en la mira, la cana nos tiene calados. Tenemos que ser prudentes y a lo mejor zafamos.
_ ¿Quién te pensás que soy, Laucha? ¡Un cagón! ¡No! Voy a seguir luchando por nuestros derechos...y si quieren fusilarme, ¡que lo hagan!, ¡milicos de mierda!. Nadie me va a tapar la boca.
_¡Santa Madre de Dios! No digas esas cosas César, si la máma te escucha te cruza la cara de un sopapo.
_ Alma, vos no te metás.
_ Me meto todo lo que quiero. Hacele caso al Laucha, tranquilizate y pensá un poco, vos siempre te la das de inteligente.
_Tiene razón tu hermana. Callarse no es de cobarde. No vamos a renunciar a nuestra lucha, la vamos a suspender hasta ver que pasa con esta dictadura del carajo...no puede durar para siempre, el General Uriburu prometió elecciones para el año que viene.
_Y vos le crees? Él es el traidor a la Patria no don Romualdo_ César, como un niño pequeño, comenzó a llorar desconsoladamente.
Alma lo consoló. Era desgarrador ver a su hermano en ese estado.
_¡César, César!, si te matan que va a ser de nosotras. Vos sos el hombre de esta familia. Todas dependemos de vos.
_ Lo importante es mantenernos unidos y vigilantes, ¿de acuerdo César?
_ Esta bien Laucha, si bajo la cabeza es por mi vieja, ya sufrió demasiado la pobrecita.
_ Ahora me voy, espero no me june alguna patrulla.¡Ah!, casi me olvido, tomá Cabeza, me lo dio la tana para vos cuando entré_ César creyó morir,"¡qué día de mierda!, ¿nunca va a terminar?", pensó con furia.
_ ¿Escribió la Mati?, ojalá no le haya pasado algo malo a la máma.
_ No es de la Mati.
_ Y entonces, ¿de quién es?_se intrigó.
_ De un hijo de puta que me está amenazando.
_ Pero...¿por qué?
_ Es un cuento muy largo y hoy no tengo ganas de contarlo, me voy a dormir...si es que puedo.
_ ¡Ah no querido!, vos no me dejas con este entripado.
_ Alma,mirá que sos pesada...Está bien te voy a contar, pero jurame por la vida de la máma que no se lo vas a decir a nadie, ni siquiera a ese noviecito tuyo.
_ Te lo juro.
_ Servime otra ginebra, tengo que estar entonado para contarte lo que esta pasando.
La sensación de fuego que le produjo el aguardiente lo reconfortó.
_Yo supe desde un comienzo quién mató a la Amanda.
_ ¿Coooómo?, ¿quién fue?
_ El Lobizón, Pedro Machuca, nuestro capataz. Lo supe cuando ni bien vi el cadáver de la Amanda. La soga que tenía atada en el cuello tenía el mismo nudo que Machuca solía hacer en los cordeles de cuero que usaba para fabricarse los rebenques que le gustaba usar para provocarnos, ¿te acordás?. No se lo dije al Comisario porque sabía que no me iba a creer, él lo estima al Lobizón y además como es el hombre de confianza de don Eduardo...En fin, no le tuve confianza al Comisario por eso no le dije mi descubrimiento.
Una noche me fui pa' el rancho de Machuca, estaba en la puerta, despidiéndose de su vieja.
_ ¿No te vieron?
_ Me escondí atrás de un bosquecito de árboles que está muy cerca del rancho. Espere que se alejara y lo seguí montado en el Colorado. La oscuridad me ayudó. Después de una hora, más o menos, lo alcancé. Al principio se sorprendió, cuando vio el cuchillo se asustó...
_¡César, lo mataste!_ Alma pegó un salto tirando la silla en la que estaba sentada.
_ Sí, lo maté. Lo maté sin asco. En su bolso encontré cuatro fajos de billetes que me los guardé.
_ Bien hecho_ lo aplaudió Alma._ Actuaste como un hombre de ley, te felicito.
_ Hace un tiempo me llegó una nota de alguien que me decía que estaba al tanto de lo que pasó esa noche. Pero eso es imposible, estábamos solos...era una noche cerrada...
_ ¿No será el fantasma del Lobizón? ¡Cruz diablo!_ Alma se persignó tres veces para ahuyentar a los malos espíritus.
_¡ Burra!, los fantasmas no escriben. El mensaje que me dio el Laucha recién es peor.
_ ¿Qué dice?_ Alma le arrancó la nota de las manos y leyó atropellada_"Te sigo vigilando Galarza. Sé que tenés mi plata. La quiero de vuelta en mi bolsillo. Ya te voy a explicar como vas a hacer para devolvérmela y mejor que lo hagas sin trampas. ¡Está linda tu hermana! Cuidala, te conviene".
_ ¡Es el Lobizón!Entonces no se murió el muy degenerado.
_ Te digo que lo dejé bien finado, ¡no!...no es Machuca, pero, ¿quién será?
_ ¿Qué vamos a hacer César? Tengo miedo.
_ Tranquila, yo te voy a cuidar. Confiá en mi, nada malo nos va a pasar.




sábado, 12 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 17

César se paseaba por la habitación, nervioso como león enjaulado. Estaba asustado a causa de una sorpresiva jugarreta del destino.
"¿Quién será el imbécil que me mandó esa nota?. El Lobizón no puede ser, yo mismo lo maté y lo enterré bien hondo. ¿Me habrá visto alguien? No, no ..."
Después de tantos meses, esa enigmática nota vino a reavivar los temores del muchacho. "Si alguien me vio matarlo, habrá visto también que le robé la plata...¡la plata!, eso es lo que quiere el hijo de puta  que me está vigilando, la maldita plata de Pedro Machuca. Tengo que descubrir quién es."
Al escuchar el ruido de la llave en la cerradura, escondió la nota con rapidez.
_ ¡Hola César!,¿qué cara?, ¿no te habrán echado?_ le preguntó Alma preocupada.
_ ¡No!_ le ladró.
_ No te enojes. Te preparo unos mates así cambias de ánimo.
_ Gracias hermanita. Tengo algunos problemas en el trabajo, nada serio, don Romualdo seguro los soluciona.
_ ¡Qué gran tipo ese don Romualdo! Si no hubiese sido por él, hoy todavía estarías gastando suela de zapato buscando trabajo.Cambiando de tema...tengo algo que contarte, y ¡por favor!, escucha tranquilo.
_ Dale, desembuchá de una buena vez, no me gustan los misterios_ y el recuerdo de la nota le agrió aún más el humor.
_ ¡Tengo novio!
_ ¡Queeé! Imposible, no me vengas con pavadas Alma. ¡Nada de novios!
_ Se llama Esteban y es el hijo de mi patrona
_ Vos estás loca de remate_ el semblante de César se volvió rojo como la grana.
_ Ella está de acuerdo, hasta es más amable..._ mintió.
_ Ya mismo quiero que termines con ese tipo, no me gusta nada este asunto.
_ Ni pienso _ lo enfrentó altanera._ Además me pidió casamiento y yo acepté.
_ No digo yo que estás completamente loca. ¡Cómo te vas a casar con un hombre que apenas conocés!
_ Van a ser ocho meses que salimos._ le aclaró decidida a no dejarse amedrentar por el temperamento colérico de su hermano._ Vos no sos nadie para prohibirme que me case con el Esteban.
_ ¡Cómo que no! Soy tu hermano mayor y se hace lo que yo digo. No se discute más,¡carajo!.
_ ¡Callate negro bruto!, le escribí a la máma y ella está contenta.
_ ¿Y desde cuando sabes escribir vos?_ se burló.
_ El Esteban me enseñó a leer y a escribir, ya leí unos cuántos libros. Claro, como vos casi nunca estás ni te diste cuenta _ lo amonestó._ Y ya que estamos confesando secretos,¿por qué llegas tan tarde por las noches?_ quiso saber intrigada por la curiosa conducta de su hermano.
_ Reuniones políticas. Estamos pasando por un momento complicado, Alma. Ya que sabes leer te habrás enterado que se está cocinando una Revolución. Está en los titulares de todos los diarios.
_ ¿Y eso que tiene que ver con vos?_ Alma empezó a temblar, a César la política lo apasionaba y eso era un gran problema...
_ ¿Cómo que tiene qué ver conmigo? ¡Tiene que ver conmigo, con vos, con todos! El país está en peligro Alma. Si los militares suben al poder,¡chau sindicatos!, todos estamos en peligro.
Los temores de César se cristalizaron a los pocos días.
La madrugada del 6 de septiembre de 1930, el General Uriburu junto con otros jefes militares, se pronunció contra el presidente Yrigoyen, que quedó arrestado en un buque de guerra.
El Congreso fue disuelto y se intervino a las provincias cuyos gobernantes pertenecían al partido depuesto.
Se declaró al país en "estado de sitio", suspendiéndose las garantías a los derechos políticos e individuales.
César se reunió con don Romualdo y sus compañeros en el bar de costumbre para tratar el tema.
_ Bueno muchachos, estamos fritos. Se acabó la libertad de libre expresión
_ ¿Que quiere decir don Romualdo?
_ Quiere decir, César, que ya no podemos protestar ante las injusticias del Gobierno, como el bajo salario, por ejemplo. Hay que cerrar el pico._ les advirtió indignado.
_ Pero ¿como es eso?, ¿no tenemos derecho a exigir un salario justo o a que nos paguen las horas extras?_ se encolerizó César.
_ ¡No grites muchacho!, desde este momento las paredes escuchan. Somos anarquistas, por lo tanto la policía nos vigila. Debemos ser prudentes, nuestra vida está en peligro. Olvídense de la huelga que teníamos preparada, nada de huelgas ni panfletos contra el Gobierno,¿entendido?.
Las semanas pasaron en un ambiente tenso.
El aspecto más oscuro de la gestión del General Uriburu fue la represión que descargó sobre muchos ciudadanos. Centenares de ellos fueron detenidos; otros, fueron despedidos de sus empleos por ser opositores a la Dictadura Militar.
En esa racha de arrestos cayó don Romualdo.







martes, 8 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 16

El calor dio paso al otoño, con sus días lluviosos y húmedos.
César disfrutaba de su trabajo, en cambio Alma lo padecía. Sin embargo, siempre esperaba ansiosa regresar a la pensión para encontrar a Esteban. Suspiraba por él, por sus sonrisas, por los breves diálogos que mantenían a escondidas de doña Amparo.
Alma sabía que era un amor imposible, ella era una campesina bruta, él...tenía instrucción, era maestro.
Ella soñaba con él, soñaba que la acariciaba, que la besaba, que le declaraba su amor a pesar de la oposición de su madre. Su madre, ¡cómo la odiaba!, vieja huraña y castradora.
En realidad, Esteban sólo era cortés y simpático con ella, como lo era con todos.
Alma lo amaba en silencio, deseando que llegara el día en que ese sentimiento fuera recíproco.
Todas las mañanas llegaba a las seis en punto. Doña Amparo era estricta con el horario, siempre pendiente del reloj, pronta a regañar si alguien se retrasaba.
Alma trabajaba hasta las cinco de la tarde. Sus obligaciones consistían en preparar el desayuno para los pensionistas; asear la cocina, el comedor, los pasillos de la planta alta, los dos baños, el dormitorio de la patrona y el de Esteban.
Un día él la encontró hojeando uno de los libros que amontonaba despreocupadamente sobre su escritorio.
_ ¿Te interesa la zoología?_ la sobresaltó.
_ Perdón, no quería meterme en sus cosas, pero me llamó la atención las fotos de esos bichos raros.
_ Esos bichos raros son crustáceos. Tomá, te lo presto.
_ Gracias joven, pero no.
_ ¿Por qué? ¡Ah, ya sé, es por mi madre. No te preocupes, será nuestro secreto_ le puso el libro en las manos y le guiñó un ojo con picardía.
_ Es que no sé...leer_ le dijo con vergüenza.
_ Eso no es problema. ¿Querés que te enseñe? Sería un placer para mí hacerlo, ¿qué te parece?
_ A doña Amparo no le va a gustar su idea, joven.
_ De eso me encargo yo, ¿te enseño,entonces? ¡decí que sí!_ insistió ilusionado.
Alma aceptó con timidez.
El la vio alejarse con las mejillas arreboladas, tan frágil, tan desamparada...y la amó.
"Muero por morder esos labios carnosos, sedientos de besos, mis besos", pensó con anhelo.
Alma continuó con sus tareas, entusiasmada con la propuesta de Esteban. Aprender a leer no era tan importante como estar más tiempo cerca de él. ¡Ese era su sueño!
Esa noche casi no durmió. Antes de acostarse, guardó con ilusión un cuaderno y un lápiz en su bolso. "Mi primera lección", suspiró.
Se levantó más temprano que de costumbre, le preparó el café a Cesar y como un torbellino, salió para la pensión.
Doña Amparo la esperaba para darle instrucciones.
_ Recuerda, corta el pan en finas rodajas, ¡finas!, ¿entiendes? A ver si  de una vez por todas, mis órdenes  entran en esa cabeza tonta que tienes.
Alma, dolida y furiosa, continuó con la tarea sin contestar.
A las siete, los pensionistas se dispusieron a desayunar. Constituían un grupo ecléctico. Un matrimonio mayor; un estudiante de medicina, muy simpático; un vendedor de terrenos, sombrío y silencioso; y una viuda pizpireta que le divertía flirtear con el vendedor.
_ ¡Alma!, trae la cafetera, date prisa criatura, ¡qué torpe eres!,¡mira lo que has hecho!, mi mantel de hilo blanco...¡lo has arruinado!.
La mancha de café se extendía atrevida sobre el delicado mantel.
La viuda ayudó a Alma a limpiar el desastre cuando la vio desorientada a causa de los gritos de doña Amparo.
_ No la rete, a cualquiera le puede pasar_ la defendió.
_ A mi servidumbre la manejo yo y a mi manera_ dicho esto se retiró del comedor y se encerró en su dormitorio.
En ese instante llegó Esteban.
_ Alma, ¿qué te pasa?, estás angustiada.
_ Tuvo un altercado con su madre_ le informó la viuda.
Para sorpresa de todos, Esteban la abrazó.
Sin que se dieran cuenta, los pensionistas abandonaron el comedor dejándolos solos.
Esteban, dejándose llevar por su deseo, la besó. Un beso suave...profundo...apasionado.
_ ¡Puta! ¡Cómo te atreves a besar a mi hijo! Ya mismo te vas, no te quiero en mi casa_ se escandalizó doña Amparo al sorprenderlos.
_ Madre yo la besé y lo hice porque la quiero.
_ Pero si apenas la conoces, es una sirvienta ignorante, hijo. No te llega ni a los talones es..es..¡una cabecita negra!
_ La quiero, madre. No discutamos más porque esa es mi decisión.
_ Está bien, si eres un tonto que se deja enredar por esta sinvergüenza...allá tú.
_ Gracias madre, sabía que comprendería. Alma, no temas, mi madre nunca más te molestará.
"Eso es lo que crees", pensó la madrileña. Desde ese momento comenzó a rumiar un plan de guerra, debía terminar con la campesina. Su hijo se merecía una princesa, no una ramera interesada.
Esa tarde, Alma y Esteban se reunieron para su primer lección. Entre risas, caricias y besos furtivos, Alma conoció las vocales y las consonantes.


viernes, 4 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 15

Esa mañana, Alma y Gloria, caminaron del brazo las quince cuadras que las separaba del conventillo a la pensión.
Jóvenes, bonitas y alegres, no disimularon su agrado al recibir descarados piropos.
Alma quedó impresionada ante el frente  de la pensión familiar. Un gran portón de hierro forjado daba a un zaguán que se comunicaba con una sala pequeña a través de una puerta vidriada.
_ ¡Doña Amparo,llegué!_ se anunció Gloria  a los gritos.
_Calla niña, que ya te escuché. Y ésta,¿quién es?_ una mujer de unos cuarenta años, baja, gorda y con un rodete tirante, hizo su aparición secándose las manos en un delantal azul intenso que cubría un aburrido vestido negro.
Alma se sintió incómoda bajo la mirada escrutadora de doña Amparo. La antipatía fue mutua.
_ Es la chica de la que le hablé ayer, la que llegó del campo..._ le recordó Gloria a la dueña de la pensión, madrileña y de pésimo carácter.
_ Sí, sí...veremos si sirves, deberás trabajar muy duro,¿sabes?
_ No le tengo miedo al trabajo,doña.
_ Lo veremos_ "Hay algo en esta pajuerana que no me gusta", pensó malhumorada_ Basta de cháchara, id a la cocina  a preparar el desayuno para los huéspedes y ¡apuraos!, ya es tarde.
Las muchachas corrieron a la cocina, se pusieron unos delantales similares al de doña Amparo y comenzaron sus tareas.
_ Rápido, poné agua en la pava para el café mientras yo corto el pan para las tostadas.
_ ¿Dónde está el pozo?_ Gloria la miró perpleja_ ¿De dónde saco el agua?_ le repitió Alma despistada.
_ ¿Me estás jodiendo? De la canilla, estúpida...¡apurate!.
Novedoso, muy novedoso, en el campo sacaban agua del pozo y en el conventillo, doña Gina les había provisto de unos bidones...ahora que lo pensaba mejor, las mujeres del conventillo lavaban la ropa en los piletones del patio...¿sería que el agua salía de esos caños que ellas abrían y cerraban? Sí tenía que ser de ese modo. Ella todavía no había lavado ropa, esa tarde lo haría por primera vez...ahora sabía cómo.
Se impresionó con la cocina a gas que calentó en unos minutos el agua de la pava. ¡Dios,cuántos milagros! "Virgencita,que bien se vive en la Capital", Alma estaba asombrada.
_ Vení que te enseño como acomodar las tazas, las cucharas, las fuentes y los platitos con dulce de naranja, en la mesa. Ayudame, llevá las azucareras...sí esas de allá_ le indicó con paciencia.
Para sorpresa de Gloria, Alma se desenvolvió con eficiencia. "Es inteligente la cabecita", pensó satisfecha, al fin y al cabo era su recomendada y ella deseaba agradar a doña Amparo.
El comedor era amplio y luminoso. El sol de la mañana entraba a raudales por dos ventanales que daban a un patio interior abarrotado de plantas, la debilidad de la madrileña.
Ellas se quedaron en un rincón observando que nada faltara. Si alguien quería más café o leche, ellas le servían; si faltaba dulce o tostadas, ellas corrían a la cocina por más. Doña Amparo,sentada en la cabecera de la mesa, supervisaba todo, especialmente vigilaba a la "negrita". No le gustaba, pero la necesitaba, el número de pensionistas había aumentado y la desgraciada de Yolanda, su otra sirvienta, se había fugado con un italiano "muerto de hambre".
Un joven bien parecido y de modales agradables se acercó a Alma.
_ Sos nueva, ¿no?_ le preguntó con una sonrisa que la derritió.
_ Empecé hoy, me trajo la Gloria_ le contestó ruborizada.
_ Me llamo Esteban, ¿y vos?
_ Alma
_ ¡Que lindo nombre! Es poco usual, sin embargo a vos te queda bien.
_ ¡Gloria!¡Alma!, recoged las tazas y limpiad la mesa...¡hala,hala!!_ doña Amparo les llamó la atención furiosa._ Y tú, Esteban, deja de dar charla a las sirvientas, ellas tienen trabajo, para eso les pago...vamos, vete y no estorbes.
_ No se enoje madre ya me voy...no te preocupes Alma, "perro que ladra no muerde"...ya me voy, no me regañe más madre_ Esteban se alejó silbando una alegre copla provocando en Alma un cosquilleo peculiar que la atontó.
_ ¡Alma!, dejá de "papar moscas" y vamos para la cocina _ la mandoneó Gloria.
Alma recogió las tazas y se disponía a lavarlas cuando doña Amparo entró como un vendaval en la cocina y la encaró enardecida.
_ Deja que te haga una advertencia, si deseas trabajar en esta pensión, nada de entablar conversación con mi hijo, ¿entendido?
_ Como usté' diga doñita.
_ ¡Doñita,no!, doña Amparo, llámame correctamente_ la corrigió furiosa _ ¡Tú!, explícale como debe comportarse y cuales son sus obligaciones. La verdad Alma, no me gustas ni un ápice, pero lamentablemente te necesito...al menos por ahora.
Alma tenía un nudo en la garganta. Quería llorar, quería insultar a esa mujer inmunda que la maltrataba gratuitamente. ¿Quién se creía que era?
_ Yo también necesito trabajar_ le contestó mostrando su carácter indomable_ ¿Cuánto me va a pagar?
_Quince pesos por mes...si no te conviene te puedes marchar.
_ Me conviene_ le hubiese encantado sacarle la lengua, pero se contuvo.
_ ¡Hala!, sigan con sus quehaceres, me aburre platicar con analfabetas._se dio media vuelta y de un portazo abandonó la cocina.
Alma comenzó a llorar, de rabia  y de impotencia.
_ No le hagas caso, es una hija de puta. A mí me hizo lo mismo. No quiere que nadie se le acerque a su hijito querido, lo quiere para ella sola _ la consoló Gloria.
_ ¡Pero si fue él el que me habló!_ protestó.
_ Esteban es muy educado, es maestro.Una recomendación, esquivá al Esteban, Alma, por tu bien te lo digo.
_ Gloria, lo único que quiero es trabajar pa' juntar plata pa' traer a mi máma del Chaco, no quiero líos.
_ Así se habla amiga, ahora manos a la obra y a la salida vamos a mirar vidrieras para levantar el ánimo. Quien te dice que algún día podamos comprar esos hermosos vestidos_ la abrazó y con cariño le limpió las lágrimas rezagadas.
Esa noche regresó destruída al conventillo. César estaba tomando una sopa de verdura. Se sorprendió al sentir un beso de su hermana en la mejilla recién rasurada.
_ ¿Cómo te fue César?
_ Muy bien, los muchachos son "macanudos". ¿Y a vo'?
_ Pa' la mierda, la patrona es una bruja.
_ ¿Qué te hizo? Mirá que la acogoto si te hizo sufrir...¿quién se creen que son estos porteños?, ¿los dueños del mundo?
_ No te calentés César, primero, no es porteña, es gallega y dispué' que tiene un caráter de porquería, pero paga bien y eso es lo que importa.
_ No vayás más Alma, a lo mejor te sale otro trabajo. No quiero que te amargués.
_ Todo va estar bien, tranquilo hermanito.
Mientras los hermanos continuaban conversando animadamente, una silueta oscura, oculta detrás de un árbol de la vereda de enfrente del conventillo, espiaba como iban apagándose poco a poco las luces del lugar.
_ Te encontré, no te me vas a escapar César Galarza, ni vos ni tu hermana...a esa putita se la tengo jurada, tan tierna, tan sabrosa,,,de solo pensarlo se me hace agua la boca.