martes, 2 de junio de 2015

La Cabecita Negra Cap 1

Charata, Chaco, 1928

_¡Alma!, el sombrero. Te olvidás el sombrero,¡te vas a insolar, pué!_ doña Antonia, desde la puerta entreabierta del rancho, le advertía a su descuidada hija el olvido.
Alma retrocedió corriendo hasta su madre, se encasquetó el sombrero de ala ancha, la besó y como una exhalación, desapareció de su vista.
_ Esta chica parece endemoniada, nunca está quieta_ la mujer entró murmurando y secándose las manos en el viejo delantal, accesorio infaltable de su sencilla vestimenta.
Con la calma que la caracterizaba se dispuso a levantar la mesa en la que habían desayunado sus hijos antes de ir al campo de don Eduardo, su antiguo patrón.
Calentó más leche en una ollita negra de tres patas que colgaba del estreve, ubicado en el fogón de barro que se levantaba en el patio. Cuando estuvo a punto, la volcó en una taza de losa algo cuarteada. Tomó un trozo de pan y se encaminó al dormitorio que compartían sus cuatro hijas. Ella disfrutaba del lujo de tener una habitación propia. César, en cambio, dormía en un catre medio oculto en un rincón de la amplia cocina.
_ Dispertate Mati, vas a llegar tarde a la escuela_ la zamarreó cariñosamente.
Matilde era una linda pequeña de diez años, fruto de un amor fugaz con un viajante que llegó al pueblo en ferrocarril. Antonia se dejó engatusar con falsas promesas por el muy infame, que después desapareció dejándole el recuerdo que en ese momento se estaba desperezando.
_¡Hummm! que sueño tengo...
_ Porque anoche se quedó leyendo hasta no sé que hora_ le reprochó su madre.
_¡Ay, mami! es que me encanta leer.
_Y se puede saber que estaba leyendo tan entusiasmada.
_"Platero y yo", de Juan Ramón Jiménez. Es una historia dulce y tierna, que cuenta la vida y la muerte de Platero, un burrito. Una noche de estas, mientras esté surciendo las medias del César se la leo, ¿quiere mami?_ Matilde fue la primera de la familia en asistir a la escuela y la única que sabía leer.
_Sería lindo Mati...y ahora tómese la leche que se enfría.
Mientras Matilde se aprontaba para ir a la escuela, los otros hermanos caminaban de dos en dos hacia la propiedad de Sánchez Uría, el explotador, como lo llamaba César.
Amanda, cabizbaja y silenciosa; Sofía, silbando; Alma, soñando con una vida mejor, lejos, bien lejos de los campos algodoneros; y César, el payaso, gesticulando muecas simiescas que divertían a sus hermanas a pesar del agobio que sufrían por dirigirse a un trabajo que detestaban.
Pedro Machuca, el capataz, esperaba impaciente a los cosechadores para que iniciaran sin pérdida de tiempo su labor. Hombre despreciable, de unos cuarenta años. Su tez olivácea se ocultaba bajo una barba entrecana que le daba la apariencia de un lobizón, de ahí el apodo con el que se lo conocía. Su astuta mirada de ojos sesgados, no perdían detalle de lo que sucedía a su alrededor, siempre vigilante para castigar al perezoso. La cosecha a mano se debía realizar sin pausas, sin descanso; para eso estaba la media hora que se les otorgaba para almorzar.
"El Lobizón" en su zaino, recorría la plantación supervisando y azuzando a los trabajadores de manera irritante.
Alma lo odiaba, deseaba que una yarará lo mordiera y que el veneno, alojado en sus entrañas, lo hiciera retorcer de dolor antes de morir desahuciado. Y al algodón, también lo odiaba con todo su ser. "Oro blanco,¡ja!, lo maldigo. Será oro blanco para el patrón porque para mí es pura mierda". Esos eran los continuos pensamientos de Alma, no los frenaba, al contrario, se regodeaba en ellos planeando una salida gloriosa: escaparse a la Capital.
Concluida la jornada, esperaban pacientemente en una larga fila para pesar la recolección del día en balanzas, instrumentos mentirosos que siempre favorecían al patrón.
_¡Alma! ¡Alma!, esperáme che, ¿por qué corrés?_ César caminaba orondo contando los pesos ganados.
_Quiero llegar rápido a las casas, estoy muerta_ se quejó arrancándose con furia el pobre sombrero.
_¡Que carácter! Siempre quejándote vo che. La máma se va a poner contenta con lo que sacamos entre los cuatro. A lo mejor este fin de semana podemos comer un guiso carrero como Dios manda en vez de pulenta.
_Me da ajco la pulenta, ¡la odio!_explotó Alma.
_Últimamente odias todo vo_ Sofía se le acercó por detrás abrazándola.
_ Soltame Sofi, y sí odio a todo y a todos..._Alma inició una loca carrera dejándolos desconcertados por semejante arrebato.
_ Y a ésa, ¿qué bicho la picó?_ César se la quedó mirando boquiabierto.
_ Ya se le va a pasar, metan pata que es tarde y mami debe estar preocupada_ aconsejó con prudencia Amanda.
En el cruce de caminos Alma tomó el de la dirección contraria a su casa. Ansiaba conversar con su prima Aurora. Ella escucharía sin sermonearla.
La encontró en la huerta haciendo surcos.
_¿Qué hacés?_ Alma respiraba agitada.
_Hola, ¿no?...acá me ves, preparando la tierra para plantar mandioca_ un pañuelo blanco le cubría la cabeza, sujetando una gruesa trenza azabache que le llegaba hasta la cintura. Delgada, de curvas marcadas, se levantó con energía limpiándose las manos en el ruedo de su sencilla pollera de color indefinido.
_ Vamos a sentarnos a la sombra del algarrobo para charlar tranquilas.
Se acomodaron en unas sillas desvencijadas dando rienda suelta a sus sueños de adolescentes. Ambas hermosas, inteligentes y deseosas de conocer una existencia distinta y mejor.
_¿La tía Celina?_ preguntó Alma con preocupación, girando la cabeza de izquierda a derecha, tratando de localizarla.
_No está. Jue hasta el pueblo a vender los huevos que pusieron las batarazas hoy.
_¡Que alivio! Perdoná que sea tu madre, pero es muuuy metida, y no quiero que se entere de mis planes. Confío en vo Aurora, que no vas a decir ni pío.
_Soy una tumba, desembuchá de una vez.
_ Aurora, estoy harta del algodón, de levantarme al amanecer, de que la comida apenas nos alcance, de trabajar como una burra, de ver a mi vejita deslomarse día a día lavando y cosiendo ropa ajena por unos pocos centavos..._ y sin más comenzó a llorar.
_ No te pongás así. Las cosas son como son y no las podemos cambiar._dijo vencida
_¡Claro que si!_ le contestó con rabia_ Me voy pa Buenos Aires.
_ ¿Queee? ¡estás loca!, tenés dieciséis años, Alma. Sos una provincianita ignorante...Mi tata, que en paz descanse, nos contó que los porteños se burlan de nosotros, nos dicen pajueranos, cabecita negra...¡ay!, no, Alma,ni en broma digás eso...sacate esa idea de la cabeza...me das miedo_ Aurora estaba desesperada.
_ Está decidido, me voy pa la Capital. Voy a buscar un trabajo y con la plata que junte voy a comprar una casa pa la máma y mis hermanos. Sí, sí, eso es lo que voy a hacer.
_ Alma te falta un tornillo, la tía Antonia no te va a dejar.
_ Me escapo y chau.
_ ¡Virgencita santa! ¡que locura!_ Aurora no daba crédito a lo que escuchaba. Era necesario de forma urgente quitarle esos pensamientos absurdos. Entonces desvió estrategicamente la conversación.
_ ¿Vas a ir al baile del aniversario de Charata?
_ Por supuesto, y hasta estreno vestido. Me lo hizo mi viejita, quedó precioso.Estuve casi un año ahorrando para comprar la tela.
"Lo conseguí, por el momento se va olvidar de ese disparatado viaje", se felicitó Aurora.
_¡Que envidia!, contame como es.
_Es una solera de raso amarillo, de talle largo con un fruncido a la altura de la cadera. En el escote cuadrado, yo misma, le bordé una hilera de florcitas rojas_ sus manos se deslizaban por el cuerpo a medida que describía el vestido, señalando cada detalle con vanidad y orgullo
_ El Laureano se va a quedar con la boca abierta cuando te vea_ Aurora se refería al mocito que trabajaba en la Desmontadora de cereales.
_ ¿Y ése que tiene que ver conmigo?
_ No te hagás la sonsa...si todos sabemos que te arrastra el ala.
_ Si vo lo decí_ lo expresó con tanta picardía que estallaron en carcajadas.
Salomé, la hermana menor de Aurora, se reunió con ellas. Traía la pava y el mate.
_ ¡Cuál fue el chiste?_ con un tremendo bostezo le alcanzó un mate bien dulce a su prima.
_ Nada que te importe...¿quién te llamó?_ Aurora no soportaba las intromisiones de Salomé.
_ No se pelien. Nos reímos del atolondrado del Laureano.
_ ¡Alma!, si es un pan de Dios y se anda babeando por vo_ hasta Salomé conocía las pretensiones del muchacho.
_ Es un pobre pelagatos, me divierte no má.
_ ¡Que mala so vo!_ Aurora no podía creer el desparpajo con el que se expresaba Alma.
_ Bueno me tengo que ir. Necesitaba desembuchar la rabia que tenía adentro. Gracias por prestarme la oreja Aurorita.
_ Esperá, no te vayás todavía_ Aurora entró a la casa saliendo al rato con una caja de latón primorosamente pintada con colores brillantes. Con gestos teatrales les fue develando el contenido de la misma, lo que provocó exclamaciones de sorpresa.
_ ¡De dónde sacastes estas maravillas?_ Alma sostenía casi con reverencia, un frasquito de laca para uñas de un rojo estridente. Por su parte Salomé se apropió de un envoltorio cuya etiqueta revelaba el nombre de un cosmético inalcanzable para la coquetería de ellas.
_¡Salomé, ojo con usarlo! So' muy chica para pintarte_ y de un manotón le arrebató el preciado tesoro _ Me los regaló el padre Juan.
_ ¿Quién?_ una sospecha empezó a inquietarla.
_So sorda, el padrecito Juan. Es muy bueno conmigo.
_ Y la tía Celina, ¿qué dice?_ la preocupación de Alma iba en aumento.
_ Nada,¿ que va a decir?. Está contenta. Todas las semanas nos manda con Camilo, el monaguillo, una canasta llena de provisiones, y ¡mucho chocolate! El sabe que me gusta y me regala montones, ¿no es un santo?.
_Pero, ¿qué anda buscando ese cura? Esto tiene mal olor.
_¡Alma! es un sacerdote, lo hace por bondad, es muy generoso_ lo defendió Salomé contrariada por las reflexiones de su prima_ Nosotras le estamos agradecidas.
_Si el tío Alfonso estuviera vivo, no sé si le gustaría tanto regalo...
_No digás bobadas, es un cura y los curas son los representantes de Dios, no hacen maldades. Ayudan a los necesitados, y nosotras somos necesitadas.
Alma prefirió no ahondar en el tema, ella no se tomaba en serio toda esa palabrería que se anunciaba los domingos en misa. Ella creía en Dios y en la Virgencita. Los curas eran unos aprovechadores que vivían a costa de la ignorancia y de la buena voluntad de la gente. Estaban equivocados esos mpollerudos si esperaban una limosna de su bolsillo, si querían dinero que fueran a trabajar como lo hacían ella y sus hermanos. "Este cuervo negro está caliente con la Aurora, me la juego. Que no se atreva a manosiarla porque le arranco lo que le cuelga abajo de la sotana...¡mal parido!"
_¡Alma! ¡Alma!, ¿me escuchas?_ Aurora la sacudió_ ¡qué estás pensando?, dejá de soñar y atendeme...te presto el esmalte para el baile. El color te hace juego con el labial que te comprastes el mes pasado en el almacén de don Benancio.
_¡Que buena so Aurorita! Te juro que no voy a permitir que alguien te haga daño, te lo juro..."especialmente ese cura hijo de puta", pensó consternada.
_ ¡Que cosa decí vo che!, agarrá, usalo y dispué  me lo devolvés.
Un sentimiento de ternura brotó en el interior de Alma hacia su prima, una jovencita humilde, graciosa e inocente que ,ella intuía, estaba en peligro.
Se despidieron entre besos y promesas de volverse a reunir antes del esperado baile aniversario del pueblo.