jueves, 23 de julio de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 7

Cabalgaron sin descanso. El corazón palpitante, la boca seca, los labios resquebrajados. Las tripas les crujían de hambre, pero ellos seguían sin detenerse. Tenían que encontrarla.
"Amanda,¿dónde carajo estás? Aparece, por favor, aparece. La máma te necesita, si no apareces se nos muere". César repetía la frase como un latiguillo, dándose fuerza en la desesperanza.
Los amigos y vecinos que lo acompañaban, tampoco se amedrentaban en esa loca carrera contra el tiempo. Aliados incondicionales, unidos a una familia desgarrada por la desgracia, buscando una respuesta, una luz en medio de las sombras del terror.
Nadie se quejó, nadie pidió detenerse para comer. Había que hallarla antes de la caída del sol. Pero, ¿dónde?,¿dónde?.
Al atardecer alcanzaron el territorio del Campo del Cielo, una inquietante llanura herbosa interrumpida por grandes extensiones de bosques, que los desoló. La búsqueda se complicaba...El suelo, compuesto por arena muy fina, arcilla y caliche, aminoró la marcha. Los meteoritos, enormes estructuras rocosas, los atemorizó.
_ Estamos pisando suelo sagrado_ gritó uno.
_ Estas piedras gigantes las envió la "Serpiente Arco Iris" para tomar vidas humanas _ dijo convencido Cipriano, un toba artesano asentado hacía tiempo en el pueblo.
_¡Cerrá el pico, lechuzón! Te puede escuchar el César y te vas a ligar flor de trompada _ lo calló contrariado don Pancho, el desdentado.
_ Tiene razón don Pancho, es mejor que te quedés calladito Cipriano_ le aconsejó otro del grupo.
_Lo que decís son tonterías Cipriano. Mi máma me contó que esas piedras son gotas del sudor del sol y que en los días despejados se transforman en troncos de árboles..._ intervino en la conversación Tomaso, un jovencito pecoso que trabajaba en la panadería del gallego García.
_ Mi abuela, una chamana wichi, una noche me confió que la lluvia de piedras ocurrió cuando los yaguaretés atacaron a la luna quitándole algunos pedazos_ asevero Laureano, el pretendiente de Alma.
_ Basta de pavadas y métanle pata que estamo' rezagao'. Al César casi no lo veo_ los apuró don Pancho.
Ajustaron la marcha sin perder de vista a los que guiaban la partida. Cuando se pusieron a la par de los primeros, un espectáculo estremecedor los paralizó.
En un rancho de paredes derrumbadas y cubiertas de musgo, con el techo de paja destruído, en el que se refugiaban dos casales de tordos renegridos que huyeron despavoridos ante el desacostumbrado alboroto, encontraron a Amanda sin vida.
La visión del cuerpo, con signos de haber sido ultrajado, los aniquiló.
El poncho del sargento Brizuela, ocultaba la desnudez de la joven. Los ojos mirando al Cielo, emitiendo una súplica que nunca fue atendida. En su cuello, una soga con un nudo muy particular, prueba de la más baja ignominia vivida. Un violador, un ser pervertido y ególatra, que roba esperanzas, anhelos, inocencia, en beneficio de su propia satisfacción enferma y narcisista.
El llanto lastimero de César, arrodillado y aferrado a una de las manos de Amanda, les heló la sangre a todos los que presenciaban atónitos la escena.
_ ¿Quién fue el hijo de puta que te hizo ésto hermanita? ¡Quién, que lo achuro sin piedá, carajo!
El sargento Brizuela se le acercó tratando de calmarlo. Fue en vano, la furia bullía dentro de César.
_ ¿Qué le voy a decir a mi viejita?¿Cómo le lo esplico, mi sargento? Se me va a morir...¡Ay Dios!¿dónde estabas cuando mi hermana te necesitaba?¿por qué la abandonaste?¡Maldito sea!¡Mierda, mierda!
_ Te prometo que vamo' a encontrar al mal nacido que mató a la Amanda, te doy mi palabra César.
_ No me conformo,¡quiero que lo maten como a un animal, como lo que es!
_ Pegale un trago a esta ginebrita, te va a calentar el buche_ don Pancho, le alcanzó una petaca que guardaba para ocasiones especiales.
_ Levantate muchacho,vamo', tenemos que cargar a tu hermana en uno de los caballos y volver al pueblo antes de que oscurezca._ le dijo Brizuela.
_ No quiero volver, no puedo enfrentarme a mi máma..tengo miedo_César temblaba sin control
_ Tomá otro trago...así...muy bien...sin ajco. No te vamo' a dejar solo con tu vieja_ le expresó su solidaridad Laureano_ Pa' que están los amigos si no.
Entre Tomaso y Laureano, lo ayudaron a llegar hasta su caballo. A César le flaqueaban las piernas.
_ Sargento, yo llevo a la Amanda,¡démela!_ gritó sorbiéndose los mocos.
Con reverencia sujetó el cuerpo mancillado de su hermana, envuelto en el poncho.
_ Por vergüenza nunca te dije todo lo que te quiero.Perdoná las veces que te hice renegar. Te quiero hermanita linda, te quiero, nunca te voy a olvidar...y te juro por lo más sagrado que te voy a vengar..._ lo confesó en voz muy baja, cerca del oído de Amanda.