jueves, 24 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 20

La ceremonia religiosa fue emocionante. Alma se sentía flotar en una nube de felicidad. Ni los gestos avinagrados de su suegra lograron empañar ese momento único e irrepetible que una mujer sueña desde niña.
La sencillez del vestido de novia acentuaba su belleza. Lució el cabello suelto, sujeto apenas por un tocado de margaritas, que se repetían en el pequeño ramo que sostenía con elegancia. Esteban compartía la felicidad de Alma. Formar una familia siempre fue su mayor deseo y en ese momento se cristalizaba.
Doña Amparo estaba furiosa. Su hijo, su único hijo, casado con una cabecita negra, ignorante y trepadora.
Luego de saludar en el atrio de la iglesia, a los familiares y amigos que asistieron, fueron a celebrar a una cantina de La Boca.
En la cabecera de una larga mesa, se sentaron los novios. Al lado de Alma se ubicó César y muy cerca de él, para su disgusto, se acomodó Alejandra. Doña Amparo se adueñó de la silla que estaba a la izquierda de su hijo. Los demás invitados iban ubicándose según iban llegando.
César se puso de pie y con orgullo brindó por su hermana:
_Alma te deseo abundancia y felicidad en tu matrimonio...y usted, Esteban, espero que la cuide y la respete porque sino me va a conocer y no le voy a gustar un carajo..._ todos rieron ante la ocurrencia, menos doña Amparo.
"Descarado, ¡cómo se atreve! Y Esteban lo soporta, no, si esta negrita lo tiene hechizado", pensó amargada.
Al brindis le siguió un suculento plato de spaghetti con salsa "rabiatta", que por lo picante, hizo sudar a todos los comensales.
_Que buona está esta pasta, me ricorda a la mía Italia_ expresó satisfecha doña Gina, la dueña del conventillo.
En cambio doña Amparo pensó:
"¿Por qué cojones ha querido Esteban festejar este malparido casamiento en una cantina? Despreció nuestros deliciosos platillos por esta comida italiana de baja calaña. ¿Cómo puede preferir estos fideos a la cazuela de pulpo, a los caracoles a la bordalesa, al jamón serrano, a las gambas al ajillo?...¡Por la virgen de la Macarena que no lo entiendo!".
El enojo de doña Amparo contrastaba con el clima que la rodeaba, todo era fiesta y buenos augurios, hasta Alejandra y César pactaron una tregua para no entristecer a Alma.
César tampoco le mencionó el nuevo mensaje que recibió el día anterior del siniestro personaje que los perseguía. La nota decía: "Llegó el momento, Galarza. Mañana a las diez de la noche quiero mi plata. Ponela en una bolsa de papel cerca del buzón que está a tres cuadras del conventillo. Me enteré que tu hermanita se está por casar. ¡Felicidades de mi parte!".
"¡Maldito hijo de puta!, es un alivio que el maestrito se la lleva del barrio".
César rumiaba un plan para desenmascarar al chantajista, cuando un muchachito, sucio y harapiento, se le acercó llamando la atención de los invitados.
_ El hombre que está en la vereda de enfrente me dio este papel para usted, tome...agarre.
_ ¿Quién..._ el chico desapareció antes de que pudiera terminar la frase.
Un negro presentimiento se apoderó de César. Alma, desconcertada, lo vio irse con el ceño fruncido. "¿Qué habrá pasado? Que ninguna mala noticia me arruine la fiesta, por favor Dios mío".
_ ¿Que te pasa Alma?, tenes una carita..._ se preocupó Esteban.
_ Es que el César desapareció de repente.
_ A lo mejor fue a comprar cigarrillos_ sugirió.
_ Puede ser..._ respondió no muy convencida.
Esteban propuso otro brindis:
_ ¡Por mi esposa, la flor más bella!
"¡Ojalá se marchite pronto!", deseó con fervor doña Amparo.
Mientras tanto, César cruzó la calle sin prestar atención al carro de escobas y plumeros que casi se lo atropella.
Lo vio parado cerca del canillita que pregonaba los principales titulares del diario de la tarde. Al hombre le temblaba la mano al llevarse el cigarrillo a la boca.
_ ¡Laucha, amigo!_ un presagio funesto lo alteró.
_ Apareció el Colorado_ el compañero que la policía había secuestrado semanas antes.
_ ¿Muerto?
_ Vivo, pero hecho "percha". Lo picanearon fulero, Cabeza.
_ ¿Qué le hicieron? No entiendo una mierda, explicame...
_ La picana eléctrica, usaron con él esa porquería que inventó la "yuta". No te imaginás como le dejaron las pelotas, ¡pobre infeliz!
_ ¿Dónde está? Quiero verlo.
_ En su casa, la mujer lo está cuidando. Vamos para allá.
El colectivo los dejó a pocas cuadras. Era una vivienda de chapas con una gran ventana al frente. Les abrió una mujer menuda y ojerosa. Al reconocerlos, sonrió aliviada. La siguieron por un pasillo oscuro hasta el dormitorio. Allí, tirado en la cama, estaba el Colorado con el rostro amoratado y respirando con dificultad.
La mujer se retiró para que pudieran conversar con más tranquilidad.
_ ¡Amigos!_ apenas podía vocalizar, tenía el labio superior partido. Le faltaban varios dientes.
_ ¡Shhhh!, no hables
_ Dejate de  hinchar César, necesito vomitar toda la mierda que me hicieron. A mi mujer no le puedo contar, sabes como son las mujeres de debiluchas...
_ Despachate, entonces_ lo animó el Laucha.
_ Antes...¿qué se sabe del Polaco?
_ Nada

_¡Puta madre!, espero que esté bien, aunque lo dudo.
_ Por suerte a vos te largaron, pero, contanos, ¿que te hicieron esos miserables?
_ El día que me detuvieron, dos tipos sin uniforme me llevaron a la rastra hasta la comisaría. Me encerraron en un calabozo y mientras me pateaban en las berijas, en las costillas y en estómago, me gritaban "anarquista del carajo, nosotros te vamos a enseñar a respetar a la autoridad". Eso no fue nada, al día siguiente y hasta que me soltaron, los muy hijos de puta me pusieron la picana en la boca, entre las bolas y en el culo. Me molieron a palos, pero quédense tranquilos muchachos, en ningún momento los delaté. Se habrán aburrido de mí, por eso me tiraron medio desnudo cerca del quiosco del Morocho, Él me encontró y me trajo a casa.
"¡Que fortaleza tiene este tipo!", pensó abrumado César.
_ Muchachos, cuídense, traten de no meterse en líos, no se junten por las noches a tirar mierda contra el Gobierno, miren que los milicos tienen ojos y oídos por todas partes. No quiero que pasen por lo que pasé yo...ésto no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
_ ¡Que revienten esos turros!_ explotó César-.
_ César, por una vez en tu vida, usá los sesos y quedate en el molde, ya va a llegar nuestra revancha _ le aconsejó el Colorado.
_ No te "calentés" Cabeza, a ver si te mandas una cagada y te agarran a vos también, pensá en tu vieja..._ le recordó el Laucha.
Los amigos se despidieron prometiendo volver.
Cuando Alma vio salir a César de la cantina supo que algo andaba mal. Ella era consciente de las andanzas políticas de su hermano y de su testarudez, temía por él. "Son mis ideales, Alma, y los voy a defender aunque me cueste la vida", solía decirle cuando ella le cuestionaba su participación en las reuniones clandestinas del partido y sus arrebatos temerarios contra la Dictadura.
_ Alma, tranquila, ya va a volver_ la consoló Esteban
_ El es así, ¿qué puedo hacer?, ahora lo que importa es nuestra felicidad, ¿no?
_ Vamos a ser muy felices, te lo prometo_ sello la promesa con un beso que escandalizó a doña Amparo.
Más tarde, los novios se despidieron de los invitados y partieron de luna de miel a El tigre. Una cálida cabaña sobre el río Paraná los esperaba para celebrar su primera velada de amor.
La noche cubrió de pasión a los enamorados y de incertidumbre a César. Iba a develar la identidad del hombre que los amenazaba. Se vistió de negro para confundirse con la oscuridad. Rezó para que los nervios no lo traicionaran, debía ser paciente y esperar el momento oportuno para sorprender al intrigante.
Dejó la bolsa apoyada en el buzón indicado, y se escondió en el zaguán de una casa cercana que parecía deshabitada. Esperó, esperó, hasta que...
En el preciso instante que el individuo se agachaba para recoger la bolsa, César saltó sobre él
_ ¿Vos?
_ ¡César!_ se sorprendió también.
_ ¡Laureano, amigo!, ¿ que carajo estas haciendo?




domingo, 20 de septiembre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 19

En la pensión, mientras Alma rebanaba el pan de centeno y estaba atenta a que no se derramara la leche al hervir, reflexionaba por la situación desastrosa en la que se encontraba su hermano, y que la complicaba a ella también.
_ Te veo triste, ¿pasa algo?_ Esteban entró inesperadamente en la cocina y la abrazó por detrás.
_ ¡Me asustastes!...no,no pasa nada_ ni por asomo iba a revelarle sus secretos, lo amaba, pero su confianza le pertenecía a César.
_ Sin embargo, estas semanas te noto ausente. ¿Acaso mi madre te ha tratado mal?
_ No...apenas me habla.
_ Eso te hace sufrir, ¿verdad?
_ Para nada_ mintió.
_ Te prometo que cuando nos casemos esta situación tirante va a cambiar.
_ ¿Cuándo nos casemos?_ preguntó aturdida.
_ Cuando nos casemos el mes entrante, ¿qué te parece Alma?, ¿te casas conmigo el mes que viene?_ esperó la respuesta ansioso.
_ Tu mamá no va a querer...
_ No me interesa la opinión de mi madre. Te quiero con todo mi corazón y quiero casarme con vos, ¿qué me respondes?
_ Sí, claro que sí.
Sellaron el compromiso con un beso arrebatado.
_ ¡Desfachatados!_ doña Amparo no salía de su asombro ante tanta desvergüenza.
_ Acabo de proponerle matrimonio a Alma, así que vaya acostumbrándose a nuestros besos.
_ Hijo, piénsalo bien, hace muy poco que conoces a esta muchacha...de su familia no sabemos nada.
_ Conozco a su hermano, un hombre honrado y trabajador. Su único sueño es traer a su madre y a sus hermanas menores de la provincia.
_ Pero hijo, ella es..es ¡una negrita insignificante!_ explotó.
_ ¡Basta madre! Nos casamos el mes que viene. Este tema no se discute más, ¿está claro?
La seriedad y el enfado de Esteban asustó a doña Amparo. Nunca se había dirigido a ella de esa manera tan tajante y fría. "¡Esta provincianita lo puso en mi contra, maldita sea!".
_ Otra cosa madre, desde hoy Alma no es más su empleada, será su nuera y por lo tanto parte de la familia. Alma, nos vamos.
Dejaron a doña Amparo hirviendo de ira.
_ ¿A dónde me llevás?
_ Al Registro Civil a reservar fecha y después, de compras. Te voy a comprar todos los vestidos que te gusten de la calle Lima y uno especial para la boda.
_ ¿Y sombreros?_ la debilidad de Alma.
_ Los que quieras.
_ No perdamos tiempo, entonces, Esteban. Vamos, vamos.
La mañana transcurrió entre trámites legales, y la tarde entre sedas, encajes, zapatos, sombreros y más sombreros. Comieron, rieron y planearon una vida juntos, una vida feliz.
Alma regresó al conventillo con el corazón ligero y una mirada soñadora.
Se encontró con doña Gina que estaba lustrando un par de botas de su marido.
_¡Madonna Santa!, ¡cuántas bolsas!_ dejó el cepillo y la bota sobre un banco y se acercó a curiosear las compras.
_ Todo ésto me lo regaló mi novio. El mes que viene nos casamos.
_ ¡Figlia, te felicito!
_ Perdone doña Gina, me encantaría seguir charlando, pero estoy cansadísima...si me disculpa...
_ Bene, bene...¡Alma!_ la llamó_ Tiene visita, está parlando con mio Nicola.
Alma se quedó helada. ¿Quién sería?¿Y si era el desconocido que estaba amenazando a César?
Escuchó que alguien la llamaba, una voz conocida, entrañable.
_ ¡Jandra!,¡amiga!. ¡Que alegría!, ¿cuándo llegastes?
_ Hace unos meses.
_ ¿Y recién ahora me buscás?
_ Pasaron muchas cosas...
_ Acá vivimos con el César. El alquiler no nos mata y podemos ahorrar para traer a la máma y a las chicas. Falta poquito para tenerlas con nosotros.
_ ¡Cuanto me alegra que te vaya bien en la Capital! La Luci y yo tampoco nos podemos quejar.
_ ¿Y por qué no vino con vos?
_ Después te cuento.
Del brazo subieron hasta la habitación de los Galarza y allí, entre mate y mate, Alejandra le contó el secreto de su hermana Lucía.
_ Cuando terminé el curso de enfermería mi mamá me dio unos ahorros para que me trajera a la Luci. Vos sabes que yo me iba a venir sola para buscar trabajo en un hospital.
_ Sí, habíamos quedado que te iba a reservar una pieza en este conventillo, ¿qué pasó?
_ La lucía estaba embarazada y cuando mi viejo lo descubrió casi la mata. Disimuló el embarazo hasta el séptimo mes. La muy tonta se fajó todo ese tiempo y yo no me di cuenta, estaba tan metida en mis estudios...
_ ¿Quién es el padre?
_ El César.
_  ¡Comooo!¿El lo sabe?
_ Ella se lo dijo en la estación de Charata, cuando ustedes se estaban viniendo para la Capital.
_ Algo intuí cuando la vi llorar en el andén ese día. ¿Ya tuvo?
_ En julio, una nena. Cuando el tata se avivó la echó de casa. Mi mamá no paraba de llorar, pero el viejo es duro como una piedra, no le importó ni las lágrimas de su mujer ni de sus hijas. Esa noche durmió en el galpón abandonado que está cerca de la desmontadora, ¿te acordás? Al otro día la fui a buscar y nos tomamos el tren para la Capital. Vivimos en una casita en Avellaneda. La buena noticia es que conseguí trabajo en el hospital Fiorito.
_ Jandra, te felicito. Y mi sobrinita, ¿cómo se llama?
_ Alicia.
En ese momento llegó César.
_ Alejandra,¡que sorpresa!, ¿las asusté?_ César estaba impresionado."Maldito sea, ¿qué hace ésta acá?", pensó._ ¿Hace mucho que estás en la capital?
_ Bastante. ¿No me vas a preguntar por la Luci?
César permaneció en silencio, perturbado.
_ Veo que no. Entonces te informo que la Lucía tuvo una nena hace cuatro meses y se parece mucho a vos._ la rabia apenas le permitía expresarse.
_ Con esa historia a otra parte...yo no tengo nada que ver con esa criatura.
_ ¡Hijo de puta!_ Alejandra lo abofeteó con todas sus fuerzas.
_ Jandra, es mejor que te vayás, dejá este asunto en mis manos...todo se va a arreglar.
La acompañó hasta la calle, cuando regresó a la pieza, César estaba tomando ginebra de la botella.
_ Poniéndote en pedo no solucionás las cosas.
_ No jodas, que el horno no está para bollos.
_ Mirá, la Lucía no quiere nada de vos, y si vos decís que ese hijo no es tuyo y bueno, debe ser así.
Lo último que esperaba César de su hermana era su apoyo incondicional.
_ Nuestra única preocupación es juntar plata para traer a la máma y a las chicas, lo demás es estorbo. Quiero mucho a la Alejandra, pero ellas se pueden mantener bien, no necesitan de tu ayuda.
César respiró aliviado. Un problema menos.
_ Gracias por tu comprensión hermanita. Hoy me deslomé trabajando y encima llego a casa y me tiran este balde de agua fría. ¡Que yeta!.
Al ver a César más relajado, Alma se animó a contarle sobre su casamiento.
_ Me alegra que te cases Alma...es la mejor manera de protegerte de ese degenerado que nos espía. Voy a estar más tranquilo.¿Le dijiste al Esteban algo sobre esas notas misteriosas que recibimos?
_ ¿Estás loco? Ese es nuestro secreto.
_ Mejor, cuantos menos sepan, mejor...