sábado, 23 de enero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 6

"Visión que en sueños el poeta mira,
 el ángel bello de la virtud,
 ser misterioso que amor inspira,
 eso eres tú".                                   Amado Nervo



Ciriaco Cuitiño estaba furioso. Se paseaba nervioso a lo largo de la sala señorial y pensaba, "¡Cúantas porquerías juntó esa arpía traidora". Porcelanas, grabados, relojes mecánicos, extravagantes sahumerios, espejos venecianos apoyados en delicadas mesitas rinconeras. Todo rematado por una impactante lámpara de plata que iluminaba asombrosamente.
"Tanto lujo, ¿pa' que?. Mucha sonrisita a su Excelencia y por atrás le clavaba un puñal. Hizo bien en juir pa' la otra orilla, que si llegaba a caer en mis manos..."
Mariquita Sanchez de Thompson y Mendeville, una mujer franca y brillante, durante el gobierno de Rosas tuvo que exiliarse en Montevideo porque a pesar de la vieja amistad que existía con el Dictador, había tomado partido por los opositores al régimen rosista. Por ese motivo, al quedar la casa deshabitada, Cuitiño la usurpó.
El recuerdo de la traidora era el menor motivo de su enojo. Su gran preocupación era Rafael y su cambio de actitud.
"¿Qué fue de ese mozo temerario y aguerrido? En el levantamiento de Corrientes saltaba como un tigre sobre nuestros enemigos y con una naturalidad que daba escalofríos, le aplicaba la resfalosa, los degollaba sin ajco. En Pago Largo pasó a cuchillo a varios oficiales, incluido el cabecilla de la rebelión, Berón de Estrada.
Cuando su Excelencia se enteró de la conjuración preparada por los unitarios encabezada por el Coronel Maza, amigo de Manuelita, fue el Rafa quien lo arrestó y fue el Rafa, quien asesinó al Presidente de la sala de Representantes en el despacho de la Legislatura. ¡Ese era mi Rafael y no este cagón!", reflexionaba contrariado.
¿Encararlo?, ¡no!. Esa no era la forma adecuada. Debía urdir una estrategia con el propósito de averiguar que le estaba sucediendo a su ahijado y sacar de raíz aquello que lo estaba alejando de él y de la causa federal.
"La culpa la tienen esos libros de mierda. ¡Hoy mesmo se los quemo!".
Vociferó el nombre de Jovita y ésta se presentó acalorada por la premura, le tenía pánico a Cuitiño.
_ Negra, quiero que vigilés bien de cerca al Rafael, que él no se de cuenta. Quiero saber con quien habla, a donde va, si tiene nuevos amigos...¡todo!, ¿entendistes?.
_ Sí, patrón, entendí clarito.
_ Mejor así, sino vas a conocer las caricias de mi compadre.
_ ¿De quién?
_ De éste, tonta. Diez rebencazos te van abrir las entendederas _ Ciriaco, mientras le pasaba el rebenque bajo los ojos desorbitados de Jovita, le tiraba con alevosía del pelo crespo y enmarañado.
_ No le voy a sacar loj' ojo de encima, no se priocupe patroncito.
Jovita desapareció como una exhalación.
Ciriaco le temía a la verdad, quería demasiado a su muchacho, pero era imprescindible indagar, localizar el mal que se estaba apoderando de sus pensamientos y extirparlo.
Llegó la hora del almuerzo y allí se encontraron. Rafael, demacrado ; Cuitiño, colérico.
Doña Francisca no se sorprendió ni se preocupó al ver a su hijo en ese estado, sólo sintió curiosidad. "¿Qué le habrá pasado ahora?". La mirada de Ciriaco era tan oscura como su humor. "Mejor me quedo callada", decidió cohibida.
Rafael se sentó frente a su abuela; Ciriaco, en la cabecera.
Jovita quebró el silencio al entrar al comedor arrastrando los pies y haciendo malabares con la fuente en la que un gran zapallo ahuecado contenía una humeante carbonada.
Sólo se escuchaba el sonido del cucharón chocando contra los platos de porcelana. La tensión crecía a medida que transcurría el almuerzo.
Al servirse el postre, una deliciosa natilla, Ciriaco fijó la vista en su ahijado.
_ Espero que esta tarde se digne a participar en la procesión.
_ Por supuesto, ahí estaré.
Cuitiño se retiró molesto y se encerró en su despacho.
_ ¿Por qué anda tan nervioso el Ciriaco m´hijo ?
_ No sé mamita Pancha _ Bueno, si me disculpa voy a prepararme para la celebración en honor de su Excelencia. No quiero llegar tarde _ la besó en la frente y se marchó.
Se engalanó con el uniforme federal: pantalón ancho de lienzo blanco, camisa al tono, chiripá y chaqueta corta. Buscó el gorro de manga, también rojo con bandoleras blancas. En esa ocasión optó por las botas confeccionadas con el cuero de la pata del caballo, sin costura y abiertas en la punta.
Con pso cansino se dirigió a la Catedral de donde saldría la procesión.
En el camino se encontró con Nicolás Mariño, secretario privado de Rosas. Conversaron amigablemente.
_ ¿Qué novedades tiene don Nicolás?
_ Malas. Urquiza nos está dando problemas.
_ ¿Qué anda pasando?_ se intrigó.
_ Parece que le empezó a gustar la idea de la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay. Rosas está que echa chispas y a eso súmele la exigencia de los correntinos para que se sancione la Constitución.
_ A mí me parece que el punto neurálgico del conflicto es el monopolio económico. El interior se queja porque Buenos Aires usufructúa los beneficios de la Aduana sin darle participación _ opinó Rafael.
_ ¿Y qué quiere mi amigo? Necesitamos de esa ventaja para hacer frente a las agresiones militares que sufrimos. Además gracias a la inepta gestión de Rivadavia, Buenos Aires quedó fuertemente endeudada con Inglaterra.
_ Sí, lo de la Banca de Baring y la hipoteca de las tierras fiscales como garantía para el mentado préstamo.
_ Exacto. Préstamo destinado para la construcción del puerto y el establecimiento de nuevos pueblos en la frontera, como...
_ Carmen de Patagones _ terminó Rafael
_ Está bien informado mi amigo. Llegamos _ dijo al divisar la Catedral _ Hoy la misa la oficia el Obispo Medrano. Lo dejo Rafael, creo ver a Manuelita sentada delante del púlpito. Un gustazo cruzarme con usted.
El sermón se centró en agradecer a Dios los éxitos de don Juan Manuel de Rosas y en exhortar a los jóvenes a pertenecer a la virtuosa causa federal. Monseñor Medrano, siempre intenso en sus homilías, comenzó diciendo:"Feligreses míos, si hay entre nosotros algún asqueroso, salvaje unitario, ¡que reviente!".
Al finalizar la misa, el Obispo abrió la procesión llevando en alto el retrato del Restaurador. Iba flanqueado por dos sacerdotes con sobrepellizas rojas. Detrás de ellos, avanzaban los fieles cantando himnos sagrados.
En la calle esperaba un carro adornado con rosas rojas. Allí fue depositado con solemnidad el retrato del Dictador. Algunos fieles elegidos, tenían el honor de arrastrarlo entre vivas y una lluvia de pétalos de flores multicolores. Tomaron por la calle de la Santísima Trinidad.
Rafael se mezcló en  la ferviente multitud.
Mientras tanto, Lourdes rezongaba ante la insistencia de Mercedes, que la obligaba a participar de la procesión.
_ Por favor abuela, es un circo.
_ Shhh, niña, que pueden oírte. Por lo menos asómate a la ventana, así sabrán que nos unimos a ello.
Lourdes abrió de par en par la ventana del salón y se sentó en el alfeizar. La gente comenzó a pasar frente a ella aplaudiendo y vivando a Rosas, quien se había autoproclamado "tirano ungido por Dios".
Alguien captó su atención. A un lado del carromato que llevaba el retrato del Dictador y de la Inmaculada, iba el mazorquero que la auxilió en la iglesia del Pilar. Su porte altivo y sensual la impresionó. Fijó su mirada en él. Se ruborizó cuando descubrió que los ojos grises de él la estaban devorando.
Incómoda, intentó retirarse, pero no pudo. El era como un imán que la retenía y, para su asombro, a ella le agradaba.
Rafael, también se sorprendió al verla. Estaba bellísima, sonrió al notar que no tenía la insignia punzó en el cabello. Intentó acercarse, pero el gentío se lo impidió. Intentó hablarle, pero el griterío lo silenció.
La deseó y ese deseo lo expresó con la mirada. Ella comprendió su mensaje y se turbó.
Lourdes cerró lentamente la ventana.
_ ¿Fue tan duro el sacrificio? _ preguntó Mercedes invitándola a acomodarse junto a ella y cerca del calor que se desprendía de la estufa.
_ No, abuela, aunque detesto estos acontecimientos. No entiendo como el abuelo Alonso pudo ser amigo de un hombre tan nefasto.
_ Lo creas o no, Juan Manuel fue en una época una persona muy considerada y generosa con la peonada.
_ Y entonces, ¿qué le pasó?, ¿cómo es que se convirtió en un monstruo?
_ No sé hijita...quizá tanto poder en sus manos...
_ ¡Cambiemos de tema abuela!, no arruinemos la tarde...¡Que bien bordas abuela! Este mantel es una obra de arte.
Ambas rieron y continuaron conversando sobre temas amenos, alejados de la realidad política.
Esa noche, Lourdes soñó con su mazorquero. Ella apenas lo conocía, pero él ya se había adueñado de su corazón.

jueves, 21 de enero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, cap 5

"Aqueste marlo que miras
 de rubia chala vestido
 en los infiernos ha hundido
 a la unitaria facción"          Rivera Indarte



Seis jinetes, amparados por la bruma nocturna, cabalgaban presurosos por las solitarias calles de Buenos Aires. Eran sabuesos hambrientos buscando una presa.
Hombres excitados por el ímpetu de asesinar, sádicos que se alimentaban del terror que infundían. La sangre derramada de sus víctimas los enloquecía.
Todos disfrutaban con la misión, todos, menos Rafael.
Al llegar a su primer destino, se apearon de sus caballos. Troncoso quedó a su cuidado.
La puerta de entrada tronó con golpes ensordecedores. Los habitantes saltaron de espanto al escuchar : "¡Abran en nombre de la Santa Federación!".
Cuitiño se abrió paso empujando con desprecio al dueño de casa. Detrás de él, entraron los demás. En una mano, el trabuco; en la otra, el facón.
_ Nos enteramos que recibe correspondencia del traidor de Alberdi desde Chile.
_ Le juro que no, Coronel Cuitiño _ tartamudeó el pobre infeliz.
_ Me parece que me está mintiendo y eso no me gusta...¡Llévenselo! _ ordenó socarrón.
_ Esto es un atropello y no voy a tolerar... _ no pudo terminar, Porto y Reyes se abalanzaron sobre el supuesto culpable. Mientras uno lo sujetaba por los brazos, el otro lo degolló sin asco frente a su familia.
La esposa, desesperada, se soltó de Santa Coloma y se arrojó junto al cadáver de su marido. Los niños, de doce y catorce años, se abrazaron llorando.
_ Aura busquen los cobres y las joyas. ¡Gracias doña por colaborar con los proyectos del Restaurador que quiere hacer grande la Patria! _ se jactó Cuitiño.
_ ¡Viva Rosas! ¡Mueran los asquerosos, salvajes, inmundos unitarios!
_ ¡Viva la Santa Federación! ¡Mueran los conspiradores! _ aullaron los mazorqueros.
Rafael estaba helado. "¡Cobarde, soy un mísero cobarde!, se reprochaba incapaz de detener tanta barbarie.
Si se oponía, seguramente Cuitiño lo hubiese matado sin dudar. Acaso Rosas no había asegurado que  "asesinaría a su propia hija, Manuelita, si la encontrara responsable de trato con opositores". Idéntico sería su sino. Rosas era el modelo de su padrino y por lo tanto su reacción sería similar.
El momento oportuno para rebelarse llegaría. Debía ser paciente, paciencia que lo beneficiaba, pero no lo libraba de sentirse cómplice del horror.
_ ¡Muchacho!,¿qué hace ahí parado papando mojcas? Vaya con Santa Coloma a requisar los bienes de estos cobardes _ le ladró con furia, no aprobaba el proceder lánguido, sin coraje de su ahijado. Algo estaba cambiando en el proceder del joven y definitivamente, no era de su agrado.
_ Voy padrino, voy _ trató de seguir complaciéndolo.
Santa Coloma observó de reojo a Rafael, siempre pulcro, correcto en el hablar, diestro con el facón, dueño de buenos modales. Demasiado perfecto para su gusto. Encajaba mejor en una tertulia de gente elegante que entre ellos, mazorqueros de ley. El Goyo le había referido como el ahijado de Cuitiño había defendido a la chinita que había faltado al uso de la insignia punzó. "¡Así que le gustan las mujeres!, por lo menos no le salió chancleta al Coronel", semejante idea le provocó una siniestra carcajada. Luego se acercó a una de las vitrinas del comedor y se apropió de una botella de vino clarete. La descorchó y se sirvió en una copa de fino cristal tallado. Brindó en voz alta : "¡Violín, violón!, que el santo sistema de la Federación les dé a los salvajes unitarios, violín-violón!". Y de un trago vació el contenido de la copa. Los demás reían, insultaban y destruían las pertenencias de la familia, buscando lo que les interesaba, dinero.
Cuando cumplieron con su cometido, se marcharon dejando una estela de lamentos.
A esa casa le siguieron una docena más; en todas, el mismo rito macabro.
Rafael ansiaba que amaneciera y en ese momento se dibujó en su memoria el rostro de una mujercita de atrapante mirada verde como un vergel y de cabellos cual rayos de sol. "Mi sol, así la llamaré".
Al fin, después de tanta violencia desatada, decidieron concluir la masacre bebiendo en el Bajo, una zona poco poblada y de peligroso acceso, especialmente por las noches. Abundaban las pulperías, por lo tanto, también los mamados y los cuchilleros. Las calles eran zanjones en los que amanecían cadáveres resultantes de algún duelo.
Hacia allá rumbearon los mazorqueros, felices con su botín.
Leandro Alen, propietario de la famosa pulpería "El Pobre Diablo" y amigo íntimo de Cuitiño, los recibió entusiasmado. En el lugar, una choza con dos compartimientos, juntaron dos mesas y pidieron grapa, "Pa' calentar el garguero", festejó Reyes.
Alen los indagó curioso.
_ ¿Jugoso lo recoletado?
_ Más que jugoso, mi amigo _ respondió satisfecho Cuitiño,
_ ¿Alguno se retobó?
_ La mayoría, pero mi fiel compañero los amansó _ Ciriaco acarició con fiereza su facón, un cuchillo largo con vaina y empuñadura de plata que usaba sujeto en la parte trasera de la rastra.
Las palabras del hombre provocaron un estallido de risotadas. Rafael se mantuvo callado y sombrío.
_ Y uste´muchacho, se ve aplastao, seguro que de tanto entrevero. ´Échese una ginebrita y va a ver como recobra energía _ Alen le palmeó la espalda dándole ánimo.
_ ¿Visitaron a Viamonte? _ siguió interrogando el pulpero.
Viamonte,  héroe de las Invasiones Inglesas,  tuvo una destacada participación en la gesta de la Independencia.
_ ¡Ajá! Al hijo, el Avelino, lo tenemos embretao por conspirador. Mañana lo jusilamos y a la sepoltura _ tronó Ciriaco dando un puñetazo en la mesa. Con la manga de su chaqueta se secó los bigotes, húmedos de ginebra.
_ Y por acá, ¿alguna novedad _ continuó _ Me cuentan que el Fermín Suarez tiene bien vigilada la zona costera. Estos mugrosos unitarios como mojcas juyen pa' Montevideo y como a mojcas hay que aplastarlos.
_ Sí, mi Coronel. Suarez lo tiene tuito controlado. Es un federal corajudo y leal._ aseveró Alen
_ Ta' güeno. Es hora de irnos muchachos, tienen una tranca que apesta.
Con movimientos vacilantes, a consecuencia de la borrachera, montaron en sus caballos y sin contratiempos regresaron a la ciudad.
Rafael, cargó a su padrino hasta el dormitorio. Lo desvistió con cuidado; le sacó las nazarenas, las botas con tacones de cuero curtido, el poncho, su preciado cinto de cuatro hileras de patacones de plata y la camisa salpicada de sangre, que se apresuró a quemar en el fuego de la chimenea. "Mamá Pancha no debe enterarse", pensó con tristeza.
Lo cubrió con una manta de vicuña y cerró la puerta. Sólo se escuchaban los ronquidos.
Rafael se encerró en su habitación. Lavó sus manos con el agua fría que contenía la jofaína depositada sobre la cómoda. Deseaba borrar toda huella de locura y muerte de su cuerpo. Se restregó con una toalla de lino que alguna de las sirvientas había dejado colgada en la silla de su escritorio. Exhausto, se desplomó en la cama. No quería pensar ni reflexionar en lo ocurrido. "¡Cuanto daría por despertar de esta pesadilla!"
En medio de su oscuridad, un rayo de esperanza lo iluminó. ¿Quién sería esa desconocida que lo tuvo en vilo durante toda la jornada? Ella lo alejaba de la culpa y los remordimientos. Ella le otorgaba bríos para añorar una vida en paz. Sí, sin dudas, ella poseía magia.
"Mañana mismo me pongo en campaña para averiguar su paradero. Necesito encontrarla".
Con ese pensamiento se durmió. Un hada de increíbles ojos verdes veló su sueño.





miércoles, 20 de enero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y ...ROSAS, Cap 4

"¡Oh, no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde;
 en remansos de cielo o en vórtice hervidor
 bajo unas lunas plácidas o en cárdeno horror!"  Gabriela Mistral

El espejo, cómplice de sentimientos y secretos, reflejaba la mirada de una joven perdida en un mundo de ensueño. El sol, de una tarde espléndida, ayudaba a iluminar su fantasía romántica.
Unas horas antes, el viento del sur barrió todos los nubarrones intensificando el frío. Lourdes no lo notaba, una calidez desconocida se había apoderado de ella desconcertándola.
A través de las cortinas de encaje, se asomaba el recuerdo más cercano que tenía de su madre, un naranjo que había plantado Consuelo siendo niña.
_ ¿Por qué esa mirada triste Lourdes?
Tina la observaba a través del espejo sosteniendo el peine de marfil con una mano; con la otra desenredaba los indomables rizos dorados.
_ Desde que regresamos del Pilar te noto distraída. Pero si todavía estás temblando _ agregó preocupada.
_ Por favor, habla bajo Tina. No quiero que la abuela se entere de lo que pasó _ se inquietó.
_ Lo que yo creo es que no puedes quitar de tu linda cabecita al mozo que te salvó de esos gusanos.
_¡Que tonterías dices!Mira si voy a recordar a ese mazorquero impertinente _ Lourdes, con un movimiento rápido le quitó el peine y continuó arreglándose el cabello ella misma, muy nerviosa.
Tina, sorprendida de la reacción de Lourdes, comenzó a reírse.
_ ¿Por qué te ríes?, ¿dije, acaso, algo gracioso? _ se molestó.
_ Me parece que ese mazorquero impertinente te gusta un poquito.
_ ¡Basta Tina!, como me va a gustar ese truhán fiel  Rosas. Seguramente es un sucio asesino.
_ Sin embargo, hoy se comportó como un gentil caballero.
_ Sí, es cierto, pero de ahí a gustarme...Si ni siquiera me fijé en él.
_ Mentirosa _ volvió a reír Tina.
Las mejillas de Lourdes se arrebolaron y aunque intento disimular su rubor, no lo consiguió.
Tina terminó el peinado, un rodete sujeto con dos pequeñas peinetas de plata, la besó cariñosamente en la frente y se retiró.
Lourdes, sin un atisbo de timidez, admitió frente al espejo su interés por el misterioso soldado.
_ A ti puedo te lo puedo confesar, no he dejado de pensar en mi mazorquero.
Dos suaves golpes en la puerta la hicieron brincar borrando la imagen de su galán.
_ Niña, soy yo, Lola. Le traigo un mate bien calientito como a usté le gusta, y con unas cascaritas de limón. ¿Puedo pasar?
_ Entra Lola. ¡Hummm! Está riquísimo _ dijo saboreando la infusión.
Lola, la hija de Josefa, era unos meses mayor que Lourdes ; una jovencita inocentona e irreverente que sentía adoración por Lourdes. Ambas estaban unidas por un vínculo entrañable : eran hermanas de leche.
_ ¡Ay niña!, ¿por qué se jueron con la Tina pa' el Bajo solitas? Si doña Mercedes se entera se va a enojar.
_ Lola, siempre con la oreja pegada en las puertas. ¡Cuántas veces te dije que no es correcto! Y ojo con ir con el chisme a la abuela.
Lourdes le devolvió el mate con el ceño fruncido y continuó retocando su peinado, algunos mechones díscolos se le habían escapado del rodete.
Se pasó manteca de cacao sobre los labios para darles brillo y por último, se perfumó con su fragancia preferida, esencia de jazmín con una sutil nota amaderada de ámbar. "Delicioso", suspiró cerrando los ojos y dejándose llevar por una combinación de aromas que la hacían única. Era un perfume de París, regalo de su tío Lorenzo.
Lola la observaba con una seriedad inusitada.
_ ¿Cuál es el problema?_ se fastidió Lourdes.
_ ¿Le contaron alguna vez la historia de la viuda, niña?
_ ¿Qué viuda?
_ La viuda e' un alma en pena de una bruja que cuando su hombre murió se volvió loca de pena y rabia. Por eso decidió vengarse de tuitos los hombres. Cuentan que ante'  de morir hizo un trato con el diablo pa' seguir con su venganza. Parece que el diablo, mandinga, la transformó en un espetro horrible. Desde ese, día los jinetes solitarios que van por el Bajo tienen miedo de que se les aparezca por el camino una mujer vestida de negro y con un velo que le cubre la cara. Y, tonce', ¡escuche niña, escuche!, la viuda se le acerca al jinete, usa su magia y el caballo se desboca en una loca carrera cayéndose en un barranco A la otra mañana encuentran los cadáveres en medio del barro.
Los ojos de Lola se salían de sus órbitas y temblaba sin control.
_ ¡Cálmate Lola!, ¡que relato tétrico!¿Quién te lo ha contado?
_ Mi tatita. El sabe mucho, niña.
_ Si, ya veo. Pero ese cuento, ¿qué tiene que ver conmigo?
_ Se lo conté pa' que no vaya más nunca pa'l Bajo sola. Mire si se le presenta la viuda. ¡La Virgencita Santa nos ampare! _ se santiguó Lola.
_ No me haría nada. Primero porque soy mujer y segundo porque no salgo de noche. Así que déjame en paz y sírveme otro mate.
"Esta muchacha atolondrada", pensó Lourdes al tiempo que se ajustaba el lazo de terciopelo verde que resaltaba sobre su vestido de muselina lila.
De repente se quedó petrificada, "y si mi mazorquero se anima a recorrer esa zona peligrosa por las noches,,,¡ay!, y si se le aparece la viuda, ¡ay!, ¡no, por favor!...Pero, ¿qué me ocurre? ¡Que me importa lo que pueda sucederle a ese cerdo federa!".
Se miró una última vez al espejo, tomó su canasta de labores y con un andar cadencioso, se dirigió al salón donde la esperaba su abuela.

lunes, 18 de enero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 3

"Así persistía Cuitiño
 Con su alellido de tendero gallego
 Su mala fama.
 Su escopeta no bendita y su degüello.
 La resfalosa crecía en sus venas
Y la Federación por sus sombras".  Jorge Luis Borges

"Quien diría que un pobre diablo como yo, hoy estea viviendo en un caserón como este", pensaba Ciriaco Cuitiño, brazo fuerte de La Mazorca, y frío ejecutor de las sanguinarias órdenes de Juan Manuel de Rosas, al que le profesaba una lealtad inquebrantable.
Eran las cinco de la mañana y ya estaba en la cocina tomando unos mates amargos acompañados de unas tortas fritas recién sacadas de la sartén y untadas con ajo.  El persistente cotilleo de las negras, no le molestaba, apenas les prestaba atención. Sus pensamientos se centraban en lo sucedido la noche anterior.
Rafael, su ahijado, y Santa Coloma, habían cumplido más que satisfactoriamente la misión que les había encomendado.
Maldito Jerónimo Pasos, de ahora en más se cuidaría de vender libros prohíbidos, y sobre todo a jovencitas inescrupulosas, como esa Camila O'Gorman. La próxima, le incendiaría la librería, y si con eso no escarmentaba, entonces..."la resfalosa".
Rafael era su orgullo. "Pensar que era un gurisito llorón con el buche vacío, cuando lo encontré aquella mañana. Con la ayuda de mi viejita, pude criarlo y hoy ya es todo un hombre".
Los recuerdos se apoderaron de Ciriaco, transportándolo veinticuatro años atrás.
Apenas anochecía cuando llegó a su rancho de Dolores. Doña Francisca, su madre, no podía creer que su hijo le trajera semejante regalo. A pesar de su rudeza, Ciriaco era cariñoso y solícito, él sabía que ese huerfanito haría feliz a su madre que pasaba mucho tiempo sola. Ahora tendría con que entretenerse.
Entre los dos criaron al "guachito", así lo llamaba Ciriaco, pero  doña Francisca lo bautizó Rafael, como el arcángel.
_ ¿De dónde sacó ese nombre vieja?
_ El domingo pasado en la misa, lo escuché al padrecito Fermín contar una historia muy bonita sobre un mocito al que el arcángel Rafael protegió en su largo peregrinar.
_ Si a uste' le gusta...que se llame Rafael no ma´.
El padre Fermín respetaba a Francisca, pero Ciriaco le caía mal. Siempre lo sermoneaba aconsejándole abandonar las malas compañías y apartarse de la política, especialmente, alejarse del Dictador.
_ ¡Que suerte que no le hice caso padrecito! Míreme ahora, todo un senior y mi viejita es una reina _ relexionó en las brumas del pasado.
Rafael creció rodeado de afecto, siendo su padrino Ciriaco, uno de los pilares de su vida. Cuando el niño comenzó a comprender, Cuitiño le contó la verdad sobre su origen. Le refirió con crudeza la suerte de sus padres, víctimas de un malón. "Hay que ser fuerte amiguito. Los machos no lloran", le dijo con brusquedad.
El padre Fermín le enseñó a leer y a escribir, además de narrarle hermosas historias bíblicas, que agradaban a doña Francisca y enfurecían a Ciriaco. "El catecismo es cosa de mujeres, no vaya a ser que ese cura me lo ablande al Rafa", se quejaba.
También estaban los libros que encontraron en la carreta destrozada. En ellos, el niño se sumergía horas enteras.
_ ¿Otro mate, don Cuitiño? _ la pregunta de Jacinta lo trajo al presente.
_ No, ¿viste al Rafa?
_ Debe estar durmiendo. Anoche llegó aplastao _ le respondió sumisa la negra.
Cuitiño salió de la cocina, atravesó los dos patios y entró sin llamar al dormitorio del joven.
_ Rafa, ¿lo interrumpo?
El muchacho dio un respingo al escuchar la voz áspera de su padrino.
_ Para nada _ cerró rápidamente el libro que estaba leyendo. Era uno de los prohibidos : "La Teoría Política de Rousseau".
_ Es todo un letrao usté. ¿Que está leyendo ahora? _ mientras preguntaba, se acercó lentamente al escritorio.
_ Es...es...es "El ensayo histórico sobre la vida de Rosas", padrino, ese que publicó el italiano Pedro de Angelis_ mintió.
Guardó con ligereza el libro clandestino en el baúl que tenía al pie de su cama.
_ ¿Quiere que le cuente que pasó anoche?_ continuó Rafael, tratando de desviar el tema.
_ Sí, descríbame todos los detalles. ¿Hinchó el lomo ese afrancesao de mierda?
_ Se resistió, padrino, pero Santa Coloma lo amansó con unas cuantas trompadas. Cuando llegamos al callejón yo lo inmovilicé y Santa Coloma lo azotó. Cada golpe que recibía el mal nacido, le desgarraba la carne. Quedó hecho un mar de sangre.
_ Muy bien, muy bien, ansina se hace muchacho _ aplaudió satisfecho Cuitiño.
_ Padrino, ¿usted cree que es necesario martirizar a los opositores? ¿ No hubiese sido suficiente advertirle seriamente que no infringiese la Ley y ponerle una multa? _ se arriesgó a opinar.
_ ¡Que me dice Rafael! Lo que hicimos está muy bien hecho. Naides le puede hacer la pata ancha a su Excelencia, ¿me entiende? Y ahora apúrese que lo están esperando en el cuartel_ se fue dando un portazo.
"Está caliente", se intranquilizó Rafael. Se ajustó la rastra sobre el chiripá negro y abrigado con una chaqueta roja salió al patio, lo recibieron un cielo plomizo y una brisa helada. Pasó delante del aljibe y observó divertido las pequeñas tortugas que nadaban dentro.
"Antes de ir para el cuartel me tomo un café". Al llegar a la cocina ya tenía servido el desayuno sobre una rústica mesa de algarrobo. Junto a la taza de café, una fuente de pastelitos de membrillo.
Al rato, apareció doña Francisca, enjuta, de cabello cano, arrugada como una pasa. Una amplia sonrisa le iluminaba el semblante. Se sentó frente a Rafael saboreando un mate bien dulce.
_ Y como anda mi muchachito hoy. Se acostó muy tarde anoche _ lo retó con ternura doña Francisca. Ella era ajena a las tropelías nocturnas de su hijo y del joven. Vivía al margen del terror que infundía Ciriaco, hacía tiempo que no salía de la casa. De salud débil, se dedicaba a cuidar de su huerta. Jovita, la hija de la cocinera, una jovencita achispada y observadora, la ayudaba en todos los menesteres.
_ Buenos días Mamá Pancha. Me acosté tarde porque tuve que hacer una diligencia para el padrino.
_ Habrase visto mandar a un muchachito tan tarde por esas calles solitarias. ¡Con los peligros que hay!_ se escandalizó.
_ Mamá Pancha, soy un hombre y sé cuidarme. En cambio usted, ¿por qué está levantada tan temprano? ¿No le dijo el doctor Muñíz que tenía que descansar después del susto que nos dio la semana pasada?
_ Me aburre quedarme tuito el día en la cama m'hijo. El corazón de esta vieja va a dejar de andar cuando se le de la gana _ rezongó la anciana_ ¡Tengo que regar mis begonias! Si yo no lo hago, la sotreta de la Jovita no lo va a hacé.
Rafael contuvo una carcajada, aunque la situación no era para reírse. Doña Francisca debía hacer reposo; su corazón, debilitado por tantos años de trabajo pesado, le había jugado una mala pasada.
"Cuanta ropa lavó mamita, sin importar que hiciera frío o calor, que lloviera o quemara el sol; usted firme, lava que lava para que a mí no me faltara el pan".
_ Vamos señora, yo mismo la llevo a la cama. Jovita le ceba unos mates como a usted le gustan. Y ¡nada de fumar! Esos cigarritos de chala están terminantemente prohibidos.
_ A la cama no, Rafael. Lléveme a esa sala pituca que tenemos. Me sienta en la mecedora que me regaló el Ciriaco y me quedo ahí quietita frente a la chimenea que Jovita acaba de encender.
A pesar de su reciente enfermedad, doña Francisca nunca había sido tan feliz. Vivía en una casa elegante que tenía tres patios colmados de rosas, narcisos, begonias, jazmines y margaritas. En su huerta cultivaba zanahorias, coles, cebollas y rabanitos, incluso había logrado unos zapallos ideales para la carbonada.
"Como me mima el Ciriaco, no permite que nada me falte. Y el Rafa, el milagro que Dios puso en mis brazos, luz de mi vida. El único capaz de frenar la violencia de mi querido hijo". Por eso, doña Francisca le estaría eternamente agradecida.
_ Bueno, me voy para el cuartel. Jovita cuídala bien, no te distraigas como es tu costumbre.
_ Deme un beso y váyase._ le dijo cariñosa.
_ Vaya, vaya no ma' patroncito que yo la cuido bien a la doñita.
Rafael se encasquetó el sombrero de ala angosta con la cinta roja de la Santa Federación y se calzó el facón a la cintura. Saltó sobre Moro, su caballo y compañero, y se dirigieron rumbo al barrio de Montserrat.
_ Por fin llega Rafael. Goyo, cebe unos amargos _ Rafael respiró aliviado al encontrar a su padrino de mejor ánimo.
_ Su Excelencia está que arde por culpa de este periódico, ¿cómo es que se llama? _ continuó diciendo Cuitiño.
_ "El Grito Argentino" _ contestó Rafael tomando un mate.
_ Eso mesmo. Parece cosa e' Mandinga. Juimo' a todas las casas que nos señaló la Sociedad Restauradora y no encontramos ni pío. Así que esta noche vamo' a requisar otra vez a esos malditos unitarios.
_ ¿Y con qué fin padrino? _ se molestó Rafael.
Sin darse cuenta del tono ácido del joven, Cuitiño le expuso el plan.
_ Necesitamos fondos para la causa y los muchachos están molestos porque se le debe la paga de unos tres meses...
_...así que le vamos a incautar los bienes para lograr nuestros propósitos _ terminó Rafael.
_ Uste' sí que me entiende. Prepárese, esta noche estamo' de cacería. Si se resisten se los degüella, faltaba ma'. Esos unitarios maricones están tirando demasiado de la cuerda con sus reuniones secretas y sus conspiraciones. Me están buscando y me van a encontrar,¡carajo!_ se encolerizó.
_ ¿Quién nos va a acompañar en la redada? _ dijo resignado Rafael. No hallaba la forma de huir del atolladero en el que estaba metido. Hacía tiempo que no compartía los métodos de represión de La Mazorca ni las ideas políticas de Rosas. Se consideraba un cobarde por no tener las agallas para enfrentar a su padrino.
_ Vienen con nosotros Santa Coloma, Troncoso, Porto y Reyes. ¿Qué queres Goyo? No ves que estoy ocupado.
El soldado se atrevió a interrumpir por una urgencia. Tímido, recostado en el marco de la puerta y con el gorro rojo dando vueltas en sus manos sucias.
_ Mi Coronel, me mandan los muchachos pa' ver si tiene si tiene alguna orden pa' nosotro'. Es que estamo' al botón no ma'.
_ ¿Qué hora es?_ ladró
_ Las diez, mi Coronel.
_ Vayan pa' Nuestra Señora del Pilar y esperan que salgan las copetudas de misa. A las que no tengan el moño punzó se los pegan con brea, así no ma', sin asco. ¿Le gusta el encargo Goyito? _ lo dijo con ironía.
_ Si...si..si señor.
_ ¡Tonce váyase de una vez carajo! Estoy de esta manga de holgazanes._ explotó Ciriaco.
_ Me voy padrino, nos vemos esta noche.
El joven saludó al soldado de guardia, montó su caballo y lo orientó hacia la iglesia del Pilar. "Tengo que vigilar a esos desalmados".
Eran cerca de las once y media cuando los fieles hicieron su aparición en el atrio. El ánimo de distención con el que salían, cambió abruptamente cuando divisaron a los mazorqueros, quienes comenzaron a inspeccionarlos.
Jubilosos, hallaron lo que andaban buscando. Con una sonrisa dibujada en sus grotescos rostros, se acercaron a una dama que estaba acompañada por su sirvienta. Les había impresionado su gruesa trenza dorada coma las espigas del trigo sin la insignia federal. "A divertirnos", se regodearon los soldados.
Sujetaron a la jovencita entre dos y un tercero le desarmó el peinado tirándole con saña el cabello. Nadie las socorrió, a pesar de los gritos de angustia de la sirvienta.
Un jinete se apeó del caballo y de dos rebencazos liberó a la muchacha de sus captores. Al ver quien era no protestaron y se volvieron cabizbajos y rabiosos.
_ Perdone señorita. La próxima vez no olvide colocarse la cinta punzó. Por su bien, claro.
Rafael intentó tomar uno de los rulos rebeldes, pero Lourdes levantó el mentón con petulancia fulminándolo con la mirada.
_ Gracias señor, voy a tener en cuenta su consejo. Adiós.
Abrazada a Tina bajaron apresuradas las escalinatas de la iglesia, para después perderse por las calles de Montserrat. Mercedes nunca debería enterarse de lo sucedido.
Rafael las vio alejarse y un sentimiento desconocido comenzó a gestarse en su corazón.
"¿Quién será esa niña de mirada altanera, pero bella como el sol?" Se propuso averiguarlo.