miércoles, 24 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 25

"Mi gloria es vivir tan libre
 como pájaro del cielo,
 no hago nido en este suelo
 ande hay tanto sufrir
 y naides me ha de seguir
 cuando yo remonte el vuelo".  José Hernández



Salió al galope muy temprano esa mañana, de Buenos Aires a Santos Lugares.
Tenía su mirada fija en el camino, pero su mente repasaba una y otra vez el plan de la fuga.
Todo se dio mejor de lo calculado. El día posterior a su llegada, Cuitiño mantuvo con él una conversación trascendental para llevar a cabo su cometido.
_ Rafael, acérquese a Santos Lugares con esta orden para Reyes _  le tendió un sobre lacrado.
_ ¿De qué se trata, padrino? _ intuyó lo peor.
_ El fusilamiento de Lorenzo Escalante. ¿Por qué pone esa cara? ¿Acaso le disgusta mi decisión? _ lo sondeó con malicia.
_ Para nada, padrino. Me parece una decisión justa y atinada. Mañana mismo salgo para allá.
Esa misma tarde, se apersonó en el cuartel de Montserrat aprovechando que Cuitiño estaba en cama con un fuerte ataque de cólicos.
La noche anterior, el doctor Alcorta lo asistió con la ayuda de su esposa, que lucía una palidez sepulcral provocada por el susto de ser requeridos por La Mazorca. Cuando se convencieron que no corrían peligro alguno y recobrada la calma, el doctor lo trató con cataplasmas y le recetó una tisana de romero y melisa.
"Debe hacer reposo, Coronel Cuitiño. Caso contrario, el cuadro de cólicos se repetirá", le aconsejó el facultativo.
Rafael sorprendió a Goyo jugando al "truco" con otros dos mazorqueros. Interrumpieron bruscamente el juego de naipes al verlo aparecer.
_ Don Rafael, ¿qué lo trae por acá? _ nervioso, escondió debajo de la mesa la botella de ginebra.
_ ¿Quién está de guardia en La Crujía?
_ Me parece que el Camilo Santibañez. Antiyer me lo encontré en la pulpería. ¡Flor de tranca tenía!
_ ¿Y quién es el oficial encargado de la vigilancia de "los corrales"?
_ El pardo Miguel. ¿Qué le pasa al Coronel que no vino hoy?
_ Los cólicos, Goyo, los benditos cólicos; pero ya está mejor. El tratamiento del doctor Alcorta resultó efectivo.
_ Me alegro que ya estea mejorcito. Dele mis saludos don Rafael.
_ Serán dados. Y ...continúen jugando, yo no he visto nada _ se despidió guiñando un ojo con picardía.
Satisfecho con el resultado de sus averiguaciones, emprendió el regreso. "Así que Camilo es el guardia nocturno, ¡que pegada!".
Camilo Santibañez era un paisano bonachón, que para no terminar en la frontera matando indios, se enlistó en La Mazorca. En varias ocasiones, Rafael y él, mantuvieron conversaciones amenas, sobre todo cuando estaban regadas con un buen tinto. En una de esas ocasiones le contó sus desgracias.
Camilo solía frecuentar el "Hueco de Cabecitas", una hondonada poco agradable para transitar. El lugar le debía su nombre a las cabezas de ganado faenado, que allí descargaban las carretas. Esa zona de cuchilleros, prostitutas y ladrones, rodeada por reñideros de gallos, casas de juego y pulperías, fue el escenario de tremendos duelos.
Camilo era un apasionado de las riñas de gallos. Ni bien juntaba unos cobres, aparecía en el reñidero, un verdadero teatro en el que se exhibía sobre un gran tablero las leyes de la "guerra gallesca".
Los gallos, preparados especialmente, esperaban su turno de combate encerrados en impresionantes jaulas de cañas.
La noche trágica, Camilo eligió un gallo de plumaje colorado y negro. Tenía el pálpito que iba a duplicar su dinero. Escuchó gritar : "Apuesten señores al gallo fiero de espuelas de plata, de buen peso y tamaño. No los defraudará". No sólo apostó sus ahorros, sino también, la suma que le prestó el mazorquero Alen para alambrar el rancho de su tata.
Su presentimiento falló, lo perdió todo. Su gallo fue herido seriamente por su contrincante y entre abucheos, escapó de la arena. Lo mismo hizo Camilo.
Al verse impedido de saldar su deuda con Alen, éste casi "lo raja al medio" con el facón de no mediar Rafael que estaba al tanto de los enredos de Camilo. Como ese día Alen estaba de buen humor le perdonó la vida dándole a elegir entre prestar armas en la frontera o incorporarse en La Mazorca.
"Camilo no me negará su ayuda, estoy seguro", pensó con optimismo.
Al divisar los montes de tala y sauces que rodeaban el cuartel de Santos Lugares, respiró profundo para calmar la tensión de sus músculos. Su corazón, desbocado por la ansiedad y la incertidumbre. ¿Reyes le creería? Para colmo de males en el cuartel estaba el desconfiado de Santa Coloma.
Cambió el galope de Moro por un trote sosegado. El portón de rejas estaba abierto. Cuando desmontó en el patio, se le acercó un soldado con el fusil al hombro.
_ Traigo una orden del Gobernador para el Comandante Reyes._ se presentó Rafael
_ Acompáñeme, el Comandante está en su oficina.
Un muchachito harapiento se ofreció a llevar a Moro a los establos mientras Rafael iba al encuentro de Reyes.
_ Lo buscan mi Comandante.
_ Pero si sos vos, Rafael y ¿tu padrino?. Lo esperaba a él.
_ Sufrió un ataque de cólicos que lo dejó muy débil, así que me mandó a mí en su nombre.
Rafael le alcanzó el sobre lacrado y Reyes lo abrió resuelto.
_ Dice "fusílese", pero no está firmada por su Excelencia.
_ Es un detalle insignificante, ¿no, Comandante Reyes?_ lo miró con suspicacia.
_ Espero que Ciriaco no me meta en un lío que me cueste la cabeza._ se lamentó.
_ Nadie se enterará, se lo aseguro. Comandante, antes de la ejecución me gustaría cruzar unas palabras con Escalante, si usted me lo permite, claro está._ lo engatuzó.
_ No hay problema... y ¿cuál sería el tema de la conversación?.
_ Un último intento para que nos revele los nombres de los integrantes del Club de los Cinco.
_ Me parece al pedo, pero probá suerte, a lo mejor...
_ Gracias mi Comandante, tendrá noticias mías si logro que cante el muy bellaco, sino, presencio el fusilamiento y mañana de madrugada regreso a Buenos Aires.
Se dieron un apretón de manos y Reyes llamó a un soldado.
_ ¡Saturnino! ¡Saturnino!, llevalo hasta los "corrales"_ y dirigiéndose a Rafael, le confirmó _ Allá está Escalante. Espero que entuavía vivito y coleando _ se rió, y el aliento a ajo y a vino picado asqueó a Rafael.
Caminó pensativo detrás del mazorquero. "¿Confiará don Lorenzo en mí? Por su bien y el mío, espero que sí".

.

domingo, 21 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 24

"Toda cubierta de sangre
 Aquella infeliz cautiva,
 Tenía dende abajo arriba
 La marca de los lazazos,
 Sus trapos hecho pedazos
 Mostraban la carpa viva".  José Hernández

.
"Los vi avanzar hacia nosotros. Venían al galope, las caras pintadas, los ojos inyectados de sangre...un malón.  Ay, Lourdes, fue horrible. No supe que hacer. Pedro intentó defendernos, pero antes de poder apuntar con su trabuco, un indio de aspecto feroz lo hirió de muerte con una flecha y lo remató con su lanza. En ese momento creo que me desvanecí...Cuando recuperé la conciencia me hallaba en una toldería. Enloquecí...¡Mi hijo!...¡Mi marido!
Recé para que me mataran a mí también;pero no, mi suerte fue peor que la muerte.
El indio que me capturó me hizo su mujer con brutalidad. Sentí asco, repugnancia...el olor de su piel me erizaba. Las noches eran mi peor tormento. 
Llegaba ebrio al toldo en donde vivíamos y me sometía con violencia. Al principio me resistí, pero al darme cuenta que era en vano, me mantuve pasiva, permitiéndole que descargara en mí todo su apetito sexual. ¡Dios mío, cuanto lo odié!
Sus otras mujeres, dos ranqueles y una blanca cautiva desde niña, me maltrataban por celos. Cuando iba al monte a recoger leña, me esperaban detrás de algún caldén y me molían a palos.
A mi cargo estaban las tareas más pesadas, además de acarrear agua y leña.Era mi responsabilidad cuidar del ganado, soportando el sol ardiente o el frío que calaba los huesos.
Me obligaron a participar del del curtido de cueros, algo asqueroso. Mis manos estaban tan lastimadas que por un tiempo perdí el sentido del tacto.
Quedé embarazada tres veces y las tres veces la criatura nació muerta. Pincén, mi captor, me acusó de estar maldita. Luego de la tercer pérdida, nunca más me tocó. Esa fue la única alegría que viví en aquella época. Ante su rechazo, las otras esposas se volvieron mis amigas.
Pincén no me regaló ni me vendió porque le rendía como sirvienta.
El alivio me duró poco. Una mañana, un grito desgarró el descanso del aduar anunciando la llegada de la peste, la viruela, el azote de Dios, como la llamaban los indios.
El cacique Yanquetruz, sus capitanejos y la machi, la curandera,se reunieron en asamblea. Cuando concluyó, quedé perpleja con sus resoluciones.
La machi caminó directo hacia mí y escupió mi rostro. Luego comenzó a recitar un discurso brusco en quechua que no comprendí, ya que apenas manejaba la lengua de esos salvajes,
Una cautiva me lo tradujo. Me expulsaban de la toldería por estar maldita. Yo era la culpable de traer la peste al campamento. Mi útero, incapaz de dar vida, me señalaba como hija de Mandinga, el diablo.

La vieja desdentada lanzó sobre mí una maldición: "Ikumi ususi sapay urqu saxsay. Mujer, hija del demonio, que el monte te devore hasta hartarse".
Antes del amanecer, abandoné la población sin agua ni alimentos...sin caballo. Era una condena a muerte, sin embargo, respiré libertad.
No sé cuanto tiempo caminé, los pies me sangraban; los labios, agrietados debido al calor extremo y la sed...sentía fuego en la garganta.

Por las noches dormía debajo de algún espinillo, tiritando de frío y durante el día, caminaba sin dirección, sin fuerzas, lo único que me impulsaba eran mis ansias por sobrevivir, debía encontrar a mi hijo, a mi pequeño Miguel. La esperanza de hallarlo con vida fue la fuerza para seguir luchando.
Una tarde, eso creo, soñé que alguien derramaba agua fresca sobre mis labios. ¡Tan freca! que por mi afán de beberla casi me ahogo. Empecé a toser y al abrir los ojos supe que no había sido una ilusión. Estaba rodeada por rostros que me observaban curiosos. ¡Soldados! Uno de ellos me sostenía la cabeza y me daba de beber. De a poco me fui recuperando y pude contarles mu historia. Ellos, solidarios, se ofrecieron a llevarme nuevamente a la civilización. Pertenecían a una de esas milicias organizadas por ese entonces estanciero Juan Manuel de Rosas, en defensa de los campos contra las incursiones de los indios.
Uno de los oficiales, tenía una hermana monja en el Convento de las Catalinas y me propuso llevarme hasta allá. Accedí agradecida. En el estado en que me encontraba no deseaba regresar con mi familia.
Las monjas me recibieron con reticencia, pero como estaba bajo el ala del oficial de Rosas, me aceptaron como donada, una especie de sirvienta.
No podía pedir más, tenía cama y comida. La pesadilla había quedado atrás.
Mi plan fue quedarme con las monjas hasta recuperar las fuerzas para comenzar la búsqueda de mi hijo, pero las monjas me prohibieron abandonar el convento. De ser cautiva de los indios pasé a ser cautiva de las Siervas del Señor.
Cuando menos lo esperaba, apareció un ángel en mi vida que abrió las puertas de mi infierno, tú Lourdes.
Al fallecer Consuelo, la priora mandó buscar a doña Mercedes.
¡Que buena mujer!, pensé al verla. Te tomó en sus brazos y te besó con tanto amor...
Recuerdo que me miró y con resolución dijo: "Vamos Tina. Lourdes y yo te necesitamos. Dejemos este nido de urracas".

Esa noche velamos a Consuelo y a don Alonso, padre e hija reconciliados en la muerte."
_ Tina, ¡que historia! _ Lourdes jamaás sospechó tanto sufrimiento en la vida de sus adorada Tina. Sin embargo, algo la inquietaba._ Lo que me cuentas se parce muchísimo a lo que una vez me confió Rafael.
_ ¿Qué Lourdes?_ se interesó.
_ Sus padres fueron víctimas de un malón en la frontera entre Buenos Aires y Córdoba. Allí lo encontró Cuitiño, llorando dentro de una canasta. En otra oportunidad me contó sobre un baúl repleto de libros que guarda con celo porque supone que perteneció a sus padres. Muchas coincidencias Tina y...¿ si Rafa fuera tu hijo perdido?
Tina sintió que el mundo se detenía. ¿Sería posible semejante milagro después de tanto tiempo?
_ Ay, Lourdes, ¿será posible? Ahora comprendo porque siempre sentí un cariño especial por él.
_ Me alegro tanto, Tina. Debes decírselo_ la animó olvidándose de su enojo con Rafael.
_ No es oportuno Lourdes. Esperemos que se aquieten las aguas. Primero debes reconciliarte con él. Te ama Lourdes, lo sabes. Si te mintió fue por miedo a perderte. Arriesgó su vida por ti traicionando a Cuitiño y ahora lo hace por don Lorenzo, en realidad siempre pone en juego su vida por ti, por el gran amor que los une.
_ No sé...
_ ¡Basta de huirle a la felicidad, niña! Rafael es tu felicidad y la felicidad de ambos es la mía. Sólo hay una sombra que oscurece mi dicha: le debo la vida de mi hijo a un hombre sanguinario que amenaza con destruirlo...