viernes, 29 de abril de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 7

"La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor..."  Franz Lizt


A la mañana siguiente Lupe despertó de buen ánimo, todavía sentía sobre su piel, las caricias aterciopeladas de los pétalos de rosas que caían sobre ella durante su sueño.
Con una sonrisa radiante se presentó a desayunar. Lina se alegró de verla feliz, hacía tiempo que se preocupaba por el semblante taciturno de su hermana.
_ ¡Lupe!, ¿ con quién has soñado?, ¿con tu príncipe azul, quizás?_ Lola la codeó divertida.
_ No digas pavadas y ten cuidado, casi me haces derramar el mate cocido sobre mi vestido _ se fastidió Lupe.
_ ¡Vamos!, no te enojes amiga, sólo quería saber el motivo de tu alegría…
_ Sí Lola, estoy feliz. Anoche practiqué hasta tarde y creo que logré mejorar bastante mi interpretación y además…
_ Además, ¿qué?, ¡cuenta, cuenta! _ la apuró Mariela.
_ ¡Ay chicas, soñé con Vivaldi!
_ Lupe, estás totalmente loca...enamorada de alguien que murió hace tantos años, ¡un disparate!_ se escandalizó Josefina.
_ A mi me parece muy romántico _ suspiró Lola.
A la tarde, concluídas las tareas, se reunieron con la hermana Elisa para continuar ensayando. La visita del Gobernador sería la semana siguiente y las concertistas deseaban brillar.
_ Hermana Elisa, Lupe está enamorada._ dijo con picardía Lola.
_ ¿Qué estás diciendo Lola?, ¿Lupe enamorada?, ¿de quién?_ se preocupó la religiosa.
Lupe sintió ganas de acogotar a la muy chismosa.
_ Está enamorada de Vivaldi, es su amor imposible _ aclaró Lina con seriedad.
La hermana Elisa respiró aliviada.
_ Yo también amo a Vivaldi _ las niñas miraron sorprendidas a Elisa ante su afirmación._ Cómo no amar al autor de una música tan hermosa,  tan angelical...Les voy a contar una leyenda muy bonita relacionada con el nacimiento de Antonio Vivaldi.
_ Me encantan las leyendas, ¡son tan misteriosas!
_ ¡Basta Lola, no interrumpas! Cuente hermana Elisa, cuente _ se entusiasmó Lupe.
_ Cuenta la tradición que enterado el Demonio del nacimiento de Antonio y conocedor de la increíble fuerza musical que llevaba el niño en su interior, quiso utilizar este magnífico don en su maléfico provecho. Esas ansias del Príncipe de las tinieblas fueron presentidas por los padres de Antonio, que no dudaron en proteger a su niño ungiéndolo con óleos de la iglesia San Giovanni, donde fue bautizado. Comenzó, entonces, una lucha en las profundidades del alma de Antonio, una batalla entre el bien y el mal, que lo llevó, incluso, a ordenarse sacerdote. Sin embargo, esto no logró poner fin al trágico conflicto que el Diablo esperaba ganar, porque Vivaldi poseía en su naturaleza, una chispa de bondad imperecedera, un brote de inocencia luminosa, que conseguía evitar que el Demonio se apoderara de su alma, de la que nacían armonías celestiales como jamás se hubieron concebido.
Finalmente el Diablo comprendió que nunca podría doblegar la voluntad de Vivaldi y que la luz de su genio siempre acabaría anulando cualquier oscuridad que le enviase. Entonces tramó la más cruel venganza. Empleó toda la fuerza de su poder para evitar que el genio de Vivaldi compartiera su maravillosa música con el mundo.
Con el paso del tiempo la muerte encontró a Antonio y de él sólo quedó su alma envuelta en todas sus melodías angelicales que nunca pudo compartir. Más su lamento era tan fuerte y desgarrador, que fue escuchado por el Creador, pues aquel espíritu se sentó sobre el mar y comenzó a componer su obra suprema.

Y aún en nuestros días, si te acercas a la iglesia de San Giovanni, en Venecia, y escuchas con el corazón atento en dirección al mar, sentirás una paz celestial mientras eres envuelto por el susurro de las olas. Pues como en un sueño, en tu mente resonarán las últimas notas de Vivaldi.
_ ¡Qué maravillosa historia! _ exclamaron conmovidas Lina y Mariela. Josefina Y Lola, lloraban emocionadas.
_ Suena como si usted la hubiera escuchado hermana.
_ Así es Lupe, tuve la fortuna de experimentar ese milagro
_ Voy a viajar a Venecia y  también escucharé esas últimas notas de Antonio Vivaldi. Es un juramento que hoy me hago._ proclamó con seguridad Lupe.
_ ¡Ojalá, criatura, puedas hacer realidad tu juramento!_ fue el sincero deseo de Elisa.
Finalmente llegó el día tan esperado por las pequeñas intérpretes. Emoción, nervios, ilusiones...más nervios.
El concierto resultó un rotundo éxito. Lupe estaba eufórica. Su sueño, hecho realidad. ¡Tantos aplausos, y todos en su honor! Lloró de emoción. Lina estaba feliz por su hermana y la semilla del orgullo comenzó a crecer en su corazón. Lupe se merecía este momento de felicidad, todas las niñas de la orquesta se lo merecían. Todas brillaron, pero en especial su hermana.
El Gobernador, sorprendido del talento de las jovencitas, las saludó una por una; y felicitó muy especialmente a Elisa.
Carmen sonreía satisfecha por el logro, seguramente esa tarde recibiría un cheque jugoso.  La economía de la Institución estaba pasando por un momento difícil y ella lo estaba sufriendo, sus malabares para cubrir los gastos ya no eran suficientes.
Lamentablemente sus deseos se frustraron. El Gobernador simplemente le agradeció el delicioso concierto y se despidió dejando a su Secretario con la nefasta notificación. Ese año no habría subvención, las arcas de la Gobernación no daban abasto para las necesidades de la provincia y el Orfanatorio no se encontraba en las prioridades a tener en cuenta.
Carmen fingió comprender los argumentos del Secretario, lo despidió con corrección reprimiendo el llanto y la furia por la decepción. “¡Malditos burócratas !¡Políticos corruptos !¡escarnio de la población! Me imagino donde va a parar el dinero de nuestros impuestos…¡a sus malditos bolsillos! ¡Ladrones del demonio!”, gritó mientras paseaba su furia por el salón. “¿Y ahora qué?. No quiero hacerlo, pero nos hundimos en deudas y los niños tienen que comer…¿A quienes elegiré? No quiero hacerlo, pero no tengo alternativa...Dios me perdone".

miércoles, 27 de abril de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 6


“Habla con el violín. Escucha su armonía y contéstale.
Se acercará a ti. Lo está deseando…”                              Gonzalo Moure

Pasó un año y el corazón de Lupe seguía sangrando la muerte de María.
Se sentía culpable. “¿Por qué no supe ver su gran pena?, ¿por qué no la ayudé?,¿por qué, Dios mío?”.
Sólo encontraba consuelo en su violín. Cada vez que lo ejecutaba, su melodía la transportaba a tierras lejanas y mágicas, donde la oscuridad no existía, todo era luz y fuego.
Amaba interpretar a Vivaldi y cada vez lo hacía mejor. “Santa Cecilia te ha bendecido con el don de la música. Tus manos parecen danzar al compás del arco y las cuerdas”, la hermana Elisa no salía de su asombro ante el singular talento de Lupe. No sólo era brillante, sino que sus melodías transmitían vida.
_¿Quién es santa Cecilia?_ preguntó curiosa Lupe.
_ La protectora de lo músicos, no lo olvides. Cuando algo te abrume, no dudes en pedir su auxilio. Ella siempre responde._ le respondió con cariño.
Los nervios estaban matando a Carmen. El Gobernador y su comitiva harían su acostumbrada visita anual a la institución y ese acontecimiento siempre la alteraba. Tan puntillosos, constantemente dispuestos a señalar errores, nunca felicitarla por los progresos logrados, por el orden y la disciplina imperante.
_ Hermana Elisa, ¿qué haremos para agasajar al Gobernador?, ¿ha pensado en algo?_le preguntó de mala manera durante la reunión que mantenían en su despacho _ Me ofuscan las caras de aburrimiento y cansancio que ponen cada vez que vienen a visitarnos.
También la irritaba el rostro sereno de la religiosa.
"¿De dónde sacaba tanta paz?¡Maldita sea!".
_ Se me ha ocurrido realizar un concierto. Las niñas han ensayado muchísimo, están listas para su primera presentación._ le dijo complacida.
_ ¿Un concierto?...Podría ser. ¿Está segura qué no harán un papelón?_  indagó preocupada _ Sería mi ruina.
_ En absoluto. Sobre todo Lupe. Es brillante. Tiene que escuchar sus interpretaciones señora Carmen, son exquisitas.
_ No tengo tiempo para esas tonterías. De modo que si a usted le parece que un concierto será adecuado para ofrecer al Gobernador, así será. Le advierto, de la satisfacción del Gobernador depende una sustanciosa ayuda económica del Gobierno para el orfanato. Así que ¡esmérese! para que el concierto salga perfecto, si es necesario ensayen más horas.
_ No se preocupe, déjelo en mis manos, todo saldrá a la perfección.
Esa tarde, después de las tareas, la hermana Elisa reunió a las niñas para comunicarles la noticia. Se entusiasmaron pero al mismo tiempo entraron en pánico.
_ Todo saldrá a las mil maravillas, tengan fe_ las animó.
_ Me gustaría ensayar algunas horas después de la cena, hermana Elisa. ¿Usted cree que la señora Directora me autorizará?
_ Claro que sí Lupe. Hoy mismo podrás hacerlo.
Sola, en la fría sala, se aisló dentro de su pasión, la música. Especialmente amaba las composiciones de Vivaldi. Interpretar “La primavera”, el primer concierto de “Las cuatro Estaciones”, la llenaba de entusiasmo y felicidad.
A veces, pensaba que era un sueño tener un violín y saber ejecutar con él bellísimas melodías como la que en ese momento estaba ensayando.
La música la envolvía, la subyugaba, la transportaba a un mundo mágico donde todo era luz, la muerte no existía. Allí estaba su madre, sentada en un trono de estrellas, escuchando embelesada su interpretación, dulce y delicada.
Carmen, fascinada por la dulzura de la música que llegaban hasta su despacho, interrumpió el trabajo que tenía entre manos y dejándose guiar por la cautivante tonada llegó hasta el salón donde ensayaba Lupe.
“Por sus venas corren notas musicales; su corazón late embriagado por la melodía que nace de su alma, y su brazo es una continuación del arco, que rasga con ternura las cuerdas.
Todo a su alrededor deja de existir en el instante que toma el violín y lo hace vibrar.
Ella misma se transforma”, escuchó decir a la hermana Elisa a otra de las religiosas.
“Tiene razón”, pensó Carmen. La belleza de Lupe, ensimismada en su interpretación, la impactó. Se quedó en la puerta escuchando, observando. La niña no notó su presencia.
Al finalizar la pieza musical, la Directora se retiró silenciosamente, pero impresionada por la destreza de Lupe.
_¿Le gustó? Toca como los ángeles, ¿verdad?_ Elisa la sorprendió.
_ Ciertamente _ fue lo único que dijo y desapareció por el pasillo.
“¡Cuánta amargura encierra ese corazón!”,se dijo afligida ante la actitud severa de Carmen.
Con determinación, entró en la sala de ensayo.
_ Hija, por esta noche es suficiente, ¡a descansar!
_ Un ratito más_ suplicó Lupe_ Necesito perfeccionar algunos fragmentos.
_ ¡Tonterías! Tu interpretación no puede ser más bella...y ¡ojito con vanaglorirte!, es el peor defecto de un artista.
_ Sé muy bien que me falta un largo camino para que se me considere una artista, hermana._ lo dijo con tristeza.
_ No me gusta ese tono tristón. Lupe, tú tienes el sentimiento y la fuerza de espíritu para conquistar la meta. Tú lo lograrás. y ahora, ¡a dormir señorita artista!.
Esa noche soñó con su amor imposible.,Vivaldi. "Il prette rosso" la besaba con pasión, no en los labios, en las manos. Esos besos eran una bendición que plasmaba en sus dedos la maestría del compositor barroco. De repente ella emergía de un tromba de colores estridentes, ejecutando una melodía exquisita jamás escuchada. Una lluvia de flores caía sobre ella y aplausos, cientos de aplausos, le endulzaban el oído...