sábado, 4 de junio de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 17

"Cuando los hombres aman a las mujeres sólo les dan un poco de sus vidas, más las mujeres, cuando aman lo dan todo".  Oscar Wilde



Desde ese primer enfrentamiento por obtener los favores de Lupe, los hermanos comenzaron una lucha disfrazada de ironías y sarcasmos. La lengua afilada de Renzo siempre salía victoriosa dejando a Arturo sudando frustración y rabia.
Competían por agradar a Lupe. Se mostraban simpáticos y gentiles, dejaron de trasnochar tan seguido y rivalizaban por llevarla a los ensayos de la orquesta del Colón que tenían lugar todas las tardes.
Lupe había sido admitida en la orquesta estable del Teatro Colón, cumpliéndose así su más preciado sueño.
Ana estaba perpleja ante el drástico cambio de actitud de sus hijos con respecto a Lupe. "Pero si hasta ayer se burlaban y la despreciaban, ¿qué les ha sucedido? Esto no me gusta", se preocupó.
Lina también estaba anonadada. Los dragones convertidos de repente en perritos falderos, corriendo tras las sonrisas de su hermana. Si hasta con ella se mostraban amables. "Aquí hay gato encerrado", desconfiaba Lina, "algo traman esos dos".
Lupe, sin embargo, disfrutaba de las atenciones de los jóvenes. Halagada, aceptaba las galanterías que le prodigaban. Se sentía como la protagonista de las novelas rosas que tanto le gustaban.
_ Lupe, ¿qué quieren esos dos contigo? _ le preguntó una tarde Lina mientras tomaban un té luego de que Lupe terminara una ardua práctica de violín.
_ ¿Qué quieres decir? _ intentó hacerse la desentendida aunque el rubor de sus mejillas la delató.
_ No te hagas la tonta Lupe, sabes muy bien a lo que me refiero _ Lina a pesar de sus once años era muy avispada y comprendía el enamoramiento de su hermana.
_ ¡Ay Lina!, debemos estar felices, por lo menos ya no nos hostigan y se muestran cariñosos con Ana.
_ Algo se traen entre manos, no me gusta como te miran, ¿qué buscan? Actúan como bobos enamorados _ chilló
_ No digas pavadas Lina. Mira si van a estar enamorados de mí._ Lina leyó ilusión en la expresión de su hermana.
_ ¿Y por qué no? Eres preciosa, alegre y talentosa _ enumeró orgullosa los talentos de Lupe.
_ ¿De veras crees que él se ha fijado en mí? _ se le escapó su deseo ante la mirada azorada de la pequeña.
_ ¿El? ¿Quién es él?
_ No importa, dejemos esta conversación sin sentido, debo seguir con mi práctica.
_ Pero..._ intentó aferrarla de un brazo, pero Lupe se desembarazó fácilmente y se encerró en la biblioteca con su violín y las partituras del repertorio de Wagner que presentarían en la próxima función del Colón prevista para fines de octubre.
Ana, como Lina, se propuso desentrañar el enigma que se desplegaba frente a sus ojos.
Una noche, luego de una cena amena como hacía años que no gozaba invitó a sus hijos a su dormitorio para mantener una charla sobre un tema que la inquietaba. Ellos, aceptaron solícitos sin poner reparos, como acostumbraban.
_ Muchachos, ¿que está sucediendo? Huelo algo raro y no alcanzo a comprender qué es.
_ ¿Qué te preocupa mamá? Ve al grano, no soporto cuando haces  conjeturas _ Renzo no pudo disimular su descontento por la intromisión de su madre en los planes que tenía en mente.
_ Está bien, seré clara. ¿Qué buscan con Lupe? ¿A qué se debe tanta galantería? ¿A qué están jugando? _ se enfadó.
_ Mamá no es un juego. Lupe me gusta y quiero ganarme su cariño...más tarde, quizás su amor _ fue sincero Arturo.
_ Yo también pretendo lo mismo y no voy a permitir que tú te entrometas _ encaró a su hermano.
_¡Renzo!, calma. ¿Los dos están interesados en Lupe? _ preguntó incrédula.
_ Mamá, sé que aún es joven para un noviazgo. pero estoy dispuesto a esperar.
_ Sobre mi cadáver Arturo, ella será mía _ se violentó Renzo
_¡Basta ya! ¿Siempre deben pelear? ¿Cuándo me darán una tregua? Pensé que por un milagro comenzaban a cambiar, veo que me equivoqué. Quiero que ¡los dos! se saquen de la cabeza a Lupe. Ella no es para ninguno de ustedes, ¿han entendido? _ los enfrentó decidida, esos muchachos egoístas no harían sufrir a Lupe, un alma dulce y delicada.
_ Mamá, por favor...entiende, realmente me importa Lupe
_ A mí también me interesa, te prometo cambiar...ya verás _ arremetió Renzo.
Ana estaba desolada, ¿cómo actuar? ¿Y si Lupe era el remedio para sus hijos? Pero no podría serlo para ambos...uno debía renunciar, pero ¿cuál de ellos?
_ Si de verdad se sienten atraídos por Lupe quiero, primero, que luchen por ella sin lastimarse porque ante todo son hermanos y odio verlos enfrentados; segundo, quiero que respeten la decisión que tome Lupe y que la elección no creará enemistad ni resentimiento entre ustedes; tercero, deberán ser pacientes, como bien han dicho, ella es aún joven para noviazgos, deberán esperar hasta que cumpla dieciocho años para proponerle un compromiso. El tiempo además, los ayudará a esclarecer sus sentimientos para saber si realmente la aman o si es un simple capricho por el que pelean como cuando eran niños...¿estamos de acuerdo? _ Ana fue tajante.
_ De acuerdo _ dijeron ambos.
_ ¡Ah!, una cosa más
_ ¿Más? _ se exasperó Renzo.
_ Sí, ¡más!, comenzarán a trabajar. Ayudarán a don Cosme en todo lo relacionado a la importación de libros y en el manejo del personal de la librería. El no da abasto. ¿De acuerdo?
Ambos la atravesaron con la mirada. ¿Trabajar, ellos? En fin, si eso la hacía transigir, eso harían.
Para sorpresa de Ana, asintieron mansamente y se despidieron con un beso. Hacía años que no lo hacían.

miércoles, 1 de junio de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 16

"Dicen que cuando conoces al amor de tu vida el mundo se detiene".


Esa noche los hermanos se reunieron en la biblioteca. Tenían una conversación pendiente y un tema importante por aclarar.
Ambos eran altos, delgados y atractivos. Renzo, el mayor, rondaba los veintiséis años. Rubio, dueño de una mirada ambarina capaz de inhibir al más petulante.
Arturo, dos años menor, siempre admiró a su hermano. De cabellos castaños y ojos de un gris tormentoso, siempre pronto a humillar a los demás. Ambos fueron consentidos desde la cuna, nunca sufrieron privaciones. Su madre y Jacinta, nunca les pusieron límites. Ana pensaba que de esa forma compensaba la ausencia del padre. Una sola vez, ya mayores, les habló sobre el suicidio del padre y el dolor inmenso que ese acontecimiento le provocó.
A ellos pareció no afectarlos, en definitiva no lo conocieron, eran muy pequeños cuando sucedió la tragedia. Fríos, insensibles, así eran los hermanos Gamazo Martinez.
Sin embargo había algo que los excitaba y motivaba : el juego.
Estudiaron para no soportar los regaños persistentes de su madre y por la mensualidad que ella les pasaba si le mostraban la libreta de notas de la facultad. A pesar de rehuirle al trabajo y a las obligaciones, en el estudio eran brillantes. Los dos eran abogados. Ana les montó una oficina en la zona más paqueta de Buenos Aires, pero ellos apenas les importó, sólo les entusiasmaba la noche porteña...cabarets, prostíbulos y garitos de juego clandestino.
Y precisamente la cita en la biblioteca se debía a esos temas escabrosos.
_ La otra mañana me dijiste que tenías algo importante que decirme, de que se trata _ empezó Arturo encendiendo un cigarrillo importado.
_ Desde ese momento quise que conversáramos pero nunca encontraba el momento adecuado. Mamá siempre está husmeando, atenta a nuestros pasos. ¡Insoportable! _ el malhumor de Renzo comenzaba a evidenciarse.
_ ¿Y cómo quieres que se comporte después de nuestra última entrada a la comisaria? ¿Recuerdas la cara que puso cuando nos vio en la celda? ¡Blanca como la cera se puso la pobre! Me divertió mucho, si señor._se rió con ganas.
_ Es una exagerada la vieja. No era para tanto, al fin de cuentas nos defendimos...
_ Si no hubiera sido por tu gran habilidad en el manejo del cuchillo, hoy eramos finados.
_ "El Pardo" es un maldito que se la tengo jurada, no nos vuelve a robar en su puta vida _con furia vació de un sólo trago todo el whisky servido en su copa.
_ Tranquilo Renzo, ya llegará el momento de la revancha y ese día nos cobraremos todo lo que nos ganó con trampa en el póker _ trató de calmarlo Arturo.
_ El día ha llegado. Mañana por la noche en "El Gato Negro". "Diente de oro" me pasó el dato, mañana se reúnen todos en el lupanar, incluído el Pardo. ¡Que buena combinación! Sexo, alcohol y "timba".
_ No grites que la vieja Jacinta seguro está con la oreja pegada a la puerta para después ir con el chisme a mamá.
_ ¡Pero si está más sorda que una tapia!_ escupió con furia sirviéndose otra copa de whisky.
_ Igualmente seamos precavidos, nunca se sabe y necesitamos plata para la revancha...mucha plata. Tratemos de ser amables con mamá para poder sacarle el dinero.
_ Pobre vieja, es fácil de manejar. Un beso, un cheque; una sonrisa, otro cheque. Fácil, muy fácil _ suspiró satisfecho Renzo.
_ Ya empezaste a poner en marcha tu táctica, entonces _ dijo con sarcasmo Arturo.
_ ¿Qué quieres decir?
_ No te hagas el tonto Renzo. ¿Qué fue eso de "todos iremos a escucharte al Colón Lupe"? ¿Desde cuándo eres tan gentil con la huérfana?
_ Eso no fue una táctica, lo dije sinceramente.
_ ¿Acaso estás ablandándote?
_ Y tú...¿qué pasa contigo y Lupe? También te mostraste extrañamente cariñoso.
_ Me gusta, Lupe me gusta _ se sinceró Arturo.
_ Pues a mí también me gusta y voy a lograr que me quiera.
_ No me hagas reír. Tienes a tus pies a las mejores "minas" y deseas a Lupe, una niña que recién comienza a florecer.
_ Sí _ aseveró con firmeza, el rostro transfigurado por la violencia contenida. Nadie podía oponerse a sus decisiones, nadie, ni siquiera su hermano en el que veía un posible contrincante.
_ Pues bien, yo también quiero a Lupe. Estoy harto de que me arrebates todo lo deseo. _ lo enfrentó con rabia.
_ Si te refieres a Malena y a Dolores, deberías agradecerme por haberte sacado de encima a dos putitas baratas, infieles y presumidas._ alardeó Renzo.
_ Las amé _ se quebró.
_ Y yo te demostré que ellas no merecían tu amor.
_ Lupe me gusta de verdad hermano, no te entrometas.
_ Lamento contradecirte, esta vez yo también estoy muy interesado. Veremos quien es merecedor del premio.