jueves, 18 de agosto de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 34

"Mientras unidos por un mal hermano me hablaban con suprema confidencia los mudos apretones de tu mano, manchó la soñadora transparencia de la tarde...". Julio Herrera y Reissig



Nubarrones amenazantes oscurecieron la vida de ensueño de Lupe. "La Cenicienta" vuelta en princesa por el amor del Príncipe, se convirtió nuevamente en la harapienta huérfana hostigada por el dragón sanguinario que tanto temía.
"Pero ya no soy una niña frágil, soy una mujer que sabe defenderse. No te tengo miedo Renzo, no te tengo miedo", repetía como una jaculatoria al comenzar y al finalizar el día.
Frente a los demás simulaba alegría, aunque Arturo supo adivinar en su mirada el silencioso sufrimiento que la atormentaba.
"¿Por qué no confías en mí? Podría ayudarte", se desesperaba ante el hermetismo de la joven.
El profesor Spiller no regresó a la casa.
_ Profesor prefiero ensayar en su estudio _ le dijo tratando de parecer desenfadada.
_ Me parece bien, pero ¿ocurrió algo?, ¿cuál es el motivo para este cambio?. ¿Acaso molesta mi presencia a tu marido? _ se intranquilizó el anciano, hacía tiempo que notaba la ojeriza que Renzo le profesaba. Repentinamente el trato cordial que le dispensaba viró en uno seco y antipático.
_ ¡Como piensa eso maestro! Renzo lo respeta y admira_ mintió_ Lo que sucede es que estoy harta de pasarme el día encerrada. Tomar un poco de aire me hará bien, me levantará el ánimo. Desde que Lina entró al convento y Ana viajó a España, me siento muy sola.
_ ¿Y Renzo? _ se extrañó de la melancolía en las palabras de Lupe.
_ El pobre tiene muchísimo trabajo, entre la librería y los pleitos jurídicos que lleva adelante, casi ni lo veo _ volvió a mentir.
Los asuntos de Renzo distaban mucho de lo laboral, más bien estaban relacionados con entreveros por juego clandestino en "El Gato Negro" y amoríos con las putas del lugar.
Lupe lo escuchaba llegar al amanecer. El se acostaba a su lado, ella fingía dormir. A los pocos minutos Lupe se relajaba al oír los ronquidos que denunciaban un sueño etílico. El denso aliento a alcohol la perturbaba, más aún cuando su olfato descubría el pegajoso aroma a sexo. Entonces ahogaba sus lágrimas en la almohada mientras la furia y el odio crecía en su corazón.
"La luz del sol ciñe a la tierra
 y la luna besa a los mares:
¿para que esta dulce tarea
 si luego tú ya no me besas?".
Los dulces y dramáticos versos que alguna vez leyó martillaban su memoria aumentando el desconsuelo que, como a una muñeca de porcelana, la rompía en pedazos.
"¡Ay, Ana, cuánto te necesito! Si estuvieras aquí, distinto sería el comportamiento de Renzo", pensaba sin estar convencida.
Sus recuerdos se empaparon del llanto de Ana, una madre quebrada por el desamor de sus hijos.
"Sin embargo ellos cambiaron, Renzo cambió...mi amor lo cambió...pero parece que mi gran amor no fue suficiente, el Dragón ha regresado para devorarme. Iré a visitar a Lina, ella me dará el consuelo que necesito para resistir en esta trampa cruel que me ha impuesto el destino", se prometió con el corazón en un puño.
A la tarde siguiente fue al convento.
La priora Concepción autorizó el encuentro a pesar de que no era día de visita, pero al percibir tanta tristeza en el rostro de Lupe, accedió gentilmente.
La hermana Milagros buscó a Lina en la capilla donde reflexionaba sobre pasajes bíblicos.
_ Hermana Catalina _ la llamó en voz baja.
Lina se sobresaltó cerrando de un golpe la Biblia. La miró con recelo. "Y ahora que querrá", siempre que la hermana Milagros se le acercaba era para regañarla, imponerle castigos o añadirle más tareas.
Se levantó del reclinatorio y lentamente se encaminó hacia la puerta de la capilla donde la esperaba con el ceño fruncido.
_ ¿En qué puedo servirle hermana Milagros? _ preguntó contrita esperando lo peor.
_ Lupe te espera en el locutorio _ lo expresó con rabia.
_ ¿Mi hermana está aquí? _ se alegró
_ ¿Eres sorda o lenta de entendederas? ¡Si!,¡tu hermana! Hoy no es día de visita y la Priora igualmente ha accedido que se vieran. No lo comprendo, esto es romper las reglas. Un desatino, un verdadero desatino, pero si la Priora lo ha permitido, ¿quién soy yo para oponerme? No te quedes ahí parada, ¡apura el paso!...Y cuando termine la mundana conversación que te mantendrá atrapada con tu queridísima hermanita deberás sacar lustre a todas las cacerolas de cobre y pelar media bolsa de papas. Alégrate hermana Catalina, podrás estar en la cocina con la hermana Corina, tu amiga del alma.
Sin hacer caso a los irónicos comentarios, Lina se encaminó feliz hacia el locutorio.
"¡Lupe!". "¡Lina!". Las jóvenes se abrazaron emocionadas, como solían hacerlo de pequeñas cuando el peso de los avatares de la vida las aplastaba sin compasión
.
Las dos sufrían en silencio. Las dos, víctimas de la violencia. Unidas por un amor infranqueable. No estaban solas, se tenían la una a la otra. Nadie les haría daño.
Sentadas frente a frente y tomadas de la mano, permanecieron en silencio mirándose a los ojos.
_ Lina, no puedes imaginar cuanto te extraño.
_ A mí me sucede lo mismo.
_ Y entonces, ¿por qué no regresas a casa? ¡Vuelve conmigo hoy mismo!_ le suplicó esperanzada.
_ Lupe, entiende, esta es mi vocación. Sueño con ser misionera como lo es la hermana Elisa.
_ Lina, Lina, ¿por qué deseas vivir en la precariedad, exponiéndote a sabe Dios qué enfermedades? Hace tiempo que no tengo noticias de la hermana Elisa, no sé nada de ella. ¡Ay Lina!, ¿y si eso mismo me ocurre contigo cuando estés en esas tierras lejanas? ¡No lo podría soportar! No lo hagas Lina, quédate en este convento rezando por las almas descarriadas, ¡no me abandones! _ comenzó a llorar con angustia y desazón.
_ Lupe, querida, no te quedarás sola; Ana ya regresará de su viaje, y además tienes a Renzo. El te ama y te cuidará _ la consoló con ternura.
_ ¿Renzo? ¡No me hagas reír! _ se envaró sorprendiendo a Lina
_ Me asustas Lupe, ¿qué sucede? _ un sabor amargo le inundó la boca.
_ Lina, estoy desesperada, no sé que hacer _ la voz trémula, los ojos anegados de lágrimas.
_ Deja de llorar y cuéntame.
_ Renzo se ha vuelto loco. Tiene raptos de violencia que me atemorizan. Le tengo miedo, mucho miedo...
_ ¿Te ha pegado? Lupe, ¡¿te ha pegado?!_ gritó abrumada.
_ No _ mintió, no deseaba preocupar a su hermana.
_ No te creo.
_ Te lo juro, no me ha pegado, pero se comporta como un truhán. Sale casi todas los noches y vuelve ebrio al amanecer. Me parece que tiene otra mujer...y lo peor de todo es que me ha prohibido tocar el violín. Me ha obligado a renunciar al Colón. Lina, tú sabes lo importante que es la música para mí, es mi espíritu, mi alma y el maldito me obliga a renunciar a ella...¡No,no lo haré! ¡Nunca!
_ ¿Arturo lo sabe?
_ No, no quiero involucrarlo. Últimamente he notado que la relación entre ellos está tirante. No deseo agregar leña al fuego.
_ Pero él podría interceder, defenderte si Renzo se violenta. Lupe, tengo mucho miedo..._ Lina estaba consternada, nunca imaginó semejante confesión.
_ No fue mi intención afligirte con mis problemas, pero ya no resisto Lina. No soporto a Renzo, ¡lo odio!, ¡ojalá desaparezca de mi vida! ¡ojalá se muera!_ dijo llorando con rabia y frustración.
_ Habla con Arturo Lupe, hazme caso, él te ayudará, prométemelo por favor _ le rogó apesadumbrada.
_ Lo haré, lo haré. Nada me pasará _  Lina notó que Lupe lo había expresado sin convicción.
_ ¿ Y don Cosme? ¿Si recurres a él? _ se esperanzó
_ Menos que menos. Don Cosme le escribiría a Ana inmediatamente. No quiero alarmarla, se merece un tiempo de paz, ¿no lo crees?.
_ Si, pero...
_ Pero nada. Me arrepiento de haberte confiado mi tribulación. ¡Que necia soy! Sólo pienso en mi _ se abrazó a su hermana con fuerza _ Perdóname Lina, perdóname.
_ ¿Perdonarte?
_ Por ser egoísta, por poner sobre ti el peso de mi pena.
_ ¡Tonta! Me alegra que me la hayas confiado. Debemos estar unidas y ahora más que nunca. Recuerda lo que nos dijo mamá antes de morir.
_ Ella me recomendó a mi tu cuidado, pero en este momento eres tú la que se preocupa por mi. No quiero que te preocupes Lina, yo sabré manejar a Renzo. Si le obedezco no se alterará, lo conozco.
Sin embargo,una vez más le mintió a Lina, ella jamás abandonaría ni a su violín ni su lugar en la orquesta del Colón.
_ Sé fuerte Lupe y ten paciencia, sobre todo paciencia. Cuando Renzo se violente, no le contestes, mantente callada...por favor Lupe, ¡callada!. Y hazme caso, habla con Arturo.
_ Te prometo que lo haré.
En ese momento entró al locutorio la hermana Milagros.
_ La visita ha concluído _ su expresión severa molestó a Lupe.
_ Ya me voy _ le contestó en el mismo tono, duro y adusto.
La monja arrojó sobre ellas una mirada agria y admonitoria, luego las dejó para que se despidieran.
_ ¡Que carácter tiene esa monja! ¿No se supone que deben ser dulces, amables y alegres? _ se alteró Lupe.
_ Olvídate de la hermana Milagros, no todas son así. Ella ha sufrido mucho siendo niña _ intentó justificarla.
_ Nosotras también hemos sufrido y no somos unas amargadas _ explotó.
_ Bueno, ya no rezongues y vete. Rezaré por ti, le pediré a la Virgen María que te proteja de todo mal y también le pediré por Renzo para que apacigüe su espíritu. ¡Cuídate y ven pronto a verme ! ¡Te quiero Lupe!
_ ¡Te quiero Lina!
Las hermanas volvieron a abrazarse, un abrazo cariñoso, consolador...un abrazo de corazón.
Lupe nunca sospechó que ese sería el último abrazo que daría a su hermana.