viernes, 18 de noviembre de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 47

"En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente". Khalil Gibran


Por primera vez después de tanto tiempo, "una eternidad", pensaba Lupe, ahora era feliz y estaba en paz a pesar de continuar en prisión. Tenía el perdón de Ana, el amor de Arturo y esperaba ansiosa la llegada de un hijo, ¿qué más?.
A pesar del frío, decidió sentarse en un rincón soleado del patio, lejos del bullicio de las reclusas que disfrutaban del recreo diario.Necesitaba reflexionar, recordar momentos dichosos. Estaba harta de llorar...esa tarde se propuso desterrar de su corazón toda amargura y resentimiento.
"Basta de planear una venganza descabellada contra las monjas del Carmelo. Eso no hace otra cosa que envenenar mi espíritu. Ya recibirán ellas el castigo de la mano de Dios por la muerte de Lina. Confío en que la hermana Milagros no escapará de la furia divina, estoy segura de ello. Ahora mi única preocupación debe ser esta criatura inocente que crece en mi vientre. ¡Un hijo!, fruto de un amor puro y profundo.
¡Cuánta ternura vi en los ojos de Arturo cuando le di la noticia! ¡Dios, cuánto lo amé en ese instante!
Nunca puso en duda su paternidad, y ese es, para mí, un acto de amor maravilloso.
_ Es tuyo Arturo _ le dije con un temblor en la voz, temía su reacción.
_ Lo sé, mi amor, lo sé _ aún me estremece la calidez de su abrazo, la dulzura de sus besos.
_ Arturo, hacía mucho tiempo que no tenía relaciones con Renzo y si ocurría, él me atormentaba sodomizándome _ le confesé sin poder detener las lágrimas.
_ ¡Mi queridísima Lupe!. No sé como reparar todo el mal que has sufrido _ me impresionó verlo llorar, un hombre que siempre se mostró duro e inquebrantable.
_ Amándome y amando a este hijo que une nuestros destinos para siempre".
Una sonrisa iluminó el rostro de Lupe llamando la atención de la Pioja que desde hacía rato la estaba observando mientras fumaba un cigarrillo de tabaco negro.
_ Por fin te veo sonreír. ¿A qué se debe ese milagro? _ le preguntó tras una nube de humo.
_ Estoy embarazada Pioja _ la noticia dejó dura a la mujer.
_ ¿Quéee? ¡A la mierda!, mirá que te lo tenías bien guardadito copetuda. ¡Zulma, Mary, vengan rápido! _ llamó a las mujeres que estaban lavando en la otra punta del patio.
_ ¡No grites Pioja!, no quiero que todas se enteren, especialmente las celadoras.
_ Perdoná Lupe, tenés razón, si se enteran las "lechuzas", te harían la vida imposible. Parece que les gusta joder a las más débiles, pero lo que me contás es tan...tan...
_ ¿Sorprendente? _ terminó Lupe.
_ Eso, sorprendente _ asintió la Pioja.
_ Che,¿qué está pasando? _ quiso saber Zulma que apareció secándose las manos en su delantal. Atrás la seguía pisándole los talones Mary, la tuerta.
_ A la Lupe le inflaron el bombo _ las notificó bajando la voz para que nadie escuchara salvo ellas.
_ ¡Madre Santa!¿Y de cuánto estás? _ Mary se sentó junto a ella y empezó a acariciarle el vientre.
_ Cuatro meses.
_ ¡Cuatro meses! Pero si no se te nota...es que estás tan flaca..._ chilló Zulma.
_ ¡Chist!, no grités. No queremos que escuchen las lechuzas que siempre están con la oreja parada _ le advirtió la Pioja.
_ Che, y es del Arturo, ¿no?
_ Mirá que sos metida Tuerta, ¡que te importa a vos!. Che, Lupe, ¿es del Arturo? _ preguntó Zulma intrigada. Lupe rió al ver a la Tuerta indignada pegarle un fuerte codazo a Zulma.
_ Si, es de Arturo, estoy segura y saberlo me da paz.
_ Nos alegramos por vos, copetuda _ coincidieron las tres amigas.
_ Menos mal que ya te falta poco para el juicio. ¿Es dentro de tres días,no? _ curioseó la Pioja.
_ Así es. ¡Ay chicas!, estoy nerviosa y exultante a la vez. Deseo que llegue el día y por otra parte tengo mucho miedo. ¡No quiero que mi hijo nazca en prisión! _ se lamentó angustiada Lupe.
_ Tranquila, eso no va a pasar _ la animó Zulma _ Tu boga es un genio, él te va a sacar, ¡confiá!

Finalmente llegó el día del juicio. Lupe lucía un sencillo vestido azul marino, algo holgado en la cintura que disimulaba el incipiente embarazo.. El cabello rojizo, en un rodete apretado, acentuaba su palidez. Sentada junto a su abogado, el doctor Santillán, rezaba en silencio.
"Señor, no me abandones. Lina, hermanita querida, intercede por mí".
En ese instante recordó el sueño que la reconfortó la noche anterior.  Lina se le presentó bellísima, bañada por una luz dorada que enaltecía sus rasgos. En sus manos, un ramo de geranios rojos en el que se destacaba una camelia blanca. Lina se inclinó sobre ella y con una voz dulce y melodiosa le susurró al oído:
Lupe, mi querida Lupe, estos geranios oscuros son el símbolo del valle de lágrimas por el que hemos transitado. La camelia blanca es una flor que en apariencia es frágil y etérea, sin embargo, milagrosamente presenta resistencia a los embates del frío; florece en invierno alegrando esos días grises y nostálgicos. La camelia eres tú Lupe. No te desanimes, florecerás venciendo la maledicencia que te rodea. ¡Ten fe, serás feliz! Yo te lo auguro, siempre estaré unida a ti.
Una fragancia familiar, envolvente, la trajo a la realidad. Sin voltear la mirada supo que era él.
Arturo se ubicó detrás de ella. Su presencia la reconfortó.
Ana y don Cosme, también estaban. Todos apoyándola, entonces,se sintió fuerte y confiada.
"Probablemente hoy se resuelva tu situación Lupe. Las pruebas están a tu favor. Esto será sencillo, ya verás", le dijo con convicción el doctor Santillán.
Lupe quiso creer, necesitaba creer. "Lina, por favor, ayúdame".
Las horas pasaron lentamente. Los testigos de la acusación se redujeron a uno, el detective que llevó adelante la investigación , el antipático teniente García. Sin embargo,  su declaración fue clara y contundente, para él "la señora Gamazo actuó en legítima defensa".
Santillán llamó a declarar a Arturo, a don Cosme y al personal doméstico de la casa que estuvo presente en el momento de la tragedia. "Oímos a la señora gritar, le pedía con desesperación al señor Renzo que se detuviera. Luego escuchamos disparos", expresaron la cocinera y dos de las mucamas.
"Cuando llegué al salón, la señora tenía en su mano el reloj de bronce manchado de sangre. No parecía ella, estaba desenfocada, como ida. Recuerdo que repetía: ¿por qué Renzo?,¿por qué?", manifestó otra de las mucamas.
También declararon los médicos que atendieron a Arturo en la casa y en el hospital. Lupe se sorprendió ante la llegada del "Doc", el profesional que curó la herida de Renzo provocada por el Pardo. "Sí, es verdad, Renzo era también el Lobo, el depredador de los arrabales porteños", confesó cabizbajo.
Lupe presenciaba y escuchaba. La pesadilla volvía a atacarla, deseaba devorarla. Unas pataditas, apenas perceptibles, atrajeron su atención. Su hijo le recordaba que debía reponerse, que debía luchar por la libertad de ambos.
Arturo respondió al interrogatorio con firmeza, sin vacilar. "Renzo estaba desquiciado, estaba decidido a matarnos. Intenté proteger a Lupe, pero él me disparó sin darme tiempo a nada". Cuando terminó su declaración la miró con tanto amor que Lupe creyó tocar el cielo. "Te amo, Arturo, te amo", se repitió.
Don Cosme poco pudo aportar, pero habló maravillas de Lupe . "Siempre fue una niña alegre y generosa. Sí, se casó muy enamorada. El primer tiempo todo parecía andar bien, pero últimamente Lupe estaba apagada, triste, encerrada en sí misma. En varias ocasiones le pregunté que le ocurría obteniendo siempre la misma respuesta: Nada don Cosme, estoy mal por Lina. La extraño muchísimo; me gustaría que dejara el convento. Ella citaba a su hermana y yo pensaba que el causante de sus males era Renzo, su marido. ¿Por qué, me pregunta? Pues bien, se mostraba muy severo con Lupe y se ausentaba de la casa por largos períodos. Nadie conocía su paradero".
Lupe escuchó el alegato del Fiscal. Mucho no comprendió, sólo que pretendía que la condenaran a diez años de prisión. "¿Diez años? ¡Noo!", gritó para sí temblando de impotencia. La mano del abogado se deslizó por su espalda dándole fuerza. "Es mi turno, la verdad saldrá a la luz, no temas", le expresó con cariño.
El doctor Santillán habló con voz potente, decidido a comprobar la inocencia de su cliente.
"La acusada contrajo matrimonio con Renzo Gamazo a los diecinueve años. Estuvo casada dos años.
En el transcurso del matrimonio fue brutalmente abusada por su marido en innumerables ocasiones. Las agresiones se hicieron cada vez más severas con el pasar del tiempo, especialmente durante el acto sexual. El señor Gamazo gustaba de las prácticas sadomasoquistas.
En una oportunidad le propinó una fuerte paliza y le prohibió abandonar la casa bajo amenaza de no volver a ver a su hermana Lina Funes, novicia en el Convento de las Carmelitas Descalzas.
A lo largo de este juicio se ha comprobado la doble vida que llevaba el señor Renzo Gamazo. Por la mañana, respetable hombre de negocios, moviéndose en las altas esferas de la sociedad y por la noche, compadrito del arrabal porteño, adicto al juego clandestino y a la violencia, autor de la muerte de Laureano Gutierrez, el "Pardo", otro temido delincuente de La Boca y alrededores.
Para terminar me permito presentar, Su Señoría, este informe de un prestigioso perito en violencia familiar, que concluyó luego de entrevistar a la señora Lupe Funes, que padece del Síndrome de mujer maltratada.
Este trastorno patológico se da en mujeres que son víctimas de violencia de género como resultado de un maltrato continuo.
Normalmente las víctimas que viven en este tipo de relaciones abusivas y aterradoras, suelen ocultarlo por mucho tiempo por miedo o vergüenza.
Los actos de violencia de Renzo Gamazo provocaron en mi defendida un daño físico, sexual y psicológico. Inclusive en varias oportunidades la amenazó y la privó arbitrariamente de la libertad, prohibiéndole abandonar el domicilio conyugal.
La señora Lupe Gamazo vivió en el temor y en el aislamiento, experimentando culpa y humillación.
Dado el carácter continuo de maltrato por parte del señor Renzo Gamazo, la capacidad de responder de mi defendida disminuyó, de manera que su personalidad avasallante y entusiasta pasó a ser pasiva y sumisa con una baja estima hasta el punto de renunciar a su gran pasión, la música.
Cuando su marido intentó asesinarla y habiendo éste disparado ya a su hermano, el señor Arturo Gamazo,  la señora Funes procedió en legítima defensa ante una agresión inminente.
En conclusión, la decisión de matar a su marido fue necesaria y moralmente aceptable".
El juez leyó con detenimiento el escrito firmado y rubricado por el especialista. Finalizada la lectura dio por terminada la sesión hasta la mañana siguiente en la que daría su fallo.