lunes, 10 de julio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.31

"El miedo no existe, no tengo miedo.
 Es un color oscuro que se escapó de un cuento".
Aurelio González Ovies

Gorrión barría silbando el piso de tierra de la pulpería cuando sintió que lo llamaban. Giró la cabeza hacia la puerta y vio a Imanol que le hacía señas para que saliera.
_ ¡Buenos días dotor! ¿Qué lo trae tan temprano por estos pagos?, ¿se cayó de la cama? _ el niño quiso ser gracioso pero su intento resultó un fracaso.
_ No seas impertinente mocoso del diablo, hoy no estoy de humor para tus tontos chascarillos _ le respondió furioso.
_ Perdón dotor, no quise ojenderlo. Pero pase, pase que se va a mojar _ una garúa persistente y molesta venía atormentando a la población de Buenos Aires desde hacía una semana.
Imanol echó una mirada rápida al interior de la pulpería y al notar que estaba desierta, aceptó aliviado. Odiaba el clima porteño, tanta humedad lo irritaba.
_ ¿ Y tu patrón? _ preguntó algo nervioso, no deseaba ser visto ya que prefería mantener oculta su relación con el peoncito.
_ Se jué al puerto a comprar cigarros de contrabando. Dispué los vende al doble el muy turro _ Gorrión se rió de su ocurrencia, en cambio Imanol frenó el impulso de ahorcarlo.
_ Me interesa una mierda a dónde fue tu patrón, lo que importa es que no está para poder conversar con tranquilidad. Antes pasé por mi laboratorio y encontré todo en orden. Hiciste bien tu trabajo _ Gorrión, todas las mañanas, compitiendo con el canto del gallo, cumplía con su trabajo de aseo en el refugio clandestino de Imanol. En un primer momento, pensó en el niño como una nueva presa de investigación, pero luego cambió de idea; prefirió mantenerlo cerca hasta concluir con su venganza y después...a lo mejor, lo probaría. "Parece frágil, sin embargo es de carne dura, sin adiposidad. Así me gustan a mí los críos, los disfruto más", el pensamiento, veloz como un rayo, le levantó el espíritu. "Sí, luego me ocuparé de él", decidió satisfecho.
_ Gracias dotor _ se alegró y más todavía al recibir un pilón de monedas. "Esta noche voy a morfar un buen puchero", de sólo imaginarlo se le hizo agua la boca _ Gracias dotor _ repitió con una ancha sonrisa que mostró algunos dientes picados.
_ Ahora devuélveme la llave. No necesito más de tus servicios.
_ ¿Está siguro dotor? _ Gorrión, desilusionado, le entregó la llave.
_ Mira Gorrión, mañana parto hacia Cochabamba, así que por un tiempo voy a estar ausente de Buenos Aires. Te prometo que a mi vuelta volveré a contratarte. Me has sido de gran ayuda, mi actividad supone una limpieza extrema y tú has mantenido el laboratorio impecable. ¿Seguirás trabajando para mí, verdad? _ preguntó zalamero, debía continuar en contacto con ese especímen.
_ Claro dotor. cuente conmigo pa´ lo que guste _ respondió feliz pensando en los futuros centavos destinados a suculentos almuerzos y cenas.
"Para lo que guste, por supuesto, para lo que guste", consideró Imanol y una mueca maquiavélica se dibujó en su rostro.
_ Bueno Gorrión, hasta pronto, entonces. Y no le cuentes a nadie, ¡a nadie! de nuestro convenio..
_ ¿De lo qué?_ se extrañó. "Este dotor habla muy raro"
_ De nuestro trato...No le digas a nadie que nos conocemos y que trabajas para mí. ¿Has entendido ahora? _ se impacientó ante la ignorancia del niño.
_ Auradotor. Confíe en mí, voy a tener la boca más cerrada que un muerto _ le dijo risueño.
"No te preocupes, pronto, muy pronto haré realidad tu propuesta", Imanol lo miró de arriba abajo, dio media vuelta y desapareció bajo la llovizna enfundado en su chaquetón negro.
Gorrión continuó barriendo. Entre escobazo y escobazo, dejó volar su imaginación. "¿Y si esta noche me doy una vueltita por el laboratorio? ¿Y si me quedo a dormir ahí? Hay un brasero con el que me puedo calentar, en mi rancho me muero de jrío. Además los otros días vi unas mantas guardadas en unos cajones que me vendrían bien, las mías tienen más aujeros que perdíz baleada. Sí, voy a hacer eso, total el dotor, como quiera que se llame, nunca me dijo su nombre, se va de viaje. Con estas monedas me voy a comprar pan, queso y un pedazo de panceta. Sí senior, me voy a dar un flor de festín, como dice el patrón cuando empina la botella de ginebra".
Mientras tanto Imanol decidió pasar por la Recova con el fin de adquirir en la botica etanol, fenol, azufre, mercurio y madera de enebro, elementos que utilizaba en las disecciones de los cadáveres y en la desinfección, tanto de su persona como la del lugar luego de realizar las autopsias pertinentes y de tener sexo con sus víctimas.
Luego de pagar la cuenta salió del negocio planeando el día del secuestro. Recordó entonces que había olvidado comprar aceite de rosas, siempre lo utilizaba para suavizar y quitar el olor pestilente de los desinfectantes de sus manos. Fue entonces cuando lo vio.
Estaba frente a un organillero y su payasesco mono. No podía desperdiciar semejante ocasión. Seguramente Dios estaba de su parte.
Se olvidó del aceite de rosas y caminó hacia el tumulto de gente que vitoreaba al imbécil organillero.
Celebró al notar que el niño estaba solo. No le costó convencerlo que lo acompañara, él sabía de su devoción por los libros.
_ ¿Cuánto falta? _ Miguelito estaba cansado, habían caminado durante una hora. No garuaba y el cielo estaba despejado. Eso facilitó el trayecto a pesar del incordio que ofrecían las calles embarradas.
_ Ya llegamos, es en la otra cuadra _ le indicó animándolo a apresurar el paso.
_ Pensé que íbamos a su casa _ se extraño el niño pero sin inquietarse.
_ Sí, pero antes debo visitar a un paciente _ inventó.
Al llegar y ver que no era una casa sino un viejo galpón, Miguelito comenzó a desconfiar.
_ Mejor volvamos doctor Imanol, es tarde y mi mamá se va a preocupar _ dijo titubeando.
_ ¡De ninguna manera! _ y de un empujón lo hizo entrar.
El lugar estaba oscuro, de modo que Imanol encendió varias velas.
Miguelito pegó un grito al observar el sombrío entorno. Una enorme mesa llena de instrumentos extraños, muchos tubos de vidrio, tijeras y cuchillos de todas las medidas. Y lo mas peculiar de todo, una jaula monumental.
Miguelito comenzó a temblar, algo andaba mal.
Imanol lo tomó de un brazo y con violencia lo arrojó dentro de la jaula y la cerró con candado.
_ ¿Qué está haciendo? ¡Sáqueme de acá! _ gritó con desesperación pero sin llorar, él nunca se mostraría débil ante ese loco. "Soy un hombre, y los hombres no lloran", se dijo recordando los consejos de su tío Lorenzo.
_ Amiguito, te quedarás quietecito y sin protestar, sino deberé amordazarte y, créeme, no te gustará.
_ ¿Por qué me hace ésto? _ lloriqueó olvidándose de la recomendación de su tío Lorenzo.
_ Tu padre se portó muy mal conmigo y ahora debo vengarme, así de simple es _ le explicó con una sonrisa torcida.
_ ¿Mi papá? ¡Mi papá se murió!
_ Te equivocas, tu padre vive y está muy cerca tuyo. Tu padre es Bautista _ Imanol estaba exultante, el opio que había fumado la noche anterior lo potenciaba.
_ ¡Mentiroso! Mi papá murió en una batalla defendiendo la Patria _ chilló alarmado.
_ Error, mi querido niño, tu padre no murió en la batalla de Caseros. Lamentablemente se cayó de su caballo y por el golpe que sufrió perdió la memoria _ Imanol narró los acontecimientos friamente.
_ ¿Mi mamá sabe? _ Miguelito estaba desconcertado.
_ Por supuesto. Supongo que hoy iba a decírtelo, y como ella no ha podido hacerlo, lo hago yo. Tu padre vive y es Bautista, es decir, Rafael. Lamentablemente la familia feliz no podrá reunirse porque yo tengo a su querido hijito al que no verán nunca más _ una cacajada estridente redundó por todo el laboratorio. Miguelito temblaba descontrolado.
_¿Qué me va hacer? ¡Quiero ir con mi mamá! ¡Mamita! ¡Mamita! _comenzó a gritar.
Imanol, enfurecido, tomó un rebenque de la mesa y lo hizo estallar contra los barrotes de la jaula.
_ ¡Deja de gritar mocoso! _ Miguelito, horrorizado, se calló al instante. Sólo lloraba ahogando sus quejidos.
_ Así me gusta _ Imanol tiró el rebenque al piso y continuó:
_ Me voy, por la noche regresaré y conversaremos. Te aseguro que nos divertiremos _ "Yo, seguro", pensó relamiéndose, "Primero lo violaré imaginando que estoy penetrando a Rafael, al fin y al cabo es su hijo, su misma sangre. Y luego de gozar lo abriré para ahondar mis conocimientos sobre la anatomía humana. El sólo pensarlo, me exita. ¡Me gustan los niños, son sabrosos!".
Imanol inspeccionó su instrumental. Todo debía estar dispuesto para esa noche: el cuchillo curvo para las amputaciones, la sierra para cortar huesos, el trepanador para perforar el cráneo, el litótomo para cortar la vejiga, los escarficadores para producir sangrado, tijeras de distintas medidas y todo tipo de desinfectantes. Todo en orden, todo perfecto.
_ Hasta la noche Miguelito, descansa y si puedes sueña con los angelitos _ Imanol. alborozado y radiante abandonó el lugar apagando antes todas las velas.
En medio de la oscuridad sólo se escuchaba correr a los roedores y el llanto quedo de un niño.








 

domingo, 9 de julio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.30

"Su felicidad reía en su alma. Pero todo era un engaño.
 No duró mucho esa risa".
Henri Michaux 

Todo se estaba saliendo de control. Esa mañana había comenzado como cualquier otra : la pelea de costumbre entre Tomasa y Josefa, las dos siempre se disputaban amasar el pan; Miguelito, rezongando para no levantarse y continuar en la cama tapado hasta la nariz con el edrón de pluma de ganso; Alba, negándose a usar el vestido elegido por Lola para esa jornada; Lourdes, con los ojos irritados por llorar a escondidas en su dormitorio y doña Mercedes, cantando, siempre cantando una tonada enérgica y alegre. Así era ella, optimista en los peores momentos, contagiando su fortaleza a los que la rodeaban. Y Tina...Tina solucionando los problemas domésticos, apaciguando los ánimos, consolando a Lourdes y calmando los caprichos de los niños.
Durante el desayuno, todo parecía andar sobre rieles. Lourdes disfrutando de la conversación atropellada de Miguelito y Alba, Mercedes los observaba y sonreía mientras saboreaba su café con leche, y Tina, controlando que nada faltara en la mesa. Todo perfecto, todo tranquilo hasta la irrupción de Lola.
"El senior Rafael está en la sala y quiere hablar con usté, niña Lourdes".
Miguel y Alba no le prestaron atención, ellos siguieron en su mundo de cuentos. Discutían sobre el destino del protagonista de su historia preferida: "El sastrecillo valiente". ¿Sería capaz de matar al unicornio y al jabalí que tenía atemorizado al pueblo y así poder casarse con la princesa?
Mercedes casi se atraganta con un pastelito de batata y Lourdes pegó un brinco haciendo caer su silla y volcando la taza de café sobre el mantel inmaculado.
Una vez recuperada la calma, Lourdes fue al encuentro de Rafael. Tina pensó, entonces, que sería recomendable enviar a los niños de paseo a la Recova y a la plaza de la Victoria. Era mejor mantenerlos alejados de la casa; presentía que algo trascental sucedería esa mañana. Lola los cuidaría.
_ ¡Miguelito!, ¡Alba!, ¡apurensen! No se queden ahí papando mojcas, pué _ los regañó Lola cuando los niños se paralizaron ante el organillero que cantaba remedando el ritmo del candombe de los negros:
"Ya se va el organillero,
 nadie sabe a dónde va,
 dónde guarda su canción,
 pobrecito organillero si el manubrio te cansó
 dale vuelta a tu corazón".
Mientras el organillo ejecutaba pegadizas melodías, un simpático mono capuchino pedía la cooperación de los oyentes pasando entre ellos con una pequeña bolsa de terciopelo rojo.
El monito hizo una morisqueta de alegría cuando el niño depositó en la bolsa un centavo. La reacción del animal provocó la risa de los asistentes que aplaudieron entusiasmados.
_ ¡Miguelito!, ¡Alba! _ insistió Lola _ Se hace tarde...don Manuel va a cerrar el almacén y la Tomasa me va a matar si no le compro el maiz pal´locro. 
_ ¡Lola!, no molestes. Andá vos sola, nosotros te esperamos viendo bailar al monito _ ordenó muy serio Miguelito.
_ Ta´güeno, pero no se me muevan de acá. Yo voy de una disparada y enseguidita vuelvo _ les recomendó dudando de dejarlos solos. Aún así lo hizo y con rapidez cruzó la calle. Desde la vidriera del almacén los vigiló hasta el momento en que don Manuel la atendió.
Imanol, a su vez, también los vigilaba desde la otra punta de la Recova. Esperó que la negra desapareciera para acercarse lentamente a su presa.
_ El señor Mojo _ ese era el nombre del mono _  quiere demostrar su agradecimiento a este público tan selecto y para ello eligirá a uno de ustedes para darle un gran abrazo _ alardeó con voz ronca el organillero.
Alba comenzó a gritar y a dar saltitos de ansiedad para ser elegida por el señor Mojo.
_ ¡Allí, esa niñita! Vení _ la llamó el hombre.
Alba, emocionada, se abrió camino hasta el centro del improvisado escenario empujando y pisando a los asistentes.
_ Señor Mojo dele un abrazo a este bella señorita _ el mono de un salto subió a los hombros de Alba y con sus brazos peludos le rodeó el cuello. Alba no se asustó, todo lo contrario, comenzó a reír y a girar cargando al animalito.
Aprovechando que toda la atención del público estaba centrada en Alba y el mono, Imanol se acercó a Imanol.
_ Miguelito, ¿te agrada el espectáculo? _ el niño, al reconocer al doctor amigo de su madre, sonrió afirmando.
_ Sí, este organillero es muy bueno. Me atraen sus melodías y las cabriolas de su mono. Parece que tu hermanita se está divirtiendo en grande. Miguelito, ¿te gusta la miel? Acabo de comprar dos potes. Te invito a probarla untada sobre unos deliciosos bizcochos de grasa, ¿aceptas? _ Imanol ya tenía trazado su maquiavélico plan. Engatuzar, engañar, atrapar...
_ Me encantaría doctor Imanol, pero le prometí a Lola esperarla aquí. Además, no puedo dejar sola a mi hermana _ respondió con cortesía aunque deseando acceder a la invitación. Miguelito sabía que en la casa de Imanol había una importante biblioteca y él se moría por conocerla.
_ No hay problema, acabo de ver a Lola en el almacén y la puse sobreaviso sobre mi invitación. Por Alba no te preocupes, Lola me dijo que estará aquí en unos minutos. Podemos irnos tranquilos, ¿qué te parece? Además quiero enseñarte un nuevo libro de fábulas que mi padre me envió de España. Tiene unas ilustraciones increíbles _ ésto último terminó por convencer al niño.
_ Vamos, entonces, doctor Imanol _ respondió animado y dándole la mano se dejó conducir por las calles porteñas con destino desconocido.
Poco tiempo después regresó Lola buscándolos. La gente seguía rodeando al organillero, lo aclamaban y rogaban por nuevas interpretaciones. Alba jugaba con el señor Mojo.
_ ¡Alba!, por diosito santo deja ese bicho y vamo´pa´las casas _ le gritó atemorizada al ver al mono encaramado en la espalda de la niña.
_ No es un bicho, Lola, es un mono y es más inteligente que vos _ Alba se ofendió por el modo en que Lola trataba a su más reciente amigo.
_ ¡Qué cosas decí vo´! Dejá a ese bicho, digo, a ese mono _ se corrigió al ver el ceño fruncido de la pequeña _ y volvamo´que tu mamá debe estar priocupada por la tardanza. Y el Miguelito, ¿dónde está? _ se puso de puntillas y con la mano sobre los ojos como si fuera una visera comenzó a buscarlo en las cuatro direcciones._ ¡Virgencita Santa!, no lo veo, ¿dónde se habrá metido?
_ Habrá vuelto a casa. Seguro se puso envidioso porque el Señor Mojo me eligió a mí y no a él _ dijo despreocupada Alba mientras se despedía del organillero y su mascota.
Lola corrió de punta a punta la Recova arrastrando a una Alba malhumorada.
_ ¡No está, no está! _ repetía cada vez más asustada _ ¡Niño desobediente!
Atravesó la plaza de la Victoria, el corazón le palpitaba acelerado...Miguel había desaparecido y ella era la culpable.





domingo, 2 de julio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap. 29

"Aceptó por fin la única verdad. Sólo en él radicaba
 la capacidad para encontrar la felicidad".
Spencer Johnson

Madrugó. Las sábanas de lino le escocían la piel. y los pensamientos roían su cerebro. Debía buscarla, hablar con ella...volver a amarla.
Bajó con cautela la escalera del suntuoso caserón, evitando hacer ruido para no despertar a Lorenzo. Tomaría un café para darse ánimo, aunque, pensó, mucho mejor le vendría una copa de ginebra. ¿Y si hurgaba en la bodega? ¿Se escandalizaría su anfitrión?
Sonrió al imaginar la expresión de espanto de don Lorenzo Escalante al descubrirlo tomando a tan temprana hora.
Escuchó movimientos en la cocina y hacia allí se dirigió. Tres negras jovencitas y todas robustas, corrían de un lado a otro preparando el desayuno. Ni se inmutaron al verlo llegar, continuaron con sus tareas como si él fuera invisible.
Rafael se sentó en un banco de madera que acercó a la mesa. Inmediatamente, una de las negras puso delante de él un tazón de café humeante, una azucarera y una bandeja con tortas fritas.
_ ¿Gusta algo más el senior?_ le preguntó con cortesía mostrando una deslumbrante dentadura. Sin esperar una respuesta, hizo una leve reverencia y prosiguió cebando mate a sus compañeras que conversaban como cotorras.
Rafael las observaba entre divertido y perplejo. De repente, por la puerta que daba al patio, apareció Candelaria con una canasta llena de membrillos.
_ ¿Qué es tuito este jolgorio? ¡Cierren el pico de una buena vez que están volviendo loco a don Rafael! _ las regañó.
Lejos de enfrentar a la recién llegada, las mujeres obedecieron modositas. La actitud de las sirvientas asombró a Rafael.
_ ¡Cande! _ la llamó _ Explicame como haces para tomar "la batuta" con tanta rapidez. Arribamos anoche y ya sos la "mandamás". ¡Increíble! _ meneó la cabeza sorprendido mientras saboreaba el café, caliente y aromático.
_ Como la antigua cocinera dejó el puesto por enfermedá, Don Lorenzo me puso en su lugar y me dio "carta blanca"...
_ ¿Carta blanca? ¿Y vos sabés que significa? _ la interrumpió risueño.
_ Por supuesto, quiere decir que puedo hacer lo que se me dea la gana y estas mocitas _ dijo señalándolas con su regordete dedo índice _ me tienen que obedecer o se las verán con el patrón _ y en voz baja acercándose al oído le murmuró _  Parece que don Escalante tiene un caráter de los mil demonios y además...
Rafael, al comprender que si permanecía escuchando, la verborragia de la negra se haría interminable. La interrumpió con amabilidad para no herir sus sentimientos y huyó al salón comedor.
_ Buenos días, Rafael. Veo que seguís siendo madrugador _ lo sorprendió Lorenzo. Estaba cómodamente sentado en un sillón de tres cuerpos estilo Luis XV que años atrás compró de contrabando a un comerciante inglés. Con las piernas cruzadas y sosteniendo una delicada taza de porcelana, lo invitó a compartir con él un exquisito té que contenía un misterioso artilugio.
Lorenzo al notar la extrañeza del joven, lo ilustró de inmediato.
_ Se llama samovar, un viejo amigo me lo trajo de Rusia. Está hecha de metal y al contrario de la tetera tradicional, posee su propia fuente de calor. Hay un dicho en Rusia: "sentémonos junto al samovar", que equivale a decir, tengamos una charla distendida y en buena compañía. Algo así como disfrutar de unos buenos mates en nuestro querido Buenos Aires.
Rafael aceptó complacido.
_ Si le agregás un chorrito de cognac su sabor se intensificará _ añadió guiñándole un ojo con picardía.
_ Bueno muchacho, ¿cuál es tu plan? _ quiso saber interesado.
_ Hoy mismo hablaré con Lourdes para aclarar nuestra situación. Don Lorenzo, quiero agradecerle su intervención en todo este asunto, gracias a usted desenmascaramos a Imanol y a su hermana. Hace algún tiempo que vengo sospechando de ellos, pero al no tener pruebas de su manipulación debí callar por temor a malinterpretar sus conductas. Es cierto que Candelaria me advirtió sobre el peligro de unas infusiones recetadas por Imanol que debía beber todas las mañanas, infusiones que la astuta negra nunca me preparó. Se limitó a darme simplemente té de manzanilla _ Rafael se sentió liberado de una gran carga al compartir sus sospechas con Lorenzo.
_ Como te dije anoche, yo no estaba tranquilo con el diagnóstico de ese doctorcito por eso consulté con mi amigo que es un médico de renombre. Te repito, él me dijo que era una verdadera sandez no ponerte al tanto de la verdad. Lourdes, Mercedes y tu madre, me suplicaron que no lo hiciera. Tenían miedo que algo malo te sucediera, es que ese Imanol les lavó la cabeza con sus absurdas recomendaciones. Pero, ya ves, nada terrible te sucedió, y ahora no te entretengo más. Rápido, anda a buscar a Lourdes y comiencen una nueva etapa junto a sus hijos. Después de tanto sufrimiento, es hora de la revancha _ lo animó palmeándole la espalda varias veces. Lo acompañó a la puerta y lo vio alejarse en el carruaje.
Alrededor de las nueve, la aldaba sonó tres veces con estridencia. Lola, dejó de servir el café con leche a los niños y se apresuró a abrir el portón. Lourdes, miró intrigada a su abuela y a Tina. ¿Quién vendría a importunar tan temprano? Todas estaban desayunando en la cocina, les encantaba hacerlo allí, un ambiente agradablemente caldeado en el que siempre flotaba un delicioso tufillo a hierbas silvestres y a frutas frescas.
Lola casi se cae de espaldas al reconocer a Rafael.
_ ¡Don Rafael!, este...quiero decir ,don Bautista _ se corrigió de inmediato. "Siempre ando metiendo la pata", se angustió.
_ Esta bien Lola, podés llamarme Rafael, no hay problema _ la sorprendió con la respuesta _ Quisiera ver a Lourdes, ¿la llamás?, por favor.
_ Enseguidita, pero pase, pase _ lo invitó exaltada. "Acá hay gato encerrao" , pensó extrañada. _ Espere en la sala, la señora Lourdes está en la cocina desayunando, ya la llamo - y salió disparada hacia la cocina como si hubiese comido un ají picante y necesitara calmar la sed.
_ ¡Niña Lourdes!, ¡niña Lourdes! _ gritó sofocada atropellando a la pobre Tomasa que se disponía a levantar las tazas de la mesa.
_ ¡Cuidado, negra tonta! _ exclamó enfadada.
_ Perdón Tomasa _ se excusó contrita_  ¡Niña Lourdes!, en la sala la está esperando don Rafael _ la euforia de Lola alarmó a las mujeres. Los niños habían salido al patio trasero a jugar.
_ ¿Rafael? _ repitió ilusionada Lourdes.
_ ¿Y a qué no sabe cómo me pidió que lo llamara?
_ Dejate de adivinanzas y explicate de una vez _ explotó Mercedes, Lola le agotaba la paciencia.
_ Me dijo que lo llamara Rafael. Niña Lourdes, ¿don Rafa ya se acuerda de tuito? _ preguntó con  inocencia.
_ ¿Cómo podemos saberlo? _ intervino Tina _ Lourdes, cuando hablaron el otro día, él no dio muestras de recordar, ¿verdad?
_ No, Tina. Simplemente me escuchó distante, sin sentirse protagonista de la historia que yo le narraba. No se acuerda de mí, ni de los niños, ni de vos, Tina, su madre. Ni siquiera reconoció a su caballo, a Moro _ se sintió tonta al decir esto último, pero estaba devastada, al borde de las lágrimas _ ¿Y ahora que quiere?, ¿para qué me busca? ¡Estoy harta de sufrir, Tina, harta!.
_ Te comprendemos Lourdes, pero este no es el momento de desmoronarse. Sé fuerte y enfrentate una vez más a él. Además me intriga el hecho de que le pidiera a Lola que lo llamara Rafel. ¿A ustedes,no? _ Mercedes, como siempre, era el puntal en los momentos críticos.
Lourdes y Tina, al igual que Tomasa y Lola, la miraron con los ojos desorbitados.
_ Es verdad, abuela. Acá sucede algo raro y lo voy a descubrir ahora mismo _ se secó las lágrimas con determinación y con paso rápido recorrió la galería hasta llegar a la sala donde él la esperaba impaciente.
_ Buenos días _ lo saludó con frialdad _ ¿a qué debo su visita?
_ ¡Lourdes! _ Rafael se avalanzó sobre ella sin poder frenar el ímpetu de abrazarla y besarla.
Lourdes, aturdida por la insólita reacción de Rafael, permaneció rígida como un bloque de hielo.
_ No entiendo...¿qué sucede? _ expresó apabullada. Se negaba a tener esperanzas, ¿acaso él...?
_ Lourdes, soy yo, tu Rafa. El hombre que nunca dejó de amarte. Si bien mi memoria traicionera borró tu imagen de mi mente, siempre has estado encerrada en mi corazón _ le confesó entre lágrimas de emoción.
_ ¿Cómo?, ¿cuándo? _ Lourdes estaba conmocionada. Había esperado tanto ese momento, y ahora se sentía flotar, tan mareada estaba.
_ Sentémonos, estás muy pálida _  del brazo la acomodó en un sillón; luego acercó otro al de ella y se sentó. Tomó sus manos y las besó con devoción. "Lourdes", Rafael suspiró feliz.
Ella, obnubilada, creía que todo era un sueño, un bello sueño.
_ Aunque me negué a aceptarlo, quizás fue por miedo a sufrir una decepción, comencé a recordarte en la fiesta de compromiso de Joaquín. Desde esa noche no pude dejar de pensar en vos, tu perfume lo llevé impregnado en mis huesos, en mi piel. Tu imagen me perseguía en sueños. Yo luchaba por alcanzarte, pero siempre te desvanecías entre mis brazos. Cada vez que nos encontrábamos, una luz se encendía en mi memoria acercándome a la verdad. Mi verdad sos vos Lourdes; vos y nuestros hijos, Alba y Miguelito.
Perdón por este tiempo de oscuridad que me alejó de ustedes, perdón por tanto sufrimiento...
Lourdes lo observaba a través de un velo de lágrimas. Creyó que el corazón le explotaría de felicidad.
_ Rafa, mi amor..._ atinó a decir _ ¡Cuánto te extrañé!
Volvieron a abrazarse y el fuego de la pasión los envolvió. Rafael le susurró al oído parafraseando a su poeta predilecto: "Esta noche quiero hacer con vos lo que la primavera hace con los cerezos".
Lourdes, al comprender el mensaje, rió por lo bajo sonrojándose de puro placer.
En ese momento, Mercedes carraspeó para llamar la atención de la pareja que parecía estar en otro mundo.
Lourdes y Rafael, la miraron y sonrieron.
_ ¡Abuelita!, Rafa recuperó la memoria _ exclamó sobresaltada.
_ Ya lo sé, ya lo sé...Rafael, muchacho, ¡que felicidad! _ Mercedes abrazó jubilosa al joven.
_ ¡Hijo! _ Tina apareció detrás de Mercedes y se unió a ellos en el abrazo._  Desde que te creímos muerto viví en una tumba, pero hoy me devolviste a la vida. ¡Hijito querido! _ emocionada lo llenó de besos.
_ ¡Madre!, otra vez juntos. Le prometo que el destino no volverá a separarnos.
_ Esto merece un brindis _ el vozarrón de Lorenzo interrumpió los besos, las lágrimas y los abrazos.
_ Mi hermano siempre encuentra un motivo para celebrar...
_ Y para descorchar un buen vino torrontés _ todos aplaudieron entre risas la ocurrencia de Lorenzo.
_ Lourdes, fue Lorenzo quién nos comunicó la buena nueva _ le aclaró regocijada Mercedes.
_ ¿Y las copas? ¿Quién trae las copas? _ exigió anhelante Lorenzo.
Con diligencia, Tina fue en su busca. Regresó al instante con una bandeja cargada de copas altas de cristal.
_ Rafael, a los niños se lo diremos esta noche cuando estemos más calmados, ¿te parece? _ reflexionó Lourdes. Y él estuvo de acuerdo. Por suerte Miguel y Alba estaban en la plaza de la Victoria con Lola. Tina los había enviado allí presagiando una novedad trascendental.
Lorenzo comenzó a llenar las copas y hasta Tomasa, la cocinera; Josefa y Domingo, los padres de Lola, participaron del brindis.
_ Mamita, ¿qué festejamos? _ la súbita presencia de Alba los paralizó.
_ ¡Lola!¿No te dije que te quedaras hasta el mediodía con los niños en la plaza? _ la amonestó ofuscada Tina._  ¡Nunca prestás atención cuando te hablan!.
_ Es que...es que.. _ tartamudeó inquieta.
_ Hablá, ¿qué pasó? _ la zamarreó Lorenzo presintiendo una desgracia.
_ ¡Es que Miguelito desapareció! _ y se largó a llorar.



martes, 27 de junio de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.18

"Te toqué y se detuvo mi vida"
Pablo Neruda 

Buenos Aires, Enero de 1819
El calor agobiante la impulsó a abandonar la recámara buscando una brisa fresca a orillas del río.
Con sigilo descendió de la cama, él dormía profundamente. Como de costumbre, apenas le dio un frío beso en la mejilla acompañado de un "Buenas noches, querida". Eso era todo, ni una caricia ni una palabra de amor. Casi un año después de la boda, estaban allí, en la quinta de verano, en las afueras de la ciudad, compartiendo con la familia su luna de miel. Rosario lloró su error. "¿Por qué me empeciné en este matrimonio?, ¿por qué no escuché los consejos de mi madre, de mi hermana y Felipa? ¿Por qué fui tan tonta? El profundo amor que le profesaba hoy es un profundo odio".
Rubén expuso decenas de pretextos para no realizar el viaje de bodas, todos sin fundamentos. Ella aceptó la decisión de su marido con sumisión y con la tonta esperanza de hacerlo realidad más adelante.
Felicitas y Darío hicieron un corto viaje a Montevideo. La muchacha no deseaba estar fuera de Buenos Aires mucho tiempo por temor a que Darío sufriera una recaída. Si bien la salud de su marido era buena últimamente, ella era muy precavida y deseaba tener todo bajo control.
Rosario sonrió al recordar el rostro eufórico de su hermana al regresar. Se la veía feliz y agradecida a la vida por haber cruzado su destino con el de Darío, un hombre que la amaba con desesperación.
¡Cuánto la envidiaba! A Felicitas, y a Felipa, también. Se avergonzó de ese sentimiento egoísta. "Si sufro, es exclusivamente por mi culpa, por mi necedad. El nunca me amó".
Se cubrió con un mantón azul bordado con hilos de seda multicolores, cerró con cuidado la puerta del dormitorio, en puntillas cruzó el comedor y se dirigió a la cocina. Todo estaba en penumbras. Sus pies desnudos gozaron al ponerse en contacto con el frío piso de piedras. Salió a la intemperie por una puerta trasera. El cielo estrellado le dio la bienvenida y la luna, muy oronda, la tiñó de plata.Corrió como una chiquilla traviesa los pocos metros que separaban la casona de la ribera.
Parecía un hada medieval: el viento tibio golpeaba su rostro haciendo que su largo cabello castallo se desplegara como alas de mariposa. El mantón resbaló por su espalda dejando en evidencia sus suaves curvas a través del camisón de gasa transparente. Toda ella era luz.
Lautaro la observaba de lejos, apoyado en el tronco de un sauce que una tormenta de verano arrancó de raíz. No podía apartar su mirada de aquella visión mágica, de otra dimensión.
Obnubilado, recordó las historias de su abuela, una poderosa "Machi" de su tribu, una curandera capaz de resucitar muertos.
Rosario, bella y etérea, le recordó la leyenda de  "Nube Azul", esposa del cacique Melín a quién amaba perdidamente. Cuando él se ausentaba, ella no hablaba con nadie hasta que regresara, y sólo derramaba lágrimas de amor.
Cierta vez el Ejército de los blancos atacó la toldería en una tristemente célebre campaña para desterrar a los indígenas de las Pampas. El grupo de ranqueles comandado por el cacique Melín fue emboscado y masacrado sin piedad. De la matanza sólo sobrevivió Nube Azul, que a lomo de su caballo huyó hasta llegar a una laguna. Y allí, aterida de dolor, maldijo a los blancos antes de morir.
Las palabras de su abuela flotaban en las sombras de la noche: "Los antiguos aseguran que en las noches de lluvia el espíritu de la india sopla y sopla para que el agua llegue hasta el pueblo de los blancos para su aniquilación. Dicen también que hasta que no haya un acto de desagravio por tamaña matanza, su espíritu lleno de furia, dolor y amor por su hombre, seguirá rondando y los males no cesarán para el maldito invasor".
Lautaro apreció el brío de esa india indómita en Rosario. Envuelta en una nube de gasas y sedas, parecía flotar sobre la bruma que se desprendía de las aguas del Plata.
La vio detenerse frente a la inmensidad del río y como una paloma herida por un flecha certera, desplomarse en la arena húmeda.
Sin pensarlo, salió disparado hacia ella. Debía abrazarla...debía saber que le sucedía.
Se arrodilló a su lado, ella ni se movió. Notó que lloraba y se atrevió a tomarla entre sus brazos. Era la primera vez que tocaba su piel. Lo quemó. ¡Cuánto la deseaba! Desde pequeño la deseaba...la amaba en secreto. Sólo Alejo sabía de su sufrimiento.
Ella no se opuso al contacto, todo lo contrario, descansó en su cuerpo. Rosario lentamente elevó la cabeza y sus miradas se cruzaron. Ella sonrió con timidez, él la imitó. Permanecieron en silencio...enlazados... descubriéndose.
Sin meditarlo, la besó. El, el indio bastardo, nieto de "Chamanes", besó con codicia y pasión a la princesa blanca, la niña de sus sueños...y ella, no sólo lo permitió sino que lo correspondió.
_ Rori _ se escuchó decir mientras saboreaba el dulzor de su boca exquisita.
"Soychu ha premiado mi paciente espera", pensó agradecido al dios Sol por el tesoro que tenía entre sus brazos.
La tendió con delicadeza sobre la arena y él se recostó a su lado sin dejar de besarla.
Conteniendo sus tremendas ansias de ella, desabrochó uno por uno los diminutos botones de la pechera del camisón.
Temblando, dejó al descubierto los pechos níveos, turgentes, que lo invitaban a saciar su sed. Se apoderó de ellos, no con rudeza como lo hacía Rubén sino con ternura, con reverencia.
Rosario jadeó y él, envalentonado, recorrió con sus manos ásperas y callosas la piel sedosa y fragante de su amada. Olía a moras silvestres, dulces y frescas.
_ Te quiero, Rori, siempre te quise, en silencio y sufriendo por creerte inalcanzable _ le confesó.
_ Lautaro, fui una tonta. Persiguiendo un espejismo, no advertí el verdadero amor. Ahora lo sé...estoy segura. Yo también te amo, siempre lo supe, pero me negué a aceptarlo _ Lautaro la escuchaba sorprendido.
_ ¿Cómo ibas a querer a un indio inorante y encima tuerto? Vo´sos una princesa, como esas de los cuentos que Alejo nos leía en nuestro refugio de la ribera cuando éramos chicos, ¿te acordá?_ hablaba sin interrumpir sus caricias, cada vez más atrevidas.
_ ¡Shh! _ Rosario lo silenció poniendo un dedo sobre sus labios, él inmediatamente, lo atrapó entre sus dientes y lo saboreó como si fuera una confitura de azúcar.
_ Jamás vuelvas a repetir eso de "indio ignorante y tuerto". Perdiste el ojo en una batalla defendiendo la libertad de nuestra Patria. Te respeto y admiro por eso. Y si no acepté mi amor por vos fue por miedo al rechazo social. Soy muy cobarde...terca, necia y cobarde. Perdón Lauti. _ el usar el disminutivo con el que cariñosamente se llamaban en la infancia, lo desarmó. La apretó contra su corazón, con fuerza y fogosidad. La penetró con urgencia. Y ella sintió fuego corriendo por sus venas.
Se amaron con intensidad. Por primera vez Rosario gozó. Rubén la ultrajaba, la humillaba; en cambio Lautaro la elevó hasta el séptimo cielo.
Rosario llegó primero al orgasmo, una explosión de sentidos que la hizo volar hasta alcanzar las estrellas.
Lautaro creyó que su corazón iba a estallar, tan acelerado estaba. Estar dentro de ella era la gloria.
Cuando la tormenta de sentimientos amainó, Rosario se acurrucó junto al muchacho y suspiró satisfecha.
_ Lo odio _ dijo en voz baja.
_ ¿Te maltrata? Porque si eso hace lo mata ya mesmo _ se enfureció Lautaro.
_ No, sólo me ignora _ respondió para tranquilizarlo revelando sólo una parte de la verdad. Rubén la despreciaba, se burlaba de su inocencia en las artes amatorias, comparándola siempre con su amante, una francesa que conoció en el burdel que solía frecuentar y que luego acomodó en una coqueta residencia en las afueras de la ciudad. Por vergüenza nunca se lo contó ni a su hermana ni a Felipa, menos a su madre. No quería que sufrieran por ella.
_ Rosario prometeme que si ese mal nacido te pone una mano encima me lo vas a contar enseguida _ ante el silencio de la joven volvió a insistir con vehemencia _ ¡Prometémelo!
Ella acarició con ternura el parche que ocultaba la cuenca vacía. El se lo permitió, a ella se lo permitiría todo porque ella era su dueña.
_ Si, mi amor, te lo prometo _ mintió, jamás lo pondría en peligro.
"Mi amor", esas palabras pronunciadas por Rosario y dirigidas a él, lo emocionaron. Nunca, ni en su más loco sueño se ilusionó con escucharlas alguna vez.
_ Tonce, ¿soy tu amor? _ preguntó apocado.
_ Claro que sí, siempre has mi amor. Yo fui la tonta que no lo supo ver _ contestó divertida por la turbación de su hombre _ Lauti, debo regresar antes de que Rubén se despierte y no me encuentre.
La ayudó a sacudirse la arena del camisón y del cabello. Pero al tocarla la tentación lo asaltó y sin resistirse la besó con apetencia.
_ Debo regresar... _ le repitió apenas convencida. Ella también deseaba prolongar ese momento fascinante y singular.
A regañadientes se separaron. De la mano la acompañó hasta la entrada de la cocina. Un último beso y la promesa de encontrarse al atardecer siguiente sirvió de consuelo para despedirse.
Rosario, con el alma ligera, regresó a la cama. Apoyó la cabeza en la almohada que olía a lavanda y cerró los ojos. Recordó los besos brujos de Lautaro y sonrió ilusionada.
Rubén. a su lado, en sueños añoraba los besos con sabor a opio de su amante.
Lautaro caminó reflexionando sobre lo sucedido hasta su rancho, una pobre edificación en los linderos de la propiedad de su patrón, don Ildefonso. Al pensar en él se enfureció; lo odiaba y a Rubén, el hijo, también.
"Hijo de puta, si me entero que la hacés sufrir te despellejo vivo", caviló fuera de sí.
Al llegar se tiró en el catre, puso los brazos detrás de la nuca y clavó la mirada en el techo de paja. Se distrajo por un segundo con una araña que tejía meticulosa su elaborada tela, trampa para algún insecto distraído.
"¿Y aura?, ¿qué hago? Quiero a la Rosario con mi vida, pero no tengo nada pa´ofrecerle. Vivo en este rancho de mierda, y encima no es mío, es de don Ildefonso. ¡Todo es de él hasta yo mesmo le pertenezco, carajo! Ella se merece lo mejor y yo no tengo nada, sólo mi amor. De una cosa estoy seguro, no la vuá  dejar en manos de ese bellaco. Rosario me mintió, sé muy bien que Rubén la trata como si juera un trapo y yo no lo vuá permitir. ¡Maldito marica! Me la vuá llevar lejos de acá...sí eso vuá  hacer. Antes tengo que hablar con Alejo, él es mi amigo, mi único amigo. El me va a aconsejar, confío en él". Al llegar a esta conclusión cayó en un sueño profundo y tranquilo. Por fin su deseo inalcansable se había hecho realidad y no permitiría que ningún "gualicho" se lo arrebatara.



martes, 20 de junio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.28

"Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida".
Pablo Neruda 

Rafael era prisionero de una ensoñación voraz cuando escuchó en la lejanía un griterío persistente. Luchó con su poca fuerza para librarse de las cadenas que lo forzaban a permanecer en un trance ilusorio y pertinaz.
De repente reconoció el vozarrón del tío de Lourdes, don Lorenzo Escalante, que lo llamaba con insistencia.
Imanol lo amonestaba con insolencia por interrumpir la sesión de hipnotismo.
_ Es muy grave despertarlo en este momento. Su intromisión es inaudita, señor.
_ Tonterías. Rafael, necesito hablarte con urgencia _ pasó junto a Imanol como un vendaval, empujándolo sin ningún miramiento.
_ No le permito señor que se inmiscuya en mi experimento _ atacó con furia el médico. Tomó de un brazo a Lorenzo tratando de detenerlo.
_ ¡Suélteme! ¿Experimento dice? ¿Experimenta con este hombre? ¿Qué se propone? _ lo encaró.
_ Sólo deseo ayudarlo a recuperar la memoria...sus recuerdos profundos, y la hipnosis es ... _ comenzó a explicar imponiéndose recuperar la calma.
_ La hipnosis, ¡un rábano!. Aquí estoy yo dispuesto a decirle la verdad, algo que debimos haberlo hecho hace mucho si no hubiera sido por sus taimados consejos _ contraatacó Lorenzo rojo como un ají picante.
_¡Cómo se atreve! Mi diagnóstico está fundamentado en estudios científicos altamente calificados. Si usted ahora le revela la verdad podría ser devastador para Bautista _ Imanol estaba desesperado al ver que su plan se hacía trizas.
_ ¡Rafael! Su nombre es Rafael. Basta de mentiras. Consulté con el doctor Domingo Cabred, director del Hospicio de Las Mercedes, que acaba de llegar de Alemania donde hizo un curso sobre "trastornos de la personalidad". El me dijo que probablemente Rafael al caer del caballo, sufrió una lesión cerebral, mínima pero lesión al fin. Secuela de ésto fue la amnesia, a la que el llama "enfermedad del alma". El doctor Cabred me recomendó revelarle a Rafael su historia sin ningún temor. El la asumirá sin consecuencias graves para su salud mental, todo lo contrario, lo ayudará a encontrar el camino para su recuperación absoluta. ¡Usted nos ha engañado! _ le recriminó enfervorizado._ Y ahora, ¡apártese! _ Lorenzo volvió a emujar a Imanol que se interponía entre él y Rafael.
Imanol estaba desconcertado, por primera vez no sabía que actitud tomar.
_ ¡Rafael! _ Lorenzo, tomándolo de los hombros, lo sacudió con fuerza. Rafael abrió los ojos agradecido de liberarse de una garras invisibles que no le permitían despertar a la realidad.
_ ¿Don Lorenzo? _ preguntó perplejo y todavía mareado.
_ Sí, querido amigo. Estoy aquí para poner punto final a esta pesadilla que nos involucra a todos. Estoy harto de ver sufrir a mi sobrina, ella no lo merece y vos tampoco _ explotó conmocionado.
_ Amo a Lourdes con toda mi alma...y a mis hijitos, también _ confesó turbado.
Imanol y Lorenzo quedaron paralizados al escucharlo. ¿Entonces, él...?
_ Sé que mi nombre es Rafael Cané, que estoy casado con Lourdes Aguirrezabala y que tenemos dos hijos: Miguelito y Alba. Esta tarde, la plática que tuve con Lourdes despertó en mí un caudal de recuerdos que tenía retenidos en la oscuridad. Poco a poco fui recobrando mi vida. Recordé a mi padrino, Ciriaco Cuitiño; su afecto y también su cólera por desobedecer sus designios. Recordé a mi abuela Pancha, ¡cuánto la quise!Una viejita linda que siempre se sacrificó por mi bienestar. Recordé todas las penurias que debimos padecer Lourdes y yo por defender nuestro amor. Recordé lo felices que fuimos y el inmenso amor que nos tenemos...
_ Y entonces, ¿por qué aceptaste que te hipnotisara? _ se extrañó Imanol. Su rostro apacible no delataba la tormenta de pasiones que se desataba en su interior. "¡Mierda! Recuerda a la perra, recuerda a los dos engendros, ¿cómo haré para retenerlo?", mascullaba impotente.
_ Porque necesitaba poner en orden mis pensamientos, clarificar mis recuerdos antes de hablar con Lourdes. Mis sentimientos son firmes, no tengo dudas sobre ellos, la amo Lorenzo y no veo el momento de tenerla entre mis brazos. Cuando nos encontramos en el compromiso de Joaquín, algo se removió dentro mío. Desde ese instante no pude quitar sus ojos esmeralda de mi mente y de mi corazón.
_ Muchacho, ¡qué feliz me hace escucharte! _ Lorenzo le dio un fuerte abrazo que Rafael correspondió afectado.
Imanol los observaba furibundo. Debía simular alegría por Rafael, no todo estaba perdido, todavía tenía un as en la manga que muy, muy pronto lo utilizaría.
_ Rafael, me alergra que hayas recuperado la memoria _ Imanol se acercó a ellos sonriendo. _ Está visto que las hierbas que utlicé para tu recuperación han dado su fruto, a pesar de las críticas de don Lorenzo _ dijo sarcástico.
_ Puede ser _ Rafael no quiso empañar ese momento grato revelándo sus sospechas, ya lo haría.
Imanol se percató que en su débil respuesta, Rafael, había descubierto el ardid que él había trazado con tanta astucia para apoderarse de sus sentimientos. No insistió y permaneció callado en un rincón de la biblioteca saboreando un brandy añejo, necesitaba templar su furia.
Amelia entró intempestivamente. 
_ ¿Qué hace usted aquí? _ confrontó con acritud a Lorenzo _ Acaso no le advertí que no interrumpiera a mi hermano.
_ Lo que usted me advierta me tiene sin cuidado, mi estimada dama _ respondió socarronamente.
_ ¡Insolente! _ Amelia lo miró ofendida y confundida buscó a Imanol que halló entre las sombras bebiendo y fumando. Se acercó a él y en voz baja preguntó:
_ ¿Que está sucediendo?
_ Sucede, Amelia, que he recuperado la memoria _ Rafael, al escucharla, decidió calmar su curiosidad.
_ ¡Excelente! Entonces, la hipnosis ha sido un éxito. Te felicito hermano _ Amelia supuso que el plan de ambos se había concretado. Lourdes había quedado en el olvido._ En horabuena Bautista _ sin importarle la presencia de Lorenzo, abrazó y besó en los labios a Rafael.
_ Mi nombre es Rafael, aunque creo que ya lo sabías. Como también sabías que Lourdes es mi esposa. ¡Imanol!, ¿por qué me ocultaron la verdad?, ¿por qué seguir fingiendo? _ Rafael ya no pudo seguir ocultando su malestar.
Amelia se desplomó sobre uno de los sillones. "¡Todo perdido!", pensó contrariada.
_ Según mi experiencia en el campo psiquiátrico, es perjudicial para el paciente enfrentarlo a la verdad cuando éste pierde la memoria. Por eso aconsejé mantener silencio hasta que tú dieras algún indicio de recuperación. Rafael, lo hice por tu bien..._ Imanol se mostró dolido por la desconfianza de Rafael.
_ Lourdes aceptó su opinión médica, creyó en usted y usted la traicionó _ se crispó Lorenzo.
_ Les repito, todo lo que hice fue por el bien de Baut...de Rafael. Nunca fue mi intención alejarlo de Lourdes _ dijo traicionándose en esta última frase.
_ ¡Claro que sí! Ahora lo veo claro, estás enamorado de mi mujer, querías separarme de ella. Por eso Amelia se me ofrece con insistencia _ estalló envarado.
_ ¡Pedante!¿Cómo te atreves a tildarme de golfa? _ llorisqueó ofendida _ Lourdes nunca te querrá como lo hago yo, me escuchas, ¡nunca!.
_ ¡Calla! _ Imanol le gritó con severidad _ En parte tienes razón, Rafael, amo a Lourdes pero te garantizo que jamás me sobrepasé. Puedes preguntarle. Sólo quise disfrutar de su compañía por un breve lapso hasta que tú volvieras a ella. Ese fue mi pecado, perdóname. No fue mi intención lastimar._ admitió contrito.
Amelia lo escuchaba sorprendida. Imanol siempre salía bien parado, en cambio ella...
_ Lorenzo, ¿me permite pasar unos días en su casa hasta que resuelva mi situación con Lourdes? _ sin responder a Imanol y dándole la espalda, decidió poner fin a toda relación con aquellos siniestros hermanos.
_ Por supuesto muchacho, recoja sus cosas. Lo espero en mi carruaje._ Lorenzo se mostró satisfecho de sacar a Rafael de esa casa.
_ ¡No te vayas Bautista! _ lloró Amelia rebajándose, nada le importaba ni su orgullo ni su linaje, sólo él.
_ Ya te dije que mi nombre es Rafael. Amelia, entendé que no te quiero y ¡nunca voy a quererte! _ le recalcó con dureza.
_ ¡Déjalo Amelia! _ Imanol la apartó con suavidad de Rafael. No soportaba ver a su hermana humillarse de esa manera. A pesar de todo él la quería. Ella lloró en su hombro y él se lo permitió.
Por la ventana del gran salón vieron el coche tirado por cuatro corceles alejarse por las calles empedradas. Candelaria los acompañaba. Hasta la negra ignorante los abandonaba.
_ ¿Qué haremos Imanol? _ preguntó destrozada Amelia.
_ Vengarnos, hermanita, vengarnos. _ una sonrisa pérfida iluminó su atractivo rostro.




 

domingo, 11 de junio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.27

"Porque esta sensación de ir a buscarte
 hacia donde por mucho que vuele
 no he de hallarte". 
Reynaldo Arenas 

Rafael huyó de Lourdes, si se quedaba junto a ella un segundo más terminaría revelándole la verdad: la recordaba...recordaba cada instante compartido desde el momento en que la conoció aquella mañana en el atrio de la Iglesia del Pilar cuando dos de sus mazorqueros la acosaban por no llevar la insignia punzó. Desde entonces su corazón sangró por ella, como lo hacía ahora que la había recuperado.
" No puedo sincerarme con ella, aún no. Primero debo poner en orden mis pensamientos, mis vivencias...mi espíritu. Me siento como un volcán a punto de estallar. Debo calmarme. Tanto tiempo sin ella, sin los niños...¡mis hijos, Dios mío! Miguel, ya es todo un hombrecito; y Alba...era apenas un bebé cuando la ví por última vez. Y Tina, mi madre. Ahora comprendo sus silencios incómodos, sus miradas ansiosas buscando dentro de mí una respuesta a su aflicción".
A medida que se acercaba a su casa; iba a pie, necesitaba un tiempo a solas para reflexionar, para tomar decisiones; más le agradaba la propuestra de Imanol. Quizá la hipnosis lo ayudaría a clarificar sus ideas, sus sentimientos y así lograr el equilibrio para continuar su vida en paz junto a Lourdes y a su familia.
¡Familia!, que bella palabra. Para un hombre que creía estar solo en el mundo, tener una familia era una revelación estremecedora.
Encontró a los hermanos Pacheco del Prado en el salón. Amelia hojeaba una revista de moda y se deleitaba con un aromático café. Imanol leía concentrado un tratado de medicina, su cigarro en el cenicero de plata se consumía solitario.
_ ¿Llego a tiempo para la cena? _ los sorprendió.
_ Claro, Candelaria la servirá en media hora _ respondió encantada Amelia al notar el buen humor de Rafael.
La mujer dejó a un lado la revista y acercándose con paso elegante, lo ayudó a desprenderse del gabán y del sombrero.
_ Gracias Amelia _ y la sonrisa que le dirigió la hizo ruborizar. "¡Cuánto hace que no me sonríes! ¡Ay Bautista, que feliz me haces!", discurrió maravillada.
_ Pensamos que te quedarías a cenar con Lourdes _ Imanol cerró el libro y lo miró complacido.
_ Preferí hacerlo con ustedes. La idea de la hipnosis me estuvo rondando todo el día... ¿Pensás que sería una solución para mi mal? _ tanteó la posibilidad, aún no se decidía. Por un lado deseaba intentarlo, pero desconfiaba de Imanol. Temía quedar indefenso ante él, presentía que no debía fiarse del médico.
_ Mi querido Bautista, no te aseguro un éxito total, pero supone una gran posibilidad para que recuperes la memoria o parte de ella. Yo te aconsejo que lo intentes _ lo alentó disimulando la euforía que experimentaba. "Por fin has caído en mi trampa. Lo siento hermanita, Bautista será sólo mío", se relamió como un lobo hambriento a punto de saborear una presa por largo tiempo codiciada.
_ Estando en Francia presencié la cura por hipnosis de una mujer joven que se veía imposibilitada de amamantar a su hijo recién nacido. Mi colega, el psiquiatra Jean Martin Charcot, tuvo la gentileza de compartir conmigo la experiencia. Esta paciente, a pesar de estar en perfectas condiciones físicas, tenía poca leche, le dolían mucho los pechos cuando el bebé succionaba, perdió el apetito y el sueño; siempre estaba muy excitada. Por no poder amamantar, cayó en la depresión. Su médico de cabecera le aconsejó entonces una interconsulta con el doctor Charcot, especialista en métodos de sugestión hipnótica.
La joven estaba furiosa por no poder amamantar a su hijo y por padecer tremendos dolores estomacales que la conducían a la anorexia. Entonces, Charcot procedió a hipnotizarla logrando que se relajara recuperando de este modo su tranquilidad habitual. Mi colega le habló, tratando de convencerla de que era una excelente nodriza y que su hijo crecería perfectamente sano; que su estómago ya funcionaba muy bien y que se despertaría con gran apetito. Efectivamente, cuando despertó, la paciente no recordaba nada de lo sucedido durante la hipnosis, pero esa misma noche cenó normalmente, durmió profundamente y pudo alimentar a su hijo sin ninguna dificultad _ concluyó satisfecho Imanol.
_ Impresionante _ aplaudió Amelia tratando de contagiar su entusiasmo a Rafael. "Bautista debe acceder a que Imanol lo hipnotice. Sólo así podrá borrar para siempre de su memoria a esa zorra. El debe ser mío, sólo mío".
_ Realmente es impactante tu testimonio Imanol. Si te parece, estoy dispuesto a intentarlo luego de la cena _ Rafael finalmente accedió. Sin embargo algo en la narración de Imanol lo inquietaba, no podía precisar qué, era un sabor amargo que regurgitaba con insistencia.
_ ¡Excelente!, ¡excelente! _ chilló eufórica Amelia.
_ Sabia decisión _ pronunció con tranquilidad Imanol sin dejar de amonestar con la mirada a su díscola hermana.
Amelia, sin hacer caso al ceño fruncido de Imanol, corrió a la cocina. Sus gritos se escucharon con claridad en la sala.
_ ¡Candelaria!, negra perezosa, ¡sirve ya la cena!.


Los tres estaban reunidos en la biblioteca, la chimenea encendida brindaba calidez al ambiente. La tenue luz de una lámpara de gas invitaba al recogimiento.
Amelia esperaba impaciente el inicio de la sesión.
Imanol revolvía el cajón del imponente escritorio de roble buscando su reloj de bolsillo, regalo de su abuelo.
Rafael se paseaba de un lado a otro, atento y preocupado. De repente pensó en escapar de esa situación que él tontamente había buscado.
_ Imanol, voy por un café _ dijo como pretexto para huir.
_ Está bien, pero no tardes. Ya tengo todo resuelto para comenzar _ alborozado le mostró el reloj que buscaba _ Este adminículo me ayudará a ponerte en trance.
Rafael hizo un gesto afirmativo con la cabeza y desapareció con prontitud.
En la cocina se encontró con Candelaria que lavaba los platos en un enorme fuentón de lata.
_ ¿Que se te antoja Bautista? _ la negra lo tuteaba cuando estaban solos.
_ Un cafecito me vendría muy bien _ y con cuidado por no quemarse destapó la cafetera de cobre que humeaba sobre la mesa de algarrobo.
_ Dejá, dejá, que yo te sirvo, pué _ lo amonestó con ternura._ ¿Qué es lo que están haciendo ahí adentro tan encerraditos? _ curioseó con impertinencia.
_ Imanol va a tratar de hacer que recupere la memoria mediante hipnosis _ los ojos de la negra casi salen de sus orbitas al escucharlo.
_ ¿Qué cosa te va hacer ese matasanos? Nosis...¿qué? _ se escandalizó.
_ Hipnosis, Cande, hipnosis. Imanol me duerme y entonces..._ la confusión que vio en el rostro de Candelaria lo hizo reír _ Mejor no te explico, no entenderías, hasta para mí es complicado de comprender. Lo importante es me ayudará a descubrir quién soy _ al terminar la explicación sorbió con agrado su café.
_ Bautista, no dejés que te haga la nosis. Ese hombre es malo, vaya a sabé lo que te hace mientras estás dormido _ la aflicción de la negra lo vapuleó.
_ ¿Por qué te cae mal Imanol? _ se intrigó ya que a él le pasaba lo mismo.
_ Me cae como una patada de burro. El y su hermana son dos demonios. Nunca te lo dije por miedo a las amenazas de la Amelia, pero no puedo callarme más. La muy zorra me ordenó poner unos yuyos raros en tus comidas, según ella eran para tu salú. Como me dio mala espina, se los llevé a mi comadre que vive en el barrio "El Tambor" y que es curandera. Ella me dijo que se usan pa´ hacer el mal, no pa´curar. Te juro Bautista por lo más sagrado que jamás de los jamases los puse en tus comidas _ juró besando sus dedos en cruz mientras lloraba con desconsuelo.
_ Tranquila Candelaria. No te imaginás cuánto agradezco tu protección. Y no tengas miedo de Amelia, ella no tiene autoridad en esta casa, sólo es una visita...una visita funesta. No sé cuales son las intenciones de este par de intrigantes, pero lo averiguaré _ apoyó la taza sobre la mesa y abrazó a la negra con cariño._ Ahora debo volver...
_ ¡No!, Bautista y si te hacen algo malo con la nosis _ protestó secándose las lágrimas con el ruedo del delantal.
_ No lo permitiré. Vos rezale a tus santos para que me protejan _ y con paso cansino regresó a la biblioteca.
_ ¡Por fin Bautista!, creí que te habías arrepentido _ exclamó Imanol al verlo aparecer.
_ ¿Y Amelia? _ se extrañó al notar su ausencia.
_ La envié a su habitación. Sus nervios me perturban _ le aclaró. La muy ilusa no debía ser testigo de su plan. Con gentileza lo invitó a sentarse en un sillón mullido.
_ ¿Nervios? _ se extrañó
_ Mi hermana es muy temperamental y, tanto tú como yo, necesitamos paz para concentrarnos _ especificó con calma._ Ponte cómodo y observa fijamente mi reloj, mira como se mueve...va de un lado hacia el otro...Ahora contaré hasta diez y cuando acabe estarás hipnotizado.
Rafael en ese preciso instante recordó las palabras de Candelaria: "Vaya a saber lo que te hace mientras estes dormido".
"Cuando despertó, la paciente no recordaba nada de lo sucedido durante la hipnosis", esas palabras también repiquetearon en su memoria. "Precisamente es ésto lo que me huele mal, no saber lo que sucede durante mi hipnosis. Imanol puede manipularme, puede someterme a su voluntad. ¿Qué se propone? ¿Qué busca? Debo descubrirlo. Es un gran riesgo que debo enfrentar".
_ Cuatro, cinco, seis..._ Imanol contaba con rapidez, deseoso de tener a Bautista a su merced. Una vez hipnotizado le ordenaría amarlo. Este mandato fluiría desde el inconsciente haciendo que Bautista lo obedeciera una vez despierto. Lourdes quedaría enterrada en el pasado y Amelia...bueno, de ella también se encargaría.
_ Siete, ocho..._ alguien golpeó con insistencia la puerta de la biblioteca._ ¡Maldito sea!_ Imanol interrumpió abruptamente la sesión y abrió furioso la puerta. _ ¡Candelaria!, ¡mal rayo te parta!, ¿que quieres? _ vociferó, transfigurado el rostro.
_ Buscan al señor Bautista _ la negra alargó el cuello tratando de espiar que sucedía dentro de la habitación.
_ Sea quien sea dile que el señor Bautista está ocupado, y ¡ya no molestes!
_ Lamento contradecirlo, pero no estoy dispuesto a esperar ni un minuto más _ la vos gruesa y contundente despabiló a Rafael.
_ ¡Lorenzo!, ¡que agradable sorpresa! Adelante, adelante _ dijo aliviado Rafael. Esta vez fue el tío Lorenzo quien lo salvó de un peligro inminente.



viernes, 2 de junio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.26

"Hay un viejo árbol en flor,
 sobre el que alegres pájaros
 cantan a todas horas
 en la más dulce armonía
 combinando sus cantos para marcar las horas".
Poema tradicional de Irlanda

Alba rezongó hasta llegar a la cocina, pero no bien traspuso la puerta corrió hacia Tomasa, la cocinera. Se colgó del delantal multicolor de la negra rogándole con voz salamera una "taza gigante" de chocolate caliente con churros.
_ Y con muuuchooo dulce de leche Tomasita _ agregó guiñándole un ojo con picardía.
Rafael estalló en carcajadas al presenciar la tierna escena. Miguelito se unió a la petición de su hermana y juntos se sentaron en la punta opuesta de mesa en donde estaba acomodado el hombre que no sacaba su mirada de los pequeños golosos.
Lourdes se aproximó él y se sentó a su lado. Rafael al verla intentó ponerse de pie, pero ella se lo impidió con una sonrisa que le aceleró el corazón.
_ ¡Que sorpresa Bautista!, no sabía de su visita _ el rostro de Lourdes, tan bello, tan sereno, le cortó la respiración.
_ Imanol me comentó acerca del libro que le regaló a Miguelito y quise saber si le había gustado _ inventó en ese momento. En realidad estaba preocupado por la aproximación de Imanol al niño, desconfiaba del médico. No deseaba que se relacionara con aquella familia, no deseaba que se relacionara con Lourdes. Sentía celos, era inútil que continuara mintiéndose, sí, sentía tremendos celos de saberlo cerca de ella.
_ Muy amable de tu parte. Le encantó la historia, tanto que se pasó una noche en vela leyendo. Es un apasionado de la lectura. En eso se parece a su padre _ esto último lo recalcó intencionalmente.
_ A mí también me gusta leer. Libro de política o filosofía que cae en mis manos lo engullo con urgencia _ Rafael no comprendió el cambio repentino de Lourdes, sus facciones se ensombrecieron y sus labios apetitosos se volvieron rígidos.
"De mí te olvidaste, pero de la maldita política...¡no! Tu amor por ella nos separó", pensó encendiendo su malhumor.
_ ¿Dije algo que te disgustó? _ preguntó extrañado por el cambio de Lourdes.
_ Odio la política y todo lo relacionado a ella. La política y sus maléficos enredos llevaron a mi marido a luchar por ideales utópicos. A causa de la política lo perdí _ concluyó exasperada.
Rafael se perdió en el rostro de la mujer: los ojos refulgían acentuando el verde de su mirada, las mejillas arreboladas por el enfado eran el marco perfecto para una boca, húmeda y carnosa, que lo invitaba a devorarla.
Por un breve instante se mantuvieron en silencio. Se observaron con intensidad, tratando de entrar uno en el alma del otro procurando descubrir sus secretos más profundos.
Tomasa, se movía por la cocina ocupada en la preparación de la cena. Mientras cortaba chauchas no apartó en ningún momento su atención de ellos. Al notar que ya no conversaban, carraspeó nerviosa.
"¡Ay Diosito Santo!, la niña Lourdes se propone algo, la conozco, la conozco. No vaya a ser que le zampe las verdá al senor Rafael. ¡Ay San la Muerte, no nos desampares!", dándoles la espalda se persignó tres veces, rito que hacía para alejar a los malos espíritus.
Lourdes desvió su atención hacia Tomasa y los niños que cuchicheaban entretenidos.
_ ¿Me acompañás a la sala? Debo decirte algo importante _ expresó con decisión y al pararse con brusquedad la silla retumbó en el piso de piedra.
Tomasa pegó un salto y los niños la miraron intrigados.
_ No te asustes Tomasa, sólo se cayó la silla. Por favor cuidá a los chicos, Tina y la abuela Mercedes fueron de visita a la casa de Laura Insúa...
_ ¿A lo de la señora Laura?, ¡pobrecitas! _ Tomasa sintió pena por ellas. Laura Insúa, era una mujer egocéntrica parecida a una cotorra que sólo se refería a ella y a sus desgracias, a pesar de gozar de buena salud y tener un buen pasar económico.
_ Tenes razón Tomasa, pero así son ellas...masoquistas _ Tomasa asintió sin comprender el término empleado por su niña Lourdes, pero si ella lo decía así habría de ser.
_ ¡Mamita!, nosotros vamos con ustedes. Ya terminamos de merendar _ Miguelito se aproximó a Rafael _ ¿Me seguirá contando la historia de sir Lancelot? Mamita, ¿sabías que cuándo sir Lancelot era un bebé su mamá lo dejó al cuidado de la Dama del Lago? _ contó con precisión.
_ ¿La Dama del Lago?
_ Sí, mamá, un hada de las aguas._ dijo orgulloso de sus conocimientos.
_ Yo también quiero que me cuente que le pasó a ese bebé señor Bautista _ intervino Alba tironeandole la manga del gabán con insistencia.
Rafael se arrodilló poniéndose a la altura de la niña y con ternura le prometió hacerlo mientras le besaba las manitos sucias de tierra y dulce de leche.
_ El señor Bautista les contará todos los cuentos que se les ocurra, pero ahora no _ expresó terminante.
_ Mamita...¡que mala! _ protestó Alba.
_ No le digas mala a mamá Alba. Después de que ella hable con el señor Bautista, él nos contará la historia de sir Lancelot...
_ ¿Y del hada del lago? _ se entusiasmó
_ También, ¿verdad mamá? _ preguntó esperanzado.
_ Claro mis amores, pero ahora se quedan con Tomasa _ Lourdes no dejaba de maravillarse por la madurez de su hijito de ocho años.
Al llegar a la sala, Lourdes cerró la puerta y lo invitó a sentarse en el sofá. Ella, para sorpresa de Rafael, lo hizo a su lado.
Lourdes se mostraba serena, aunque en realidad era un manojo de nervios. Rafael estaba perplejo, no comprendía que estaba sucediendo.
Repentinamente, Lourdes se paró y caminó hacia el ventanal que daba al jardín. Corrió la cortina de gasa blanca y se quedó petrificada mirando hacia afuera.
_ ¿Ves ese naranjo Bautista? _ Rafael se estiró y asintió con la cabeza. _ Ese árbol creció junto a mi madre,  acompañó mi niñez y fue testigo de los momentos trascendentales de mi vida. Mi madre, Consuelo, lloró bajo su sombra el abandono del hombre que amó y que desgarró su corazón. Nunca conocí a mi padre, desapareció como lo hacen los cobardes. Mi madre se enfrentó sola a la maledicencia de nuestra sociedad hipócrita y defendió la vida que llevaba en sus entrañas con coraje y orgullo. Sin embargo, la muerte fue más fuerte y se la llevó al nacer yo. Desde ese instante Tina y mi abuela Mercedes fueron todo para mi...mi madre, mi padre, ¡mi familia! No debo olvidar al tío Lorenzo, siempre mimándome y protegíendome de las lenguas viperinas. Pensé que no podría ser más feliz. Me equivoqué.
Un domingo, después de misa, un gallardo soldado federal me defendió de unos esbirros de La Mazorca que querían arruinar mi cabello con alquitrán. Yo siempre fui rebelde, odiaba la cinta color punzó que el Dictador Juan Manuel de Rosas nos obligaba lucir, de modo que nunca la usaba. Esa mañana me descubrieron e intentaron pegarla en mi cabello. Gracias a ese joven logré escapar. Escapé de esa horrible situación, pero no de él. Se metió en mis pensamientos, en mi corazón, en mi alma...lo amé sin saber quién era. Poco después, una procesión en honor al tirano pasó delante de mi casa. Por insistencia de mi abuela me senté en el alfeizar de la ventana maldiciendo las imposiciones que debíamos sufrir para evitar la tortura y hasta la muerte. Recuerdo que rezongué, así como lo hizo recién Alba. "Es un circo, abuela", le dije crispada. "Shh niña, que pueden oírte. Por lo menos asomate a la ventana, así sabrán que nosotras nos unimos a ellos", pobre abuelita, ¡cuánto la hice renegar!
La gente comenzó a pasar aplaudiendo y vitoreando al Restaurador, y allí, entre esa chusma, estaba él, junto al cuadro de Rosas y de la Inmaculada. Altivo, sonriente...no podía dejar de mirarlo...y cuando sus ojos grises se toparon con los míos, me sentí morir.
Rafael la escuchaba absorto sin comprender a dónde quería llegar, qué buscaba con semejante confesión.
Lourdes controlaba las reacciones de Rafael confiando en que algo de su narración lo sacudiera. Hasta el momento, ¡nada!
_ No tarde mucho en conocer su nombre. Una tarde nos encontramos en la Recova. Yo iba con Lola a la mercería por hilos de seda y él hacía su recorrida oficial por la plaza de la Victoria. "El destino está empecinado en unirnos", me dijo, "Permítame que me presente, soy Rafael Cuitiño". Nunca imaginé que mi mazorquero fuera el ahijado de Ciriaco Cuitiño, el nefasto jefe de "La Mazorca". Saberlo me atemorizó, aunque no lo suficiente para apartarme de él. En el Paseo de la Alameda me declaró su amor, amor que yo le correspondía. Desde entonces no nos separamos más. Nuestros familiares se opusieron. Mi familia era unitaria; la suya, federal. Luego de muchas mentiras y dolor, mi abuela lo aprobó, pero su padrino, no. Huímos a Dolores donde nos casamos. ¡Que felices fuimos! Ahí no terminó nuestra odisea, debimos viajar hasta Bolivia atravesando todo el norte de nuestro país. Si los espías de Cuitiño nos hallaban tenían la orden de matarnos. Fracasaron y nosotros llegamos a salvo a nuestro destino.  Por un tiempo vivimos en paz hasta que mi tío Lorenzo, a escondidas mía, le propuso por correspondencia, unirse a la causa unitaria que bregaba en Montevideo para derrocar a Rosas. Rafael aceptó y yo lo seguí, a regañadientes, pero lo seguí a pesar de mi embarazo adelantado. Miguelito nació en Montevideo. Como yo siempre temí, la lucha no se limitó a artículos acusatorios publicados en los principales periódicos; pronto se formó un ejército al mando del general Urquiza para derrocar al tirano. Rafael, a pesar de mis ruegos, se enlistó. El debía combatir, se debía frenar tanta atropello, tantos asesinatos...se debía instaurar la paz. Primero el amor por la Patria, mujer egoísta que se nutre con la sangre de maridos, padres, hijos...que sacia su sed con el llanto de esposas y madres.
Rafael secó mis lágrimas, me beso largamente, acarició las mejillas regordetas de nuestro hijo y besó la frente de Alba, dormida plácidamente en su cuna. Fue la última vez que lo vi...Luego de la batalla de Caseros, hito de la caída del Dictador, un oficial me comunicó la oscura noticia: mi Rafael había muerto en batalla y yo...yo conocí la desolación del infierno.
_ ¡Cuánto lo siento! _ atinó a decir. Un sentimiento extraño comenzó a crecer dentro de él a medida que Lourdes avanzaba con su relato. Muchas situaciones le resultaban familiares. La imagen de una anciana enferma que lo abrazaba y besaba con cariño asaltó su mente. Se vio llorando su muerte y se angustió.
"Abuelita Pancha", repitió en silencio. Ese recuerdo fue el ariete que abrió las compuertas de su memoria y tuvo miedo de enfrentarse a la verdad. Entonces Lourdes era ...¡su mujer! Miguel y Alba...¡sus hijos! "Lourdes, mi sol, mi amor ¿Por qué me dejaste en las tinieblas cuando tenías la lumbre de mi salvación?",
 pensó mientras ella lo escudriñaba ansiosa.
_ Sólo eso _ dijo decepcionada controlando el llanto que pugnaba alborotado en su pecho.
Rafael la miraba sin revelar la tempestad que se desataba en su interior.
"Lourdes, te amo. Ahora comprendo esta atracción que sentí desde la primera vez que te ví. Tu fragancia a jazmines y ámbar me hipnotizó, un perfume que viajó del pasado atravesando mi oscuridad. Tus besos con sabor a menta me enloquecieron, besos que reconocí al momento de unirse nuestras bocas."
_ ¿Qué más puedo decirte? Si me perdonas debo marcharme _ "Aún no voy a decirle que recuperé la memoria, aún, no. Antes debo resolver otras cuestiones", decidió. Esas cuestiones se referían a Imanol y a Amelia. Su intuición le decía que ellos conocían la verdad, pero, ¿por qué se la ocultaron?, ¿qué se proponían?
_ Quisiera mostrarte algo _ Lourdes lo tomó de la mano y lo condujo al último patio.
Atado a un sauce, ramoneaba un caballo gris azulino. Al verlos llegar comenzó a relinchar como dándoles la bienvenida.
"Moro, mi fiel amigo, ¡estás vivo!", se alegró.
_ Que bello ejemplar _ dijo con frialdad disimulando sus sentimientos.
_ Perteneció a mi marido _ Lourdes, desilusionada, se dio por vencida.







martes, 30 de mayo de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.25

"Era el fru-frú del almidón de tus enaguas
 cuando las sombras de la noche empezaban
 en las copas de los árboles.
 Era el tiempo de los abrazos y de la lluvia,
 las horas del amor profundo en las zarzas".   Marco Matos

Una semana antes del secuestro de Miguelito

La tarde plomiza acentuó la melancolía de Lourdes.  Sentada cerca de la chimenea encendida, se arrebujó en su poncho de lana morada. Tenía frío, estaba helada...su alma estaba helada. Tantos encuentros con Rafael, tantas cenas, tantas conversaciones; algunos besos furtivos, algunas tímidas caricias y ...¡nada! El no recordaba, no la recordaba.
Mercedes no dejaba de alentarla: "No temas preciosa, en el momento menos esperado él recordará".
Pero, ¿cuándo? Los días pasaban, los meses pasaban y él...¡nada! ¡Maldito destino!
No deseaba llorar, estaba harta de derramar lágrimas por el amor de un hombre. No era una mendiga, era una mujer fuerte, pero cansada de enfrentarse a tantas arbitrariedades de la vida.
"Si no me recuerda que se vaya al infierno", pensó secándose con rabia las lágrimas que juró serían las últimas.
Las hojas de papel que dormían en su regazo la llamaron con insistencia. Leer aquel diario le hería el corazón, pero malévolo, se obstinaba en reclamar su atención.
Enero de 1845
Jueves
Cabalgamos sin descanso. Montamos juntos en el mismo caballo, nuestro fiel Moro. Voy relajada, descansando sobre el pecho de Rafael. El me abraza con pasión.
No queremos detenernos en las postas que avistamos en el camino por temor   a que algún espía de La Mazorca nos reconozca.
Nos detenemos en un bosque de cipreses y en un claro almorzamos lo que mi querida Tomasa nos alistó con esmero: pan, queso, panceta y duraznos jugosos. ¡Todo riquísimo!
Hasta me preparó una dulce sorpresa: un puñado de alfeñiques, mis caramelos preferidos.
De repente siento el cuerpo de Rafa aprisionándome. Deposita un reguero de besos en mi cuello y yo me estremezco. Dejo que continúe, sus caricias cada vez más insolentes, más invasivas. Gozo, me delito. Nos perdemos en una tormenta de pasión hasta que exánime de tanto ardor me duermo saciada en sus brazos amorosos.Descansados, partimos al amanecer. 
Sábado
Llegamos a Dolores a media mañana. Nos recibe una llovizna persistente.
Pasamos delante de la capilla. Más tarde iremos a ver al párroco, el padre Fermín, amigo de la abuela de Rafael. .
El rancho que buscamos está lejós del pueblo. Al llegar salto de la montura y corro hacia la puerta. Está sin tranca. Abro las pequeñas ventanas y descubro un mobilario humilde cubierto de telarañas.
Caliento agua en una vasija abollada y preparo un delicioso té de menta.
Bebemos la infusión riéndonos sin motivo. ¡Somos tremendamente felices!...
Lourdes interrumpió por un instante la lectura, la nostalgia es tanta que la asfixia. "Tiempos luminosos y cálidos que no volverán", se repitió consternada.
Con manos temblorosas vuelve a abrir el diario en el momento de su boda...
Sábado por la noche
Mientras Rafael ultima los detalles de la ceremonia con el padre Fermín, a mí me preocupa que lucir en mi boda. No es lo que soñé, pero eso es lo de menos. ¡Soy feliz! 
Con sorpresa encuentro dentro de mi bolso envuelto en seda, un bellísimo vestido de tul y encaje color crema. "Fue el regalo de cumpleaños para tu madre. Ella no pudo usarlo. Ahora es tuyo Lourdes". La esquela de la abuela Mercedes me sobrecoge, sé que mi madre estará junto a mí esta noche. 
El vestido me sienta a la perfección. 
Alguien golpea. Es Eulogia, la mujer agradable que conocí esta tarde en la sacristía de la iglesia. Prometió ayudarme en mi arreglo y ha cumplido.
Decido dejar mi cabello suelto. ¡Está terriblemente largo! Me llega hasta la cintura...
Eulogia tejió para mí una corona de margaritas que me fascina. Y para completar mi atuendo me regala un ramo de anémonas y crisantemos blancos, destacándose ne el centro una rosa malva.
Con una sonrisa me dice: "Las anémonas son flores misteriosas que encarnan lazos mágicos del amor eterno. La rosa malva es el símbolo de las almas gemelas".
Sus palabras me emocionas, Eulogia ya no es una extraña, es un ángel que envió mi madre para acompañarme en este momento especial.
Tina, con el sigilo que la caracteriza, entró trayendo un mate para Lourdes.
_ Hace tanto frío que pensé que te vendría bien un matecito bien caliente _ le dijo con ternura _ ¿Qué estás leyendo querida? _ preguntó con curiosidad al notarla tan absorta en la lectura.
_ Mi diario, el día de mi boda...¡Ay Tina!, ¡qué feliz fui! _ se lamentó impregnando tristeza en cada palabra que fluía de su corazón herido _ Lo intenté, Tina, intenté atraelo nuevamente hacia mí, pero fracasé y...y ¡no lo soporto! _ no pudo mantener su juramento y se deshizo en lágrimas amargas.
_ Mi querida niña _ Tina se arrodilló junto a ella y la abrazó _ no desesperes. Estoy segura que la Virgen Santa escuchará nuestras plegarias y muy pronto Rafael nos recordará. Recordará el amor profundo que se han tenido. Tengamos fe _ la besó en la frente con cariño maternal y la animó a tomar el mate que le ofrecía.
_ ¿Y los niños? No quiero que me vean llorar _ se preocupó, no deseaba entristecerlos.
_ En la cocina con Mercedes. Tomasa les preparó pastelitos de membrillo y los están disfrutando _ se rió logrando arrancar una sonrisa a Lourdes.
Al quedar nuevamente sola buscó la página que regocijaba su corazón.
Después de amarnos con frenesí corremos desnudos, protegidos por las sombras de la noche, hasta la laguna que se esconde entre un tupido follaje detrás del rancho. Nos sumergimos en las aguas frías, pero nuestra pasión las entibia. Nos tocamos con apetito memorizando cada parte de nuestro cuerpo.
Rafael me susurra : "Te amo con cada frágil aliento, con cada sonrisa y con cada lágrima de mi ser. Y si Dios lo desea, tras la muerte te amaré aún más"...
_ ¡Mamita!, ¡mamita! _ Alba entró corriendo y llamándola a los gritos. Su aspecto dejaba mucho que desear: las trenzas deshechas, el encantador vestido de poplin celeste manchado de barro al igual que sus primorosas botitas de cuero. ¡Un verdadero desastre!
Al verla dejó a un lado el diario y la abrazó sin importarle lo sucia que estaba su niña. "El no me recuerda, pero aquí están nuestros hijos, testimonios vivos de nuestro amor", pensó conmocionada. "Por ellos debo seguir luchando, ellos necesitan a su padre".
La niña se apartó de su madre y hurgó preocupada en su rostro.
_ Mamita, otra vez llorando...¿por qué? _ se acercó y le acarició el rostro con el ceño fruncido.
_ No lloro tesoro, sólo estoy resfriada. Pero...¿qué te pasó?, ¿te caíste?, y Miguelito, ¿dónde está? _ Lourdes comenzó a examinar a su hija temiendo que estuviera lastimada.
_ Me trepé al naranjo y me caí _ Alba comenzó a lloriquear.
_ ¡Alba, cuántas veces te dije que no te trepes a los árboles! ¡Es peligroso! _ se enfadó Lourdes _ ¿Y por qué lo hiciste?
_ Para devolver a su nido al pajarito _ respondió con inocencia _ Pensé que la mamá estaría muy triste...No me regañes mamita, no me gusta que las mamás estén tristes, además sólo me raspé apenas las rodillas _ los pucheritos de la niña enternecieron a Lourdes. La sentó en su regazo mientras la colmaba de besos.
_ ¡Mamita!, me haces cosquillas _ se quejó entre risas.
_ ¿Y Miguelito?, ¿dónde estaba? _ se inquietó. El nunca dejaba sola a su hermanita.
_ Estaba en la cocina con Lola y el señor Bautista. A Miguelito le gusta mucho conversar con el señor Bautista, pero yo me aburro...
_ ¿El señor Bautista está en casa?, ¿ahora? _ el corazón le comenzó a latir con fuerza.
_ Sí, mamita, en la cocina tomando mate y comiendo torta frita y hablando de caballeros y dragones. Los dragones echan fuego por la boca, ¿sabes?. Me asustan los dragones por eso los dejé y fui solita al jardín con "Canela" _ Alba se refería a su perrita, compañera de juegos y travesuras _ Ella fue la que encontró al pajarito entre las hojas secas.
Sin cavileos decidió con firmeza.
_ ¡Vamos! _ la tomó de la mano y juntas se dirigieron a la cocina, a pesar de las protestas de Alba.
"No estoy dispuesta a esperar más. No me interesa la opinión del doctor Imanol, creo que es torpe y descabellada. Tiene razón el tío Lorenzo. ¿Qué mal puede hacerle a Rafael reencontrarse con su familia? Yo asumo toda responsabilidad de las posibles consecuencias. Esta misma tarde sabrá quién es en realidad. Basta de encubrimientos".