miércoles, 23 de agosto de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.36

"Momentos como aquél eran brotes del Árbol de la Vida,
 flores de tinieblas".   Virginia Woolf

Lourdes desgranaba un rosario en su reclinatorio, aquel reclinatorio que sostuvo su frágil cuerpo cuando llorando rezaba por su amado Rafael, muerto, creía ella, en una cruenta batalla, una batalla intestina por lograr la supremacía política de un país que ambos lados declaraban amar.
Días grises, de angustia y tormento, días en los que deseó estar muerta. Sin embargo, Dios escuchó sus ruegos desesperados y le devolvió a su marido de la tierra de los muertos.
Y ahora, nuevamente, el destino como una serpiente venenosa repitió el macabro rito de otrora, enterró con ferocidad los colmillos en su corazón haciéndola desangrar poco a poco.
"¿Dónde estás Miguelito?, ¿dónde?. ¡Señor, te suplico que nada malo le suceda! ¡Protégelo, por favor! ¡Protégelo!", gemía en la oscuridad de su cuarto.
Mercedes entró sigilosa. No deseaba perturbarla. Sin embargo, el leve resplandor de la vela que portaba hizo que Lourdes se volviera con brusquedad hacia la la luz.
_ Querida, ¿por qué no te recostás? Le dije a Lola que te prepare un té de menta _ Mercedes la ayudó a incorporarse y Lourdes, mansamente, se dejó llevar. Inútil oponerse, las fuerzas la habían abandonado dejándola laxa como una marioneta a la que cortaron las cuerdas que la mantenían viva.
_ Abuelita, ya pasaron casi cinco horas desde que Rafael se fue. ¿Por qué tarda tanto?...¡Ay Abuela, esta espera me mata!! _ la voz quebrada, el cuerpo quebrado...Mercedes, desesperada no sabía cómo consolarla, cómo contenerla...si ella misma estaba en el infierno.
_ Lourdes, mi pequeñita, mi panal de miel... _ comenzó a decirle mientras le trenzaba el cabello enmarañado.
_ Así me llamabas de niña cuando lloraba por no tener una mamá _ la miró con esos enormes ojos parecidos a un vergel luminoso ahora empañados por un torrente de lágrimas. Su fragilidad le perforó el alma.
_ Siempre serás mi panal de miel, la dulzura de mi vida. Sin tu existencia me hubiera hundido en la tristeza más absoluta _ Mercedes la cubrió con una manta de vicuña. La calidez de la lana la reconfortó templando el hielo que atenazaba sus miembros. _ Ya vas a ver como Rafa regresa con Miguelito. No perdamos la esperanza _ se inclinó sobre su nieta y la besó en la frente frenando el fuerte deseo de llorar.
Lola apareció agitada. La taza de un humeante té temblaba en la fuentecita de plata.
_  El señor Rafael está en la sala con el Jefe de policía.
Al escucharla, Lourdes salió disparada como un rayo de la cama. En su loca carrera empujó a Lola derramando el té, descalza corrió por los pasillos hasta alcanzar la sala. Ni bien lo vislumbró, se aferró a él buscando protección, consuelo. Quiso absorber la energía tan propia de Rafael, pero no encontró vestigio de ella. Poco a poco se soltó de él y al mirarlo a los ojos, supo la verdad. No lo habían encontrado, no había rastros de su Miguelito...y se desarmó en los brazos de su marido, desmayada.
Mercedes, que en ese momento llegaba con las botitas de cuero y seda de Lourdes se quedó paralizada al cruzar su mirada con Esteban Salguero. Él esbozó una tímida sonrisa como de disculpa, y enseguida le volvió la espalda prestando atención a la pareja del sofá.
Rafael, arrodillado sobre la alfombra, sostenía la mano de Lourdes que reposaba en el sillón. Lola la abanicaba con el último número de "La Moda Elegante", revista que coleccionaba Mercedes. Tina, sin perder un minuto, corrió por las sales y se las pasó por las fosas nasales.
_ Gracias madre _ Tina, arrodillada junto a Rafael le pasó un brazo por la espalda, acariciándola lentamente. El, instintivamente, apoyó la cabeza en el hombro de su madre. ¡Cuánto necesitaba descansar!
Lourdes abrió los ojos e inmediatamente abrazó a Rafael mientras lloraba desolada.
_ ¡Miguelito! ¿Dónde está Rafa, dónde? _ gimió desgarrada.
_ Lourdes, mi amor, seguiremos buscando. Probablemente esté escondido en alguna casona abandonada al sorprenderlo la noche. Miguelito es muy fantasioso, con seguridad estará persiguiendo algún monstruo para darle caza _ "o mejor dicho, un monstruo le dio caza a mi pequeño", reflexionó angustiado _ Lourdes, este señor es Esteban Salguero, el Jefe de Policía, él nos está ayudando en la búsqueda.
_ Así es señora _ Salguero se adelantó, le tomó una mano y se la besó _ "tan parecida a su madre", se emocionó _ Mis hombres tienen cubierto un extenso radio que cubre todo el barrio de Montserrat, incluso tres patrullas de vigilantes a pie recorren en este mismo momento palmo a palmo el "Barrio del Tambor". Lo encontraremos Lourdes _ se atrevió a llamarla por su nombre de pila imprimiéndole cariño...ternura _ Lo prometo.
Mercedes carraspeó nerviosa. "¿Qué hace acá este tipo?", se indignó. Lorenzo, que regresaba de la cocina trayendo una taza de café, adivinando la intención de su hermana de "cantarle cuatro frescas" al patán desvergonzado que se animaba a presentarse en su casa, la casa de Consuelo, la codeó con brusquedad para evitar un verdadero desastre. Mercedes lo fulminó con la mirada, pero calló. Aún no era el momento de poner las cartas sobre la mesa.
Rafael, ajeno a la animadversión que sentían Lorenzo y Mercedes hacia el Jefe de Policía, luego de hacer las presentaciones pertinentes, les rogó que los invitaran con unos amargos en la cocina. Los hermanos comprendieron la intención de Rafael de conversar lejos de la atención de Lourdes y accedieron con prontitud.
_ Mi amor, voy unos minutos a la cocina con Salguero y los tres vigilantes por unos mates. Algo caliente nos sentará bien antes de continuar la búsqueda. No, no querida, quiero que te quedes aquí descansando _ la detuvo con dulzura cuando Lourdes intentó levantarse y acompañarlo._ Madre,cuídela, por favor.
Rafael besó a Lourdes y en el beso halló la fortaleza para no darse por vencido : su hijo vivía y pronto estarían juntos.

Se sentaron en la larga mesa de la cocina. Rafael y Salguero frente a Mercedes y Lorenzo. Los tres vigilantes optaron por quedarse cerca del fogón. Lola servía los mates. Una fuente de tortas fritas en el centro de la mesa acaparó las miradas de los vigilantes que estaban famélicos luego de una ardua jornada en la que apenas probaron bocado.
_ Jacinto llevate la fuente y den buena cuenta de ella, se lo merecen _ animó Salguero al vigilante más joven, un muchacho de apenas diesiseis años, y demás los hombres, agradecidos, comieron a cuatro manos ante una Lola escandalizada por la velocidad en que se vació la fuente.
_ ¿Cuál es la situación Rafael? _ Lorenzo, pálido y ojeroso, temía lo peor.
_ Es muy grave _ comenzó Rafael.
_ Muy grave, lamento decir _ remarcó Salguero _ Hemos...
_ Prefiero que nos informe Rafael _  lo interrumpió con acritud Mercedes.
Lorenzo le lanzó una mirada feroz y Salguero bajó la cabeza, como avergonzado.
_ ¿Qué sucede? _ Pregunto Rafael, perplejo ante la tirantez reinante entre Salguero y los hermanos Escalante.
_ ¿Por qué? _ Lorenzo encendió un cigarro. Mercedes, de un manotazo, le quitó la cigarrera, extrajo otro cigarro, se lo llevó a la boca, lo encendió con el yesquero y aspiró teatralmente el fuerte tabaco que Buenos Aires importaba del Paraguay. Los hombres, boquiabiertos, la observaron pasmados.
_ ¡Mujer!, ¿desde cuándo fumás? _ exclamó Lorenzo ofendido por semejante desfachatez.
_ Desde hoy, ¿algún problema? _ lo enfrentó, los ojos llameantes y la voz con el poder de una espada afilada.
_ No, no, ningún problema. Si fumar te place..._ Lorenzo decidió no contradecirla. Si lo hacía Mercedes era capaz de decapitarlo. "El horno no está para bollos", pensó resignado.
_ Muy bien. Y ahora basta de pavadas. En cuanto a lo que nos une a Salguero, es una historia amarga. El es el padre de Lourdes, el canalla que se burló de mi Consuelo. El miserable que provocó su muerte y la de mi marido _ cada palabra que Mercedes pronunciaba tenía la fuerza de un látigo que caía sobre Salguero dejándolo en carne viva.
Rafael escuchaba anonadado.
_ ¿Usted?...
_ Sí, mi amigo. Yo soy ese cobarde que huyó dejando a la mujer que amaba más que a mi propia vida sumida en el oprobio y la vergüenza _ se lamentó cubriéndose el rostro con las manos.
_ ¿Amarla?, ¿más que a su propia vida? ¡No me haga reír! Por su culpa mi sobrina tuvo que recluirse en un convento de monjas, alejada de todo afecto. Por su culpa sufrimos toda clase de afrentas. La sociedad pacata en la que vivimos no perdona, señor mío. Lourdes, de niña, nunca tuvo amigas. Las nobles familias, enteradas a pesar de nuestros recaudos del embarazo de Consuelo, no permitieron que sus queridas hijitas hicieran migas con una bastarda. Mercedes, Tina y yo fuimos todo para ella, luchando siempre por su felicidad y lo logramos, señor mío, lo logramos a pesar de la ausencia de una madre y de un padre _ esto último lo remarcó con ferocidad.
Los vigilantes que tomaban mate tranquilamente, sobresaltados por la incipiente pelea, huyeron al patio trasero llevándose la  pava y el mate con ellos.
_ De nada sirve decir que estoy arrepentido y que la vida me ha hecho pagar con creces mi falta _ Salguero estaba consternado.
_ Efectivamente, de nada sirve _ expresó Mercedes con severidad mientras sacudía las cenizas del cigarro en un platillo de porcelana.
_ Pero ahora se me presenta la oportunidad de rectificar en parte mi conducta. Como Jefe de Policía he puesto en acción a todos mis hombres. Tres patrullas de vigilantes a caballo y dos de vigilantes a pie recorren los suburbios de la ciudad para dar con Miguelito y capturar al monstruo que lo secuestró. Yo mismo junto a Rafael hemos estado a punto de atraparlo...
_ ¿¡Cómo es eso?! _ lo interrumpió alterado Lorenzo. Mercedes ahogó un grito.
_ Por el camino que lleva a la pulpería "El gallo rojo" y a la zona de burdeles, nos topamos con una carreta. La conducía un negro cuya descripción coincidía con la que nos hizo hace un tiempo una india perturbada. Lo detuvimos y encontramos detrás de la carreta el cadáver de la señorita Amelia Pacheco del Prado. Mercedes quedó atónita al escuchar el nombre de la hermana del doctor Imanol. El cigarro se le cayó de los dedos temblorosos. La situación se volvía cada vez más siniestra.
_ Lola, trae una botella de ginebra _ ordenó Lorenzo agitado.
La negra, también temblando, puso sobre la mesa los vasos y los llenó de aguardiente. "No quiero escuchá má, no quiero escuchá má, ¡ay Dios mío!, que el Miguelito estea bien. Angelito de la Guarda, protejelo", repetía en silencio y se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.
_ Continúe Esteban, continúe _ Lorenzo le acercó uno de los vasos.
_ Mientras identificábamos a la difunta, el negro Tadeo, ese era su nombre, maniatado y vigilado por dos policías, quedó al frente de la carreta. Cuando fuimos a interrogarlo, lo encontramos muerto, a él y a los dos polícías por dardos venenosos _ concluyó Salguero sorprendido y complacido por el tono amistoso de Lorenzo.
_ No entiendo, ¿qué tiene que ver ese negro y el cadáver de Amelia con la desaparición de Miguelito? _dijo turbada Mercedes. Nerviosa encendió otro cigarro.
_ Los vecinos de Montserrat nos confesaron, no sin poner resistencia, que un hombre vestido de negro recorre las calles durante las noches, muchas veces con un niño de la mano. Ellos dicen que es Mandinga, el diablo que anda suelto buscando saciar su sed de sangre inocente _ Rafael estaba conmocionado, respiraba con dificultad y un fuego interior lo consumía.
_ ¡Cobardes hijos de puta! ¿Por qué nadie lo detuvo? _ vociferó Lorenzo estallando un puño sobre la mesa.
_ Tienen miedo, don Lorenzo. Creen que Mandinga caerá sobre ellos y los arrastrará al Infierno si se interponen en su camino. Están aterrados _ los defendió Salguero, sin embargo estaba de acuerdo con Escalante.
_ Son ignorantes y el malparido se aprovecha de eso _ acotó fuera de sí Rafael.
_ ¿Y usted cree que Miguelito está en las garras de ese hombre? _ preguntó Mercedes a punto de llorar.
_ Todos los indicios nos llevan a creerlo. Don Nicanor, un comerciante de la zona en cuestión nos habló de un hombre con las características de "El Búho" que este mediodía lo vio pasar raudamente frente a su fonda con un niño. Más tarde se presentó en su negocio buscando a su peoncito, un tal Gorrión. Parece que lo empleó para tareas de limpieza, al menos eso entendió don Nicanor. Ese niño debe saber la ubicación de la guarida de "El Búho", estoy seguro _ Salguero se sirvió otra ginebra y aceptó un cigarro que esta vez sí le ofreció Lorenzo.
_ Y ese chico, ¿dónde está? _ se inquietó Mercedes, blanca como la cera.
_ Desaparecido y Tadeo , muerto. Los dos testigos que podrían llevarnos a "El Búho" desaparecido y muerto. ¡Mierda, mierda, mierda! _ Rafael comenzó a caminar como un poseído por la cocina rompiendo todo cuanto encontraba a su paso _ Juro que te voy a encontrar Búho y te voy a desollar vivo. Lo juro por lo más sagrado, ¡carajo!
El reloj Carrillón de la sala dio las tres de la madrugada y un golpe en la puerta de entrada los puso en alerta.
Todos se miraron espectantes y contrariados. ¿Quién era a esa horas? Lola temblaba como una hoja; Mercedes, saltó de la silla; Lorenzo y Salguero acompañaron a Rafael a la puerta. Al pasar por la sala, Lourdes con miedo, se unió a ellos. Tina permaneció cerca de la chimenea rezando.
La aldaba volvió a resonar en la oscuridad y en el corazón de cada uno de los habitantes de la casa.
Rafael sin preguntar abrió de golpe la puerta y Miguelito cayó en sus brazos.




No hay comentarios:

Publicar un comentario