jueves, 5 de enero de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.9

"Yo temblaba al mirarte,
 yo temblaba como tiemblan las ramas 
 reflejadas en el agua movida por el viento".  Silvina Ocampo

Lo vio salir nervioso, apenas la saludó, él siempre tan gentil con ella. Poco tardó Amelia en adivinar el destino de Bautista y la ira se apoderó de su corazón.
_ ¡Por Lucifer!, irá a buscar a esa zorra _ maldijo en voz alta sin poder reprimir la furia.
_ ¿Por qué gritas? Candelaria puede oirte _ Imanol, al escuchar a su hermana, salió con presteza de la biblioteca. La zamarreó sujetándola por los brazos para hacerla reaccionar.
_ El imbécil de Bautista pretende encarar a Lourdes. Ha quedado muy perturbado desde la fiesta de compromiso de Joaquín _ rabió.
_ Déjalo, mujer, déjalo; que averigüe _ dijo con calma destapando una botella de brandy, se sirvió una copa y suspiró satisfecho _ Exquisito.
_ ¡Cómo puedes estar tan tranquilo! ¡No lo quiero cerca de esa marrana! _ Amelia, desquiciada, le arrebató la copa de brandy a su hermano y la bebió de un solo trago.
_ Perdiendo la compostura no lograrás tu cometido, hermanita. Aprende de mí, cuando me propongo algo acecho a mi presa con la paciencia de un depredador, estudio sus hábitos, lo vigilo y cuando menos lo espera caigo sobre él y lo devoro _ una sonrisa glacial se abrió paso en su boca de labios finos.
_ Me asustas cuando hablas de esa manera _ instintivamente volvió a servirse otra copa de brandy, el líquido ambarino le quemó la garganta.
Imanol se quebró en caracajadas erizándole la piel a Amelia.
_ ¡Basta Imanol! ¿Imagino que no habrás reincidido en aquello por lo que debimos abandonar España, no? _ Amelia temió lo peor.
_ ¡Cómo se te ocurre!, ¡claro que no! _ aunque al responder ocultó el brillo siniestro de sus ojos.
_ Imanol, siempre te he apañado, esta vez soy yo la que necesita de tu ayuda. Amo a Bautista, ayúdame a conseguirlo.
Amelia, desde pequeña siempre consiguió lo que se proponía. Niña caprichosa, supo enredar con artimaña en sus tretas tanto al padre como a la madre, quienes la consentían y transigían a sus más tontos devaneos.
_¿A cualquier costa? _ inquirió atravesándola con su mirada oscura.
_ A cualquier costa _ fue terminante.


Lourdes creyo morir cuando Lola anunció a Rafael; su corazón, como un tambor enloquecido, la ensordeció.
"¿Qué le diré? ¡Ay Señor, no me desampares!", rogó mientras Mercedes autorizaba a Lola para que lo hiciera pasar.
_ Lo importante en este momento crucial es mantener la calma _ dijo Lorenzo acercándose a Lourdes que estaba pálida como la luna.
_¡Animo hijita!_  Mercedes se colocó en el otro costado de modo que la muchacha quedó escoltada por sus dos bastiones. Eso la tranquilizó y le dio seguridad.
Escucharon espectantes los pasos por la galería dirigiéndose al salón. La puerta vidriada se abrió y el rostro amado aceleró el pulso de Lourdes.
_ Buen día, perdonen mi interrupción, debí avisar con anterioridad _ se excusó, nervioso daba vueltas su sombrero de copa entre sus manos sudorosas.
_ Por favor, es un placer recibirlo en mi casa señor Roldán _ Mercedes se adelantó y con gentileza lo invitó a tomar asiento.
_ Después de las señoras _ dijo turbado ante el escrutiño de Lourdes.
Lourdes se acomodó en el sofá, a su lado Mercedes. Lorenzo y Rafael lo hicieron en los sillones enfrentados a las damas.
Un grito rompió el silencio.
_¿Dónde está? _ Tina, desesperada, pugnaba por deshacerse de Lola que le impedía el paso. Estaba amasando pan en la cocina cuando la negra insensata le dio la noticia.
_ Si me disculpan debo atender un pequeño contratiempo _ Mercedes salió disparada hacia el patio para contener a Tina. Rafael la observó conturbado.
_ ¡Tina, Tina!, calmate. Rafael no puede verte en este estado. Te expliqué que él no recuerda a nadie y que si lo atosigamos puede ser perjudicial para su salud mental._ le habló conduciéndola hasta el patio trasero, lejos del salón. Tina no puso resistencia, sólo lloraba quedamente.
_ Lo sé Mercedes, lo sé. Es que esta situación me desespera. ¿Qué haremos? _ la tristeza la embargaba.
_ Primero quiero que te seques esas lágrimas, que te cambies el vestido...¡ese está lleno de harina! _ el comentario las hizo reír _  y luego te presentas en el salón.
_ ¿Y después? _ preguntó ansiosa.
_ Ni yo lo sé Tina _ respondió atribulada.
Cuando regresó al salón escuchó a Lorenzo conversar animadamente. Entró seguida por Tina.
_ Aquí estás, ¿solucionaste el problema? _ Lorenzo paseó una mirada inquieta de Mercedes a Tina, luego respiró aliviado al ver sonreír a su hermana.
_ Señor Roldán, le presento a la señora Tina, suegra de Lourdes _ se adelantó Lorenzo.
_ Mucho gusto señora _ con gentileza le besó la mano temblorosa que ella le extendió con cierto reparo.
Una vez todos acomodados, la conversación continuó por el derrotero que había iniciado Lorenzo con el fin de romper el hielo.
_ Como le estaba diciendo Bautista, ¿puedo llamarlo así, verdad? _ ante un gesto afirmativo del joven Lorenzo prosiguió explayándose muy jovial _ Con dicha expedición a Sierra Chica nuestro ejército pretende hacer frente a Catriel y Calfulcurá. ¿Usted que opina Bautista?.
_ Pienso que esa expedición será un total fracaso. A los oficiales les falta experiencia y esos caciques son muy taimados _ expresó sin apartar sus ojos de Lourdes.
Mercedes observaba a Lorenzo y a Bautista, dos hombres signados por un destino cruel y violento.
Los años no parecían pasar para Lorenzo, soltero empedernido; apenas unas cuantas canas en las patillas y las sienes, siempre optimista y animoso. Sólo ella, su hermana, conocía su profundo dolor. La vejación sexual y las cicatrices, que surcaban como ríos tortuosos su cuerpo, eran testigos mudos del tormento que padeció en manos de los esbirros de La Mazorca en tiempos de Rosas.
Y Rafael, en apariencia pleno y avasallante, escondía el drama de la incertidumbre, el drama de no saber quien era en realidad.
_ Mercedes, ¡Mercedes!, ¿por dónde andas? _ demandó Lorenzo con energía _ Esta hermana mía otra vez en las nubes. ¡Es una soñadora incorregible! _ le confió riendo a Rafael.
_ ¡Tonto! _ se molestó Mercedes apartando sus pensamientos y volviendo a prestar atención a los que la rodeaban _ ¿Qué me decías?
_ Me contaba Bautista que Sarmiento trabaja en el mismo periódico que él.
_ Que coincidencia. Faustino es un buen amigo nuestro _ afirmó con calidez Mercedes.
_ El también esta organizando una expedición, pero de placer, al Delta _ agregó Bautista un tanto más relajado.
_ Sí, lo sabía...¡si hasta se compró una isla! _ exclamó divertida Mercedes.
Lourdes los escuchaba sin entender que se proponían su tío y su abuela con esa charla superflua, ella deseaba ir al fondo de la cuestión y estaba segura que Tina era de la misma opinión. Decidida intervino.
_ Lamento mucho mi confusión de la otra noche.
Rafael pegó un brinco que intentó disimular sin éxito, cuando habló Lourdes.
_ Imanol ya me ha aclarado la confusión. Me duele que le recuerde tanto a su difunto marido, me duele entristecerla, señora. Por eso he venido, a pedirle perdón.
_ ¿Perdón? _ se extrañó Lourdes ahogando el llanto. Tina, a su lado, le apretó la mano. Ella también estaba desgarrada.
_ No quiero hacerla sufrir _ su voz era tan cálida, era la misma voz que se derramaba sobre ella prometiéndo amarla más allá de la eternidad.
_ Todo lo contrario, su presencia me trae recuerdos felices del hombre que amé. Soy yo la que debo pedirle perdón por incomodarlo, sé que usted también carga con las consecuencias de esa batalla atroz _ arremetió Lourdes queriendo sacarle información.
_ Es verdad, durante la batalla sufrí un golpe en la cabeza que me provocó amnesia. Por eso, cuando usted pensó que me conocía, yo...
_ ¿Usted que creyó? _ se animó a preguntar Tina
_ Creí por un instante que el pasado nos unía...pero, no, no fue así. Las tinieblas se empecinan en habitar mi memoria _ dijo cabizbajo.
_ Hijo, permítame llamarlo de ese modo. Es que se parece tanto a él _ Tina ya no luchaba por contener las lágrimas.
_ Por supuesto señora _ Rafael le sonrió con ternura y Tina frenó el impulso de abrazarlo.
_ Ya verá como un día sorpresivamente los recuerdos comenzarán a aflorar. Tengamos fe _ Tina se propuso en ese momento rezar todas las noches veinte rosarios a la Virgen de Luján para recuperar a su hijo.
_ Señora Lourdes, perdone mi atrevimiento, pero me gustaría saber el nombre de su esposo. La noche de la fiesta con el impacto del encuentro, no entendí como me llamaba _ titubeó.
Lorenzo y Mercedes se removieron nerviosos en sus asientos.
_ Rafael _ dijo escuetamente.
_ Como el arcángel _ reflexionó ante la sorpresa de todos.
Rafael se sentía raro, "¿qué me sucede?", pensó aturdido. "Será mejor que me vaya".
_ Ya los he molestado suficiente, me retiro _ pero en el momento que comenzaba a despedirse de sus anfitriones, la puerta se abrió de repente y dos niños entraron corriendo.
_ ¡Mamita, mamita!, Miguelito me quiere pegar _ chilló Alba refugiándose en el regazo de Lourdes.
_ ¡Mamá, esta gansa me perdió los lápices de colores! _ protestó escudándose enTina.
_ ¡Niños!,¡niños!, un poco de paz. Señor Roldán disculpe el alboroto _ Lourdes abrazó y besó a la pequeña bochinchera.
_ ¿Son sus hijos? _ Rafael se acercó a Miguelito y lo saludó dándole la mano _ Todo un caballerito.
_ Un caballerito pendenciero y una damita revoltosa _ acotó Mercedes
_ ¿Quién es el señor mamita? _ preguntó intrigada Alba mientras hurgaba con un dedo en su nariz.
_ El señor Roldán es un amigo del tío Lorenzo _ los niños no reconocieron a su padre. Eran aún muy pequeños cuando sucedió la supuesta muerte de Rafael. Además la tupida barba castaña escondía sus rasgos.
_ Bautista, ¿almuerza con nosotros?. Tomasa, nuestra cocinera, hizo un guiso de conejo exquisito _ lo animó Mercedes. Lourdes y Tina sonrieron complacidas con la propuesta.
_ Lamento declinar la invitación. La señorita Amelia, la prima de Joaquín, me espera._ esquivó la invitación.
"¿Amelia?Ah, sí, la hermosa morena que lo acompañaba en la fiesta. ¿Existirá algo entre ellos?" temió Lourdes y la desolación se adueñó de su alma.








martes, 3 de enero de 2017

FELIPA EN CARNE VIVA Cap.6

"Ser pequeño: las grandes audacias son siempre de los niños.
 ¿Quién pide...la luna?
 ¿Quién no repara en peligros para conseguir sus deseos?".
Jose María de Balaguer 

Antes del canto del gallo, Alejo estaba despierto y preparado para la gran aventura que había planeado durante la noche. Le había costado conciliar el sueño, pelearse con su padre siempre le causaba insomnio.
Buscó en el ropero las prendas que usaba para sus escapadas, un pantalón remendado en las rodillas y una camisa de tela basta. Revolvió en el cajón de sus tesoros que escondía debajo de la cama, extrajo la gomera y unas cuantas canicas de barro cocido. Se calzó con unas sandalias de cuero de caballo. Un sombrero de paja de ala ancha serviría para protegerse del sol de fines de noviembre.
Bajó con sigilo y espió a través de la puerta de la cocina. Abelarda tomaba mate cerca del fogón, donde en una sartén tiznada con hollín freía unos buñuelos de manzana. Sobre la mesa, una fuente colmada de tortas fritas, despertaron el apetito de Alejo.
"No debe verme sino empezará a sermonearme", pensó con fastidio.
"¿Qué hago para deshacerme de Abe?...¡Ya sé!".
Como la negra estaba de espaldas a él, Alejo aprovechó para escabullirse por la puerta que comunicaba la cocina con la despensa. Alí buscó las trampas para ratones, él era el encargado de instalarlas, pequeñas jaulas con trozos de queso que encarcelaban vivos a los roedores golosos.
"¡Eureka!", se alegró al hallar dos trampas con inquilinos. Con cuidado sacó los ratones y los puso dentro de una bolsa de arpillera que encontró en una de las estanterías. Volvió a espiar a Abelarda por la rendija de la puerta de la despensa semiabierta. Cuando la mujer se agachó para agregar mas leña al fuego, Alejo aprovechó para dejar en libertad a sus amiguitos que corrieron directamente hacia ella.
Uno de ellos se prendió de la pollera colorida de Abelarda y el otro se encaramó a la mesa zambulléndose dentro de la mezcla de los buñuelos.
_¡Madre santa, ratones!_ aulló asustada _ ¡Juera, juera maldito, juera! ¡Ay por Dios, que ajco!_ con la cuchara de madera y a los saltos trataba en vano de quitarse de encima al roedor.
Cuando por fin lo logró, lo persiguió por toda la cocina con una escoba. El fugitivo logró escapar hacia el jardín y fue entonces cuando descubrió al segundo entrometido nadando en la mezcla de los buñuelos.
_ ¡Ahijuna!, ¿por qué me pasa esto a mí? ¡Qué ajco! _  tomó el fuentón de cobre y con aversión arrojó su contenido en el patio entre los helechos.
Alejo, que la observaba desde su escondite, se desternillaba de risa. Ni bien la negra abandonó la cocina, llenó su alforja de tortas fritas, algunas naranjas, unas cuantas manzanas rojas y un puñado de alfeñiques, caramelos de azúcar hervido en aceite de almendras con forma de barra delgada y torcida. Antes de que Abelarda regresara, Alejo ya estaba en la caballeriza despertando a Lautaro.
_ ¿Alejo?, ¿qué mierda querés tan temprano? _ rezongó al tiempo que bostezaba.
_ Vamos por Felipa y del Candombe nos vamos al "Hueco de las cabecitas".
_¡Con Felipa! Estas loco Alejo, ¿cómo se te ocurre ir a ese lugar con una niña? _ se asombró entre enfadado e intrigado.
_ ¿Qué tiene de malo? ¡Vamos, será una aventura inolvidable! _ lo alentó con entusiasmo.
_ Si,si, inolvidable _ ironizó mientras se desperazaba.
_ Salgamos rápido antes que se levante mi padre y que Abelarda note mi ausencia.
_ Antes tengo que comer, si no como no pienso, si no pienso no camino, si no camino....
_¡Basta ya! Le robé un montón de comida a Abe _ agitó satisfecho su alforja en las narices del indio _ Comeremos en el camino.
_ Por tu culpa, un día de estos don Idelfonso me va a cortar el cogote. No puedo desaparecer siempre Alejo, tengo trabajo que hacer.
_ Dejá de quejarte como una niñita tonta _ le recriminó.
_ Al nieto del Chacal naides lo llama niñita tonta  _ se empacó.
_ Entonces, si sos tan macho, no le vas a tener miedo a unos cuantos latigazos _ dijo con suspicacia tentando a Lautaro con una enorme torta frita.
_ ¡Claro que no! Pero uno tiene sus responsabilidades..._ y de un manotazo se adueñó de la torta frita.
_ ¿Responsabilidades?, ¿vos?. No me hagas reír. Sos más haragán que el viejo Vizcacha _ Alejo se refería al mensajero de su padre, hombre escuálido adicto a la ginebra, pero leal hasta la muerte. Virtud apreciada por Idelfonso y por la que le perdonaba sus contínuas borracheras.
Eran alrededor de las ocho de la mañana cuando avistaron la casa de Felipa en el barrio "El Candombe".
Golpearon la puerta soportando las miradas curiosas de los negros que pasaban por la zona.
Filomena se sorprendió al verlos.
_ ¿No les parece muy temprano para andar molestando? _ se despachó con voz agria.
_ No se enoje doña Filo _ la llamó confianzudamente Alejo _ Con Lautaro venimos a invitar a dar un paseo a Felipa...con su permiso, claro _ dijo en tono lisonjero.
_ ¿Un paseo? Y, ¿por dónde? _ se inquietó.
_ Por acá cerca no má. La Felipa nos contó que se aburre sin amigods pa´jugar _ intervino Lautaro
_ Sea buenita doña, dele permiso, nosotros la cuidaremos _ le suplicó zalamero.
_ Muy bien, pero ojito con meterse en problemas _ los chicos afirmaron con la cabeza tratando de parecer lo más convincente posible.
Felipa saltó de alegría al verlos.
"¡Qué bonita es!", pensó Alejo cuando la niña se asomó por la puerta. Llevaba un vestido azul con lunares blancos bastante gastado, pero muy limpio. El cabello le caía suelto hasta la cintura; una cinta a modo de vincha, enmarcaba su bello rostro. Llevaba abrazada contra el pecho su adorada muñeca.
Nuevamente en camino y luego de saludar agitando el brazo por tercera vez a su abuela que permanecía como una estaca en la entrada de la casita, Felipa preguntó emocionada:
_ ¿A dónde vamos?
_ A un lugar mágico.
Lautaro frunció el ceño al escuchar la respuesta de Alejo. "¿Mágico, ese lugar lleno de pulperías y burdeles? Este Alejo es un abombao".
Había poco de bucólico en el paraje al que se dirigían animados. Allí estaban los corrales y el matadero donde se faenaban ovejas y carneros. El entorno no era lujoso: reñideros de gallo. pulperías y casa de juego. Zona de cuchilleros que tenían filo no sólo para faenar ganado, teniendo caña o vino mediante.
Aquel lugar se denominaba "Hueco de las cabecitas" porque las carretas lo elegían para descargar las cabezas de los animales, una hondonada poco agradable de transitar.
_ Me contó el viejo Vizcacha que acá se trenzaron en un duelo el negro Segismundo con el mulato Gamboa. Se enfrentaron con estacas con punta de fierro _ se dio aires con la información Lautaro. Alejo y Felipa lo escuchaban asombrados.
_ ¿Y por que se pelearon? _ preguntó con interés Felipa.
_ Por los amores de una morena. Segismundo mató al mulato pero no pudo disjrutar de la mujer porque tuvo que esconderse para no terminar jusilado.

_ Bueno, bueno, se acabaron los duelos es hora de divertirnos. Vamos para la hondonada, les apuesto que ninguno de ustedes tiene mejor puntería que yo _ dicho esto los dejó boquiabiertos mientras se alejaba de ellos.
Felipa y Lautaro lo siguieron hasta el borde de la hondonada. Alejo cargaba la gomera con una canica de barro cocido y apuntaba contra una de las tantas cabezas de vaca pútridas que se arracimaban en el pozo dando siempre en el objetivo. Cada vez que lo hacía gritaba jubiloso.
_ Algún día seré soldado y ganaré batallas _ le confesó a sus amigos.
_ Y yo viviré con mi tribu, los ranculches, y seré un gran rastreador, orgullo de mis ancestros _ manifestó con exaltado Lautaro.
_ Y yo...yo sólo quiero ser libre algún día _ expresó con pesar Felipa.
_ Pero si ya sos libre, ¿no vivís con tu abuela lejos de la familia Torres? _ preguntó extrañado Alejo.
_ Vivo con mi abuela hasta que doña Aurelia Torres cambie de parecer. Yo, como mi mamá, le pertenecemos. Amenaza a mi mamá con llevarme de nuevo a la casa si no vende mucha cantidad de mazamorra y si no cumple con todas las tareas que le ordena. ¡Pobre mi mamita!, está tan cansada..._ las lágrimas comenzaron a correr como pequeños arroyuelos por sus mejillas rosadas.
Alejo tiró la gomera y la abrazó. Lautaro hervía de furia, él sabía muy bien lo que significaba vivir sometido a otro.
_ Te prometo que yo compraré tu libertad cuando sea grande, pequeña Killa.
_ ¿Por qué me llamás así? _ Alejo sonrió al ver desconcierto en esos enormes ojos azules.
_ En quechua, killa significa "Luna". Vos te pareces a la luna, tan blanca...tan luminosa.
Lautaro carraspeó. ¿Que le sucedía a su amigo? Mejor volver a la diversión.
_ Vayamos a la riña de gallos. Conozco un lugar por donde podemos colarnos _ propuso.
_ Buena idea, pero antes comamos, me muero de hambre, ¿y ustedes?.
Lautaro aplaudió la moción devorando con fruición toda la fruta y las tortas fritas. Felipa y Alejo se conformaron con los alfeñiques.
Festejaron la victoria de un gallo que dejó inhabilitado a su oponente y abuchearon a otro "con poca casta" que huyó herido de la pelea.
Al atardecer regresaron a "El Candombe". Dejaron sana y salva a Felipa devolviendo el alivio a  la abuela Filomena, y ellos reemprendieron la marcha hacia la ciudad.
_ Alejo, estoy cagado en las patas, don Idelfonso hoy me mata _ tembló el indio.
_ No jodas Lautaro, seguro que el viejo ni se dio cuenta que faltabas...espero que a mí tampoco me haya extrañado _ deseó de todo corazón.
Felizmente el deseo de Alejo se cumplió.
Lautaro se quedó en la caballeriza cepillando a Trueno, el caballo de Rubén. Alejo entró por la cocina que estaba desierta.
En la sala escuchó voces, aguzó el oído reconociendo la voz portentosa de su padre.
_ ¿Está segura que quiere venderme a la niña blanca, doña Aurelia?




lunes, 2 de enero de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.8

"No sabes como necesito tu voz, necesito tus miradas,
 aquellas palabras que siempre me llenaban,
 necesito tu paz interior; necesito la luz de tus labios.
 ¡Ya no puedo seguir así! Ya...no puedo".                         Mario Benedetti


 Joaquín entró como un vendabal en la salita privada de su tía Laura.
_¡Hijo!, que manera de presentarte. ¿Acaso ha sucedido alguna desgracia? _ se alarmó la mujer que con el susto derramó su té de tilo sobre el mantel de hilo blanco que cubría una coqueta mesita de palo de rosa que su difunto marido adquirió en Londres.
_ ¡Tía!, ¡¿cómo es posible que no hayas reconocido en Bautista a Rafael Cané?!_ exclamó el muchacho ofuscado.
_ ¿A quién? No comprendo a que te refieres, y por favor, no grites que se me parte la cabeza. Estas malditas jaquecas me están matando.
_ ¡Tía, tía!, ¿Podés un minuto dejar de pensar en vos y poner atención a lo que te estoy diciendo? _ se exasperó.
_ Ya, ya...¿quién es ese Rafael Cané, y qué tiene que ver conmigo? _ respondió intentando tranquilizar a su sobrino.
_ Rafael Cané es Bautista Roldán, mi amigo...que sufre de amnesia, que no recuerda absolutamente nada de su pasado...el que me ha acompañado a visitarte en varias ocasiones...¿recuerdas ahora? _ explotó iracundo, esa mujer tenía la habilidad de sacarlo de sus casillas.
_ ¡Ay,ay! No grites muchacho, mis nervios se alteran con tanta gritería. ¡Justino! _ chilló con voz aflautada llamando a su mayordomo _ Más té de tilo, esté está tibio y lo detesto.
Joaquín trató de calmarse, su tía podría aclarar varios puntos sobre el pasado de su amigo.
Justino, apareció portando una tetera de plata. Alto, delgado, el fiel sirviente de Laura Insúa, era el único que la soportaba impasible, siempre con una sonrisa.
"¿Cómo hará este hombre para aguantar a esta ególatra? Sin duda es un santo", pensó sorprendido Joaquín.
_ Gracias Justino _ agradeció Joaquín, mientras el negro servía el té, incómodo ante el silencio de su tía.
_ El señor desea un café. La cocinera lo acaba de preparar _ ofreció Justino.
_ Gracias, sí, pero amargo, por favor.
_ ¡Joaquín, cómo podés tomar café amargo! Bastante amarga es la vida, sino mirá todo lo que me ha pasado...sola, viuda, sin hijos que me adoren, encerrada en esta casa...._ se quejó melancólica.
_ Volviendo a lo que me interesa _ la interrumpió harto de sus lamentos.
_ ¿Es que no te interesa mi dolor? ¡Qué desaprensivo!_ se escandalizó. Con un delicado pañuelo de encaje rosa comenzó a secar las supuestas lágrimas que amenazaba derramar.
Justino fue su salvación. Entró en la salita con un fragante café y una novedad. No prestó atención al llanto simulado de su patrona, estaba acostumbrado a ese ardid.
_ La señora Lourdes Cané desea verla _ informó.
_ Hacela pasar, por fin alguien que posee buenos modales no como otros _ dijo echando una mirada reprobatoria a su sobrino que bufó fastidiado.
Lourdes se veía ojerosa y pálida. Todo su cuerpo hablaba de una profunda tristeza.
_ Querida, ¡qué alegría!. Justino, traé más té, ¿de menta, verdad? _ ordenó recordando la preferencia de Lourdes. Todos se sorprendieron.
_ Me caería bien un té de menta, gracias. Joaquín, es una suerte encontrarte, con vos también deseaba conversar _ recalcó animada.
_ ¿A qué se debe tu grata visita, querida? _ la interrogó melosa.
_ Bautista Roldán es en realidad mi marido, Rafael Cané, al que dieron por muerto en la batalla de Caseros..._ reveló sin rodeos.
_ ¡Ay no me recuerdes aquella trágica batalla en la que murió el amor de mi vida!, ¡Ramiro, cuánto te extraño! _ nuevamente recurrió a su pañuelo de encaje.
Joaquín, sin considerar los lamentos de Laura, intervino manifestando su preocupación.
_ Lourdes, _ la contempló con fijeza tomándola de las manos _ conocí a Baut...Rafael al finalizar la batalla de Caseros. Parece que se cayó de su caballo perdiendo la conciencia. Al recuperarse todo había terminado y él no recordaba quién era, todo su pasado se diluyó en la incertidumbre. Enseguida congeniamos, sentí que no podía ni debía dejarlo a su suerte, lo invité a vivir en mi casa. No tenía familia...
_ Sí, la tenía...¡la tiene! _ Lourdes se agitó conmovida.
_ Claro que sí Lourdes, pero ni él ni yo lo sabíamos en ese momento, él aún no lo sabe. Permitime seguir con mi relato. Como no sabíamos su nombre, un amigo falsificó un documento de identidad en el que figura como Bautista Roldán. Gracias a unos contactos y a su capacidad, por supuesto, consiguió trabajo en la redacción del periódico "El Nacional"...
_ Cuando nos establecimos en Montevideo, también trabajó como reportero en un periódico que vapuleaba la gestión infame de Juan Manuel de Rosas _ agregó con nostalgia, la mano que sostenía la taza de té de menta, tembló.
_ Lourdes, hasta la noche de mi compromiso con Clara, nunca descubrí algún dato que iluminara el pasado de Bautista, ¡nunca! Por un tiempo investigué sobre él, pero nada. ¡¿Quién iba a imaginar que las respuestas al enigma estaban tan cerca?!_ reflexionó con sorpresa y pesar.
_ Laura, ¿cómo es posible que no lo reconocieras? Rafael fue amigo de tu marido, muchas veces compartimos cenas y almuerzos. ¡No lo reconociste! _ la enfrentó aireada.
_ Lo siento mucho Lourdes, realmente no lo reconocí. Esta distinto...con esa barba..._ se defendió mientras bebía su té _ Otra vez se enfrió, ¡Justino!
_ ¡Tía!, sos insufrible, nada te interesa sólo vos,vos y ¡vos! _ explotó furibundo.
_ ¡Qué carácter, muchacho! Espero que Clarita te apacigüe, o si no... _ se inquietó Laura
_ O si no,¿qué, tía?. Pienso que al tío Ramiro no lo mató el enemigo, sino que se suicidó en batalla para no soportarte más. Lourdes, pasaré a visitarte para continuar con nuestra charla. No te preocupes, todo se solucionará. Confiemos en Imanol, él es un excelente médico, sigamos su consejo de no presionar a Bau...a Rafael. Verás como de a poco recuperará la memoria. Tengamos fe. Tía, otro día pasaré a verte _ y así, crispado por la actitud desdeñosa de Laura Insúa, se despidió de las damas, dejando a una con una esperanza y a la otra escandalizada.
Lourdes antes de regresar a su casa se detuvo en la iglesia de San Ignacio. Oculta en las penumbras rezó en silencio"Sola, me siento tan sola. Ya casi no tengo lágrimas, mi alma está seca, yerma".
Ella, que en otros tiempos era el sol, ahora vivía en la oscuridad. Rafael, su Rafa, se llevó la luz y ahora que la vida le presentaba un nuevo amanecer, nuevamente la oscuridad mezquina se cernía sobre ella.
"¿Qué nefasta maldición impide nuestro amor, impide que me recuerdes? ¿Acaso no has visto en la profundidad de mis ojos la infinita pasión que nos une? Te amaré más allá de la muerte, hasta la eternidad, me dijiste entre besos y caricias.¿Dónde quedó tu promesa?, ¿dónde?", lloró acongojada, el corazón espinado.
_ Dame fuerzas Señor. No entiendo tus designios. Me arrebatas el amor y luego me lo devuelves, pero él no me reconoce, me ignora, ¿por qué me haces sufrir Señor?, ¿qué mal hice para merecer este dolor que hace tambalear mi fe?. Te pido me concedas valentía, por mis hijos te lo ruego, ellos necesitan verme de buen ánimo, no taciturna y llorosa.
Tan compenetraba estaba en su plegaria que dio un brinco cuando Lola, su sombra, le tocó el hombro.
_ No se asuste niña, soy yo. Acá hace frío, vamos pa´las casas, se me va a risfriar _ le pidió al oído. Lola se inclinó para abrigarla con una mantilla de lana.
Lourdes afirmó con la cabeza y lentamente se puso de pie. Sin mediar palabra, salieron de la iglesia. El sol del mediodía la cegó, como ciego estaba su corazón.
Lola la seguía contenta de haberla arrancado de ese lugar sombrío. El recinto sacro le daba mala espina, ella temía a los sacerdotes, siempre vestidos de negro y de rostro severo. No, definitivamente no comprendía como Dios podía vivir en las iglesias, lugares lóbregos con olores sofocantes. Para Lola, Dios habitaba en las mañanas soleadas, en la lluvia que hacía germinar la tierra, en el perfume de las flores del naranjo de la finada amita Consuelo. ¡Ahí si podía ver a Dios!
El clamor de los vendedores ambulantes ofreciendo sus productos,  no distrajeron a Lourdes de sus cavilaciones. "Quiero ser feliz, sonreír desde el alma, no como lo hago ahora, una sonrisa forzada para complacer a los demás. Anhelo que esta esperanza que empieza a nacer, me resucite".
Mercedes la esperaba ansiosa.
_ Querida, ¡cuánto tardaste!, ¿que averiguaste? _ la asaltó con preguntas ni bien Lourdes y Lola asomaron en el zaguán.
_ Laura, como de costumbre vive encerrada en sus preocupaciones, no me prestó atención; pero Joaquín, que casualmente estaba allí de visita, me contó como conoció a Rafael. Me confirmó todo lo que nos dijo el doctor Imanol Pacheco del Prado y como él, me rogó que tuviera paciencia, que no lo presionara _ dijo abatida _ Estoy desorientada abuelita, realmente no sé que hacer.
_ Esperar, querida, esperar.
_ Ya esperé demasiado, ¡no quiero esperar! _ estallló en llanto desesperada.
_ Te entiendo Lourdes, pero por el bien de Rafael es necesario tener paciencia y con tacto ayudarlo a recordar _ la alentó causando sorpresa en Lourdes.
_ ¿Ayudarlo a recordar? Pero abuela, ¿me aconsejas no tener en cuenta las recomendaciones de Imanol y de Joaquín? Pero si estabas de acuerdo en ser tolerantes.
_ Sigo pensando igual, pero creo que si le damos pequeños empujoncitos a su memoria no le haremos daño, ¿qué pensás? _ un sutil codazo conjuró la complicidad entre nieta y abuela.
El plan de Mercedes le alegró el día a Lourdes. Eso haría, se acercaría a Rafael respetando su nueva personalidad como le había recomendado Imanol, pero enviándole sucintos mensajes que tratarían de reactivar su memoria extraviada. "Basta de llorar, es hora de luchar por lo que quiero", se prometió enjugando sus lágrimas.
_ Niña, no me llore que se me retuercen las tripas al verla así _ ensimismada en sus reflexiones se sobresaltó cuando Lola le acarició con ternura el cabello dorado como el trigo maduro.
_ ¡Qué cosas decís Lolita! y dame ese té que huele tan rico _ le dijo sonriendo aceptando el té de menta que le ofrecía la negra.
_ Cuando sonríe es entuavía más linda. Y usté doña Mercedes no me la haga llorar _  amonestó con insolencia a la mujer.
_ ¡Negra atrevida!, ¡cómo se te ocurre hablarme de esa manera!. Rápido, salí de mi vista _ Lola, asustada corrió a refugiarse en la cocina.
_ Abuela, no te enojes, sabés como me quiere Lola _ la defendió Lourdes.
_ Si, si, pero hay que ponerle un freno sino esta negrita...
_ ¿Qué hizo Lola ahora? _ Lorenzo entró en la sala dispuesto a poner paz.
_ Lo de siempre, hacer renegar a la abuela _ Lourdes fue a su encuentro con una sonrisa, feliz de abrazarlo.
_ ¡Que lindo recibimiento!_ besó a su sobrina en ambas mejillas, asombrado de su júbilo. _ ¿ Buenas noticias de Rafael?
Lorenzo estaba al tanto de lo sucedido en el compromiso de Clara Mendez con Joaquín Insúa. Mercedes se lo había contado con pelos y señales. La alegría inicial de saber que Rafael estaba vivo, se enturbió con la noticia de la amnesia.
_Consultaré con el doctor Montes de Oca _ propuso a su hermana.
_ ¿Juan José está en el país? _ se alegró Mercedes. El doctor Juan José Montes de Oca, proscripto por razones políticas,  tuvo que exiliarse en Montevideo durante la dictadura de Rosas. De allí, luego de desempeñarse como cirujano, se trasladó a Río de Janeiro, donde luchó contra la epidemia de fiebre amarilla que azotó a la ciudad en 1849.
_ Hace rato, ¿no lo sabías?. Fue él el que le salvó la vida a Bartolo _ Lorenzo se refería a Bartolomé Mitre, futuro presidente de la Argentina _ Cuando ese infame disparó contra nuestro amigo hiriéndolo en la frente, fue Juan José quién lo operó exitosamente. El sabrá decirnos a que atenernos y si ese tal Imanol Pacheco del Prado está en lo cierto.
En ese momento, Lorenzo Escalante presintió una buena nueva al ver a su sobrina exultante. Mercedes, ella y sus dos pequeños hijos constituían su mundo, al que defendería con uñas y dientes.
_ Hoy visité a Laura Insúa y allí me encontré con Joaquín. El sostiene el diagnóstico del doctor Pacheco, pero con la abuela pensamos que una ayudita para recordar no sería tan peligrosa como sostienen ellos _ dijo con picardía.
_ Estoy de acuerdo, eso mismo me dijo el doctor Montes de Oca. Siempre con prudencia y mesura. Más adelante, me gustaría provocar un encuentro entre Juan José y Rafael. No sé por qué, pero ese tal Imanol me da mala espina.
Mercedes y Lourdes cruzaron la mirada, ellas compartían la misma opinión.
Lola interrumpió la conversación. Se fregaba nerviosamente la manos en el delantal, los ojos desorbitados.
_ ¡Lola!, ¿qué pasa?, ¿acaso viste un fantasma? _ ironizó Lorenzo.
_ Usté lo dijo, don Lorenzo. Ajuera, en la puerta, está el señor Rafael.