domingo, 5 de febrero de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.13

"Yo abrazo, delicia pura,
 tu cara desconocida,
 idéntica a mi alma".  Marguerite Yourcenar

Lourdes se mantuvo silenciosa durante el trayecto del teatro Victoria hasta su casa. El monótono traqueteo del carruaje exasperó sus nervios. "¡Maldita arpía!, siempre interponiéndose. Y él, tan tranquilo, dejándose llevar de las narices por ella. ¡Te odio Rafa, te odio! Cuando recuperes la memoria, te juro que me las pagarás". Cada tanto asestaba con furia un golpe al delicado bolso de encaje bordó que descansaba sobre su falda.
Mercedes la observaba y sufría por ella.
_ ¿Pero qué le sucede a Rafael? _ se crispó Lorenzo _ Si, si, ya sé mujer, está amnésico_ le contestó a Mercedes que lo fulminó con la mirada _ Es que se comporta como un pelele...¡esa mujer lo manipula a su antojo! _ estalló iracundo.
_ ¡Lorenzo, más control, por favor! No te das cuenta que alterás a Lourdes aún más de lo que ya está _ lo instó a serenarse por el bien de la muchacha.
Lorenzo masculló improperios en voz baja mientras atusaba con los dedos manchados de nicotina su níveo bigote.
Lourdes, concentrada en sus oscuros pensamientos, apenas lo escuchó. Sólo era consciente de las calles empedradas, de las casas silentes que se sucedían a medida que el coche avanzaba y de los faroles que iluminaban su paso.
Al llegar, se encerró en su dormitorio. Tina la vio pasar a su lado cabizbaja.
_ ¿Qué sucedió? _ preguntó preocupada a Mercedes que entraba con el cansancio reflejado en sus movimientos. Arrojó los guantes de seda negros, el abanico y la mantilla sobre un sillón, y se desplomó en otro.
_ ¡Un verdadero desastre, Tina, un espantoso desastre! _ se lamentó Lorenzo _ Por favor, sírvame algo fuerte que me reanime...una ginebra sería ideal.
_ Para mí lo mismo Tina, estoy extenuada._ Mercedes secundó a su hermano en la petición; experimentó un sofocón y comenzó a abanicarse con nerviosismo.
Tina les servió con prontitud, deseosa de conocer las novedades, al parecer, calamitosas novedades.
_ ¡Cuenten, cuenten!, estoy en ascuas _ Tina se acomodó en una poltrona de terciopelo verde oscuro muy cerca de ellos.
_ ¡Resulta que el imbécil de tu hijo en ningún momento trató de trabar conversación con Lourdes! _ ladró  Lorenzo, ya entonado con la ginebra.
_ ¡Lorenzo!, por favor. No le hagas caso Tina, ya sabes como reacciona cuando ve sufrir a Lourdes _ Tina asintió con los ojos llorosos. A ella también le dolía ver a las dos personas que amaba pasar por tan aflictivo trance.
_ En el entreacto _ comenzó Mercedes con calma _ Rafael, Imanol y su hermana Amelia, creo que así se llama, aparecieron en nuestro palco. El rostro de Lourdes brilló al toparse con el de Rafa, pero él no apartó su mirada de esa mujer...de Amelia. El doctor Imanol no cesaba de hablar, me puso la cabeza como un gallinero atiborradado de gallinas cluecas...
_ Comparación muy acertada hermanita, brindo por tu ingenio _ la interrumpió Lorenzo sirviéndose otra ginebra.
Mercedes le echó una mirada siniestra y continuó.
_ En medio de su desmesurada cháchara comprendí que quiere emprender negocios con Lorenzo, algo sobre cueros y campos...
_ Sí, me pidió consejo porque es su intención adquirir terrenos en Buenos Aires y su padre, un duque español, está entusiasmado con la cría de ganado vacuno _ intervino Lorenzo, la botella de ginebra por la mitad.
_ ¡Que interesante! _ dijo con ironía Mercedes _ Lo cierto es que mientras el doctor Imanol le daba a la lengua, Rafael se mantenía en silencio. Lourdes, para romper el hielo, le pidió su opinón sobre la puesta en escena de la ópera y sobre la voz de los intérpretes; pero la que contestaba era Amelia.
_ ¡Mala pécora! _ se descargó Tina, harta de esa Amelia.
_ Se fueron minutos antes de subirse el telón dejando a Lourdes desolada y furiosa. Rafael sólo le hizo una simple reverencia y desapareció detrás de la bruja. El doctor Imanol tampoco me gusta...
_ Coincido con vos Mercedes _ Lorenzo fumaba un cigarro, producto que obtuvo de contrabando _ Ese doctor Imanol es mala fariña. Es un hombre intrigante y no me agrada como mira a Lourdes, veo lujuria en sus ojos. Le daré los consejos que me pide y nada más. No quiero tratos con él por muy conde o duque que sea _ grandes y aromáticas volutas de humo sellaron su decisión.
_ La cuestión es que Rafa ni se inmutó ante la presencia de Lourdes _ terminó Mercedes apenada.
_ No lo creo Mercedes, Rafa ama intensamente a Lourdes, ni la amnesia más profunda puede borrar ese sentimiento de su corazón, estoy segura. Mi hijo sigue reconociendo ese amor en Lourdes y la bruja está tratando de impedir el acercamiento _ declaró con seguridad Tina _ Debemos hacer algo.
_ ¿Qué podemos hacer para ayudarlos?, ¿qué? _ Mercedes se paseó por la sala conjeturando soluciones para tremendo entuerto.

Lourdes, daba vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Las facciones duras de Rafael la torturaban.
"Ni siquiera me miró, sólo tenía ojos para la maldita. ¿Tan frágil fue tu amor Rafa?. Olvidó mi existencia, pero el amor que nos unía, ¿también? Me niego a aceptarlo. No me importa que le sea indiferente, iré a la casa de Joaquín y lo enfrentaré...con mucho tacto lo llevaré por senderos que lo conduzcan hacia mi alma. ¡Lo recuperaré!, por mí, por nuestros hijos. No permitiré que esa malnacida lo aparte de mi. Mañana mismo iré". Y así, con esa seguridad que nace de un espíritu combativo, cayó en un sueño abismal.
Rafael, sólo en su dormitorio, sentado en un sillón a la luz de una vela, rememoraba el bello rostro de
Lourdes.
"¿Por qué tiemblo cuando la veo? Despierta en mí sentimientos que me inquietan. Ella es fuego que me consume y yo adoro desintegrarme en sus llamas. ¿Por qué? Cuando estoy frente a ella, la luz entra a mi alma. ¡Por Dios, ¿qué me sucede?".
Amelia, antes de acostarse, prefirió pasear por el jardín. La noche estaba fresca, pero ella debía sosegar el ardor de su cuerpo.
"Esa perra poniendo cara de alma en pena. ¡Jamás, jamás, lo tendrá! Haré lo imposible por apartarlo de su lado. Algo se le ocurrirá a Imanol... un viaje...quizá una enfermedad grave. ¡Eso es! Fingiré estar enferma y le pediré que me acompañe a España". La inesperada idea la regocijó, se arrebujó en su mantón bordado con hilos de seda y le sonrió a la luna que la observaba extrañada.
Imanol, por su parte, dormía plácidamente. Para cualquier espectador, su sueño era aberrante, pero él lo disfrutaba. Una sórdida sonrisa cruzaba su apuesto rostro.
"Las calles solitarias y oscuras beneficiaban al hombre envuelto en su capa negra. Como un depredador hambriento, rastreaba a su presa. Al doblar una esquina la encontró temblando arrinconada en el umbral de una casa abandonada. ¡Miedo!, exquisita fragancia, pensó mientras caminaba hacia ella. El niño, uno de los tantos negros que trataban de sobrevivir a fuerza de limosna y conmiseración, lo miró aterrado. Él lo gozó. Se acercó con la lentitud de una araña en busca de su trofeo. Lo tomó del brazo y a pesar de la resistencia del niño, lo arrastró hasta su guarida. Y alli...¡comenzó la tétrica fiesta!".