sábado, 4 de marzo de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.12


"El conoce mi corazón, ve mis lágrimas.
 Puede verme esté donde esté, 
 incluso en las profundidades del mar
 o en la montaña más alta".  Isabela Vital

Felipa despertó feliz. Estaba a punto de alcanzar su sueño más preciado: amar libremente a Alejo.
El le propuso escapar, y ella estaba dispuesta a seguirlo hasta el confín del mundo.
Saltó de la cama con el corazón exultante. Se sentó frente al espejo, regalo de doña Rosaura, y comenzó a trenzarse el cabello, oscuro y brillante, similar a una noche sin luna.
De pronto, la sonrisa de satisfacción que le devolvía amigablemente el espejo, se borró abruptamente. Un oscuro pensamiento, como pájaro de mal agüero, se posó en su alma: Idelfonso.
El peine de madera cayó de su mano; mano que, temblando,  llevó a su cuello recordando aquel siniestro momento.
Ella estaba sola en el saloncito de costura. Allí solían reunirse por las tardes, luego de la siesta, con doña Rosaura, Felicitas y Rosario. Ese día, las jóvenes y su madre estaban haciendo compras en la Recova : telas recién llegadas de Europa.
Felipa no lo sintió llegar, tan concentraba estaba en su bordado. Se le acercó con la cautela de un depredador para no asustar a su presa. Con delicadeza inusitada, pasó sus manos por el cuello de Felipa. Ella, sorprendida y asustada, tiró su labor y se pusó de pie.
_ ¿Qué desea don Idelfonso? _ apenas podía hablar, los latidos del corazón le retumbaban en las sienes.
_ A ti _ le contestó exudando lujuria.
Felipa intentó huir, pero él adelantándose a su intención, la tomó de la cintura y la apretó contra su pecho. Estampó su boca en la de ella, ahogando el grito de auxilio. Felipa sintió náuseas al saborear la saliva del hombre, se retorció entre los brazos de hierro que la aprisionaban excitando aún más a Idelfonso.
_ Una fierecilla, así me gustas _ le dijo al oído interrumpiendo el beso, y el aliento a ginebra la asqueó.
_¡Suélteme! _ primero le suplicó, luego se lo ordenó._ ¡Suélteme, bestia! _ en un impulso le dio un fuerte pisotón. El hombre la soltó entre maldiciones.
_ ¡Puta!, eso es lo que eres, una asquerosa puta. Acaso piensas que no sé que te acuestas todas las noches con el imbécil de mi hijo. Pues bien, eso se acabó, de ahora en adelante calentarás mi cama...serás mía, sólo mía, ¿has entendido? _ vociferó perdiendo los estribos.
_ Nunca, me escucha, ¡nunca!. Antes muerta _ le escupió con rabia e impotencia.
_ Muy bien, si así lo quieres..._ de la parte de atrás de su cinturón de cuero sacó un facón apoyándo su filo en el cuello de Felipa.
Ella no se resistió. "Que termine esta locura de una vez", pensó entregada. El velo de lágrimas le impidió advertir el momento en que una presencia arrebató impetuosamente el arma a su atacante.
_ ¡Desquiciado! ¿Qué te propones? ¡Déjala!_ Rosaura lo golpeaba furiosa con los puños en la cabeza.
Felicitas y Rosario presenciaban aleladas la escena.
_ Niñas, ¡fuera! _ ordenó sobrepasada por la inesperada situación.
_ Ya no somos niñas, madre. Y comprendemos perfectamente que tío Idelfonso está caliente con Pipa. Somos testigos del acoso que le inflige día a día _ Felicitas se desbordó.
_ ¡Hija!, ya basta. Llevate a Felipa, debo hablar con Idelfonso...¡a solas! _ Rosaura estaba perpleja, Felicitas y Rosario estaban al tanto del atroz comportamiento de Idelfonso y ella, no. "¡Ciega!, ciega y necia", se repitió con amargura.
Las jóvenes abrazaron a Felipa y la condujeron a la cocina. Felipa lloraba. Rosario le preparó un té sedante de manzanilla y valeriana mientras Felicitas la consolaba con palabras dulces, llenas de afecto.
_ Por favor muchachas, no le cuenten lo que pasó a Alejo. Mataría a su padre, estoy segura. _ les rogó, los ojos irritados de tanto llorar.
_ Seremos una tumba, ¿verdad Rosario?
_ Claro..._ y con una sonrisa le acercó el té invitándola a beber.
_ Que sería de mí sin ustedes y su madre. Junto a mi abuelita Filomena son mis ángeles guardianes.
Más tarde supo por sus amigas, sobre la feroz conversación que se desató entre doña Rosaura y su hermano.
_ En definitiva, Pipa, mi madre lo vapuleó de tal manera que lo dejó hecho un saco de huesos. Lo amenazó con quitar el capital que invirtió en la sociedad que los une, algo sobre propiedades o campos, no sé, no entiendo, si no deja de hostigarte. Lo que sí entiendo es que el viejo decrépito se meó encima cuando mamá lo amedrentó, parece que su economía tambalea. Amiga mía, ya podes respirar tranquila._ le explicó Felicitas con orgullo, para ella su madre era una verdadera heroína.
Lo que nunca imaginó Felicitas fue que los vientos de venganza de su tío se volverían contra ella y Darío.
En ese instante, Rosario entró en la habitación hecha un vendaval. Felipa se sobresaltó dejando a un lado sus oscuros pensamientos y regresando al presente.
_ ¡Felipa!, ¡Felipa estoy desesperada! _ llorando se arrojó en sus brazos.
_ Rori, ¿qué pasa? _ preguntó consternada.
_ El tío Idelfonso quiere que Felicitas se case con Rubén _ dijo mientras una cascada de lágrimas bañaba sus níveas mejillas.
_ Y Felicitas, ¿cómo reaccionó?
_ Lo mandó a la mierda _ dijo fregándose los ojos.
Felipa la miró asombrada conteniendo una carcajada que no tardó en surgir. Ambas rieron.
En eso estaban cuando la puerta volvió a abrirse de forma violenta. Felicitas entró despotricando.
_ Viejo hijo de puta, ¿quién se cree qué es? ¡Nadie!, ¡no existe para mí! No tiene ningún derecho para obligarme a casar con su estúpido hijo _ estalló colérica.
_ Rubén no es estúpido _ lo defendió tímidamente Rosario.
_ No te entiendo Rori, ¿qué le ves a ese pedazo de estiércol? Es altanero, vanidoso, egoísta...
_ Yo lo quiero...
_ ¡Entonces casate vos con él! _ le gritó desaforada.
Rosario estalló en llanto nuevamente, ahora con desesperación.
_ Felicitas no seas tan dura con Rori _ intercedió entre las hermanas Felipa.
_ Es que me duele que le haya entregado el corazón a un pérfido _ lo expresó con tristeza mientras acariciaba al gato de Felipa que saltó sobre su regazo.
Felicitas se sentó junto a Rosario y la tomó de las manos.
_ Yo lo amo, sólo sé eso _ la mirada cálida, preñada de inocencia la conmocionó.
_ Rori, pequeña, él te hará sufrir; es peor que tío Idelfonso _ Felicitas trató de hacerla entrar en razón.
_ Felicitas quiere lo mejor para vos...yo también, y Rubén no lo es _ dijo Felipa brindando su apoyo a la hermana mayor.
_ Mi razón lo entiende, pero mi corazón, no _ tartamudeó entre lágrimas.
_ Bueno, bueno, chiquita, si amas a ese energúmeno, nosotras te ayudaremos a conquistarlo _ le dijo limpiándole la respingada nariz con un delicado pañuelo de encaje blanco.
_ Pe-pero el te eligió, yo no existo para él _ se lamentó como una niña a la que le roban un dulce.
_ Yo ya lo rechacé, y  le dejé bien en claro a él y al tío Idelfonso que amo a Darío _ afirmó con severidad.
_ ¡Santa María!, y, ¿cómo reaccionaron? _ se espantó Felipa.
_ El tío me pegó un bofetón que me hizo ver las estrellas _ alterada se pasó la mano por la mejilla aún enrojecida _ Y Rubén me gritó contrariado: "Igualmente te casarás conmigo, bastante te he esperado. Si hubiese sido por mí te hubiera tomado a los quince años. Al carajo los remilgos, esta misma noche serás mía"._ lo remedó contando todo con grandes aspavientos.
Felipa y Rosario la miraban boquiabiertas, admirando la valentía de Felicitas y escandalizadas por la actitud de Rubén.
_ Imagino que doña Rosaura salió en tu defensa.
_ Por supuesto. Se interpuso entre Rubén y yo, tratando de calmar las aguas mientras el ogro del tío fumaba un cigarro tras otro._ Feli, me dijo mamá, ya tienes veinte años...casi eres una solterona, debes casarte.
¡Me casaré, pero con Darío, hace tiempo que soy su mujer!, les confesé con serenidad. Mamá se desmayó, Abelarda que escuchaba escondida detrás de la puerta de la sala, corrió a buscar las sales; el tío se atoró con el humo de su cigarro y Rubén estrelló  contra el piso uno de los jarrones preferidos de tía Carmen. Alejo, que llegaba del establo alcanzando a escuchar mi confesión, trompeó a Rubén por romper uno de los recuerdos de su madre. En medio de la catástrofe apareció Darío, nunca lo vi tan soberbio. Me tomó del brazo y enfrentó a su padre con hidalgía: "Ella es y será mi mujer, le pese a quien le pese. Feli está dispuesta a compartir conmigo la cruz de mi enfermedad. Dios sabe cuánto me negué, pero su amor doblegó mis miedos y hoy la amo con todas mis fuerzas y estoy dispuesto a enfrentar cualquier peligro por ella".
_ ¿Eso dijo? _ Rosario estaba sorprendida; su primo enfermizo, en apariencia pusilánime, presentando armas con una hombría avasallante...¡inceíble!.
Felipa era consciente de los valores de Darío: tímido, pero no cobarde; inteligente, bondadoso, derribado a causa de su enfermedad, pero no aniquilado. Y, por sobre todo, amaba a Felicitas con una entrega total. Recordó que cierta vez le confió: " Pipa, tengo miedo...miedo de amarla. Me avergüenza esta cruel enfermedad que me tiene prisionero desde la infancia. Ella no se merece estar al lado de un hombre inútil, pero este sentimiento que me brota de los huesos me tortura y me llena de esperanzas a la vez. Estoy enloqueciendo, Pipa...¡loco de amor por ella!".
_ Entonces, el tío Idelfonso, _ continuó Felicitas _ pálido como la luna, lo miró consternado y... ¡prepárense para lo mejor!, lo miró a los ojos apoyando los brazos sobre los hombros de Darío y le dijo : "Mereces ser feliz, hijo. Tienes mi bendición". Y se esfumó dejándonos atontados. Alejo fue el más asombrado de todos, enseguida buscó una botella de vino blanco y brindamos.Mamá nos abrazó y nos prometió su ayuda.
_ Mamá es una reina, siempre nos da su apoyo _ aseveró emocionada Rosario.
_ ¿Y Rubén? _ Felipa no creía que el orgulloso joven aceptara la situación mansamente.
_ ¿Rubén? , ¡mon Die!, me grito: "¡Zorra mal cojida!" y desapareció blasfemando _ la sonrisa se transformó en risa y la risa, en estruendosas carcajadas, contagiando a las otras dos, que estaban estupefactas por el colorido relato._ ¡Ay chicas!, ¡soy tremendamente feliz! _ concluyó girando como un trompo por la habitación.
Agotada cayó a los pies de Felipa y Rosario que, alegres, aplaudían.
_ Y ahora tracemos nuestro próximo plan _ jadeando clavó sus ojos en ellas con picardía.
_ ¿Plan?, ¿a qué te referís? _ Rosario tembló imaginando la próxima locura de su hermana.
_ Campaña: Enamorar a Rubén. ¿Qué te parece Rori? _ sin permitir una negativa de parte de su asustadiza hermana le consultó a Felipa _ ¿Tu abuela Filomena sabe sobre hechizos de amor?.
¡Y comenzó el aquelarre!.







martes, 28 de febrero de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.16

"Y en este titubeo de aliento y agonía,
 cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?"  Rubén Darío

Buenos Aires, 1856
"Mi sol, así solía llamarme. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Era la época de los abrazos y los besos, de un amor profundo capaz de enfrentar al más abominable enemigo. Mi sol, solía susurrarme con dulzura al oído y mi mundo se convertía en un caleidoscopio de colores. ¡Cuánto daría por volver a escuchar de su boca...Mi sol, te amo".
Lourdes sentada bajo la sombra del añejo naranjo, testigo de numerosos acontecimientos familiares, intentaba bordar el cuello de un vestido para Alba. Cada tanto se pinchaba un dedo y maldecía interrumpiendo sus melancólicos pensamientos.
Era una clara y tibia tarde de principios de marzo. Atrás había quedado la Navidad y las festividades por un Nuevo Año. Jamás la soledad la había herido tanto. "Tan cerca de él y a la vez tan lejos", suspiró con angustia. Si no hubiera sido por sus hijos, hubiera permanecido encerrada en su dormitorio, aislada de todo jolgorio.
Recordó la mañana en que se lo encontró por casualidad en la Alameda. Ella creyó ver cierta chispa de alegría en sus ojos ambarinos y eso la envalentonó para invitarlo a la cena de Nochebuena. El iba a aceptar cuando de pronto apareció Amelia cargada de paquetes adornados con cintas de seda carmesí.
_ ¡Bautista! _ las facciones de Amelia se avinagraron al ver a Lourdes conversando con Bautista _ Lourdes,¿comprando regalos como nosotros?. ¿Me ayudas, querido?.
Lourdes se sintió morir al escuchar ese "querido" meloso y afectado. "¿Qué se propone esta arpía? Ella sabe que es mi marido...¡Rafa es mío maldita sea!". La situación empeoró cuando él con diligencia ayudó a Amelia a cargar los regalos.
Lourdes, parada como una estaca frente a la pareja, no supo que decir. Callada y pálida, los observaba atónita.
_ Lourdes, ¿puedo llamarte así, verdad? _ sin esperar su consentimiento continuó _ Perdona, pero debemos seguir con nuestras compras, aún me queda pendiente el regalo de mi hermano. ¡Uf!, ¡que cansada estoy!, menos mal que pasaremos el verano en la quinta del Retiro _ la miró com malicia _  ¡No soporto los olores de la ciudad, más nauseabundos durante la época de estío! ¿Nos vamos querido?
_ Amelia, Lourdes me ha invitado a la cena de Nochebuena _ le informó.
_ ¡Que bonito detalle!, pero lamento que no podremos asistir. El director de "El Nacional", el señor Faustino Sarmiento nos honrará con su presencia justamente en Nochebuena. Lo siento, querida._ afirmó con aire de superioridad.
_ Mi invitación era sólo para Bautista _ dijo cortante.
_ ¡Ay, lo siento!, pensé que mi hermano y yo estábamos incluídos _ contrita bajó la mirada y con nervosismo retorció los pliegues de su pollera de muselina floreada. La mascarada le dio resultado porque Bautista, aflijido, la consoló pasando el brazo libre sobre sus hombros.
Lourdes, al ver la reacción de él, reprimió un estallido de cólera que casi la delata. En ese momento deseó asesinar a Amelia. "¡Bruja mentirosa!", bramó en su interior.
_ Lourdes, con pesar debo declinar la invitación. Como bien dijo Amelia ya nos hemos comprometido con el señor Sarmiento. Otra vez será _ Lourdes percibió cierta desilusión en Rafael y eso la consoló.
_ Entonces, otra vez será _ respondió ella con una triste serenidad. El se inclinó, le tomó la mano y la besó.
Era la primera vez, desde su sorpresivo encuentro en el compromiso de su amiga Clarita, que él la tocaba.
Ese beso quedó grabado en su mano y en su alma.
Los vio alejarse tomados del brazo y lloró sin temor a que las chismosas de siempre la vieran.
_ ¡Lourdes!, ¡Lourdes!, Clarita está aquí _ los gritos de Tina la arrancaron de aquel remoto día gris.
_ ¿Clarita? _ con rapidez se secó las lágrimas en el ruedo del delantal y corrió a la sala dejando el bordado y los hilos desparramados sobre el piso de laja.
Se abrazaron entre risas.
_ Amiga, ¡que felicidad!¡Estás radiante! ¿Cuándo regresaron?  _  preguntó ansiosa a Clara Mendez, novel esposa de Joaquín Insúa y recién llegada al país luego de su viaje de bodas por Italia.
_ Anoche. Me moría por verte _ juntas se sentaron en un mullido sillón de dos cuerpos, deseosas de compartir secretos y confidencias. Clara era su única amiga, la había conocido poco después de la supuesta muerte de Rafael, surgiendo entre ellas una amistad leal e incondicional.
Tina apareció con una fuente de pastelitos de membrillo que depositó sobre una mesita que acercó a las muchacahas para que pudieran servirse con comodidad.
A Tina la siguió Lola con la pava y el mate.
_ Con cascaritas de naranja. Como a usté le gusta, mi niña _ dijo la negra con una sonrisa franca.
_ Gracias Lola, podes retirarte, yo cebo _ Tina ya había desaparecido, sospechaba que las jóvenes tenían que ponerse al día y que deseaban hacerlo a solas.
_ No, no, deje niña, yo les cebo _ insistió Lola.
_ ¡No!, quiero que nos dejes solas Lola. Preocupate mejor en cuidar a Alba y Miguelito que se están peleando en la cocina. Desde acá escucho sus gritos. Y, por favor, por un buen rato no nos molesten. Y ahora, ¡desaparece! _ la regañó.
La negrita dio media vuelta y salió disparada como una flecha hacia la cocina.
_ Esta Lola es un encanto _ dijo Clara mientras se deleitaba con un pastelito.
_ Si, pero muy metida _ las amigas rieron, y enseguida Lourdes preguntó con picardía
_ ¿Y qué tal la noche de bodas?
_ Mejor que cualquier cuento de hadas. Vos tenías razón, si hay amor, nada hay que temer. Mi pobre madre me aturulló de consejos que me asustaron y cohibieron. Debo confesarte que si le hubiese hecho caso, hoy estaría llorando por la desilusión. Sin embargo, gracias a todo lo que conversamos el día anterior a mi casamiento pude entregarme a mi Joaquín sin vergüenza y sin miedo. Fue dulce y amoroso, respetando mis tiempos...¡soy feliz Lourdes, inmensamente feliz! _ exclamó arrobada y con las mejillas sonrojadas. Comenzó a abanicarse con fuerza.
_ Me alegro Clara, me alegro_ a pesar de sentirse feliz por su amiga comenzó a llorar. No quiso, pero no lo pudo evitar.
_ Querida, ¿qué te sucede? . Pero que tonta soy, yo hablándote de mi felicidad y vos sufriendo por ese bellaco desmemoriado _ la salida de Clara logró que Lourdes sonriera.
_ Perdón Clarita, no es mi intención empañar tu felicidad, pero...pero esta incertidumbre me supera. Disimulo delante de los niños, disimulo delante de la abuela, de Tina y del tío Lorenzo...no quiero angustiarlos. Pero ya no aguanto más... _ se tapó la cara con las manos y lloró desconsoladamente.
Clarita dejó el mate a un lado y la abrazó, la consoló con ternura.
_ Lourdes, vas a ver como todo se encamina. Bautista, digo, Rafael...o como se llame, recuperará la memoria, te buscará y nadie los separará.
_ Es que esa horrible mujer, Amelia, siempre está interponiéndose. ¡Me lo quiere robar,Clara!¡Esa arpía me lo quiere robar! Y él...él...está embobado por ella. Ya no me quiere, Clarita, ya no.
_ No digas eso Lourdes. Estoy segura que él sigue amándote. Lo que sucede es que tiene ese amor guardado bajo cerrojo, cuando encuentre la llave que abra el cofre de su memoria volverá a vos y a los niños con su amor intacto. ¡Confía! _ la animó. Con delicadeza le apartó del rostro dos rizos humedecidos por las lágrimas que tenía pegados en ambas mejillas.
_ ¿Hasta cuándo debo esperar? Ya pasó casi un año y ¡nada! _ gimió hipando.
_ No lo sé, querida, no lo sé _ se lamentó deseando tener alguna certeza que reconfortara a su amiga.





domingo, 26 de febrero de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.15

"Mi alma está grabada con tus señales
 y no hay viento ni agua que pueda lavarlas
 sin dejar mi nombre borroso, desteñido y sin sonrisa".  Gioconda Belli

El rostro demacrado y las profundas ojeras, semejantes a dos nubes de tormenta, preocuparon a Amelia.
Eran las cinco de la tarde y Bautista regresaba de la redacción de "El Nacional". Había sido un día complicado. Faustino Sarmiento, el acérrimo opositor de Rosas, que se vio obligado a vivir en el exilio por causas políticas,  había regresado al país haciéndose cargo de la dirección del diario plasmando en la editorial su propio pensamiento y estilo.
Bautista saludó distraído a Amelia. En su cabeza aún bullía el eco de las palabras de Sarmiento:
"El poder, la riqueza y la fuerza de una Nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el de aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección". Sarmiento soñaba con una unidad nacional que en ese momento parecía una utopía.
_ ¡Bautista!, querido, ¡que cara traes! ¿Malas noticias, quizás? _ arriesgó temerosa de la respuesta...¿y si había recuperado la memoria?
Bautista, fatigado, colgó el sombrero de fieltro negro y su chaqueta de gabardina gris oscuro en el perchero de bronce.
_ ¿Malas noticias? No, sólo que fue una jornada muy ajetreada. _ se guardó de confesar que hacía noches que no descansaba, la imagen de Lourdes perturbaba su sueño.
_ Así que finalmente Sarmiento asumió como director del periódico, bien, muy bien _ Joaquín, que en ese momento entraba en la sala, aplaudió la noticia.
_ ¡Amigo, que suerte la tuya!, de licencia en medio del caos _ se lamentó mietras se desplomaba en uno de los sillones y Amelia le servía con diligencia un té aromático.
_ Licencia por casamiento _ le aclaró con entusiasmo _ En dos días me caso con la damita más linda de Buenos Aires. Pero es para tanto tu preocupación. Sarmiento es una gran persona y el periódico saldrá ganando con su ímpetu patriótico._ Joaquín lo respetaba y admiraba.
_ No lo dudo, Joaquín. Pero no todos piensan como vos. Algunos empleados ya han renunciado sin antes enfrentarse con violencia al nuevo director; varios de ellos, amigos nuestros _ el té mágicamente lo relajó y con la mirada le pidió a Amelia que le sirviera otro.
_ ¿Y Sarmiento cómo reaccionó? _ quiso saber Joaquín sentado a su lado y fumando un cigarro.
_ Con total tranquilidad. "Todos tenemos derecho a la libertad de libre expresión", dijo con una sonrisa y se encerró en su despacho.
_ ¡No te lo dije! Es una gran persona _ repitió con orgullo.
_ ¿Quién es una gran persona? _ Imanol se unía a la reunión luego de una siesta reparadora, últimamente se acostaba al amanecer.
_ Faustino Sarmiento, el nuevo director de "El Nacional" _ intervino Amelia deseosa de participar en la conversación.
_ Si, escuché hablar de él. Me cae bien ese hombre, esta a favor de la inmigración, ¿no? _ el pensamiento de Sarmiento fomentaba los intereses de su familia, decidida a arraigarse en esas tierras alejadas de Dios. Si eso sucedía, él volvería a España y a su estilo de vida, lejos de la vigilancia paterna.
_ Estás bien informado hermanito _ Amelia le sonrió con suspicacia.
_ Velo por los deseos de nuestro padre, querida. Recuerda que uno de sus propósitos es comprar campos en esta región y sólo Dios sabe por qué, asentarse aquí. _ le retrucó con mordacidad.
_ Será porque es una nación de tierra virgen que permite a la sociedad dilatarse hasta el infinito sin temor a la miseria; será por sus riquezas naturales: el hierro, el carbón de piedra y los bosques que proveen de materiales a la arquitectura naval. _ saltó exaltado Bautista, ofendido por el tono despreciativo que imprimió a sus palabras Imanol.
_ ¡Caramba! ¡No te enojes, hombre! _  dijo palméandole la espalda afectuosamente. Bautista, con un gesto de fastidio se alejó de Imanol. Este, contrariado por la actitud del joven, se disculpó. _ Perdona si te he ofendido, no fue mi intención, sólo que no comprendo a mi padre. En España tiene todo para ser feliz, posesiones, afectos, dinero; ¿por qué comenzar nuevamente en un país extraño, y a su edad? _ manifestó contrito.
_ Nuestro padre es amante de los nuevos desafíos, encuentra placer en ellos...
_ Es verdad, más placer que en las mujeres _ la interrumpió con ironía.
_ ¡Imanol, compórtate! _ se escandalizó Amelia.
_ El Duque es aún joven, apenas pasa los sesenta, ¿verdad?. Además no es comenzar de cero, llega con una fortuna y con dinero todo se logra _ declaró pragmático Joaquín.
Imanol lo miró con sorna. Seguramente la intención secreta del viejo era establecerse por un tiempo y luego de realizar jugosos negocios con los estancieros y acuerdos beneficiosos para su arca con los políticos, regresar a la Madre Patria. Pero antes contrataría un esbirro para que asesinara a su hijo maldito, fruto del infierno. "Fruto del Infierno, así solías llamarme de pequeño padre y luego, ya mayor, Belcebú. Nunca comprendiste mi genio, ni te interesó hacerlo. Nunca aceptaste mis inclinaciones. Amoral, me insultabas. Amoral eres tú, ¡filicida!. Perpetrar mi asesinato enviándome lejos, apañando tu satánico fin nombrándome tu mensajero y asesor ante los ojos de los demás. Ni Amelia se imagina lo que te propones. Pero yo lo sé todo, nada escapa a mi perspicacia".
_ ¡Imanol! ¡Imanol! _ la urgencia en la voz de Joaquín lo sacó de su ensimismamiento _  ¿Estás de acuerdo conmigo en que tu padre tiene derecho a anhelar nuevos horizontes?.
_ Si, si, por supuesto _ contestó en forma adusta, tomó su sombrero y su bastón, y salió a la calle sin despedirse.
Luego de la cena, Bautista se excusó y se retiró a su habitación, a pesar de los ruegos de Amelia invitándolo a la consabida sobremesa compartiendo una copa de oporto ruby. El intenso aroma frutal lo tentó, pero resistió manteniendo su negativa. Deseaba estar solo para pensar, pensar en Lourdes. Esa mujer lo obsesionaba.
Antes de acostarse corrió las cortinas permitiendo que la luna se asomara descaradamente en su cuarto.
Con los pantalones puestos y la camisa abierta se tiró sobre la cama, sobre la colcha de seda azul; las manos entrelazadas detrás de la cabeza.
Permaneció con la mirada fija en la reina de la noche, su luz pálida lo atraía y hechizaba.
Cerró los ojos y entonces la vio. Bella, serena, montaba con sernsualidad un caballo moro, de pelaje gris azulado. Tenía la pollera subida hasta las rodillas, lo que permitía apreciar la desnudez de sus pienas torneadas. Se detuvo en los pechos, turgentes, maduros... deseó mamar de ellos como si fuera un crío. La idea lo sobresaltó, pero tuvo que aceptar que lo excitaba, que lo disfrutaba.
"¿Quién sos dulce tortura, quién? ¿Por qué no puedo sacarte de mis pensamientos?", meditó hipnotizado por unos enormes ojos verdes y recordó un verso que alguna vez leyó:
"Tu luz entra en mi alma como el sol a un vergel".
Al pronunciar "sol", la piel se le erizó...¿por qué?