domingo, 11 de junio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.27

"Porque esta sensación de ir a buscarte
 hacia donde por mucho que vuele
 no he de hallarte". 
Reynaldo Arenas 

Rafael huyó de Lourdes, si se quedaba junto a ella un segundo más terminaría revelándole la verdad: la recordaba...recordaba cada instante compartido desde el momento en que la conoció aquella mañana en el atrio de la Iglesia del Pilar cuando dos de sus mazorqueros la acosaban por no llevar la insignia punzó. Desde entonces su corazón sangró por ella, como lo hacía ahora que la había recuperado.
" No puedo sincerarme con ella, aún no. Primero debo poner en orden mis pensamientos, mis vivencias...mi espíritu. Me siento como un volcán a punto de estallar. Debo calmarme. Tanto tiempo sin ella, sin los niños...¡mis hijos, Dios mío! Miguel, ya es todo un hombrecito; y Alba...era apenas un bebé cuando la ví por última vez. Y Tina, mi madre. Ahora comprendo sus silencios incómodos, sus miradas ansiosas buscando dentro de mí una respuesta a su aflicción".
A medida que se acercaba a su casa; iba a pie, necesitaba un tiempo a solas para reflexionar, para tomar decisiones; más le agradaba la propuestra de Imanol. Quizá la hipnosis lo ayudaría a clarificar sus ideas, sus sentimientos y así lograr el equilibrio para continuar su vida en paz junto a Lourdes y a su familia.
¡Familia!, que bella palabra. Para un hombre que creía estar solo en el mundo, tener una familia era una revelación estremecedora.
Encontró a los hermanos Pacheco del Prado en el salón. Amelia hojeaba una revista de moda y se deleitaba con un aromático café. Imanol leía concentrado un tratado de medicina, su cigarro en el cenicero de plata se consumía solitario.
_ ¿Llego a tiempo para la cena? _ los sorprendió.
_ Claro, Candelaria la servirá en media hora _ respondió encantada Amelia al notar el buen humor de Rafael.
La mujer dejó a un lado la revista y acercándose con paso elegante, lo ayudó a desprenderse del gabán y del sombrero.
_ Gracias Amelia _ y la sonrisa que le dirigió la hizo ruborizar. "¡Cuánto hace que no me sonríes! ¡Ay Bautista, que feliz me haces!", discurrió maravillada.
_ Pensamos que te quedarías a cenar con Lourdes _ Imanol cerró el libro y lo miró complacido.
_ Preferí hacerlo con ustedes. La idea de la hipnosis me estuvo rondando todo el día... ¿Pensás que sería una solución para mi mal? _ tanteó la posibilidad, aún no se decidía. Por un lado deseaba intentarlo, pero desconfiaba de Imanol. Temía quedar indefenso ante él, presentía que no debía fiarse del médico.
_ Mi querido Bautista, no te aseguro un éxito total, pero supone una gran posibilidad para que recuperes la memoria o parte de ella. Yo te aconsejo que lo intentes _ lo alentó disimulando la euforía que experimentaba. "Por fin has caído en mi trampa. Lo siento hermanita, Bautista será sólo mío", se relamió como un lobo hambriento a punto de saborear una presa por largo tiempo codiciada.
_ Estando en Francia presencié la cura por hipnosis de una mujer joven que se veía imposibilitada de amamantar a su hijo recién nacido. Mi colega, el psiquiatra Jean Martin Charcot, tuvo la gentileza de compartir conmigo la experiencia. Esta paciente, a pesar de estar en perfectas condiciones físicas, tenía poca leche, le dolían mucho los pechos cuando el bebé succionaba, perdió el apetito y el sueño; siempre estaba muy excitada. Por no poder amamantar, cayó en la depresión. Su médico de cabecera le aconsejó entonces una interconsulta con el doctor Charcot, especialista en métodos de sugestión hipnótica.
La joven estaba furiosa por no poder amamantar a su hijo y por padecer tremendos dolores estomacales que la conducían a la anorexia. Entonces, Charcot procedió a hipnotizarla logrando que se relajara recuperando de este modo su tranquilidad habitual. Mi colega le habló, tratando de convencerla de que era una excelente nodriza y que su hijo crecería perfectamente sano; que su estómago ya funcionaba muy bien y que se despertaría con gran apetito. Efectivamente, cuando despertó, la paciente no recordaba nada de lo sucedido durante la hipnosis, pero esa misma noche cenó normalmente, durmió profundamente y pudo alimentar a su hijo sin ninguna dificultad _ concluyó satisfecho Imanol.
_ Impresionante _ aplaudió Amelia tratando de contagiar su entusiasmo a Rafael. "Bautista debe acceder a que Imanol lo hipnotice. Sólo así podrá borrar para siempre de su memoria a esa zorra. El debe ser mío, sólo mío".
_ Realmente es impactante tu testimonio Imanol. Si te parece, estoy dispuesto a intentarlo luego de la cena _ Rafael finalmente accedió. Sin embargo algo en la narración de Imanol lo inquietaba, no podía precisar qué, era un sabor amargo que regurgitaba con insistencia.
_ ¡Excelente!, ¡excelente! _ chilló eufórica Amelia.
_ Sabia decisión _ pronunció con tranquilidad Imanol sin dejar de amonestar con la mirada a su díscola hermana.
Amelia, sin hacer caso al ceño fruncido de Imanol, corrió a la cocina. Sus gritos se escucharon con claridad en la sala.
_ ¡Candelaria!, negra perezosa, ¡sirve ya la cena!.


Los tres estaban reunidos en la biblioteca, la chimenea encendida brindaba calidez al ambiente. La tenue luz de una lámpara de gas invitaba al recogimiento.
Amelia esperaba impaciente el inicio de la sesión.
Imanol revolvía el cajón del imponente escritorio de roble buscando su reloj de bolsillo, regalo de su abuelo.
Rafael se paseaba de un lado a otro, atento y preocupado. De repente pensó en escapar de esa situación que él tontamente había buscado.
_ Imanol, voy por un café _ dijo como pretexto para huir.
_ Está bien, pero no tardes. Ya tengo todo resuelto para comenzar _ alborozado le mostró el reloj que buscaba _ Este adminículo me ayudará a ponerte en trance.
Rafael hizo un gesto afirmativo con la cabeza y desapareció con prontitud.
En la cocina se encontró con Candelaria que lavaba los platos en un enorme fuentón de lata.
_ ¿Que se te antoja Bautista? _ la negra lo tuteaba cuando estaban solos.
_ Un cafecito me vendría muy bien _ y con cuidado por no quemarse destapó la cafetera de cobre que humeaba sobre la mesa de algarrobo.
_ Dejá, dejá, que yo te sirvo, pué _ lo amonestó con ternura._ ¿Qué es lo que están haciendo ahí adentro tan encerraditos? _ curioseó con impertinencia.
_ Imanol va a tratar de hacer que recupere la memoria mediante hipnosis _ los ojos de la negra casi salen de sus orbitas al escucharlo.
_ ¿Qué cosa te va hacer ese matasanos? Nosis...¿qué? _ se escandalizó.
_ Hipnosis, Cande, hipnosis. Imanol me duerme y entonces..._ la confusión que vio en el rostro de Candelaria lo hizo reír _ Mejor no te explico, no entenderías, hasta para mí es complicado de comprender. Lo importante es me ayudará a descubrir quién soy _ al terminar la explicación sorbió con agrado su café.
_ Bautista, no dejés que te haga la nosis. Ese hombre es malo, vaya a sabé lo que te hace mientras estás dormido _ la aflicción de la negra lo vapuleó.
_ ¿Por qué te cae mal Imanol? _ se intrigó ya que a él le pasaba lo mismo.
_ Me cae como una patada de burro. El y su hermana son dos demonios. Nunca te lo dije por miedo a las amenazas de la Amelia, pero no puedo callarme más. La muy zorra me ordenó poner unos yuyos raros en tus comidas, según ella eran para tu salú. Como me dio mala espina, se los llevé a mi comadre que vive en el barrio "El Tambor" y que es curandera. Ella me dijo que se usan pa´ hacer el mal, no pa´curar. Te juro Bautista por lo más sagrado que jamás de los jamases los puse en tus comidas _ juró besando sus dedos en cruz mientras lloraba con desconsuelo.
_ Tranquila Candelaria. No te imaginás cuánto agradezco tu protección. Y no tengas miedo de Amelia, ella no tiene autoridad en esta casa, sólo es una visita...una visita funesta. No sé cuales son las intenciones de este par de intrigantes, pero lo averiguaré _ apoyó la taza sobre la mesa y abrazó a la negra con cariño._ Ahora debo volver...
_ ¡No!, Bautista y si te hacen algo malo con la nosis _ protestó secándose las lágrimas con el ruedo del delantal.
_ No lo permitiré. Vos rezale a tus santos para que me protejan _ y con paso cansino regresó a la biblioteca.
_ ¡Por fin Bautista!, creí que te habías arrepentido _ exclamó Imanol al verlo aparecer.
_ ¿Y Amelia? _ se extrañó al notar su ausencia.
_ La envié a su habitación. Sus nervios me perturban _ le aclaró. La muy ilusa no debía ser testigo de su plan. Con gentileza lo invitó a sentarse en un sillón mullido.
_ ¿Nervios? _ se extrañó
_ Mi hermana es muy temperamental y, tanto tú como yo, necesitamos paz para concentrarnos _ especificó con calma._ Ponte cómodo y observa fijamente mi reloj, mira como se mueve...va de un lado hacia el otro...Ahora contaré hasta diez y cuando acabe estarás hipnotizado.
Rafael en ese preciso instante recordó las palabras de Candelaria: "Vaya a saber lo que te hace mientras estes dormido".
"Cuando despertó, la paciente no recordaba nada de lo sucedido durante la hipnosis", esas palabras también repiquetearon en su memoria. "Precisamente es ésto lo que me huele mal, no saber lo que sucede durante mi hipnosis. Imanol puede manipularme, puede someterme a su voluntad. ¿Qué se propone? ¿Qué busca? Debo descubrirlo. Es un gran riesgo que debo enfrentar".
_ Cuatro, cinco, seis..._ Imanol contaba con rapidez, deseoso de tener a Bautista a su merced. Una vez hipnotizado le ordenaría amarlo. Este mandato fluiría desde el inconsciente haciendo que Bautista lo obedeciera una vez despierto. Lourdes quedaría enterrada en el pasado y Amelia...bueno, de ella también se encargaría.
_ Siete, ocho..._ alguien golpeó con insistencia la puerta de la biblioteca._ ¡Maldito sea!_ Imanol interrumpió abruptamente la sesión y abrió furioso la puerta. _ ¡Candelaria!, ¡mal rayo te parta!, ¿que quieres? _ vociferó, transfigurado el rostro.
_ Buscan al señor Bautista _ la negra alargó el cuello tratando de espiar que sucedía dentro de la habitación.
_ Sea quien sea dile que el señor Bautista está ocupado, y ¡ya no molestes!
_ Lamento contradecirlo, pero no estoy dispuesto a esperar ni un minuto más _ la vos gruesa y contundente despabiló a Rafael.
_ ¡Lorenzo!, ¡que agradable sorpresa! Adelante, adelante _ dijo aliviado Rafael. Esta vez fue el tío Lorenzo quien lo salvó de un peligro inminente.