miércoles, 19 de julio de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.32

"Encuentras mis palabras oscuras. 
 La oscuridad está en nuestras almas. ¿No crees?".
J. Joyce

Llegó al atardecer. Amelia lo esperaba con los nervios de punta. No habían conversado desde la noche anterior cuando Imanol le expuso su plan. Raptar al hijo de Rafael y Lourdes.
Se horrorizó al rememorar las andanzas de su hermano en el pasado. Primero tomó por amante al hijo del administrador de su padre y se mostró con él en cuanta fiesta se ofrecía en el ducado causando la vergüenza de la familia. No conforme con ésto, violó y asesinó a dos niños de alto linaje. A pesar de ser el hijo del Duque, fue condenado. Pero gracias a las relaciones de su padre logró evadir la condena con la condición de abandonar el país.
El no seria capaz de asesinar a ese chiquillo, ¿o si?. ¡No, claro que no!. Amelia se desesperó.
"Raptaré al mocoso", recordó decir a su hermano. "Haré que el miedo les congele la sangre, ¡malditos!"
Fue lo último que dijo antes de encerrarse en su dormitorio. Ella contaba con encontrarlo por la mañana en el desayuno, pero Imanol no apareció. Una de las sirvientas le informó que "el señor" había salido muy temprano sin decir dónde.
Optó por tomar un té inglés que le resultó amargo a pesar de las cuatro cucharadas de azúcar. Rechazó el budín de pan con canela, su confitura favorita. El malestar estomacal la estaba enloqueciendo.
Maldijo no tener con quien desquitarse. La negra Candelaria los plantó para irse con Rafael. "La muy desagradecida", escupió con furia arrojando la taza de té contra la pared de la sala.
Fuera de sí, de un tirón quitó el mantel que cubría la mesa. Fuentes, platos y tazas volaron por el aire provocando un gran estrépito. Impotente, comenzó a llorar desahogando toda la angustia contenida durante esos oscuros días.
Luego se acostó e intentó dormir. ¿Por qué siempre se enamoraba del hombre equivocado? Cierta vez en Madrid, siendo aún una niña,  una gitana le leyó las líneas de la mano.
"Nada te faltará, viajes, joyas, vestidos; pero nunca te amarán. Entregarás tu corazón y un puñal lo traspasará".
¡Cuánta verdad! Los años pasaron y Amelia pudo comprobar que la enigmática profecía se convertía en realidad. Los jóvenes que se acercaban a ella sólo ambicionaban su fortuna y su posición social. Los detestaba.
Y cuando al fin halló al hombre con el que siempre soñó, el destino pérfido se lo arrebató.
"No fue el destino, fue esa perra malparida. Rafael no la ama, me ama a mí, lo leo en sus ojos. Se defiende de su amor hacia mí rechazándome, gritándome; pero sé que me desea con el mismo ardor con que yo lo deseo. Ella, la muy zorra, lo busca, lo acosa...él está confundido, ella lo confunde con sus artimañas de mosquita muerta. ¡No, no, no!, él es mío. Yo soy su verdadero amor. Imanol me ayudará a convencerlo...pero , ¿cómo?, ¿raptando al niño?  Rafael y Lourdes se unirán en el dolor y eso a mí no me conviene. No comprendo que se propone Imanol con algo tan descabellado. ¡No lo permitiré!"
Los pensamientos libraban una batalla a muerte en la mente de Amelia imposibilitando su descanso.
Alterada, decidió renunciar a la siesta. Cambió su vestido de seda verde oscuro por uno blanco con volantes de gasa. Frente al espejo arregló su peinado y se pellizcó las mejillas para darles color. La palidez no le sentaba. Unas gotas de perfume en el cuello y se dispuso a esperar a su hermano. Esa misma noche debían aclarar varios puntos del plan. Amelia no estaba dispuesta a perder a Rafael por una estúpida venganza.
Cuando oyó cerrarse de un golpe el portón de entrada, corrió al zaguán. Era él, Imanol.
_ ¿A qué se debe este recibimiento entusiasta querida hermanita? _ la tomó del brazo y juntos se dirigieron a la sala.
_ Siempre tan sarcástico, Imanol _ se enfadó _ Hace horas que te espero, ¿dónde estabas?
_ Menos averigua Dios y perdona _ respondió sin perder su buen humor.
_ ¡Imanol!, no estoy de ánimo para tus charadas. Dime, ¿qué te propones? _ lo enfrentó colérica.
_ Amelia, primero de todo, como veo que estás sumamente irritada, te prepararé una infusión de valeriana. Necesitas relajarte. Ven, sientate. Yo mismo te lo prepararé _ dijo solícito.
En la cocina, pidió agua caliente a una negrita de unos trece años que estaba lustrando la vajilla de plata.
De una de las alacenas tomó una taza de porcelana con diminutas rosas primorosamente pintadas y del bolsillo de su gabán extrajo dos sobres pequeños.
Abrió uno de ellos y echó un puñadito de valeriana en la taza, luego volcó el agua.
Abrió el segundo sobre. Miró de reojo a la sirvienta y al comprobar que continuaba ensimismada en su tarea, volcó todo el contenido en la taza. Revolvió con presteza el té con una cucharita de plata. Puso la taza sobre un platito y regresó a la sala.
_ Un té caliente te vendrá de parabienes _ recitó mostrando una sonrisa radiante.
_ Gracias hermano, realmente debo tranquilizarme para repasar a conciencia nuestro plan _ tomó un trago, luego otro y otro más _ No estoy de acuerdo con el rapto. Me parece innecesario.
_ Asi que innecesario... _ Imanol comenzó a caminar de un lado a otro de la sala mientras Amelia terminaba su té.
_ Sí, innecesario. Rafael, ¿ese es su verdadero nombre, no?, enloquecería y toda su furia la volcaría en mí. Ese sinsentido lo alejaría de mí, ¿no te das cuenta? Pienso que mi plan es mucho mejor _ decidió mirándolo fijamente, la espalda erguida.
_ ¿Tu plan? ¿Esa ridiculez de drogarlo y embarcarlo a España...y luego hacerle creer que te embarazó durante la travesía? _ se burló.
_ ¡Mi plan no es ninguna ridiculez! _ estalló ofendida. Comenzó a sentirse mareada.
_ Una ridiculez mayúscula. ¿Piensas que Rafel, un hombre inteligente, caería en tu insípida trampa? ¡Por favor, no me hagas reír! _  trastornado, se sirvió una copa de brandy, debía mantener la calma.
_ ¿Por qué el rapto? ¿Por qué tu venganza? ¿Tanto amas a Lourdes que debes vengarte de Rafael por quitártela? ¿Piensas que ella recurrirá a tí para que la ayudes a encontrar a su hijo? ¡Memo!, nunca lo hará. Lourdes se refugiará en Rafael y los dos saldremos perdiendo _ intentó ponerse de pie pero un vahído se lo impidió. Imanol lo advirtió y sin inmutarse encendió un cigarro.
_ ¿Por qué piensas que busco vengarme de Rafael? ¿Por quitarme la posibilidad de conquistar a Lourdes? _ preguntó irónico. Se sentó en un sillón frente a ella. Se cruzó de piernas y comenzó a fumar teatralmente.
_ ¿Acaso no estás enamorado de ella? _ Amelia estaba perpleja. ¿Qué le sucedía? El corazón le latía desenfrenado y la frente se le perló de sudor.
_ ¡Claro que no! No me gustan las mujeres, ¡los hombres me calientan!. Rafael me calienta, estoy enamorado de él. ¿Acaso has olvidado mis gustos? ¿Has olvidado por qué nuestro padre me desterró de España? ¿Has olvidado la vergüenza de nuestra aristocrática familia por mi homoxesualidad declarada? ¿¡Su repudio por querer vivir con mi amante rompiendo todas las reglas de la moralidad?! _ apretó con fuerza la colilla del cigarro contra el cenicero deseando que la colilla fuera la cabeza de su padre.
_ ¡Violaste y asesinaste a dos niños inocentes!_ exclamó acalorada. Una quemazón que nacía en el estómago ascendía hasta la garganta, ahogándola.
_ ¿Qué es un niño caprichoso menos? Seguramente un futuro dandy vanidoso, un petrimetre altanero. Actué con justicia, alguien debe limpiar de hipócritas nuestra sociedad pacata y moralista. Piensan que por follarse a una mujer son más viriles que aquellos que tenemos otros gustos _ con indiferencia tiró la ceniza sobre la lujosa alfombra._ Tú crees que soy un ser diabólico, despiadado y malvado, pero no es así, soy un ser humano que sufrí terriblemente y sigo sufriendo por ser un incomprendido. Odio a nuestro padre, el es mi verdugo _ de un trago vació la copa de brandy y volvió a servirse otra _ Amo a Rafael y lo odio por rechazarme, por eso sufrirá y me complaceré en su sufrimiento.
_ Pensé...pensé _ la sobresaltó un fuerte mareo.
_ Tú no piensas, tú fastideas, ¡patética espía! Sé que me acompañas en mis viajes, no por amor fraternal sino porque eres la espía de nuestro padre. Permíteme que te instruya, querida hermanita, desde que dejamos España tuve decenas de amantes y muchos de ellos, menores de trece años y tú, estúpida criatura, ni lo advertiste, siempre soñando con el galán ideal y la tontería del amor eterno. Sabes, la carne fresca es mi debilidad, me encanta abrir caminos...derribar barreras.
Amelia escuchaba escandalizada...aterrorizada...descompuesta...
_ Te doy una primicia, yo soy el "loco", según ustedes "los cuerdos", que es el responsable de la desaparición de los niños. Los engatuzó y los encierro en mi laboratorio que tengo en las afueras de la ciudad. Luego de divertirme, los uso como conejillos de indias para mis investigaciones. Los abro de arriba abajo, extraigo sus órganos...los estudio...los dibujo. Tengo trienta volúmenes atiborrados de notas y dibujos _ se jactó. Orgulloso, se sirvió otra copa de brandy. Debía brindar por la muerte de su hermana.
_ ¡Demente! _ alcanzó a pronunciar, se sentía cada vez más débil.
_ No soy un demente, sólo soy exéntrico. Además, ¿por qué no los puedo matar? Si de todas formas van a morir un día u otro. Te repito, ¿qué significa un androjoso menos en la faz de la tierra? Míralo de esta forma: esos chiquillos, quizá futuros delincuentes, fueron mi diversión y dieron su vida en pos de la ciencia _ concluyó seguro de su proceder.
_ Imanol me siento terrible. No puedo respirar, ¡ayúdame! _ Amelia extendió sus brazos hacia su hermano, pero él se alejó de ella sin dejar de observarla.
_ Me muero Imanol, ¿qué me has hecho? ¡El té! ¿Qué tenía el té? _ balbuceó Amelia sin fuerza. El pulso se le volvió irregular y lento, los labios y el rostro se le tornaron azulados.
Cuando cayó inerte sobre la alfombra, recién entonces Imanol se acercó a la mujer.
_ ¡Muerta!. ¡Bendito cianuro!. Al fin me dejarás en paz, al fin libre. Tu cháchara vacía me siempre me aturdió  _ la reprendió acercando un espejo a la nariz para comprobar que ya no respiraba. Buscó el pulso en el cuello, nada._ Hermanita no quería hacerte daño, sólo quería matarte.
Encendió otro cigarro y la contempló embelesado.